18 de febrero de 2013

¿Llega la catarata?


Conocí en Tarragona a una persona bastante aficionada a los temas escatológicos; había leído mucho sobre apariciones, visiones y profecías de todo tipo y, aunque era bastante discreto y hasta tendía a hacerse el interesante limitándose a incoar sobrentendidos y sembrar alguna duda, más de una vez le escuché anunciar que nos acercábamos a "la catarata". Han pasado entre 25 y 30 años de estas advertencias, lo que me hace poner en cuarentena cualquier previsión a este respecto, además de que me parece que siempre han existido "expertos" apocalípticos que juegan con datos excesivamente generales, como los que en la década de los 80 anunciaban el inminente estallido de una guerra nuclear cuyo primer signo vendría determinado por una pretendida invasión de Yugoslavia por el ejército de la Unión Soviética ... al poco tiempo el citado país se hizo pedazos´, el Muro de Berlín se fue a pique y la Unión Soviética, con todo el telón de acero con ella, se disolvió cual azucarillo. No obstante, el Apocalipsis es un libro del Nuevo Testamento, el mensaje de Fátima merece muchísimo respeto y los actuales signos de los tiempos cabe calificarlos, cuando menos, de inquietantes.

La reciente renuncia de Benedicto XVI ha vuelto a traer a la palestra las míticas profecías de San Malaquías, un santo fraile irlandés que elaboró unas teorías que tienen a unos cuantos en jaque; según las predicciones -o cuando menos lo que de ellas se interpreta- del tal Malaquías el actual Papa es el penúltimo de la historia, por lo que, de ser ciertas, andamos a las puertas del último Santo Padre ... y por mucho que uno sea providencialista y cuente con la infinita misericordia divina, el tema no le parece baladí y la cosa no deja de producir una buena dosis de estremecimiento. A mí nunca me ha gustado hacer demasiadas elucubraciones de este tipo, tal vez porque tiendo a ser más bien "cobardón", además de que ya queda dicho que hasta ahora no he visto demasiado acierto en aquéllos a quienes en su día escuché teorizar pronósticos. Eso sí, tengo bien claro que el sistema sobre el que nos venimos sosteniendo a lo largo de la últimas generaciones se tambalea tanto que comienzo a dudar que la cosa tenga arreglo; y no cabe hablar exclusivamente, desde mi punto de vista, de una crisis de tal sistema, sino de una decadencia total de los valores, pues no hay más que ver tanto las continuos escándalos políticos y económicos que van estallando, como algunas de las reacciones a los mismos, protagonizadas por el insulto y la violencia ... Afortunadamente, al salir a la calle sigues encontrando personas de bien que consiguen que recuperes la fe en la humanidad.

En el ambiente se respira pesimismo, desánimo y tensión; no son momentos en los que resulte reconfortante realizar ningún tipo de planteamiento con respecto al futuro, por eso he hecho el propósito de no pensar más en la catarata. Si las cosas van mal, toca arrimar el hombro, quejarse lo justo, poner buena cara y tratar de hacer bien lo que te toca; y si el Papa dice que no se ve con fuerzas de asumir lo que viene -debe de ser gordo, pues- rezaremos por él, por el que ahora venga y por el resto de la gente ... que mal no nos vendrá.

16 de febrero de 2013

Cuatro pelis viejas


En el desván de los viejos films queda todavía el brillo de las películas míticas, como lo fueron "Lo que el viento se llevó", "La diligencia", "Casablanca" o "Eva al desnudo", por citar unas pocas; pero también permanecen otra serie de cintas excelentes que sin alcanzar el brillo de las citadas siguen siendo auténticas joyas y te ofrecen la posibilidad de disfrutar de unas horas verdaderamente gratas y agradables, de descansar cultivando el buen cine.

