14 de septiembre de 2013

El genio se viste de pitufo



El nombre de Lluis Llach comenzó a aparecer en la prensa a finales de los años 60; si no recuerdo mal su nombre de pila lo escribían en versión castellana -Luis- y en mi absoluta ignorancia gramatical su apellido lo pronunciaba marcando la ch. Me llamaba la atención este cantante joven al que incluían entre los más significativos representantes de lo que se llamaba Nova Cançó, junto a Serrat, Raimon, Pi de la Serra, Guillermina Motta o María del Mar Bonet, entre otros. Eso sí, no tenía ni idea de cómo cantaba el hombre, pues nunca le había escuchado, entre otras cosas porque en la época el acceso a la única televisión existente estaba bastante cerrado a quienes no comulgaban con los criterios oficiales.

Con los años llegó la oportunidad de conocer las canciones de este hombre de apariencia tímida e introvertida, y descubrí que no era un cantante más, que su música estaba mucho más allá de las voces reivindicativas que gritaban "Al vent" y cosas parecidas, y que lo que interpretaba tenía un valor musical excepcional y unas letras llenas de poesía y sentimiento. Así comencé a disfrutar con temas como "Que tinguem sort", "Si arribeu", "Abril-74", "I si canto trist", "Com un arbre nu", "Aquell vaixell", "El bandoler", "El jorn dels miserables" o esa auténtica pieza de museo que es "Viatge a Itaca", sin olvidar sus mítica "L'Estaca" y "La gallineta", esas canciones que en la ingenuidad de los 16-17 años cantas con injustificadas ínfulas de estar salvando al pueblo de la opresión. Con el tiempo, dejé de seguir a Llach y me quedé anclado en esta época concreta del cantante. No se si la causa de esto último está en el rechazo a sus ideas, el hecho de que su personalidad no me atrayera nada o la simple inconstancia en los gustos de la que a veces adolecemos. En todo caso los discos de Llach de mediados de los 70 forman parte de esos rincones de nostalgia que todos tenemos y no puede existir duda de que Lluis Llach ha compuesto una música que pocos han sido capaces de hacer en España.

El pasado día 11 de septiembre toda la prensa destacó la presencia de Llach, un auténtico símbolo en su tierra, en Vinaroz para apoyar en zona valenciana, la célebre "vía catalana"; y el cantante y compositor aparecía, junto a un Carod Rovira con camiseta de la Unión Deportiva Las Palmas, vestido con unos modos que le daban cierto aire de pitufo. Se encontraba en una jornada "reivindicativo-festiva", y ya comprendo que no se trataba de ponerse las grandes galas, además de que Lluis Llach siempre ha sido un hombre aficionado a vestirse con aires campestres e informales, pero ese gorrito, esa camisa de talla superior y ese estilo en general nos convirtieron, por un día, al gran artista en Pitufo ... más al norte estaba Gargamel.

12 de septiembre de 2013

¡Que viene el vodka!


"El vodka pone en peligro el reinado del gin tonic"

La noticia la he sacado de una edición de "El País" del año pasado, aunque hasta hace pocos días no había tenido personalmente noticia de este fenómeno. Parece, por lo tanto, que las personas vamos a seguir siendo arrastradas por esas modas medio artificiales medio interesadas y tras asimilar la enorme variedad de marcas de ginebra que el mercado nos ofrece habremos de acostumbrarnos a los nombres que bautizan otra bebida de textura parecida y que viene del este europeo. Por lo visto en los Estados Unidos es en la actualidad el cóctel más consumido, y ya se sabe que por mucho que acusemos a los yankees de imperialistas, incultos y avasalladores, al final siempre terminamos plegados a sus usos y costumbres.

