14 de septiembre de 2012

Los tiempos de Cholo

Recuerdo perfectamente que el primer partido televisado del que fui consciente enfrentaba al Elche y al Pontevedra, lo vi en la televisión "Iberia" de casa de mi abuela y ante mis ojos aparecía un equipo, el gallego, que vestía íntegramente de oscuro y otro, el alicantino, cuya indumentaria era blanca con una franja horizontal negra en el pecho: el blanco y negro me impedía comprobar el granate de unos y el verde de la raya de otros. Ambos equipos eran entonces inquilinos habituales de la 1ª división y rivales complicados para cualquiera de los clásicos de la categoría. El Pontevedra C.F., en concreto, era un conjunto rocoso y peleón, tanto que en su campo inmortalizó el lema "Hay que roelo", indicativo de que quien quisiera imponerse a los granates habría de sudar duramente la camiseta desde el primero hasta el último minuto, descuento incluido. Hace unos años desarrollé un extenso post en torno al club pontevedrés y a esos míticos jugadores que los niños de la época conocíamos al dedillo: Irulegui, Batalla, Calleja, Martín Esperanza, Neme, Odriozola, ... Pero no pretendo hoy centrarme en el equipo gallego, sino, partiendo de la peculiar figura de su capitán, el lateral zurdo Cholo, homenajear a ese fútbol que conocí de pequeño y que, poco a poco, fue cambiando hasta convertirse en el negocio deshumanizado que contemplamos ahora.

Eduardo Dapena Lis era el nombre real de Cholo, un personaje de aspecto rudo y de lealtad y entrega permanente a los colores del club; fue propietario del número 3 del equipo y del brazalete de capitán durante las seis inolvidables temporadas que el equipo alternó con Real Madrid, F.C. Barcelona, Valencia, Athletic, etc y, como no eran tiempos de grandes fichas y primas, compartía partidos y entrenamientos con su trabajo como conductor en la empresa local de Trolebuses, donde se levantaba a las 5:45 de la mañana. El defensa había jugado antes en el San Lorenzo juvenil, el Nodales y el Vilagarcía y se retiró en 1972, siendo al cabo de casi 40 años homenajeado con el nombramiento de presidente de honor del Pontevedra. Cholo tuvo que marcar a extremos de la talla de Amancio, Ufarte, Argoitia, Canario, Zaballa, ... El legendario jugador contaba en una entrevista como en su primera temporada en Pontevedra su ficha era de 10.000 pesetas anuales, el segundo año subieron a 30.000, después a 50.000, «y lo máximo que llegué a ganar en Primera División fueron 220.000 pesetas al año». Por esta razón Cholo no le perdió la cara al trabajo fijo y siguió haciendo la ruta del trolebus Marín-Pontevedra. Cholo también hablaba de los desplazamientos, recordando que eran interminables: «Cuando íbamos a jugar contra el Barcelona, salíamos en autobús el jueves después de comer, llegábamos el sábado para entrenar; tras jugar el partido del domingo, parábamos a dormir en Lérida, después en Valladolid o Puebla de Sanabria, y estábamos en Pontevedra el martes hacia la noche». A Cristiano Ronaldo y alguno más me hubiera gustado verlos con estos planes.

Pasados 46 años desde que terminé mi primera colección de cromos, me pregunto qué habrá sido de tantos jugadores modestos que en aquella época saltaban los domingos al Bernabeu, Nou Camp, Mestalla, Sánchez Pizjuan, San Mamés, ... sin fichas millonarias ni representantes de lujo, sin usar colonias exclusivas ni mantener contratos con Armani, Nike o Ferragamo, ni ligar con las top-model más actuales ni conducir Ferraris o Masseratis. ¿Qué habrá sido de Juanin, ariete del Córdoba, con una alopecia tan prematura como notable y que se hinchaba de marcar goles domingo tras domingo?; viene a mi cabeza la anécdota de Carlos Lapetra, un niño bien de Huesca que en su primera concentración con la selección B de España se encontró en la habitación del Hotel a un gitano de 1,90 que le decía: "¡Hola!, zoy Mingorance!; me acuerdo del central y capitán del Elche Iborra, un hombre con aspecto de huertano que jugó siempre con los franjiverdes, sin olvidar a Romero, un portero paraguayo que jugó en Español y Sporting y que terminó repartiendo bombonas de Butano a domicilio, nunca más se supo de jugadores que fueron "Pichichi", como el también ilicitano Vavá o el ovetense Marianín, o de Ramón, un extremo que maravilló a mediados de los sesenta en el Hércules y se tuvo que retirar por problemas cardíacos, ... aún recuerdo los nombres que costaba encontrar en aquella colección de la temporada 1966-67: Datzira del Granada, Víctor, Rebellón y Román del Sevilla, Ribada y Joanet del Coruña, Cerezuela, Vallejo y José Jorge del Pontevedrá, Verdú, Casco y Romero del Elche, Sertucha y Pedreño del Sabadell, Ramoní, Miralles y Martínez del Español, Martínez Jayo y Colo del Atlético de Madrid, Lavín y Zorriqueta del Athletic, Encontra del Zaragoza, ... seguramente usaban todo el año las mismas botas, alguno tendría la camiseta desgastada y más de uno acudiría a entrenar en medios públicos.

