6 de junio de 2012

Mi cariño aumentará cuando vea que eres imperfecto.



No debe de ser mala la exigencia ... para educar bien a los hijos y prepararlos a una vida que se avista compleja, para conseguir que los profesionales que dependen de ti rindan como quien recibe el servicio merece, ... para convertirse uno mismo en persona cumplidora, de bien y de provecho parece que la exigencia debe de ser una de las condiciones imprescindibles. Pero tan cierto como ésto es que las personas somos seres con imperfecciones, limitados y capaces de no hacerlo todo precisamente bien; y esa idea qué tanto emociona a algunos de la búsqueda de la excelencia, actividad que no dudo debe de ser estupenda, no la acabo de ver como actitud exenta de peligros: por un lado el de crear ídolos que, al ser de carne y hueso, siempre acabarán mostrándose con los pies de barro y, por otro, el de acabar viendose uno convertido en un déspota que, con excusas del tipo de ir siempre por delante, ser partidario de las cosas bien hechas y otras frasecillas similares, acaba haciendo la vida insoportable a quien de una u otra manera tiene de uno mismo algún tipo de dependencia.

¿A quién no le pasa que el exceso de exaltación de las virtudes de una persona le lleva, puede que inconscientemente, a ir alimentando en su interior cierta falta de simpatía hacia la misma, algo que con la reiteración puede incluso convertirse en inquina?; cada vez más necesitamos modelos humanos, y como humanos, imperfectos. Hay quien dice, y debe de tener razón, que cualquier ídolo que nos construyamos en esta tierra acabará decepcionándonos, lo que nos debe de llevar tanto a asumir que al fijarnos en cualquier persona, actual o histórica, no es aconsejable el camino de la idealización, como a buscar la madurez y rectitud de juicio necesarios para no tachar a nadie al primer chasco.

No discuto la necesidad que los hombres y mujeres de hoy -como los de ayer- debamos poner los medios por ser mejores, por pulir defectos, por aprender a hacer las cosas mejor, pero me parecen peligrosos los caminos que llevan al rigorismo, entre otras cosas porque me temo que se alejan de la realidad, de la experiencia común a todos. Así, me resulta mucho más atractiva la vía de saber reconocer errores y pedir disculpas que la de los cuadros de honor, el perfeccionismo y las perfectas organizaciones. Es más, yo pondría el límite del deber hacer en el esfuerzo por no perjudicar a nadie, por no hacer daño al vecino más o menos cercano; evidentemente cabría hablar de otras cosas esenciales, pero líbranos Señor de quienes nunca se contentan, de quienes pululan por la vida cual humanoides elaborados con receta.



5 de junio de 2012

El fútbol gallego regresa a la élite



Con la consumación del ascenso del Celta de Vigo el pasado domingo, el fútbol gallego ha hecho pleno y la próxima temporada volverá a tener representación en la máxima categoría; yo personalmente estoy muy contento, pues una Liga sin representación de esa mágica tierra del nordeste siempre me parecerá incompleta. Además, tengo una especie de predisposición a desear que por primera división anden los clásicos, razón por la cual me ha dolido el descenso de Sporting y Rayo y siempre me parecerá preferible que lleguen arriba equipos como Depor, Celta ó Valladolid que otros, igualmente respetables, pero a los que les falta la nota de la tradición ... nota de la que por cierto no carece el Córdoba, un club que me encantaría acabara siendo el tercero en discordia por diversos motivos y al que ya ví jugar con Madrid, Barça, Zaragoza, etc, ... en mis tiempos mozos y donde jugaban nombres tan llamativos como Miguel Reina, Luis Costa, Juanin, Jára, Manolín Cuesta, Del Bosque, Rojas, Fermín o Cruz Carrascosa. Tanto Depor como Celta gozan de mis simpatías y tendrán sin duda un hueco importante entre los grandes del fútbol español.