Nos cuentan que ya en los años 30 y 40 hubo un auténtico boom del vodka en los Estados Unidos, una moda que se debió según uno de esos gurús gastronómicos que corren por ahí a que la gente elegía los martinis de vodka porque no dejaban olor: “Se podía volver al trabajo o a casa y no se notaba que se había bebido”, afirmó el "cóctel master" del "Dry Martini" de Barcelona -¡ponga un cóctel-master en su vida!-. La terraza del "Restaurante Olsen" de Madrid propone por lo visto una gama de vodkas saborizados: pomelo, frutos rojos, limón y naranja, para combinar con las mismas tónicas que llevan unos cinco años mezclándose con las ginebras ... pues vaya pijada, no?. Eso sí, ya hay "sabelotodos" que nos dicen que la única batalla que de antemano tiene perdida este alcohol en su camino al trono es la de no poseer las cualidades farmacológicas de la ginebra: “Ayuda a la funcional renal y mezclado con la tónica, gracias también a la quinina, es un producto muy digestivo”, ... y es que todo se ha de tener en cuenta, aunque no me suena que la ginebra sea distribuida en farmacias ... ¿se incluiría en la Seguridad Social?.

A mí el vodka me me trae inevitablemente a la cabeza las viejas películas de espías rusos o dramas moscovitas, y me resulta más sugestivo identificarla con Dostoievski, Tolstoi o Puskhin que con bares de lujo, cócteles birgueros, snobismos pasajeros o facturas enormes. También me trae al recuerdo algún que otro establecimiento hostelero "superpijo" de la zona barcelonesa de Pedralbes que visité ocasionalmente y en el que jóvenes de alto standing social consumían combinados de vodka con naranja que denominaban "Redoxon", toda una ocurrencia de lo más pija, pues ya sabemos que históricamente a esta bebida se le ha llamado "destornillador", y no me pregunten por qué.

Me temo que la moda del vodka no va a servir para recuperar una bebida que bien mezclada puede conseguir cócteles estupendos, sino para incrementar nuestra capacidad de tontear e incrementar los topes de las listas de precios. !Al tiempo¡.

11 de septiembre de 2013

La cadena del Señor Mas



Hoy, 11 de septiembre, fecha que quedó marcada para la historia por los tremendos atentados de la Torres Gemelas, es también la jornada en la que Cataluña celebra su fiesta nacional, la Diada, el día en que se conmemora la caída de Barcelona en manos de las tropas borbónicas que mandaba el duque de Berwick durante la Guerra de Sucesión Española. Desde que durante la llamada transición se produjo el paso de un régimen autoritario a otro democrático, así como la recuperación de tantas viejas instituciones, el 11 de septiembre ha tenido siempre un marcado acento reivindicativo, cosa que se ha acentuado en momentos de especiales polémicas. Este año, con los gobernantes y políticos catalanes desmelenados, la intensidad ha llegado a límites que hace unos pocos años parecerían imposibles, y para quienes no comulgamos con los fervores nacionalistas de aquella tierra, la situación se ha vuelto realmente asfixiante. Estuve mucho tiempo en Cataluña y viví una época -los últimos 20 años del pasado siglo- en la que el nacionalismo creció sin parar y el partido hegemónico, que ahora sigue gobernando aunque con menos solvencia, hizo los posibles para sembrar un ambiente en el que no cabía otra opción vital distinta a la suya, a pesar de lo cual el catalán medio mantenía un seny y una elegancia que permitían que también los no afectos al régimen pudiéramos ser felices, incluso a mis conocidos más próximos que beben los vientos nacionalistas les tengo que agradecer que soportaran con serenidad y hasta cierta comprensión más de un exabrupto y alguna inconveniencia a los que me llevaba ése carácter que tengo y que algunos llaman "pícnico".