Ahora los tiempos han cambiado, andamos eufóricos por lo éxitos de la absurdamente llamada "roja", blaugranas y merengues se hinchan de meter goles y dicen, aunque no me lo crea, que la española es la mejor liga del mundo; afloran periodistas que cargan las tintas, pretenden ser imaginativos y crear escuela, les gusta liar las cosas y han perdido la pasión y bonhomía de Matías Prats -abuelo-, la elegancia de Fernández Abajo, el estilo de José Félix Pons y la sabiduría de Enrique Mariñas. Ahora el negocio preside los fichajes del verano, donde ya no es suficiente con el apretón de manos de caballeros del deporte como Luis de Carlos, Nicolau Casaus, Vicente Calderón o Vicente Peris, el premio "fair play" que en su día recibió el extremo Zaballa por echar fuera un balón con el meta rival en el suelo hace tiempo que no cae por estos pagos, ... ahora importan los derechos de televisión, el mercandishing y las comisiones pertinentes, se ponen partidos a las 11.00 de la noche y les importa una higa los niños, los currantes y la paz familiar ... y unos cuantos echamos mucho de menos esos tiempos de los calzones ridículos, los árbitros sólo de negro, los ídolos con un par, la furia española y los cromos de las editoriales Este y FHER.


13 de septiembre de 2012

Los límites de la "hijoputez"


Un viejo jurista, jubilado hace unos cuantos años, hombre comprometido y honesto, tendente al comentario ácido, las frases desmitificadoras y las posturas políticamente incorrectas comentaba hace un tiempo en un conocido programa de televisión que había compañeros suyos cuya trayectoria profesional estaba encaminada a llegar lejos y tener poder, pero él era de los que se conformaban con poder mirarse cada mañana al espejo cuando se afeitaba y decirse a sí mismo: "cuando menos no soy un hijo de puta"; como no escuché la entrevista en cuestión no puedo dar fe de la literalidad de la frase, que pongo tal como me la contaron sin estar seguro de si mi interlocutor le echó o no algo de imaginación. En cualquier caso el comentario casa perfectamente con la personalidad del individuo y da pie a incoar unas cuantas "divagaciones" sin más intención que intentar regar la capacidad de parir ideas de quienes lean ésto.

No me parece mal ejercicio eso de mirarse al espejo y preguntarse si nos podemos considerar o no unos "malnacidos", el problema está en dilucidar cuándo lo somos, o dicho de otra manera, dónde está la frontera, en qué lugar está el punto a partir del cual un alma responsable debería parar el coche y plantearse el camino de regreso, la vuelta a los principios. Vivimos en sociedad, hay gente, más o menos cercana, en mayor o menor medida conocida, a la que afectan nuestros actos, nuestras decisiones y nuestras manifestaciones de voluntad, razón por la que ni todo debería de valer ni parece que tenga necesariamente que ser bueno eso de liarse la manta a la cabeza e ir a por todas cueste lo que cueste.

Hoy en día parece que esa condición de "hijo de tal", dicho siempre en ese sentido figurado que el lenguaje de la calle ha ideado dando bastante en el clavo, viene frecuentemente unida a la ambición, al afán de medrar política, económica o socialmente, el afán de prosperar suele ir acompañado del codazo en la boca, el pisotón al prójimo, la patada al vecino, de manera que para conseguir lo que ansiamos tiende a ser consecuencia irremediable la aparición de cadáveres en el camino. La ambición suele cegar y, con ello, cauteriza conciencias y suspende buenas intenciones; y esa ambición no cabe limitarla a quienes se pasean por las alturas institucionales o las cimas empresariales, pues también una Junta de vecinos, un club deportivo o una asociación de barrio te pueden convertir en genuino hijo de la gran gusana y con ello oscurecer el espejo de tu cuarto de baño.

