11 de marzo de 2014

En el conjunto del universo, en el total de la historia


¿Qué somos cada persona en medio del universo?, ¿qué proporción de personas saben de nosotros si lo tomamos en cuenta dentro del total de habitantes del universo? ... y ya no digamos nada si lo que tomamos en consideración son todos los siglos de historia: no somos sino un átomo ridículo con el que ni se contaba antes de que naciéramos ni se recordará apenas tras nuestra muerte.

Es curioso como a pesar de esta realidad innegable, demasiadas veces pensamos, actuamos y vivimos como si fuéramos el centro de todo ... al menos a mí me pasa. Van transcurriendo los años y nos convertimos en relatores de nuestra propia historia, nos creemos espectadores privilegiados cuando somos el más intrascendente actor de reparto.

Por eso, cada vez me cabe menos en la cabeza la contemplación de la vanidad humana, incluida pro supuesto la propia, la evidente ausencia de humildad que hoy anda tan generalizada en unos y otros. Y todavía entendería menos que no hubiera un ser trascendente, ese Dios cuya existencia sí que justifica nuestra insignificancia, porque ser hijos suyos nos hace dignos y nos convierte en seres con destino, con meta ... y vinculados unos a otros por algo más que soportarnos mutuamente.

10 de marzo de 2014

¿Estar a la altura?


El otro día un buen amigo me manifestaba su preocupación ante situaciones en las que intuía que alguien parecía, consciente o inconscientemente, pretender que tuviera la permanente sensación de no estar a la altura. El planteamiento me parece interesante: ¿por qué a veces nos sentimos presionados ante las órdenes del jefe, las aspiraciones de quien tenemos cerca, los consejos de los expertos, los favores que nos piden, las metas que nos plantean? ... Es evidente que para que las cosas salgan bien es preciso esforzarse, que en principio no es bueno el conformismo, que en el trabajo, en el cumplimiento de las obligaciones de cada uno cuanto más nos acerquemos a la perfección, mejor ... pero tampoco está mal preguntarse el límite, hasta donde hay que llegar, a costa de qué ... y por supuesto, y excluyendo las situaciones de dependencia profesional, donde también habría algo que decir, ¿quién está habilitado para entrar en exigencias de alturas determinadas?.

Hay dos palabras que me dan pánico: "exigencia" y "excelencia", y no porque entienda que no sea bueno exigirse o exigir a quien se está legitimado a hacerlo, ni porque considere reprochable buscar la excelencia, sino porque la experiencia me ha llevado a comprender que pretendidas virtudes puestas en manos -y en boca- de gente obsesiva, fanática o con tendencia a la egolatría pueden equivaler a pistolas cargadas en manos de niños o incapaces. Dios nos libre de perfeccionismos, obsesiones de cualquier tipo y búsquedas insaciables de mejorar matices y detalles ... y ya no digo esa especie de afán de exprimir, de sacar a la luz pretendidos valores ocultos que pueden terminar haciendo reventar al sujeto pasivo.

La altura nos la debemos poner en primer lugar nosotros, y por supuesto que habrá quien nos pueda aconsejar, animar e incentivar, pero que sea porque nos quiere ... y porque nos quiere como somos, no porque aspire a convertirnos en alguien a su medida.

Terminado el post compruebo que hace 17 días hice otro similar, con título casi idéntico: ya he dicho otras veces que me hago viejo, pero me he quedado desahogado y aquí dejo esta reiteración ... pido disculpas.

8 de marzo de 2014

El olor de La Confianza


A cualquier ciudadano de Huesca y localidades próximas, y a bastantes de lugares más lejanos, incluso del resto de España, no es preciso descubrirles "La Confianza", el  antiguo y mítico establecimiento que se encuentra ubicado en la Plaza López Allué de la capital del Alto Aragón. Creo recordar que ya dediqué un post a este lugar y alabé la calidad y la variedad de los productos que allí puedes comprar, así como ese sabor de tradición y raigambre que rezuman todos los rincones del lugar.

Hoy quería resaltar el aire que se respira allí, y es que se trata de un sitio donde te encuentras bien lo mires por donde lo mires. Me llaman la atención por ejemplo las distintas esencias que venden; están expuestas en unos botes de cristal dignos de un Oscar a la mejor decoración: allí se guardan la vainilla, el clavo, la canela, el cardamomo, la nuez moscada, el sésamo, ... todo tipo de especias que inundan el local de un aroma sano, grato, animante, a lo que cabe añadir el chocolate, el cacao que entra por los ojos, las legumbres expuestas al estilo antiguo o ese bacalao en salazón con el que casi siempre suelen andar en actividad.