Ahora todo está salido de madre; imagino que puestos a buscar culpables de tanta desafección, provocación y agresividad, habrá que repartir responsabilidades tanto en el centro como en la periferia, en el fanatismo de unos como en la incapacidad de comprender y respetar de otros, pero los actos de hoy me parecen -es sólo una postura personal- un dislate y una especie de viaje sin retorno, una imprudencia de la que nos arrepentiremos. La historia de la Corona de Aragón que, con serenidad e intentando ser objetivo y desapasionado, he procurado ir conociendo en los últimos tiempos, la entiendo muy diferente a como nos la plantean desde Cataluña, pero aún así intuyo que ahora es mejor no hacer mala sangre y no entrar en debates, ya que nos encontramos en un escenario donde nadie se baja del burro, ... y nunca mejor dicho. Eso sí, cuando veo como andan las cosas por la costa noreste española, no puedo evitar pensar que allí no existe excesiva libertad, quien no está en la onda independentista no tiene otro recurso que permanecer callado si no quiere ser ninguneado y etiquetado desde los ámbitos oficiales; no hay más que ver como ha sido atacado el obispo de Solsona, persona poco sospechosa de poca catalanidad, por osar plantear algo que para quien se considere miembro de una Iglesia que, entre otras cosas, es universal, es el abecedario: que entre los católicos hay diversas sensibilidades, que la autodeterminación catalana no es dogma de fe ... mal asunto cuando los pastores de la Iglesia, y esto lleva pasando en Cataluña -y también en España, seamos serios- desde hace decenios, comienzan a plantear o imponer posturas en cuestiones temporales.

Ojalá todo vaya bien, y si se han de independizar, que les vaya bonito: no sería bueno ni sano desear mal a nadie, pero he escuchado muchas veces reclamar respeto a unas ideas -ciertamente a veces hacía falta- pero bastantes de esos mismos que lo pedían, se han convertido en adalides del pensamiento único.

9 de septiembre de 2013

Madrid se estrella de nuevo



Aunque tantas veces se repita eso de que "a la tercera va la vencida", no me ha extrañado nada el nuevo patinazo de la candidatura de la capital de nuestro país para los Juegos Olímpicos, en este caso los de 2020; la aspiración de París de organizar los de 2024 mueve a pensar que hay que considerar a los franceses candidatos de mucha solvencia, resultando difícil imaginar al COI admitiendo la celebración de dos olimpiadas seguidas en países europeos y vecinos. Si a esto añadimos que entre los aspirantes se encontraba Tokyo, se intuye inaccesible la seriedad y eficacia nipona ante la improvisación que impera por estos lares. Por otra parte a quien esto escribe, que admite haber seguido muy poco los preparativos de la candidatura capitalina, nunca le ha parecido que ésta tuviera mucho chance, intuyendo que lo que más bien se ha producido por aquí ha sido una excesiva venta de humo, casi  hasta la piel del oso antes de su captura.

No me atrevería a lanzar afirmaciones rotundas respecto a la bondad o no de este fracaso, es decir si al país le convenía un certamen de esta envergadura o si a la vista de la coyuntura actual, lo mejor será dedicar gastos y esfuerzos a solucionar problemas más graves y vigentes. Por un lado, uno tiende a pensar que unos Juegos Olímpicos tienen necesariamente que redundar en beneficio de quien los organiza, y no solamente de la ciudad: hubiera habido inversiones y eso supone modernización; por otra parte no resulta descabellado sospechar que surgieran problemas, incumplimientos y chapuzas dado lo inestable de la situación social. En cualquier caso, lo único que nos queda es asumir deportivamente la derrota, saber descubrir errores y torpezas y hasta "engañarnos" con eso de que lo importante es participar.