El Deportivo de La Coruña tuvo no hace mucho tiempo un papel preponderante en nuestra Liga, llegando a obtener un título y a ganar dos Copas del Rey, además de caminar por la zona alta de la clasificación durante mucho tiempo. Bajo la sabia dirección de entrenadores del prestigio de Arsenio Iglesias y Jabo Irureta los blanquiazules nos acostumbraron a un fútbol de alta escuela que llegó a tutear -y a veces a superar- a los hoy en día intocables blancos y blaugranas; todos recordaremos siempre nombres como Djuckic, Bebeto, Aldana, Fran, Donato, Mauro Silva, Rivaldo, Boro, Djalminha, Makkay, Valeron o Songoó; los problemas económicos obligaron a Lendoiro a bajar el punto de mira en los fichajes, pero siempre tuvo gran habilidad para reciclar carreras de jugadores comprados a precio de saldo, caso de Arbeloa, Verdú, Filippe Luis, Juan Rodríguez, Adrián, ... Cuando yo comencé a seguir esto del balón redondo el Depor era un equipo ascensor, que podía, eso sí, presumir de haber aportado a España dos de las más llamativas figuras del fútbol de los 60, como Luis Suárez y Amancio Amaro y que alternaba las divisiones de oro y plata manteniendo en su plantilla jugadores modestos pero de buen nivel como Manolete, fichado por el Valencia, donde no triunfó, Loureda, un fino gallego que se negaba a viajar en avión, el extremo Cortés, el goleador Beci o el zurdo Rubiñán, que terminó en el Bernabeu, sin olvidar a Domínguez, Bellod, Plaza, Cervera, Luis, Juanito, ... Con la llegada de Lendoiro, un personaje polémico pero que sabe de fútbol y se maneja muy bien en estos mundos, el Coruña se convirtió en "Super-depor", algo que sin duda aspira a reeditar ahora.

El Celta de Vigo no presenta un palmarés tan brillante; ha estado cerca de ganar la Copa del rey en dos ocasiones, pero en ambas mi Zaragoza le cerró el camino; mi primer recuerdo del Celta en primera -ya había estado en años anteriores- se remonta al ascenso del año 1969, cuando llegó a la máxima categoría teniendo en sus filas a jugadores con cierto nombre, como Enrique Costas, un medio de cierre que acabaría siendo titular del F.C. Barcelona y la selección española, el mítico capitán Manolo, que jugaba de central, los extremos Lezcano y Jiménez o los centrocampistas Rivera, Villar y Juan; los vigueses fueron trampeando en primera, con algún descenso, y siempre tuvieron buenos peloteros: Fernández Amado, Doblas, Castro, Lucas, Maté, Gudelj, Cañizares, Otero, Andrijasevic, ... hasta que en la segunda mitad de la década de los 90 misters como Irureta, Víctor Fernández y Lotina dispusieron de unos jugadores de ensueño que acabaron llevando al club de Balaídos a jugar la Champions League, allí se juntaron el campeón del mundo Mazinho, Mostovoy -un auténtico zar-, el fino israelí Revivo, Ludo Penev, Catanha, Gustavo López, Edu, Cáceres, Peter Luccin, Michel Salgado, Valery Karpin, ... una serie de "primeros espadas" que consiguieron vivir los años más dulces de la historia del club de Vigo. Al final, todo se fue a pique y tras un purgatorio de cinco temporadas en la división intermedia el Celta vuelve a su lugar natural.

4 de junio de 2012

¡Tan seguros de sí mismos!

Uno nunca ha andado demasiado sobrado de autoestima, o al menos eso es lo que me parece; tal vez por esta razón he sufrido una innata tendencia a sentir cierto "aplanamiento" ante esas personas que todo lo tienen tan claro, que van por la vida pisando fuerte, convencidos de la bondad de sus planteamientos, seguros de tener la solución para todo problema, gente que siempre habla en tono de afirmación y que dicta sentencia cuando ofrece su solución a los problemas o su valoración de las conductas y posturas ajenas. Ese pìsar fuerte se puede poner de manifiesto de diversos modos: con seriedad y contundencia, pues hay quienes funcionan sin hacer la mínima concesión al resto del mundo, con un paternalismo que con frecuencia suele ser molesto y hasta humillante, con esa apariencia de cesión que emplean algunos para que parezca que la decisión la tomas tú y hasta con la distancia de quienes dan por supuesto que sus tesis son las mejores y ni se plantean que alguien pueda tener y hasta defender otras. El otro día un amigo me ilustraba con una frase que me pareció que clava lo que presencias con frecuencia hoy en día: "cada día hay menos gente que cree en Dios y más que se cree Dios", y pienso que es verdad, que muchos juzgan y valoran como si poseyeran la verdad absoluta.