Entrar en "La Confianza" tiene un único riesgo:  a uno le cuesta salir, entre otras razones porque al ambiente propio de unos productos de calidad cabe añadir el aroma de la amabilidad y la bondad que allí se respira. Por eso no está de más ser honesto en algún momento y agradecer el buen trato, incluso para quienes como yo somos todavía tan torpes de comprar solamente agua.

6 de marzo de 2014

El anuncio de "Gior"

Quienes peinamos canas recordamos con toda seguridad aquél anuncio de "Gior", el detergente para cuyo uso se decía eso de "un poco de pasta basta" ... Era época de anuncios sencillos, frecuentemente, como es el caso, realizados a base de dibujos animados y "slogans" poco complicados. En el de "Gior" aparecía un bote de detergente a modo de muñeco animado con cara y ojos que con voz chillona y simpática afirmaba eso de que "un poco de pasta basta", imagino que con la finalidad de dar a entender a posibles clientes lo económico que resulta comprar un bote que se supone durará mucho, o tal vez poniendo el acento en la eficacia del producto. Hoy en día, pasados 30 ... 40 años, en tiempos donde a todo se saca punta, los anuncios son sofisticados y con frecuencia bastos y agresivos y parece que la sencillez anda reñida con el progreso, eso del "poco de pasta" ya no se sabe si sirve en exceso. Y es que nos ponemos a pensar y entre banqueros, financieros y algún político no creo que se pueda encontrar mucha gente que se conforme con sólo un poco, de la misma manera que al adolescente en época de crecimiento no le bastarán escasas cantidades de spaguetti, macarrones o fettuccini.

No acierto a imaginarme un anuncio de vehículos exaltando que corran poco, ni el de una colonia que se asegure sirva exclusivamente para ir fresco y oler a flores y no también para conquistar féminas de primera fila o varones con vocación de metrosexual o para mostrarse implacable en los negocios o en la bolsa. Que de colonias agresivas hace ya bastante que nos quieren vender la burra, desde aquel ya tan lejano en el tiempo spot donde una tipa guerrera buscaba a "Jacks".

¡Qué añoranza cuando nos conformábamos con teles de fabricación nacional!, tiempos donde nos animaban a comprar una "Agni" y tirar la vieja, a "New-pol" sólo le faltaba hablar o nos reíamos con eso de "que trabaje Ruton en el hogar" ... y podríamos seguir con "Super-ser", "Enchufes Askar", "Persil", "Avia será su camión", la invasión de los zumos "Poma-Rosa" o las ollas "Magefesa". Mejor nos iría si en estos tiempos de crisis nos conformáramos con eso ... con un poco de pasta.

4 de marzo de 2014

Una noche en la alfombra roja




Nunca había visto en directo la Gala de los Oscar; jamás he estado suscrito al Canal Plus y no soy de los que tiendo a montarme verbenas conjuntas con tal fin, aunque sea costumbre que no me parece, en absoluto, criticable. Pero este lunes tenía una reunión en Madrid y al comenzar ésta a las 9.30, no hubo más alternativa que la de llegar la tarde anterior y hacer noche en la capital, pues el AVE que sale de Huesca cada mañana no llega a Atocha hasta bien pasadas las 10. En el Hotel que me habían asignado -el "Prisma", ubicado en la calle Santa Engracia- no sólo se veía el citado canal televisivo, sino que la habitación dispone de una salita contigua con sofá y tele de pantalla notable. Pensé que era la oportunidad de mi vida y me dispuse a disfrutar de los aconteceres que se sucedían sobre la alfombra roja.

Se que para muchos esto no es más que una americanada hortera, que hay quien cuestiona la seriedad de los premios y pone en duda que no haya apaños ni galardones pactados, pero he de admitir que me calé la boina de ciudadano poco exigente y disfruté como un niño con todo lo que allí sucedió. Ya la prensa, el resto de medios de comunicación y las redes sociales han comentado ampliamente detalles, anécdotas, valoraciones y demás, aunque no puedo dejar de decir que me encantaron las movidas de las pizzas y la foto de grupo, que fue divertido observar, entre otros, a Meryl Streep, Martin Scorssese y Harrison Ford toquiteando triángulos de pizza como niños de colegio, que me parecieron elegantísimas Julia Roberts, Jennifer Lawrence, Cate Blanchet y Sandra Bullock, guapísima aunque algo espectral Charlize Terón y que la presentadora, Ellen Degeneres, exhibió una soltura de la que deberían aprender algunos advenedizos y advenedizas locales.