La candidatura de Madrid ha tenido sus partidarios y sus detractores, algunos de éstos con argumentos tan sólidos como legítimos, y algún otro con motivaciones que cabría interpretar como retorcidas, inelegantes y hasta "provincianas". Ahora es el momento de las críticas, y bien harán los responsables del intento en escucharlas, asimilarlas e intentar aprender. Se ha acusado a la candidatura española de llevar demasiada gente a Buenos Aires, al parecer 180 personas frente a los 100 de Tokyo y los 80 de Estambul, siempre ocurre que por aquí tendemos a apuntarnos con excesiva frivolidad cuando intuimos -erradamente en este caso- un caballo ganador. No están, desde luego los tiempos para dispendios ni excesos. Eso sí, ayer se criticaba que en el avión hubiera habido un menú de Foie, solomillo y Gin Tonic ... pues bueno, no creo que tales viandas provoquen la ruina, y tampoco sabemos si el Gin-Tonic lo era de ginebra cara o de garrafón, y vete a saber si incluso se sirvió en vaso de plástico. Bromas aparte, tengo la impresión de que lo ocurrido tiene sus aspectos criticables y habrá que sacar moralejas, pero también de que algunos andan cual buitres esperando carroña.

6 de septiembre de 2013

De Hoeness a Hoeness



"Uli Hoeness, ha sido acusado de evasión de impuestos por un juzgado de la capital bávara tras varios meses de investigación."

Uli Hoeness es actualmente el presidente del Bayern de Münich, sin ninguna duda el equipo más laureado de Europa a lo largo de este año, al haber ganado los dos principales títulos de Alemania y la Liga de Campeones europea, un título que se resistía últimamente a lo bávaros. Hoeness es presidente del Bayern desde 2009, pero antes ya había sido durante largo tiempo su director general, cuando el equipo alemán juega un partido importante, la presencia de Uli Hoeness es llamativa, con ese aspecto de persona segura y apasionada que domina el palco, frecuentemente embutido de la bufanda blanquirroja del equipo, algo que choca ante las habituales poses más bien asépticas de la mayoría de dirigentes. La imagen de Hoeness ha sido hasta ahora la de un directivo eficaz, comprometido con su equipo de siempre, con excelentes dotes negociadoras y de una fortaleza física y mental notable, como lo demostró en 1982, cuando fue el único superviviente de un accidente de avioneta en el que murieron tres personas. Hoeness, que fue un excelente futbolista, nació en la localidad bávara de Ulm, es hijo de un carnicero católico, estudió en la Universidad y no solamente vive del fútbol, pues es copropietario de una fábrica de bratswurt en Nuremberg.

Pero con Hoeness ha ocurrido lo mismo que con otros personajes importantes, pues el tiempo ha demostrado que no era oro todo lo que relucía y se ha descubierto que tiene mucho dinero "escondido" en Suiza. Los nuevos acuerdos germano-suizos en materia fiscal han dejado "en cueros" a unos cuantos, y el mítico ex-futbolista se ha visto obligado a autoinculparse por evasión de capitales, admitiendo tener unos cuantos millones en una cuenta del país helvético. Asegura que tras dedicarse a negociar en bolsa, ha sido un hombre afortunado en los juegos de azar, lo que explica unas ganancias que quiso esconder a las autoridades de la hacienda pública germana. No es malo admitir errores y pecados, aunque hay quien duda de la rectitud de intención del personaje, pues en la prensa de su país ha aparecido también la noticia de que la cantidad de dinero que "almacena" Uli Hoeness en Suiza se aproxima a los 400 millones de euros ... algo que pone los pelos de punta, por mucho de que el hombre diga que no es cierto. En manos de la Justicia alemana, a la que no intuimos le suela temblar el pulso, está saber si ésto es un mal trago o el orondo directivo bávaro puede llegar a tener que pasar un tiempo entre rejas.