He dicho que no estaba hablando de películas míticas, pero sin duda "La carta" (1940) no anda demasiado lejos de ese concepto; de hecho tuvo hasta siete nominaciones al Oscar, entre ellas a la mejor película y al mejor director en la persona de William Wyler, aunque al final no obtuvo ninguna estatuilla. La película la protagoniza Bette Davis, que como siempre está magistral, copando cada escena en la que interviene y creando un personaje lleno de la fuerza y la personalidad habituales en la actriz nacida en Massachusetts. La película está basada en un cuento de Somerset Maugham y la acción se desarrolla en una plantación de caucho en la colonia británica de Malasia. Davis encarna a la apasionada esposa del administrador que mata a un hombre alegando defensa propia. La película lo tiene todo, pero yo destacaría, fundamentalmente, el trabajo de la Davis, esas miradas, esa tensión que crea en sus personajes, esa forma inigualable de actuar y las escenas llenas de misterio y tensión, como el inolvidable comienzo con el crimen en una noche de luna llena y la impactante escena final cuando Leslie, el personaje interpretado por Bette Davis, sale al jardín presintiendo la muerte que la espera, la escena posee una carga atmosférica inolvidable. La película es una de las tres que la Davis hizo con William Wyler; las otras fueron "Jezabel" (1938) y "La loba" (1941), tras la que al parecer Wyler juró no volver a trabajar con la actriz.

"Los sobornados" (1953), de Fritz Lang, no tuvo ninguna nominación para el Oscar, pero me pareció una película policíaca formidable. He de confesar que nunca había escuchado hablar de ella, lo que tras verla me hace reflexionar sobre lo ignorante que soy en temas de cine. La corrupción política y policial, el poder de los mafiosos, los dramas familiares y las miserias humanas se juntan en una película que te hace pasar un rato estupendo. El protagonista del film es el sargento Bannion, que interpreta Glenn Ford, un hombre honesto y cumplidor que viene a ser un antecesor del célebre Elliot Ness, pero desde mi punto de vista las dos grandes interpretaciones de la película son "secundarias", por un lado Gloria Grahame, en el papel de mujer "casquivana" que tanto le iba, en esta ocasión como Debby Marsh, la típica "chica" que se movía en torno a los gangsters y un perfecto Lee Marvin, quien encarna a Vince Stone, uno de los villanos más malvados que he visto en el cine. El film tiene intriga, su buen componente de drama, alguna escena estremecedora y un final en el que ganan los "buenos", ¿qué más se puede pedir?.

Tenía ganas de volver a probar el "espíritu de Roosevelt" que tan bien supo encarnar Frank Kapra; tras ver películas como "Sucedió una noche", "Vive como quieras" o "¡Qué bello es vivir!", no me cabe ninguna duda de que seguir la estela es toda una garantía. Por eso hace ya tiempo que tenía ganas de poder ver "Caballero sin espada"(1939), en inglés "Mr. Smith Goes to Washington", toda una demostración de sueño americano en estado puro. Indudablemente el gran capital del film -Capra aparte- es James Stewart, en un papel que le va como anillo al dedo: ingenuidad, candidez, bondad, ... Se trata de una película que hoy en día habrá quien la etiquete de simple o de quimérica, pero que si lo piensas bien tiene una actualidad tremenda, pues en ella se refleja cómo la política se había convertido en un juego de intereses, egoísmos y corrupción. Junto a Stewart destaca el papel femenino de Jean Arthur y dos secundarios que lo hicieron tan bien como para optar al Oscar al mejor actor de reparto: Claude Rains, en el papel de político cínico y falso y Harry Carey como un hábil presidente del Senado. La película aspiró a 11 Oscars, pero al final solamente conquistó el del mejor argumento, lo que no deja de ser significativo.

"El premio"(1963) es una película poco encuadrable entre las anteriores: es en color, algo posterior y tiene un estilo y un ritmo diferente. Dirigida por Mark Robson está protagonizada por tres primeros espadas, Paul Newman, Elke Sommer y Edward G. Robinson. Me gustó el film porque es ameno, porque en él se ve a un Paul Newman en un papel que le va como anillo al dedo y porque responde al thriller sin complicación y a la vez ágil y con ritmo tan propio de la época -"Cortina rasgada", "con la muerte en los talones", ...-. La película está ambientada en la entrega de los Premios "Nobel" en Estocolmo y el guinista nos muestra varias historias paralelas protagonizadas por varios de los premiados: un matrimonio que no funciona, un científico americano cuadriculado y vanidoso que no se fía de quien comparte el galardón con él, un italiano simpático que se mueve a golpe de inspiración, ... aunque el argumento central es la que protagoniza Newman, quien encarna a un escritor alcohólico e indolente que descubre una trama de engaño y manipulación que parte del otro lado del telón de acero. Una película donde lo pasas bien, con un magnífico Edward G. Robinson, quien realiza un doble papel, y la presencia ineludible de historia de amor paralela y asesino profesional a sueldo. Quien sea dependiente de efectos especiales y soluciones complicadas, absténgase.