Para mí en esa noche hubo tres momentos especiales que no quiero dejar de destacar. El primero de ellos tiene nombre propio: Lupita Nyongo. Desde el primer momento los comentaristas de la televisión dieron relevancia a esta joven de color, residente en Méjico, hija de dos importantes políticos de Kenia y con una sonrisa sincera pegada a su cara. Llevaba Lupita un llamativo vestido azul, color que ella mismo definió como "azul Nairobi" y que, por cierto, a algunos no les gustó nada. Una mujer simpática cuya presencia movía a la ternura y que ganó el Oscar a la mejor actriz de reparto por su dramático papel en "12 años de esclavitud". El discurso de la galardonada fue uno de los momentos más emotivos de la noche y habría que haberme visto sentado en pijama en el sofá de la habitación del hotel, envuelto en una manta verde y llorando no se si cual Magdalena, cual Maruja o cual quinceañera. Luego me enteré que la actriz premiada había nacido en 1983, lo que no dejó de ser una siorpresa, pues me había parecido casi una niña, cuando era, por ejemplo, casi diez años mayor que su gran rival Jénnifer Lawrence.

El segundo momento llamativo de la gala, por supuesto desde mi punto de vista, fue el discurso de Matthew McConaughey, merecido ganador del Oscar al mejor actor; y más en concreto, el inicio del mismo. El protagonista de "Dallas Buyers Club" empezó sus palabras dando gracias a Dios, y pienso que lo hizo no como quien utiliza una cláusula de estilo, sino asumiendo su existencia -la de Dios-, dirigiéndose a Él ... al menos yo lo interpreté así. Y si me gustó no solo es por coincidir con mis convicciones, por la consideración de que en el fondo Dios está detrás de lo que nos pasa, e igual que permite, vete a saber por qué razón, el dolor y el sufrimiento, tiene que ver con nuestros éxitos, sino por lo inusual, por citarlo en medio de un ambiente, de una sociedad que en tantas cosas parece que ha prescindido de Él. Tras su agradecimiento inicial el actor desarrolló un discurso que me pareció más confuso, pero ahí quedaron sus referencias iniciales. A este actor le recordaba de su papel en "Tiempo de matar", un entretenida película basada en uno de los primeros libros de Grisham y de un papel secundario en un film que en su día me gustó mucho, "Lone Satr", aunque sin duda este premio puede revitalizar su carrera, como en su día ocurrió con Gene Hackman, Robert Duvall o Anthony Hopkins.

Mi tercera "emoción" no tiene que ver directamente con la gala, sino con una persona que se encontraba en los estudios de Canal Plus en Madrid comentando aquélla; generalmente uno tiende a pensar que se corre el peligro de que estos comentaristas se acaben cargando el acontecimiento principal, pero la madrugada del lunes en el plató se encontraba una chica rubia que me pareció verdaderamente encantadora desde el primer momento. Me gustó su discreción, su saber estar, la total ausencia de esa sofisticación, ese "divismo" que con frecuencia se observa en artistas y reporteros. Ni una palabra estúpida, ni un gesto chocante, tan sólo amabilidad, encanto y sentido común. La moza me sonaba, pero tuve que acudir a expertos, via sms -el experto es alérgico al washapp-, para descubrir que se trataba de Alexandra Jiménez, actriz que se hizo famosa con la mítica serie "Los Serrano"; para mayor "inri" comprobé que Alexandra es de Zaragoza, del barrio de La Romareda ... lo que confirmo que tenía buen ojo ... ¡pues claro que es una maravilla la tal Alexandra, como que es maña!

3 de marzo de 2014

Las zapatillas rojas


Desde siempre "Las zapatillas rojas" era el título de un cuento de hadas del escritor y poeta danés Hans Christian Andersen, la historia de una niña muy pobre que se encapricha de unas zapatillas de baile que terminan convirtiéndose en un problema; recuerdo que mi hermana tenía una de esas ediciones con dibujos de Editorial Bruguera. Pero la semana pasada tuve ocasión de comprobar que unas zapatillas rojas también pueden servir para identificar a alguna que otra persona amable y simpática.

Entré en el establecimiento, ¡qué más da cual!, y comprobé que había empleada nueva, joven y con una sonrisa en la boca -por otra parte ninguna novedad en el lugar- y la chica me atendió muy bien, y es que uno agradece no sólo el respeto y la profesionalidad, que se suponen, sino también esa mirada sana, unos comentarios simpáticos, el tener la certeza de que estás ante alguien cuya cercanía, cuya simpatía queda claro que no son impostados, ante alguien que ni fuerza la sonrisa ni te atiende con gestos de automatizada amabilidad, que en definitiva te puedes fiar de él ... en este caso de ella.