Hoeness fue uno de mis jugadores favoritos en aquellos años 70 en los que empezaba a seguir el fútbol internacional, junto a nombres como Cruyff, Rivelino, Kempes, Luiz Pereira, Overath, Beckenbauer, Rivera, ... La primera vez que le vi fue en uno de sus primeros partidos con la selección germana, cuando con apenas 20 años formó parte del equipo que aplastó a Inglaterra en Wembley por 1-3 en la fase eliminatoria de la Eurocopa de 1972; Hoeness marcó uno de los goles alemanes en un encuentro donde el mejor fue Gunther Netzer, el prodigioso zurdo del Borussia Moenchengladbach que un año después se iría al Real Madrid. Junto a Maier, Beckenbauer, Breitner, "Torpedo" Muller, Grabowki, Berti Vogts, formó parte de la formidable selección que se impuso en la Eurocopa del 72 y en el Mundial del 74 y con los cuatro primeros consiguió con el bayern las Copas de Europa de 1974, 1975 y 1976. Fue un jugador dotado de una potencia y una velocidad enormes, con su pelo rubio al viento y una planta espectacular Hoeness atacaba por la derecha y poseía un disparo durísimo. Una lesión provocó su retirada prematura a los 27 años. Ahora, cumplidos los 60 se enfrenta a un partido distinto y más arriesgado, un problema al que le ha llevado un exceso de amor al vil metal.

4 de septiembre de 2013

Lecturas no vacacionales

 

Desde mi regreso de vacaciones, unos diez días antes de terminar julio, han pasado por mis manos unos cuantos libros; la mayoría de ellos me ha dejado un buen regusto literario. Por encima de todos he de destacar la primera entrega de la trilogía sobre París escrita por Maurice Druón, un nuevo acierto de los "Libros del Asteroide", así como "Defender a Jacob", una impactante novela judicial que al final resulta ser algo más que eso. De Biescas ya traía comenzado "Tres noches", un relato duro y en ocasiones inquietante y una de las aventuras de la Comisaría 87 de Ed McBain, todo un clásico. He recomenzado la serie del Inspector Pitt y su esposa Charlotte de Anne Perry después de bastantes años, he leído una grata y elegante novela de una autora inglesa de posguerra, mientras que en esta ocasión la oveja negra vino del norte, en concreto de una escritora danesa que no me ha convencido nada.

Uno de los libros que llevaba tiempo esperando su turno era "Tres noches", la única novela traducida al castellano del norteamericano Austin Wright; se trata de una novela publicada en 1993 con el nombre de "Tony and Susan" y que Salamandra publicó el año pasado con título nuevo, casi diez años después del fallecimiento del autor. Se trata de un libro complejo, pues su argumento se centra en el original manuscrito de una novela que Susan Morrow, profesora de literatura, recibe de su ex-marido, Edward Sheffield, de quien hace diecinueve años que no sabe nada; el paquete trae el encargo de que la destinataria realice una valoración sobre la novela. A partir de ahí nos encontramos con el fenómeno de una novela dentro de otra novela y aunque los primeros capítulos se centran en la trama de Edward, auténticamente dramática e inquietante, poco a poco Susan va tomando protagonismo y nos enfrentamos a dos argumentos que cohabitan entrelazados. Se trata de lo que hoy en día se llamaría un thriller psicológico en el que los dos personajes principales son precisamente los protagonistas de la lectura y de lo leído: Susan y Tony Hastings, un inseguro profesor universitario de matemáticas que tiene un casual y trágico incidente de carretera en un viaje nocturno con su mujer y su hija. Wright se centra en el drama de Hastings para divagar sobre la conciencia, la venganza, la inseguridad, el amor, la fidelidad, el perdón, ... Un libro que se va haciendo más interesante conforme avanzas en su lectura, la cual conviene sea pausada, pues el escritor no da puntada sin hilo. En las críticas que he leído en internet alguien definía el estilo de Austin Wright como "austeriano", a la vista de la importancia y trascendencia que da éste a los sucesos causales ... no soy capaz de opinar sobre este calificativo, vete a saber si contribuye a darle categoría a la literatura de Wrighy o a ponerle un listón inalcanzable.