Pero el itinerario de acceso a la condición de "hijo de puta" es plural, mucho; uno puede acceder por la vía del machismo, el de quienes consideran a la mujer como un objeto de disfrute y la maltratan, la ningunean o se limitan a observarla en el bus, en la calle o al otro lado de la barra del bar con mirada que esconde tanto deseos sucios como conciencia de posesión. También por la del fanatismo político que ciega, que desprecia a quienes piensan de otra manera, no hablan el mismo idioma o han nacido más allá de una frontera, o por la del poder que da un puesto determinado, que entre los jefes hay unos cuantos de éstos, de los que caen en la tentación de desahogar en sus subordinados las frustraciones familiares o personales, y es que no hay nada que pueda transformar más a una persona, para mal, que el darle poder, el ponerle en disposición de poder pisar a otro, algo de lo que saben mucho quienes han partido del odio y han esperado su ocasión agazapados en la mata del resentimiento.

Si lo piensas bien, las vías de llegar hasta aquí son amplísimas, pero no es menos cierto que el antidoto sigue siendo sencillo; ya hace más de 20 siglos alguien nos explicó lo del mandato único, eso de que la caridad es lo importante, a pesar de lo cual llevamos milenios cayendo en el error tanto de no hacerle caso, como de añadir anexos y complementos a ese mandato único. Hace muchísimos años tuve el privilegio de presentar en Tarragona la conferencia dada por una monja barcelonesa -creo recordar que se llamaba Ángela o parecido- que había dedicado si vida a atender a los enfermos terminales de SIDA en las zonas más conflictivas de la ciudad condal; y dijo algo que lo puede resumir todo: cuando ves una persona así basta con pensar que es como tú, que es tu hermano, que es un hijo de Dios para no sólo sentirte obligado a ayudarle, sino desear hacerlo. Intentar andar por la vida con esta disposición asegura que al mirarnos al espejo tras levantarnos cada mañana veamos alguien ojeroso, medio dormido, tal vez más viejo que ayer, pero no un "hijoputa".

12 de septiembre de 2012

El Señor es mi pastor

Hace unos años falleció prematuramente un colega de profesión; le diagnosticaron un cáncer en una pierna y desgraciadamente el tratamiento médico no llegó a tiempo en esta ocasión de evitar su muerte. Fue mi profesor de prácticas en mis primeros pasos de iniciación en Madrid, allá por los primeros meses de 1985, y le guardo un especial cariño derivado del agradecimiento por la seriedad y cordialidad que siempre mostró. A raíz de su desaparición alguien, no recuerdo quien, me contó una anécdota que me pareció muy bonita y reconfortante; cuando se reincorporó a su despacho tras un primer diagnóstico tan tremendo, otro compañero quien tiempo antes había enfermado del mismo mal y seguía en tratamiento, se le acercó y cogiéndolo cariñosamente de los hombros le recitó, de principio a fin, el Salmo 23. No deja de ser una reacción tan original como audaz, pero el escucharla me hizo pensar mucho en la amistad, en la fe, en el cariño, ... no me cabe duda que en su caso me gustaría encontrar alguien que fuera capaz de aparcar temores y timideces para ofrecerme uno de esos detalles que hace cruzar la frontera del compañerismo a la amistad: la capacidad de consuelo, el apoyo en el momento difícil, el cariño materializado en hechos. Es verdad, ante el dolor, la enfermedad y la muerte lo único que puede convertir la desazón en paz, el hundimiento en esperanza es recordar que Dios nos lo ha prometido, saber que hay algo que da sentido a todo. Ni uno ni otro sobrevivieron al cáncer, pero sin duda hace ya tiempo comprobaron directamente que lo que dice el Salmo es verdad.


El Señor es mi pastor, nada me falta.

En prados de hierba fresca me hace reposar,

me conduce junto a fuentes tranquilas

y repara mis fuerzas.


Me guía por el camino justo,

haciendo honor a su Nombre.

Aunque pase por un valle tenebroso,

ningún mal temeré,

porque Tú estás conmigo.

Tu vara y tu cayado me dan seguridad.