Hay ocasiones, no pocas, en que al escuchar cómo valoran algunas personas los acontecimientos políticos, determinados sucesos, las noticias nacionales e internacionales, ... tengo la impresión de que no entran a razonar sobre el sentido de lo ocurrido, sino que las interpretan "a su favor", les dan la lectura que les viene bien para seguir postulando sus teorías; parece que lo racional sería tener una experiencia y sacar conclusiones sobre ella, pero hay quienes aparentan seguir el recorrido inverso, y así mantienen una opinión determinada y adaptan la realidad a aquélla. Claro, que tamañas actitudes le llevan uno a plantearse si en vez de estar muy seguros de sí mismos, lo que pasa es que son algo torpes de mente. De cualquier manera, existen personajes que no se sabe si porque funcionan a peñón fijo, se creen infalibles o andan esclavos de sus obsesiones, emprenden una ruta y no hay quien les saque de lo que a priori pensaban iban a encontrarse en la misma. Esta forma de enrocarse en una idea, postura o convicción la he observado con frecuencia en algunos nacionalistas irredentos, en ciertos militantes de la izquierda más radical que siguen anclados en un más o menos disimulado estalinismo y en algún que otro líder político o económico que se cree con la llave del éxito.

Es bueno tener convicciones, y que éstas sean firmes, pero para funcionar por esta compleja vida, no está de más apuntar alguna duda, no porque deban temblar aquéllas, sino porque por mucha experiencia y conocimientos de los que podamos alardear, no debemos de perder nunca la conciencia de nuestra limitada condición y conviene andar seguro ante cada paso, cada decisión y cada afirmación, especialmente cuando tendemos a ser rotundos. Dejemos para Dios la exclusiva a la hora de las certezas.

2 de junio de 2012

Leido en mayo


El mes de mayo ha sido propicio para concluir una serie de libros comenzados a lo largo de los meses anteriores; algunos de los libros que aquí aparecen son de esos ejemplares voluminosos que has de leer poco a poco y que llenan los ratos libres de la semana, sin que falten algunas novelas policíacas y similares. La mayoría de los libros leídos tienen una valoración positiva, aunque creo que si tuviera que destacar uno optaría por "El sari rojo", ya que además de estar bien escrito y relatar unos acontecimientos apasionantes, te da un baño importante de cultura y conocimientos acerca de la historia más reciente de una destacada parte del mundo.

"El sari rojo" es un magnífico libro periodístico en torno a la familia Nehru, la saga iniciada por Sri Pandit Jawaharlal Nehru, quien fuera nombrado primer ministro de la Unión India después de la independencia y ostentara el cargo hasta su muerte en 1964 y que tuvo brillante y trágica continuidad con su hija, Indira Gandhi y su nieto Rajiv Gandhi, ambos asesinados cuando se encontraban en la cúspide de su vida política. El libro está magníficamente escrito por Javier Moro, el escritor madrileño recientemente galardonado con el Premio Planeta. Una de las grandes virtudes de Moro en este libro consiste, desde mi punto de vista, en que nos ofrece una disección objetiva y desapasionada de los dos principales personajes de la reciente historia de la India, Indira Gandhi y su hijo Rajiv, sin caer en la tentación de convertir el relato en un panegírico y reflejando con objetividad los claroscuros que, especialmente en el caso de ella, existieron en su trayectoria. Pero siendo éstos los protagonistas cara al exterior de los acontecimientos narrados, existe un tercer personaje que adquiere una relevancia muy especial, el de Sonia Maino, la joven italiana de la que se enamoró Rajiv Gandhi en Oxford, a la que hizo su esposa, que supo estar a la altura de las circunstancias, ganarse el cariño del pueblo indio y acabar siendo un personaje clave del país tras los dramáticos aconteceres ocurridos. A la vez, el libro sirve para adquirir una visión tan interesante como aleccionadora de ese país tan rico -¡y tan pobre a la vez!- y que ofrece unos contrastes realmente sorprendentes.