Y, vete a saber porqué, me fijé en que llevaba unos zuecos rojos, de esos que uno encuentra en tiendas de ropa de trabajo, de plástico, con agujeros y un diseño que siempre me ha llamado la atención. Por eso, si cuando entraba en el lugar donde esta moza ahora se gana los garbanzos ya me sentía a gusto y bien tratado, ahora se añade el aliciente de la agradable chica de las zapatillas rojas.

1 de marzo de 2014

Resumen literario de febrero


En febrero he terminado seis libros; sin ninguna duda la mejor nota se la pongo a "Los recuerdos", de David Foenkinos, aunque me han gustado también mucho la cuarta entrega del inspector Sejer creado por la noruega Karim Fossum y la novela del egipcio Alaa al Aswany. Los otros tres han sido una novela negra de un autor de moda, Carlos Zanon, que me parece algo sobrevalorado, un clásico de Shakespeare con los inconvenientes propios de leer teatro y un relato de un escritor local al que tendré que leer más para una valoración completa.

Siempre he pensado que la noruega Karim Fossum es de lo mejor en novela de intriga escandinava; tras terminar "Una mujer en tu camino", la cuarta entrega protagonizada por el inspector Konrad Sejer, me reafirmo en tal opinión, es más, pienso que estamos ante la mejor novela de Fossum. Desde mi punto de vista, la novela presenta tres aspectos que avalan su calidad literaria y su capacidad de entretener: está bien escrita, nos plantea un argumento que es a la vez coherente, original y atractivo y nos hace pensar, porque en los relatos de Karim Fossum la intriga correspondiente no es la única cuestión de interés, sino que las vidas de los personajes y el ambiente de los lugares donde ocurren los hechos tienen cosas que decirnos. No estamos ante una novelista que nos de sorpresas ni nos reserve giros inesperados, sino ante una escritora que nos presenta un caso que desarrolla perfectamente, con unos personajes de carne y hueso, a los que los hechos criminales que se investigan afectan de una manera u otra. El protagonista, el citado inspector Sejer, carece de los aspectos conflictivos que ofrecen otros cercanos como el Wallander de Mankell o el Martin Beck de Sjöwall y Wahlöö, pero aporta una sensatez y humanidad notorias. Destaca en esta autora el sentido positivo de sus novelas, en las que, a pesar de relatarse crímenes tremendos, siempre incorpora una visión esperanzadora de la gente y más de un personaje realmente entrañable. La recomiendo muy vivamente.

Ya hacía tiempo que quería leer "El edificio Yacobian", la novela del escritor egipcio Alaa al Aswany que fue llevada al cine en 2006 por Marwan Hamed y en la que se disecciona a los habitantes de El Cairo tomando como centro un antiguo edificio, construido en 1930 como un auténtico lugar de lujo y que con los años fue perdiendo "caché". Ya leí en su momento "Chicago", otra novela de este autor en la que narra las andanzas de los emigrantes egipcios en América, un libro interesante en el que, desde mi opinión, al Aswany dedica demasiado tiempo a los quehaceres sexuales de los protagonistas. Me ha gustado bastante esta novela, además de que el autor se modera bastante más que en la otra citada, porque sabe mover con acierto esa auténtica galería de personajes que dan lugar a tramas distintas que se van cruzando a lo largo del relato. Desde mi punto de vista, acierta el autor del libro al remarcar el contraste entre el ambiente financiero-capitalista de El Cairo, claramente occidentalizado al tiempo de ser escrito el libro, y el mundo islamista, radicalmente distinto. El terrorismo islámico, las ambiciones económicas, las costumbres locales y otra serie de temas quedan reflejados en los capítulos de esta novela que se lee con agrado y que ha supuesto el segundo libro que termino con mi nuevo libro electrónico.