Ed McBain es probablemente uno de los "clásicos" de la novela policíaca norteamericana; ya había leido alguna de sus novelas y ahora le he "hincado el diente" a "Relámpago", uno de esos relatos en los que no existe un único detective que asume el protagonismo, sino que éste se lo reparten los miembros de la Comisaría 87, un distrito policial ubicado en la imaginaria población de Imola: Steve Carella, su esposa, Teddy, el detective Meyer Meyer, Bert Kling, el policía novato, y Fat Ollie Weeks, entre otros. McBain nos relata los distintos casos que van surgiendo en el devenir diario de la Comisaría en cuestión; en "Relámpago" se investiga el asesinato de varias jóvenes atletas que han aparecido colgadas de una farola y una extraña cadena de violaciones de la que son víctimas varias mujeres, cada una de ellas en varias ocasiones. Así como el protagonismo policial lo comparten varios miembros de la Comisaría 87, en las novelas de este autor existe un villano común, alguien conocido como "El sordo", pues su sordera es el único dato que tienen de este hombre que les lleva por la calle de la amargura; en este libro el gran misterio está en averiguar si el tal "sordo" está detrás de lo mencionados crímenes. Ed McBain es simplemente el apodo más popular de Evan Hunter, un polifacético personaje que además de novelas policíacas escribía otro tipo de géneros, así como guiones de cine, como los correspondientes a "El turbulento distrito 87", (1972), protagonizada por Burt Reynolds, y "Un extraño en mi vida" (1960), con Kirk Douglas y Kim Novak en el reparto, aunque sin duda su gran aportación a la pantalla fue el guión de "los pájaros" (1963), uno de los films más emblemáticos de Alfred Hitchcock. Un respeto, por lo tanto para este autor. Añadiría que el desenlace de los casos que ella narración plantea es original y curioso.

La editorial Siruela, una de las más cuidadosas en la edición de novelas de intriga, ha iniciado la publicación de la serie escrita por la danesa Sara Blaedel y protagonizada por la inspectora Louise Rick con el primer título de la misma titulado "Nieve verde"; la noticia que recogía este evento hizo que desempolvara "Sin salida", si mis datos no fallan, la cuarta entrega de la misma que hace un par o tres de años publicó en España la editorial Mosaico. La intriga se centra en el asesinato en Copenhague de una prostituta de un país del Este de Europa y junto a la inspectora Rick comparte protagonismo una periodista llamada Camilla Lind. El hecho de que Siruela se lanzara a dar circulación en España a las novelas de Blaedel me hizo concebir una esperanza que la lectura del libro no ha confirmado. Se trata de una trama correctamente planteada, desarrollada con pulcritud, pero a la que le falta fuerza y cuyos personajes carecen de profundidad. Yo no se si es problema de la traducción de la edición de "Mosaico" o un problema de la forma de redactar de la propia autora, pero en ocasiones la lectura se hace "engorrosa" y las frases no parecen bien elaboradas. En definitiva, una novela de intriga escandinava más, literatura policíaca del montón que no invita a volver a intentarlo ... aunque uno tenga curiosidad por ver si Siruela es capaz de ofrecernos una traducción que mejore lo leído ahora.

Maurice Druon es uno de los personajes relevantes de la cultura francesa del siglo pasado, llegó a ocupar cargos de cierta relevancia socio política y su prestigio como escritor es tan llamativo como merecido. Ya leí no hace mucho, y aquí quedó reflejado, la primera entrega de la serie de los Reyes malditos, "El rey de hierro", y hace tiempo que tenía entre ceja y ceja comenzar su célebre trilogía sobre la Francia de la primera mitad del siglo XX que hace unos años reeditó "Libros del Asteroide". Así, a lo largo de agosto he disfrutado con el primer libro de la misma, "Las grandes familias", escrito en 1948 y que fue recompensada en su día con el prestigioso premio "Goncourt". Me ha parecido una novela formidable, una auténtica exhibición de buena literatura: narrativa brillante, unos personajes muy bien construidos, con personalidad y tratados con sumo cuidado y una forma de escribir caracterizada por la agilidad, una dura -a veces cruel y sangrienta- crítica social y esa ironía que solamente los grandes saben manejar con soltura. A lo largo de las poco más de 400 páginas de la novela, Druon no da puntada sin hilo, entretiene a la vez que hace pensar y refleja con precisión un lugar y una época y se muestra demoledor con la clase alta parisina de la época. En las otras dos entregas, "La caída de los cuerpos" y "Cita en el infierno" el escritor continúa con la serie y con las vicisitudes de los supervivientes de esta primera novela, no tardaré en ir a por ellas; mientras tanto solamente me queda decir que quien no haya leído "Las grandes familias" tiene una asignatura pendiente: no le va a decepcionar.