15 de febrero de 2013

Luis Miravitlles


Luis Miravitlles era licenciado en Farmacia y profesor adjunto de Bioquímica y Geología en la Universidad de Barcelona; también fue miembro de la Comisión Especial de Selenología de la NASA y en 1972 fue nombrado vicepresidente de la Asociación de Astronáutica Española, sin olvidar su condición de miembro del Consejo Superior de Investigaciones Científicas. Pero para la mayoría de españoles de su tiempo, Miravitlles fue un personaje famoso de la televisión, alguien que junto a personajes como Félix Rodríguez de la Fuente, Victoriano Fernández Asís, José Luis Uribarri o Laura Valenzuela se convirtieron en los primeros años de TVE en visitantes habituales y "amables" de nuestras casas. Luis Miravitlles fue posiblemente, junto a Manuel Calvo Hernando, el primero en acometer una tarea tan difícil e interesante como la de iniciar la divulgación científica a través de la primera pantalla. Recuerdo a este catalán como una persona serena, con una dicción perfecta, que explicaba con sencillez y claridad cuestiones interesantes que sin duda ayudaban a elevar el nivel cultural del espectador y a aumentar la calidad de la televisión que se nos ofrecía ... algo de lo que andamos últimamente tan lejos.

Buscando datos por internet encontramos que dirigió cuatro programas en TVE: "Visado para el futuro" (1963-1965), "Las fronteras de la ciencia" (1966), "Misterios al descubierto" (1966-1970) y "La Prehistoria del futuro" (1974). De todos ellos mi recuerdo se centra en el que duró más tiempo, "Misterios al descubierto"; en dicho espacio Miravitlles trataba de ofrecer al ciudadano que veía su programa explicaciones acerca de cuestiones científicas que escapaban al conocimiento y al entendimiento del hombre de la calle con un idioma inteligible y de una manera cercana. Se trataba de una televisión sencilla, en blanco y negro, sin grandes exhibiciones, sin efectos especiales ni demostraciones de poderío, pero en la que uno podía merendar viendo a un señor que vestía y hablaba bien, sabía lo que decía y uno ignoraba su estado civil, sus secretos inconfesables y sus últimos romances, si es que los tenía ... todo bastante más ejemplar que "¡Sálvame!" o "El diario de Patricia". >En algún sitio he visto que le llamaban el "punset de su época", aunque Miravitlles no anunciaba pan Bimbo.



14 de febrero de 2013

Truenos contra el Rey


No atraviesa la Monarquía sus mejores momentos; el caso Undangarín ha hecho perder popularidad a la Casa Real hasta límites que hace no demasiados años nadie hubiera sospechado. Si a las andanzas del yerno de los Reyes añadimos incidentes como el de la caza de elefantes en Botswana y alguno más, cabe comprender que en las últimas encuestas la confianza en la institución ande a la baja. También es cierto que en tiempos de crisis económica, cuando las cosas nos van mal en el tema de los euros, los ciudadanos nos volvemos, como es natural, bastante más sensibles a la hora de analizar los traspiés y las torpezas, presuntas o no, de quienes ocupan posiciones de relevancia y tendemos a ensañarnos con ellos, quizá porque incluso nos sirve de desahogo.

En la Final de la Copa del Rey de Baloncesto, disputada el pasado domingo en el "Buesa Arena" de Vitoria, su Majestad el Rey sufrió una sonorísima pitada, asonada que se mantuvo e incluso se amplió mientras sonaba el himno nacional español. Como queda dicho andamos en tiempos revueltos, y ya comienza a ser el pan nuestro de cada día el que haya incidentes y el personal se sienta legitimado para cantarle las cuarenta al lucero del alba, algo que bastantes justifican, pero que me sigue pareciendo una falta total de respeto, saber estar y educación. Porque quienes tienen responsabilidades, deberán responder y dar cuentas de sus errores y trapacerías si los cometen, deseablemente con la eficacia y la rapidez que ahora brillan por su ausencia, pero lo cortés no debería quitar lo valiente y tendríamos que aprender a convivir de otras formas y con otros talantes. Hay quien defiende que estas cosas son "pecata minuta" ante las barbaridades que muchos han cometido: no niego que hay unas cosas más graves que otras, pero existen argumentos que tienen cierto tufillo demagógico, amen de que es posible que deberíamos desterrar esa costumbre de llamar "hijo de puta" al primero cuya actuación no nos gusta.