En las últimas semanas se ha hablado mucho de Carlos Zanon como el nuevo fenómeno de la novela negra española; RBA acaba de sacar "Yo fui Johnny Thunders",m un relato del que todos hablan maravillas -además de insistir en que es super-duro- y que ha sido elogiado por los críticos de los medios más prestigiosos. En mi último paso por "Negra y Criminal" -ya han pasado un par de años- me hice con "Tarde, mal y nunca", libro que se hizo en 2009 con el "Premio Brigada 212" a la mejor primera novela en castellano, por lo que ahora que el nombre del autor comienza a adquirir relevancia me pareció un buen momento para hincarle el diente. Realmente está bien escrita y es verdaderamente "negra": está ambientada en la Barcelona más marginal, sus personajes son genuinos perdedores, de esos de chandall, tatuajes y desaliño y se mueven en un mundo auténticamente "lumpen"; es tan negra que éstos últimos son los verdaderos protagonistas, tanto que el primer policía no aparece hasta la página 166 -el libro tiene 221-. Zanon domina el lenguaje y le pone ritmo a su relato, aunque uno no pueda evitar intuir cierta artificialidad en la composición de la narración. Para quien guste del género es una buena recomendación y, sin duda, se trata de un autor puntero en el ámbito de la novela negro-criminal española, un campo que en los últimos años ha sufrido un importante crecimiento. Eso sí, si uno anda deprimido o triste, mejor que lo reserve para otra ocasión.

No es fácil leer teatro, pero también es cierto que sobre mi conciencia pesaba no haber leído ninguna obra de William Shakespeare, razón por la cual escogí la tragedia de "Macbeth" para cubrir esta laguna. Recordaba haber visto hace varias décadas la versión que para Estudio-1 realizó en su día Pedro Amalio López, con la intervención de actores de la época como Francisco Piquer, Irene Gutiérrez Caba, Julio Núñez, José María Escuer y Tomás Blanco. Se trata de una de las obras cumbre del dramaturgo inglés, dotada de unos aires de enorme tragedia, pues en ella todo es tremendo: la codicia, el ansia de venganza, la traición, las pasiones, ... Shakespeare se remonta al siglo XI de la historia británica y nos relata el drama de Macbeth, rey de Escocia al que pierden sus deseos desmedidos de poder y la codicia de su mujer. Hay que leerlo despacio para enterarse bien de lo que pasa, pues el autor deja cuestiones solo hilvanadas, siendo útil tener el argumento al lado. Una tragedia impresionante que se lee con afán y puede cubrir una tarde con poco más que hacer.

El escritor francés David Foenkinos es sin duda una de las revelaciones literarias de los últimos tiempos; ya lleva tres libros que se han vendido como rosquillas y ahora luce en los estantes de las librerías una original biografía de John Lennon de la que hablan maravillas. Brunetti fue quien me alentó de este hombre, y sin duda responde a las exigencias de mi buen amigo: novelas no muy largas, escritor francés y ambientación contemporánea. Opté por comenzar por "Los recuerdos" y puedo decir que ha sido una lectura deliciosa; en esta novela, relatada en primera persona, Foenkinos nos habla de la vida sencilla, de cosas ordinarias: estamos ante lo que podríamos llamar literatura descomplicada. Durante buena parte de la narración quien relata nos habla de su abuela, a quien sus padres ingresan en una residencia, hecho ante el que el protagonista se rebela y decide darle a aquélla el cariño que tal vez no le había dado antes. Posteriormente pasa a hablar de sus afectos amorosos y de sus extrañas relaciones con sus padres. Buscando referencias del libro encontré a alguien que comentaba que Foenkinos es mejor narrador que escritor, que cuenta mejor que escribe, precisión que no se si es adecuada pero que intuyo cierta. A lo largo de la novela no pasa nada especial, tan sólo episodios normales que le pueden pasar a cualquiera. Todo un descubrimiento que obliga a repetir.

Me he propuesto darme de vez en cuando un garbeo por el panorama de la novela policíaca nacional, y puestos a ello me pareció oportuno acudir a Esteban Navarro, un autor oscense del género y entre sus obras elegí "La noche de los peones", novela ambientada en Huesca y que resultó finalista del Premio Nadal de 2013. Me atraía que en el argumento se explicara que el relato estaba ambientado en Huesca, así como el haber escuchado mencionar con frecuencia a este escritor. He de empezar diciendo que la ambientación en Huesca es relativa: sólo aparece su Comisaría y el Hospital "San Jorge", pues al estar la narración centrada en los recuerdos de sus dos protagonistas -un veterano policía y una joven policía en prácticas- la historia se traslada a la costa del norte de Barcelona: Mataró, Caldas de Estrac, Arenys, ... Por otra parte no me ha parecido una novela propiamente policíaca, pues como queda dicho más que una investigación policial -no hay crimen alguno- lo que se describe son los recuerdos vitales de dos personas marcadas por una infancia difícil, lo que sin duda aumenta el mérito del autor. Me ha parecido un relato bien construido, humano y realista, aunque en mi opinión la calidad literaria es mejorable y el autor no puede evitar caer en el maniqueismo tan al uso de que lo de antes todo estaba mal y lo de ahora es estupendo. Tengo "La casa de enfrente" y la leeré.-