Hacía tiempo que no leía a Anne Perry, hacerlo ha sido como reencontrarte con una vieja amiga, ... o dicho de otra manera, volver a relacionarte con dos de sus personajes favoritos, el inspector Thomas Pitt y su encantadora esposa Charlotte, una joven de buena familia que renunció al boato y a las fiestas para unir su vida a un simple policía. Perry nos introduce en el Londres de la época victoriana y recrea una serie de intrigas que nos enseñan a ver que no es oro todo lo que reluce, pues también en las grandes familias inglesas de la época existe el crimen, la traición y el odio. Las novelas protagonizadas por Pitt nos muestran los contrastes de la época: unos cuantos ricos y auténticos pozos de miseria, muy en la línea dickensiana. "Chantaje en Belgrave Square" es la decimosegunda entrega de la serie, y centra la intriga en el asesinato de un repulsivo prestamista que al parecer chantajeaba a importantes personajes de la alta sociedad de Londres. Como todas las novelas de Perry, la narración es amena, el misterio propio de la trama es desarrollado hábilmente y resuelto con originalidad y sin evitar esa sorpresa que siempre nos reservaba Agatha Christie, precursora en la vida real de Anne Perry, aunque sus tramas las establecía en época posterior, en este caso hay giro final en las dos últimas páginas. Las novelas de esta autora no regatean un toque de crítica social y una afición por detenerse en describir decoraciones, edificios y vestidos femeninos. Por cierto, Perry crea también un personaje formidable, Lady Vespasia Cumming-Gould, una vieja e inteligente aristócrata londinense, pariente política de Emily, hermana de Charlotte Pitt, y dotada de un sentido común y una inteligencia proverbiales, aunque en este libro hay que decir que sale poco.

"La señorita Dashwood", de Elizabeth Taylor -nada que ver con la famosa actriz- me llamó la atención en cuanto vi el argumento; a priori me pareció una de esas deliciosas novelitas de amor, un género que hacía tiempo no tocaba. Pronto comprobé que no se trataba precisamente de eso, por mucho que los protagonistas, un viudo y la nueva institutriz de su única hija, se prestaran a ello; leyendo diversas críticas del libro se le compara con títulos tan importantes como "Jane Eyre", de Charlotte Bronte y "Sentido y sensibilidad", de Jane Austen, incluso con "Cumbres borrascosas", de Emily Bronte y "Rebeca", de Daphne du Marier. Puestos a elucubrar yo la veo más cerca de las novelas de la Austen, aunque aquí la trama se desarrolla en los años 40: de hecho la novela es publicada en 1946; mucho más lejos la veo del drama de "Cumbres Borrascosas" y el toque de terror psicológico de "Rebeca". Es una novela de cierto aires teatral, que se desarrolla casi íntegramente en una vieja casa habitada por gente curiosa y complicada y que algunos califican como gótica. Un libro entretenido, con cierto tono amargo, con toques de humor casi negro, su parte de drama y bien escrita. El final es magnífico, con su toque trágico importante, sus misterios desvelados y un tono romántico y tierno que no SE pierde, a pesar de todo.