En el caso que comentamos hay una circunstancia añadida, pues los hechos se produjeron en "territorio comanche" y ya llueve sobre mojado si hablamos de la actitud de determinados sectores, radicales por supuesto, del nacionalismo "periférico" ante los signos distintivos de la nación española. Parece que unos cuantos disfrutan haciendo escarnio y desprecio hacia todo lo que suene a español, e imagino que son libres para ello, como lo somos quienes pensamos que han perdido prestigio, capacidad para ser respetados y argumentos. Me parece triste la postura de quienes contemplan a estos grupos de exaltados como si fueran unos adolescentes tan rebeldes como simpáticos y deleznable la de quienes se suman a silbidos y abucheos, máxime en un sector social y político que a veces uno tiene la tentación de pensar que ha edificado su fuerza sobre los cimientos de cientos de cadáveres, unos dramas de los que han sabido sacar buen rédito.

13 de febrero de 2013

Licor 43


Muchos no podemos olvidar el mítico anuncio: "Pilerella, te llamo desde una discoteca, todos toman combinaciones vulgares ... ¡Intolerable! ... ¡Adelante mis 43"!". Sin duda los anunciantes de la época eran audaces a la hora de poner en órbita sus ideas y no necesitaban complicarse la vida para promocionar en la tele los productos por medio de anuncios tan simples como llamativos. La wiki nos dice que el "Licor 43 o simplemente Cuarenta Y Tres es un licor español, de color dorado, confeccionado, según la leyenda, a partir de 43 distintos cítricos, frutas y especias del mediterráneo. Su sabor es dulce, y muy versátil, variando enormemente según la mezcla con la que se tome. Contiene un 31% de volumen de alcohol etílico.". Para quienes aún nos poníamos pantalones cortos en aquellos tiempos, no es más que una especie de anisette del que escuchamos hablar muchas veces y no llegamos a probar nunca. Eran tiempos en el que las bebidas alcohólicas nos sonaban a anuncios de la tele o a botellas expuestas en los bares donde nos tomábamos como mucho una Coca-cola, y si sonaba la flauta hasta unas olivas o patatas fritas; anuncios que solían ir acompañados de músicas pegadizas y lemas que hoy sonarían a políticamente incorrectos como ese de "Soberano, que es cosa de hombres", el de "Byass-96, en el que un galán con micrófono cantaba lo de que "una copa basta para ser feliz". Eran bebidas que frecuentemente eran bautizadas con números: "103", "501" y, como queda dicho, "Licor-43".

"Licor-43" tuvo en esos años mucho que ver con el deporte, manteniendo un importante equipo de ciclismo profesional en la segunda mitad de los años 50, patrocinando la participación española en el Campeonato del Mundo de Motociclismo, la Vuelta al Mundo a Vela a principios de los 80 así como el patrocinio de la Selección Española de balonmano y diversos equipos de baloncesto como el "Licor 43 Santa Coloma" o el "Licor 43 de Granollers", y eso que su sede principal siempre estuvo ubicada en Cartagena. De cualquier manera, vete a saber porqué, hoy me ha venido a la cabeza este producto, que un poco viene a ser como el chocolate del loro versión "spanish on the rocks", algo que nunca fue una uestra de exquisitez y lujo, pero que nunca muere, como el "Anís del Mono", el "Calisay" o el "Ricard" para los franceses.

Hoy me iré a la cama con el sonsonete del anuncio de Licor-43 ... y volveré a pensar eso de ¡Guerra a la vulgaridad!" ... ¡de lo que eran capaces las agencias publicitarias!.



12 de febrero de 2013

El día que Benedicto XVI decidió volver a ser Joseph Ratzinger

La noticia nos dejó con la boca abierta a casi todos; ayer, un lunes muy lunes, la mañana se convirtió en histórica cuando los teletipos anunciaban que Benedicto XVI comunicaba al mundo su decisión de dejar el Pontificado por considerar que ya es muy mayor y le faltan las fuerzas. Aunque la avanzada edad del Papa Ratzinger y la conciencia de sus numerosos achaques aportan cierta coherencia y justificación a la decisión, no pude evitar una enorme sorpresa y esa sensación de horfandad y desasosiego que sentí en su día cuando fallecieron Pablo VI, Juan Pablo I y Juan Pablo II; la decisión es insólita y se trata sin duda de la noticia del año ... y posiblemente de algunos años más. Una vez recuperado del golpe, lo que quedaba en mi interior era una sensación de respeto y admiración absoluto a una persona que ha sabido asumir con responsabilidad cada decisión, dura y exigente, que su amor a la Iglesia, sin duda alentado siempre por Dios, le ha obligado a tomar. Cuando comenzaba su mandato el nuevo Papa nos pedía oraciones y se intuía cierta manifestación de sentirse abrumado, sin duda ha estado a la altura y ahora sus fuerzas parecen consumidas, no creo que su decisión haya sido ni fácil ni rápida.