La figura de Edgar Hoover, director del FBI durante la friolera de 48 años, ha vuelto recientemente a la actualidad con la película "J. Edgar", dirigida por Clint Eastwood y protagonizada por Leonardo di Caprio; el film no lo he visto, pero su pre4sencia en carteleras me animó a emprender la lectura de "Oficial y confidencial", una especie de biografía que Anthony Summers publicó en 1995. Se trata de un libro que se va haciendo más interesante conforma avanzan las páginas, crece la importancia de la figura que lo protagoniza y uno se va llevando cada vez con más frecuencia las manos a la cabeza al comprobar lo que son capaces de hacer los hombres poderosos en el país teóricamente más civilizado del mundo. Y es que al poner a Hoover en la picota, Summers no hace más que cuestionar el funcionamiento de la democracia norteamericana desde casi los principios del siglo XX hasta la llegada al poder de un hombre tan controvertido como Richard Nixon. Se dice que Hoover fue considerado un héroe en USA, algo que este libro pone inevitablemente en cuarentena al ofrecer datos fehacientes de como el director del FBI hizo de su trabajo un continuo ejercicio de extorsión, trampas y mentiras; y sin duda, ese poder que tenía al conocer los trapos sucios de tantos políticos, banqueros, empresarios y periodistas, no le vendría dado si éstos no fueran unos personajes llenos de puntos débiles. El libro va recorriendo etapas tan importantes de la historia como la entrada en la 2ª Guerra Mundial, las guerras de Corea y Vietnam, la frustrada invasión de Cuba o los asesinatos de John y Robert Kénnedy y Martin Luther King, pasando por las más de 500 páginas que lo conforman personajes ran llamativos como Franklin D. Roosevelt, Harry Truman, el General Eisenhower, Lyndon B. Johnson, Henry Kissinger, y los citados Kennedy y Nixon, amen de políticos de ambos bandos, periodistas, mafiosos, ... Ha sido una lectura apasionante que te ayuda a bajar del "guindo" de la ingenuidad y el idealismo con el que a veces pensamos en la historia reciente de occidente.

Vengo realizando, con la ayuda de los préstamos que me facilita uno de los mayores expertos del género negro en la provincia de Huesca -por lo menos- vengo haciendo un cierto seguimiento de los autores españoles del momento; en esta línea concluí en los primeros días del mes "Al amparo de la ginebra", una novelita del granadino José Luis Serrano que viene anunciada como la primera de la serie protagonizada por la joven abogado Amparo Larios: si uno casa el título con el nombre y apellido de ésta se puede hacer una idea tanto de las aficiones de la protagonista como del tono humorísttico de la novela. He de admitir que está bien escrita, con soltura y buena composición, pero me ha parecido una de esas lecturas que cuando la terminas te queda una cierta sensación de que el autor te ha tomado el pelo. El hilo conductor del argumento gira en torno a la corrupción y los negocios sucios en la costa sur española, y a lo largo de la narración van apareciendo políticos, constructores, empresarios y abogados que son configurados, desde mi punto de vista, con todos los tópicos que a uno se le pueden ocurrir. Por otra parte, cuando lees este tipo de historias, tal como la cuenta Serrano, no deja de entrarte cierta angustia y te preguntas si realmente todo el mundo es tan amoral como todos y cada uno de los personajes que aparecen. De cualquier manera, la novela no deja de ser un buen recurso para cubrir un día que por cualquier motivo uno no sabe qué hacer.