Leí "Defender a Jacob", de William Landay por recomendación de una compañera de trabajo; fue una de los grandes éxitos de ventas en USA en 2012, aunque por las razones que fueran el título me había pasado desapercibido. Lo he leído casi de un tirón y me ha parecido una novela totalmente recomendable. La historia no suena a nueva: Jacob, de 14 años e hijo del primer ayudante del Fiscal del Distrito de Newton, una pequeña localidad del condado de Middlesex en el estado de Massachusetts, es acusado de asesinar a un compañero de curso. A priori se puede pensar que estamos ante el típico thriller judicial en el que tras un complicado juicio la verdad resplandece y aparece el verdadero asesino; Landay va mucho más allá y convierte el duro suceso en un auténtico drama familiar; aunque el juicio es desarrollado con profusión de detalles, el autor da la misma importancia a la crisis que explota en la familia de Jacob, con secretos escondidos, reproches mutuos, hundimientos personales, confianzas perdidas, ... William Landay no se pierde en descripciones y detalles, y utiliza un lenguaje directo, con diálogos vivos y en el que te encuentras los hechos de repente y sin rodeos. Es además un libro para pensar, un análisis valiente y duro de las relaciones familiares, las costumbres y secretos de los adolescentes de hoy día, la crudeza e irreversibilidad de los hechos cuando las cosas se tuercen. Y, además, un interesante relato sobre como funciona la Justicia en los Estados Unidos.

2 de septiembre de 2013

Adios a un indestructible de la prensa española


El viernes falleció Manuel Martin-Ferrand, tenía 72 años y ya hacía tiempo sabía, me parece que por sus propios comentarios en su columna de ABC, que tenía la salud bastante perjudicada. Martin-Ferrand era gallego, pues había nacido en La Coruña en 1940, por mucho que el núcleo duro de su curriculum profesional se dearrolla en Madrid. Los nombres que se incluyen en las necrológicas del periodista tienen enorme enjundia: el mítico diario "Pueblo", Televisión Española, los periódicos "Diario de Barcelona" -el popular "Brusi"- y "Nuevo Diario", de los que fue director, Radio Popular de mAdrid, el grupo Zeta, con columnas en "Interviú" y "El Periódico", entre otras, la Cadena SER, Antena-3 Radio, de la que fue fundador y Director General, al igual que de Antena 3 televisión, la Cadena Cope, con intervenciones en "La Mañana" y "La Linterna", el programa "protagonistas" de Onda Cero y Punto Radio y su columna de ABC. Una larga lista que da idea de su prestigio, su independencia y su apuesta por el pluralismo y la independencia.

No obstante, mi recuerdo personal de Martin Ferrand está sobre todo centrado en el programa "Hora-25" de la SER, un espacio que en los años 70 fue verdaderamente innovador, siendo su primer director y formando con José María García un dúo que encendía las noches españolas con un estilo periodístico que ahora está generalizado, pero que entonces era una auténtica novedad y causaba sensación. El periodista fallecido tenía una dicción muy característica, con ese hablar pausado e incisivo que venía adornado con una voz profunda, una forma de hablar clara y nítida y una personalidad propia. En TVE también fue una cara con preencia frecuente: "Imágenes para saber" (1966), "Nosotros", con Alfredo Amestoy (1968), "Con acento" (1968), "Siempre en domingo" (1971), "24 horas" (1971-1972), "Sábado Cine" (1977) y "Hora 15" (1977-1979).

El nombre de Manuel Martín-Ferrand forma parte de ese elenco de periodistas que uno metía en su casa y en su vida y pasaban a ser como de la familia, una cara y una voz cercana y apreciada, como con mayor o menor continuidad lo han sido Luis del Olmo, Carlos Herrera, José María García, Antonio Herrero, Julio César Iglesias, Isabel Tenaille, ... y tantos otros. El hombre ya no está entre nosotros, pero su voz y su personalidad permanece en el recuerdo. Descanse en paz.