Me preparas un banquete

en frente de mis enemigos,

perfumas con ungüento mi cabeza

y mi copa rebosa.


Tu amor y tu bondad me acompañan

todos los días de mi vida;

y habitaré en la casa del Señor

por años sin término.


Psalmo 23


11 de septiembre de 2012

La mejor Vuelta


He de reconocer que no he seguido la recientemente terminada Vuelta Ciclista a España, pero me he ido poniendo al día por la prensa de lo ocurrido en las distintas jornadas, especialmente en las de montaña, que han sido bastantes. Si podemos presumir de tener una de las orografías más empinadas de Europa, ya iba siendo hora de que la ruta de nuestra prueba ciclista más importante tuviera una dureza acorde con la realidad del país. Pienso que las fechas de la Vuelta no son las más adecuadas, y parecían más aptas para lograr la atención de los aficionados las de antes, cuando la Vuelta española era la primera de las tres grandes de Europa, pero doctores tiene la Iglesia y razones habrá para que se celebre entre los últimos días de agosto y los primeros de septiembre.

El gran triunfador de la carrera ha sido Alberto Contador, y no sólo por haber terminado líder y haberse impuesto en condiciones adversas y con una actuación memorable en la etapa que terminó en Fuente De, sino porque con su éxito rompe maldiciones y se rehace moral y deportivamente tras el tremendo mazazo que supuso la decisión del TAS, un fallo que le privó de un Tour y un Giro que hasta entonces brillaban en su palmarés. La victoria del ciclista de Pinto acredita que sigue vivo y que es capaz de reeditar viejos éxitos y de incrementar un historial que ahora queda incompleto. Verdaderamente espectacular y emocionante la llegada de Alberto Contador a la meta de Fuente De, donde no pudo contener una euforia y una alegría que tenía sin duda enquistadas en su interior tras los "palos" recibidos en los últimos tiempos.

El otro nombre de la carrera tiene que ser el del catalán Joaquín "Purito" Rodríguez, un ciclista que ha sufrido en el mismo año las decepciones de perder el Giro y la Vuelta en los últimos momentos. Por encima de análisis deportivos acerca de la carrera seguida por el corredor del equipo ruso del "Katusha", hay que reconocerle unos méritos indudables: el haber realizado unas dos terceras partes de competición impecables, el no haberse rendido nunca, como lo demuestra el haber reducido la ventaja que le llevaba el madrileño en la penúltima etapa de "La Bola" y por encima de todo la elegancia y el espíritu deportivo con los que asumió una derrota tan dolorosa e inesperada como la sufrida en la etapa ganada por Contador. Acostumbrados a excusas, lamentos y hasta acusaciones de trampas, estimula escuchar declaraciones como las de "Purito" -¡vaya apodo!- desdramatizando la situación y reconociendo los valores de quien le ha ganado.

El ciclismo anda en crisis, existe una pérdida de credibilidad de quienes lo protagonizan desde hace tiempo, pero que esta Vuelta a España ha merecido la pena parece algo incuestionable.

10 de septiembre de 2012

El buitre fatigado


Leído en el Heraldo de Aragón del pasado viernes: "Cae un buitre fatigado en una avenida oscense".

La noticia venía en portada, y en la sección de Huesca se explicaba que el ave causó revuelo y estupor entre los transeuntes, que pasada la sorpresa inicial varios viandantes le dieron comida y que un experto en la materia lo recogió y llevó a un lugar adecuado para que se recuperara y pudiera volver a volar en unos tres días. Al parecer no es el primer caso y las altísimas temperaturas de agosto ya ocasionaron en su día la caída de otros ejemplares.

La noticia no tiene más importancia, pero me ha salido la vena alegórica y me he planteado si no irá ya siendo hora de que los "buitres se fatiguen"; porque la palabra "buitre" para el Diccionario de la Lengua Española es el "nombre común de diversas aves rapaces carroñeras falconiformes de aproximadamente 2 metros de envergadura alar, pico fuerte, cuello largo y desnudo con un collar de plumas más claras", pero la cosa no queda ahí, y hay una segunda definición que tiene plena actualidad: "persona que se aprovecha de los demás y, en especial, de su desgracia". Estamos en tiempos de buitres, la crisis que asola Occidente tiene también sus beneficiarios; tras esta larga recesión que está trayendo ruina, paro y depresión tienen necesariamente que ocultarse unos cuantos "espabilados" que se enriquecen a costa de la miseria ajena. A mí no me cabe en la cabeza que haya quien pueda dormir tranquilo sabiendo que engorda sus cuentas a costa de la desgracia ajena, pero salta a la vista que a estos límites hemos llegado. Por eso al ver en la prensa la foto del buitre agotado sobre la acera ha pasado por mi cabeza que el suceso pudiera contener sus connotaciones proféticas y estuviéramos ante una nueva perspectiva en la que los buitres -llámense mercados, entidades financieras, brokers, tiburones u otras zarandajas- comenzaran a notar el achaque de los excesos.