Ya en el mes de marzo hablé de la excelente impresión causada por la lectura del primer libro de Giorgio Screbanenco, un autor italiano de origen croata que falleció en 1969 cuando comenzaba a sentir las mieles del éxito; tras leer "Traidores a todos" ese buen concepto no solamente se confirma, sino que se incrementa: me ha parecido una novela interesantísima, de esas que te hace disfrutar más conforme va avanzando su lectura. El protagonista, el médico suspendido y metido a detective Duca Lamberti, un perdedor idealista y tenaz, es de los mejores que he encontrado en el género negro últimamente. Por otra parte, Scebanenco describe como pocos el ambiente "lumpen", el mundo de las drogas, la prostitución, los delincuentes profesionales, aquí trata del tráfico de armas, en una trama notablemente violenta y dura. Además el autor aporta una historia francamente interesante, con una intriga cuyos recovecos van asomando poco a poco y en la que, como siempre, sabe compaginar las miserias y maldades humanas con determinados personajes llenos de nobleza y valores. Al cabo de más de cuarenta años de su fallecimiento las novelas de Giorgio Scebanenco conservan plena vigencia, y si añadimos que su extensión no es excesiva -en torno a las 200 páginas- lo convierten en una lectura apetecible, de la que creo que al menos los amantes de la novela negra no se arrepentirán de emprender.

La editorial "Impedimenta" está reeditando una serie de novelas inglesas de hace bastantes años, con un excelente criterio a la hora de elegir y una más que aceptable presentación externa. Entre otras ha publicado recientemente "La juguetería errante", una de esas novelas británicas de entrega ambientadas en la primera mitad del siglo XX, en concreto la fecha en que fue escrita se remonta a 1946. El autor es un clásico del género en las islas, Edmund Crispin, y el libro citado, su obra más importante; se trata de una novela que se lee con agrado, con una perfecta descripción del clima social de la época en Oxford, lugar donde se produce la trama. Como es de esperar, la novela no tiene la agilidad y el dinamismo de las novelas policíacas actuales, pero compensa esta limitación con unos personajes sorprendentes y un fino sentido del humor, detalle que impregna la íntegra lectura de la novela. El crítico Anthony Boucher sugirió una mezcla de John Dickson Carr, Michael Innes, M.R. James,… y los hermanos Marx, para dar como resultado las novelas de Crispin, y me parece que no anda descaminado.

"Una esposa de fiar", del norteamericano Robert Goolrick, es una novela que viene avalada por el simple hecho de estar publicada en la ·ditorial Salamandra, que suele seleccionar bastante bien sus autores. Se trata de uno de esos libros que he perseverado en encontrar disponibles en la Biblioteca pública, algo que me ha costado unos cuantos meses; una vez leído he de confesar que esperaba otra cosa, una especie de novela de misterio, pero lo que he tenido en mis manos casi lo puedo calificar como de relato inquietante, pues el autor nos narra una historia dura y oscura, con unos personajes marcados por un pasado dramático y en un ambiente bastante claustrofóbico. En algunas críticas he visto que se calificaba a la obra de Goolrick como una novela gótica, considerándola próxima a las que escribían las hermanas Bronté. El libro está magníficamente escrito, y uno es perfectamente conducido por cada fase del relato, los dos personajes protagonistas, el traumatizado y oscuro millonario Ralph Truitt y la misteriosa y ladina Catherine Land se convierten en la clave de la novela, con unas vivencias anteriores que ponen los pelos de punta y una conciencia que estando dormida va aflorando conforme avanzas en el relato. Se trata además de una novela con un fuerte contenido sensual, en mi opinión excesivo, por mucho que el autor trate los temas más escabrosos con bastante elegancia. Queda dicho que esperaba otra cosa y que en algunos momentos la lectura se me ha hecho francamente dura, pero no puedo negar que se trata de un buen libro.