Para muchos será el tiempo para las especulaciones, algo llamativo, pues por mucho que sea una decisión poco habitual -creo que la anterior vez que un Papa dimitió fue hace siete siglos- las normas del derecho eclesiástico están perfectamente establecidas al respecto y el camino a seguir, diáfano. Y seguro que también habrá espacio para el ejercicio de la demagogia y el esparcimiento de los tendenciosos, esos que ponían verde a Karol Wojtyla por no dimitir y ahora cuestionarán la decisión de su sucesor. Mientras tanto, para los cristianos es, ante todo, tiempo de oración, de pedir por aquél que en no excesivo tiempo tendrá que cargar sobre sus hombros la misión de comandar la nave de Cristo, algo que tendrá que hacer en tiempos difíciles y con peligros al acecho. No puedo evitar sentir cierta zozobra, intuir que una noticia como ésta lleva implícito su mensaje, su carisma, una incertidumbre que necesita derivar en esperanza.

Es también el tiempo del agradecimiento, del reconocimiento hacia una persona que ha estado dispuesta a llevar hasta el límite de sus fuerzas el peso de la Iglesia, que ha mostrado al mundo la cara de la bondad y la humildad como nadie lo ha hecho en estos siete años y medio que ha durado su Pontificado. Creo que estamos ante un Papa que fue humilde al principio y ha sido valiente y honesto al final. Vete a saber qué ha pasado por la cabeza de Benedicto XVI éstos días, qué hay detrás de esa perdida de vigor en el cuerpo y en el espíritu que con impresionante sinceridad nos ha relatado; a mi me consuela y me edifica la entrañable manifestación de humanidad de estas palabras. ¡Que tengas un merecido descanso, Benedicto! ... ¡y que sigas rezando por nosotros!.

10 de febrero de 2013

¿No se recortan los carnavales?


Si un viernes de Carnaval te vas a una guardería, la imagen es deliciosa y puedes disfrutar de la gracia y la simpatía de los niños vestidos de mosqueteros, sheriff o payaso o el salero y la belleza de las niñas con sus disfraces de hada, Blancanieves o Caperucita Roja; cuando en la oscuridad y con los fríos del sábado noche ves algún que otro mayor de edad camuflado de conejo, drácula o niño con pañales, la imagen es bien distinta y las sensaciones se aproximan más a lo atrabiliario e incluso al esperpento. La rúa del Carnaval no deja de ser, por otra parte, una especie de feria de vanidades más bien basta e inelegante y el ambiente incluso puede parecer artificial, máxime en tiempos en los que no andamos para demasiadas alegrías. De cualquier modo, bien cierto es que cada cual tiene derecho a divertirse como quiere y si al personal le apetece cenar con traje de presidiario, hombre de las cavernas o indio sioux, nadie debería impedirle hacerlo, lógicamente.

Lo que me llama la atención es qué en las redes sociales, aunque he de admitir que en las últimas semanas me he descolgado bastante de las mismas, entre otras razones porque ando harto de leer alguna que otra melonada, no han menudeado esos comentarios tan agresivos y ácidos que se pusieron de moda en las pasadas Navidades. No me ha parecido leer ni escuchar a nadie que odie los carnavales, le produzcen arcadas o sienta su conciencia rechinar por los gastos que se realizan con tal motivo mientras en otros lugares del mundo la gente se muere de hambre. Es posible que me falten datos y que en muchos exista más coherencia de la que insinúo, pero no estaría de más que en ocasiones nos sentáramos a reflexionar sobre las razones de nuestras fobias y nuestras filias o, dicho de otra manera, tratáramos de encontrar el porqué somos tan demoledores con determinadas tradiciones y tan flexibles con otras. Y, de paso, tampoco creo que sobrara echar un pensamiento sobre la profundidad y la trascendencia de lo que nos ocupa la cabeza y el tiempo.