Pero me temo que no cabe hacerse ilusiones; el pobre pajarraco que se derrumbo sobre el asfalto no es más que un bicho poco agraciado y con mala prensa, pero que al fin y al cabo sigue sus instintos y procura salir adelante de la mejor manera posible. Los otros buitres, con cerebro humano y corazón de piedra, son insaciables, no se paran en barras y están dispuestos a seguir haciendo su agosto, porque a ellos no les afecta el calor, más bien se aprovechan de lo que se avalanza sobre nosotros como una plaga. Seguiremos esperando que asome la fatiga en los otros buitres.




8 de septiembre de 2012

Una carrera frustrada

Los Juegos Olímpicos de 1976 tuvieron como sede la localidad canadiense de Montreal; a pesar del boicot de 24 países africanos en protesta por la no exclusión de Nueva Zelanda de la competición con motivo de la participación de su selección de rugby en un partido frente a la de Sudáfrica, fueron unos juegos brillantes, además de ser la primera ocasión en la que desde España pudimos ver las diferentes competiciones con una televisión en color, algo que hoy suena a vetusto pero que entonces era la mayor de las modernidades. Si se ha de destacar a alguien en estos juegos, pienso que no existen dudas en considerar a Nadia Comaneci, una gimnasta rumana de 14 años, como la gran estrella del certamen, con unos ejercicios perfectos que dieron la vuelta al mundo. De cualquier manera, en unos Juegos Olímpicos el deporte rey es siempre el atletismo y, una vez más, fueron las carreras de medio fondo las que más me llamaron la atención. En 5.000 y 10.000 metros vovlió a imponerse el finlandés Lasse Viren, mientras el cubano Alberto Juantorena vencía en los 800 y el neozelandés John Walker lo hacía en los 1.500. No obstante, quiero recordar aquí a un hombre que no se impuso en ninguna prueba, pero que hizo dos grandes carreras y consiguió la medalla de plata en 800 y 1.500 metros, el belga Ivo Van Damme, un atleta al que el futuro parecía deparar grandes éxitos pero que poco después de estos juegos fallecería en un dramático accidente.

Van Damme tenía una planta espectacular: alto, rubio, en perfecto estado de forma y, a pesar de que su poblada barba le hacía parecer mayor, tenía tan sólo 22 años de edad. En la prueba de 800 metros lisos el gran favorito era el estadounidense Rick Wolhutter, vigente plusmarquista mundial y que parecía invencible en dicha distancia, pero a la hora de la verdad la gran sorpresa la dio el cubano Alberto Juantorena, un hombre peculiar, absolutamente fiel a la revolución castrista y uno de los grandes deportistas cubanos de la historia, a la altura del recientemente fallecido Teófilo Stevenson, triple campeón olímpico de boxeo en pesos pesados y Javier Sotomayor, que años después se impondría en el Salto de Altura de los Juegos de Barcelona. Juantorena era un especialista de los 400 metros, pero no tenía excesiva experiencia en la doble distancia. Pero el cubano hizo una carrera imparable de principio a fin, superando al favorito norteamericano -posiblemente la nacionalidad de éste le incentivaba aún más-, mientras Van Damme mantenía un ritmo uniforme en la parte media del grupo que fue incrementando conforme llegaban los últimos 300 metros, con un estilo elegante y una seguridad tal que le facilitó adelantar al yankee en los instantes finales y hacerse con una plata que era para él un éxito. Para siempre quedó grabada la imagen de un Juantorena exultante tras su exhibición de potencia -parecía un caballo corriendo- que levantaba los brazos, mientras recibía la felicitación del belga, triunfante mientras el americano deambulaba decepcionado con un bronce que le sabía a poco.