1 de junio de 2012

Trauma en Doctor Cerrada

No es infrecuente que la calle Doctor Cerrada sea vía de paso en mis andanzas por Zaragoza; la ubicación en la misma de la Biblioteca pública y el ser ruta que une la Plaza Paraíso con Cortes de Aragón y la Gran Vía la convierten en una de esas arterias de uso habitual. En la calle Doctor Cerrada se encuentran además establecimientos cuya fama se remonta a tiempos ancestrales, como el "Pájaro Azul", bar propio de estudiantes que ya existía a finales de los años 60, la célebre "Bahía de Pago Pago", que en mis años mozos era discoteca de cierta fama y ahí sigue viva, el Restaurante "Bahía", donde no he estado nunca, pero famoso por su uso para grandes celebraciones o un bar de tapas llamado "Pic-nic" con fama de sitio de calidad. También nos podemos encontrar la oficina del INAEM, alguna tienda de ropa, la parte trasera de la Facultad de Económicas y un buen número más de bares y cafeterías que no controlo como los antes citados. También recuerdo Doctor Cerrada, por donde en tiempos pasaba una acequia y fue llamado popularmente "Camino de los cubos", como el atajo que utilizaba en mis primeros años de aficionado zaragocista para enfilar la Gran Vía y Fernando el Católico rumbo a La Romareda las tardes de fútbol de aquellos domingos inolvidables.

Y de la misma manera que hay lugares, tiempos y personas que pudieron ser testigos de esos momentos de la vida en los que uno abre los ojos a diversas cosas, y pierde la inocencia profesional, vital o familiar en esa maduración que intuyo no termina nunca, la calle Doctor Cerrada protagonizó una anécdota, intrascendente y minúscula, a la que también le puedo sacar punta y encontrar su moraleja y su enseñanza. Me encaminaba a la Biblioteca, a la altura -m´s o menos- del referido "Pájaro Azul", cuando en dirección a mí venía una joven madre con una niña muy pequeña en un cochecito, la criatura no creo que hubiera aún cumplido los 2 años; la niña tenía ese encanto que suelen tener los bebés y la miré con una sonrisa notoria, pues la escena -la niña venía sonriendo alegre- era deliciosa. Al verme la criatura mantuvo su sonrisa, miró a su madre, me señaló con el dedo y dijo: "yayo" ... ahí se terminó el hechizo, pues la niña, de golpe y porrazo, me hizo chocar con la cruel realidad, estampar contra el suelo mis vanidades, ese "ego" que conforme cumples años se ve más acosado y humillado. Una niña que aún no andaba y casi no hablaba me había puesto en mi sitio, se había convertido, así sin anestesia, en el primer anuncio de que andaba en cambio de ciclo, de que mi vida entraba en una tercera época. Intuyo que el abuelo del angelito, con quien evidentemente me había confundido o equiparado, no debía de ser excesivamente mayor, y eso me consuela, pero el suceso no dejó de causarme impacto.

Estas pasadas navidades me fui a cenar con un buen grupo de viejos compañeros de colegio; todos andamos en la primera mitad de la cincuentena y alguien, con un buen humor no exento de acidez, afirmó que nos encontramos en "lo mejor de lo peor", y en esas andamos; la frase me recuerda esa vieja teoría de los tres poderes, que no tiene nada que ver con Montesquieu, sino con una equiparación divertida a las tres épocas de la vida: una primera, dominada por el "poder de la voluntad", cuando todo es entusiasmo, ganas de hacer y fogosidad, una segunda en la que impera el "poder de la inteligencia", tiempo en el que funcionas con más raciocinio, sin tanta prisa, con ese dominio del terreno que pisas fruto de las enseñanzas de la vida y que da paso al tercer poder, cuando ya uno se conforma con "poder mear" ... en esas estamos, ¡y ya me llaman abuelo!.

30 de mayo de 2012

Se van dos de los de siempre














El pasado lunes el Real Zaragoza anunciaba que los técnicos Juan Manuel Nieves y Luis Costa dejaban de pertenecer al club, el primero tras 45 años en la nómina zaragocista y Costa con alguno menos, pues aunque llegó en 1970 al equipo, trabajó en alguna época lejos del Zaragoza. Es ley de vida que cuando la gente cumple años tiene que dejar paso a personas más jóvenes, pero resulta bien triste que se haya despedido con tanta frialdad a dos personas que los han dado todo por el Zaragoza, son historia viva del club y formaron parte protagonista de los mejores triunfos del equipo en las últimas décadas. Para quienes éramos unos niños en los años 70, las figuras de Costa y Nieves son completamente familiares, recordamos un buen número de encuentros en La Romareda y fuera de ella en los que uno y otro tuvieron papeles protagonistas.

