21 de abril de 2010

Sonrisas de Huesca



Hace unos años, no muchos, escuché a una persona con ciertas responsabilidades públicas en Huesca contar una anécdota de sus tiempos escolares; al parecer, cuando estudiaba el bachiller en el Colegio San Viator de la capital oscense, recibió un premio a la buena conducta, en el trofeo que se le entregó figuraba una placa con el lema: "tu carácter nos ayuda a ser mejores". Puede parecer cursi y, por supuesto, muy de otra época, pero no pocas veces he pensado que bastan ciertas "suavidades" para ayudar al vecino.

Los productos de aseo -champú, gel de baño, desodorante, espuma de afeitar, ...- los suelo comprar en uno de esos establecimientos-franquicia que se han extendido por todas las capitales de España; el que suelo frecuentar en Huesca es a veces atendido por una jovencísima dependiente que tiene por hábito sonreirte de principio a fin, de una manera que en mi interior -por vez primera lo confieso en público- la he bautizado como "la sonrisa más bonita de Huesca". Y es que no es un gesto ni postizo, ni profesional ni mucho menos provocativo, es una sonrisa completamente natural, sincera, de esas que te llevan a confiar en la bondad de su dueño, en la nobleza de sus sentimientos. La misma sensación la tuve años antes con otra persona que también trabajaba detrás de un mostrador, despachando en este caso medicamentos; consiguió ella solita convertir en un placer una simple visita a la farmacia; ahora despacha en otra tienda y, por desgracia para mí, un género del que nunca compraré nada. Con el tiempo me enteré que su última época en aquel lugar andaba agobiada y con nervios, lo que convierte en más meritorio su carácter extremadamente cariñoso y simpático.

Casi todas las mañanas, cuando voy a trabajar, cruzan y saludan mi camino dos jóvenes sonrisas que también pasan parte del día al otro lado de la mesa de atención al público; una de ellas es una sonrisa tímida, tal vez marcada por el sueño, y la otra tiene algo más de complicidad, pero ambas poseen el denominador común de lo agradable, lo estimulante. Y también cara al público trabajan los dueños de dos establecimientos hosteleros de los que ya he hablado por estos lares; el uno está situado en la calle Villahermosa y la sonrisa de quien lo regenta es tan amplia como permanente, mientras que la del otro, cuyo bar se ubica en el Coso Alto, es más serena, casi diría que más profesional, pero igual de auténtica. Y lo cierto es que se agradece que cuando pides una caña, una tapa o un cortado no solamente no tienes la impresión de dar el "coñazo", sino que lo haces convencido de que agrada tu visita.

Al final puede dar la impresión de que la alegría, la buena ciudadanía de Huesca se limita a quienes trabajan cara al público, evidentemente no es así, porque también hay alguna esfinge y hasta algún ahuyentador de clientes y, sobre todo, porque la cordialidad se extiende afortunadamente a muchos hábitos. Pero, dicho queda, existen personas que a uno le ayudan a ser mejor.



13 comentarios:

Anónimo dijo...

Estoy segura que en este caso es el efecto espejo. Me da la sensación que debes ser super amable y educado tratando a las personas y ellas en la mayoría de las veces te contestan de la misma manera.

Modestino dijo...

Te agradezco el cumplido, pero uno no consigue siempre ser lo amable que se propone ... hay días en que te dejas vencer por un cabreo, el desánimo ... hasta por el sueño.

Mariapi dijo...

Cuánto se agradece la sonrisa, la atención educada en esos ritos cotidianos...y qué difícil es mantenerla todo el día y con todos...Gracias.

Suso dijo...

Es verdad eso de que existen personas que a uno le ayudan a ser mejor

¡Buen título para un blogero!: no escribas nada que no sirva para que mejores tú, y los demás.

Como meta personal no está nada, pero que nada mal.

Modestino dijo...

Sí que es un buen lema para n blog, pero difícil de mantener día a día.

De cualquier manera, el mejor ejemplo puede ser a veces el que no se busca dar

Brunetti dijo...

¿Y qué me dices de la viceversa? Quiero decir, cuando te encuentras de buena mañana con algún vecino o conocido o paisano a quien saludas cariñosa o educadamente y no se digna siquiera mirarte (mucho menos, responder al saludo).

En esos casos (que, por desgracia, no son pocos), suelo cruzar los dedos y me digo algo así como 'Vaya día me espera'. Y no suelo equivocarme.

Tintin dijo...

¡¡ Chico, tendremos que ir p'a Huesca ¡¡¡

Aquí, y en Pekín, está instalado, mayoritariamente, el camarero o dependiente de franquicia, que como no es el dueño del negocio, pasa completamente de cualquier mínimo exceso de afabilidad.

¡ Sacarle la sonrisa o el muchas gracias es tarea imposible ¡

Cuando a mi pasa eso me digo, ¡ qué amargad@ vives que no sabes ni sonreir ¡¡¡¡

Viva Huesca ¡¡
Viva Aragón ¡¡
Viva España ¡¡
Viva la UE ¡¡
Viva el mundo (planeta), mundial ¡¡

Maripaz Brugos dijo...

Pues tienes razón con lo de las sonrisas. Vivo en un pueblo grande, donde el trato en general es agradable, mas o menos nos conocemos casi todos, por lo menos de vista. He vivido siempre en Sevilla, y los andaluces son abiertos y alegres de natural. Los castellanos, son mas secos, pero saben sonreir tambien.

Me gusta saludar a la gente con la que me cruzo, a veces hasta voy tarareando una canción bajito por la calle. Me reconforta, ver las sonrisas de la gente cuando me devuelven el saludo, pienso que es una manera de hacer mas llevaderos los dias y mas humana la convivencia.

Modestino dijo...

Evidentemente está la otra cara de la moneda, pero se trataba de encontrar lo positivo.

No creo que Huesca sea la exclusiva de la amabilidad: en todas partes hay gente así y en todas partes "cuecen habas".

veronicia dijo...

Donde estoy ahora todo el mundo te saluda con una sonrisa... me es tan facil... reconforta tanto.
Los que no sonrien suelen ser los más necesitados de sonrisas (como saber lo que les preocupa).
Modestino mi sonrisa mas especial para ti desde estas lejanas tierras de perú. veronicia.

Alberto dijo...

La sonrisa es muy importante. Muchas veces acudes a un establecimiento porque la dependienta o dependiente te recibe con una sonrisa y no con cara de sota. A mí me pasa cuando voy a comprar pan, tengo dos tiendas de un conocido establecimiento de Zaragoza más o menos cercanas a mi casa y elijo siempre para comprarlo la que me reciben con una sonrisa y no en la otra, que te venden el pan como si te estuviesen haciendo un favor.

Zaragoza no es una ciudad muy sonriente, creo que late una permanente mala leche.

Modestino dijo...

Es posible que tengas razón veronicia, tras la falta de sonrisas puede haber necesidad de ellas.

Modestino dijo...

Alberto, hay una canción de Labordeta que dice que >"la mala uva es una cosa muy de Aragón" ... somos así, pero buscando uno también encuentra dulzura.

No obstante, ya sabes que a los seguidores del equipo de la capital de Aragón nos está siendo muy difícil mantener la paz de ánimos. ;)