En 1.500 no hubo sorpresa, y ganó el favorito, el neozelandés John Walker, primer hombre en la historia en correr una milla en menos de 3:50 , un hombre espigado y fibroso que exhibía una larga melena al viento. Van Damme comenzó la carrera cerrando el pelotón, y así anduvo bastantes metros, pero supo estar bien colocado en el momento clave y fue el único capaz de aguantar el tremendo mazazo final de Walker, que se fue sin remisión del resto de corredores y venció con autoridad, a pesar de que en los últimos metros el belga estuvo cerca de alcanzarle; el bronce fue para el alemán Paul-Heinz Wellmann. Aunque no consiguiera en ninguna de las dos ocasiones el oro, Ivo Van Damme cerró una actuación formidable y fue el único atleta en repetir podio en estas dos pruebas tan importantes.

Van Damme se convirtió en héroe nacional belga, de hecho solamente pudo sumar una medalla de bronce más, y se le auguraba un futuro esplendoroso como sucesor de los grandes atletas belgas de la historia, como Gaston Reiff, Roger Moens, Gaston Roelants o Emiel Puttemans. Pero el destino tenía reservado un final mucho más triste para el atleta, y así el 29 de diciembre de 1976 Ivo Van Damme, cuando regresaba de Marsella, donde se había desplazado para preparar los campeonatos europeos de 1977 que se iban a celebrar en San Sebastián, al volante de un Opel Kadett, cerca de la localidad francesa de Bollène, su vehículo se salió de la vía, cruzando a la contraria y estrellándose contra un vehículo frontalmente, muriendo en el acto. Desde entonces se celebra cada año en Bruselas en Memorial Van Damme, una de las reuniones atléticas más importantes que se celebran en Europa y que forma parte del circuito de la Golden League.





7 de septiembre de 2012

Datos que vuelan de la cabeza

Me dirigía a mi trabajo el pasado miércoles y, como en tantas ocasiones, me crucé -de acera a acera- con la cuñada de un letrado conocido, quien me saluda siempre con gran simpatía y a quien procuro corresponder a la recíproca; tras el saludo me di cuenta, con horror, que no recordaba el nombre y apellidos de dicho abogado, por mucho que se trate de persona a quien conozco desde mi llegada a Huesca -hace ya once años- y que es persona conocida e importante en la ciudad. A base de darle vueltas conseguí que viniera a mi cabeza su nombre de pila, pero el apellido no había manera de que regresara a mi memoria, ni siquiera podía decir eso de que lo tenía "en la punta de la lengua"; llegué acomplejado y agobiado a mi despacho y tuve que acudir a un compañero para que me resolviera el problema, y como es lógico en cuanto me indicó tal apellido se me abrieron las ideas y conseguí restablecer el equilibrio de mi memoria. Recordé entonces ese viejo y manido chiste que hace no tanto tiempo contaba con regocijo y distancia en el que un individuo de cierta edad le comentaba a su mujer: "¿recuerdas Carmen cuando hablábamos todo seguido? ... la vida pasa muy deprisa y los acontecimientos se precipitan de manera imparable y hace ya tiempo que este fenómeno ha comenzado a manifestarse en mi cabeza, que olvida no sólo nombre y apellidos, sino que con frecuencia es incapaz de ubicar personas en el espacio y en el tiempo, contesta saludos de quien piensa no haber visto nunca y se tropieza con caras que le consta conocer, pero no sabe si son vecinos, gente relacionada con su trabajo o famosos televisivos. Y lo más grave del asunto es que no ha hecho más que comenzar.

No pretendo hacer un drama de una situación que, por otra parte, no es ni grave ni exagerada a estas alturas, pero la cuestión trae de nuevo a mi cabeza el fenómeno de la fugacidad de la vida, cómo mucho antes de que uno se de cuenta ha llegado a donde pensaba que se tardaba una eternidad en llegar; sin darte cuenta comienzas a notar las limitaciones propias del paso de los años, algo que no tiene porque ser ni accidental ni enfermizo, sino la natural consecuencia del paso de los años. Imagino que habrá quienes lleguen a esta situación más conscientes, porque a mí a veces me da la sensación de que vivo como desde fuera, como si no hubiera pasado tanto tiempo desde que iba al colegio, terminaba la carrera o maniobraba milis y exámenes de oposición. Y eso que, como acertadamente comentaba un compañero de bachiller en la última cena en que nos reunimos: "estamos en lo mejor de lo peor", .... se trata de llevarlo con elegancia y buen humor.