Manolo Nieves llegó a Zaragoza en 1967 procedente de la Unión Popular de Langreo, un equipo asturiano que por aquéllos años militaba en 2ª División; tras la retirada de Enrique Yarza, el puesto de portero en el Zaragoza no tenía propietario fijo y Nieves vino al club como una gran promesa, convirtiéndose en un fichaje rentable, por mucho que mientras formó parte de la plantilla del primer equipo de Aragón hubo de pelear la titularidad con metas del nivel del cántabro Alarcia, el vizcaíno Izcoa, el guipuzcoano Irazusta, su paisano Junquera, venido del Real Madrid y Manolo Villanova, un aragonés que llegó al Zaragoza para jugar su última época profesional. Nieves era muy ágil, un auténtico gato, capaz de hacer unas palomitas espectaculares y actuar con una rapidez llamativa. Del asturiano recuerdo muy especialmente un encuentro televisado en el Bernabeu (temporada 1972-73) en la que consiguió mantener la puerta a 0 frente a los Pirri, Amancio, Santillana, Velázquez, ... con un muestrario de "paradones" que le convirtieron en el héroe de la noche: aún figura en mi retina una doble parada, cuando tras rechazar un disparo que iba dirigido a su izquierda el balón lo recogió a la derecha el medio navarro Zoco que lo empujó hacia portería y cuando el gol parecía inevitable el meta zaragocista apareció como por arte de magia para repeler de nuevo la pelota. Al domingo siguiente, en el que el Español se presentaba como líder en La Romareda, Nieves volvió a ser el salvador, pues con 1-0 en el marcador le paró un penalty al malogrado Glaría, quien no solía fallar ninguno. Nieves fue junto a Juan Luis Irazusta el portero que hizo historia con el equipo de los zaraguayos.

Nieves, al retirarse, pasó a formar parte del staff técnico del club, donde ha trabajado como segundo entrenador y como preparador de porteros, posición en la que fue capaz de sacar un buen número de jugadores de la cantera que hand ado un excelente resultado en diversos equipos: Sánchez Broto, Laínes, Rubén Falcón, Moso, Rubén Pérez, ... Entre las imágenes que nunca se irán de la retina de cualquier zaragocista está la de Nieves dando saltos de alegría en el parque de los Príncipes de París tras conseguir Nayim ese gol milagroso que le dio la Recopa al Zaragoza; era entonces el asturiano segundo de Víctor Fernández y disfrutó con protagonismo principal del mayor éxito del Zaragoza en toda su historia.

Luis Costa, al contrario que en el caso de Nieves, tuvo mayor relevancia como técnico; el alicantino llegó al club en sus últimos en activo, en concreto en el verano de 1970, cuando tras triunfar en Elche, Córdoba y Mallorca, los directivos zaragozanos lo incorporaron para que fuera el revulsivo de une quipo que andaba en declive. Su primera temporada, aunque fue titular indiscutible, no fue buena, pues el equipo terminó en 2ª División; en la categoría de plata Costa comenzó en el banquillo, pero pronto Rafa Iriondo se dio cuenta que su clase y su veteranía eran imprescindibles para darle cuajo al equipo, y así el jugador acabó siendo la clave del ascenso junto a Violeta, Villanova y Ocampos. La temporada del regreso a 1ª fue la última de Costa, y aunque la pujanza de jugadores como Molinos, Planas y García Castany le impidió jugar muchos partidos, su sabiduría y buena colocación siguieron prestando buenos servicios al club en momentos puntuales; de esta temporada es la foto de la derecha, en la que aparece junto al oscense Emilio Lacruz. Luis Costa era un jugador de baja estatura, con una técnica depurada y un excelente toque de balón, pudiendo jugar tanto de extremo como de interior de enlace.

Como entrenador Luis Costa lo ha sido todo en el Zaragoza; me temo que pocos recuerden que su primer servicio como mister los prestó en la temporada 1984-85, cuando ascendió al filial del club, el Deportivo Aragón, a 2ª División por primera y única vez en su historia, con una plantilla en la que aparecían nombres tan relevantes como Ruiz, Abad, Blesa, Juliá, Roca, Roberto Elvira, Pedro Moreno y Latapia, entre otros. Al año siguiente el recien llegado presidente Angel Aznar le entregó las riendas del primer equipo, donde reconstruyó un conjunto desinflado tras la época Beenhaker y con los fichajes de Pineda, Fraile, Pardeza y Ruben Sosa y la revitalización de hombres como Señor, Güerri, Casuco, ... realizó una temporada sensacional, claificándose cuarto en la Liga y venciendo en la Final de la Copa del Rey al Barça de Venables, Schuster, Archibald, Alexanco, Carrasco, ... veinte años después de la última Copa de los "Magníficos". Años después Luis Costa se convirtió en un auténtico "apagafuegos", siendo el hombre de confianza al que se recurre cuando las cosas van mal y hay que salvar al equipo del descenso, algo que logró en dos ocasiones. hay que mencionar de manera especial la hazaña lograda por el alicantino en la temporada 1996-97, cuando cogió al equipo terminada la primera vuelta y ocupando el farolillo rojo con 15 miserables puntos y lo salvó del descenso en una segunda vuelta espectacular en la que obtuvo 35.

Luis Costa y Manolo Nieves han sido dos auténticas instituciones en el Zaragoza; ambos presentan un currículum importante, y sobre todo, una hoja de servicios admirable e inmaculada. Se trata de dos excelentes personas, discretas, educadas y trabajadoras, por eso uno lamenta que no se les agradezcan adecuadamente los servicios prestados.


29 de mayo de 2012

Complicidades


Cada cual tenemos nuestra familia, con una extensión mayor o menor: con unos tenemos más confianza que con otros, por mucho que procuremos mantener una buena relación con todos; también tenemos nuestros amigos, unos en toda la extensión de la palabra y otros a los que vendría mejor la etiqueta de conocidos, compañeros de trabajo u otras parecidas. Pero también existen aquéllos con los que nos cruzamos al ir al trabajo, otros que viven cerca, aquellos que nos venden el periódico, la crema de afeitar o las pastillas contra el colesterol, quien nos sirve el café matinal o la caña festiva, ... personas de las que incluso podemos llegar a desconocer el nombre y con las que acabamos manteniendo una relación de complicidad, de quienes somos capaces de intuir qué día andan felices y cuál se han levantado con el pié izquierdo, de la misma manera que ellos pueden también conocer nuestro estado de ánimo, nuestras manías y hasta determinadas formas nuestras de reaccionar. ¿Quién no tiene sus complicidades?, ¿Quién no echa de menos a esa persona con la que se cruza diariamente y de pronto la deja de ver una semana?, ¿quién no nota una especie de agujerito interior al descubrir que a fulanito le ha contratado un bar del otro extremo de la ciudad, o que fulanita ya no te animará más a optar por la oferta del día en el Super?, ¿quién no se pregunta porqué esa chica tan guapa ya no coge el autobús de las 8.30 o por qué aquél señor con aspecto venerable lleva un mes sin tomarse el café a la hora de siempre?.

Y es que, gracias a Dios, tenemos corazón, un miembro del cuerpo que acaba siendo algo más que un simple órgano vital; y así somos capaces de tomar cariño a alguien porque notamos que nos mira con simpatía, que tiene hacia nosotros una forma de servir mercancías, servicios o consumiciones que va más allá del mero compromiso, o sencillamente nos gustan su estilo, su sonrisa o su forma de mirar. De esta manera, vivir en sociedad se convierte en algo más atractivo que esa deshumanizada forma de coincidir personajes en que lo han convertido algunos, porque es bueno que aprendamos a mirar al resto de ciudadanos, con mayor o menor afinidad hacia nosotros, como personas con cara y ojos, con sus problemas, sus ambiciones, sus desengaños y sus aficiones, ... vamos, como cada uno de nosotros. Yo también tengo mis "complicidades", quien haya seguido con más o menos continuidad este blog seguramente habrá descubierto más de una, gente que muchas veces no se ni donde viven, ni cuál es su estado civil ni sus opiniones personales, pero con relación a las cuales soy capaz de poner por encima un afecto que debe de salir del alma, ... o vete a saber tu el origen.