2 de abril de 2010

El Cristo de Mantegna



Recuerdo que cuando estudié, en 6º de Bachillerato, "Historia del Arte" me impresionó este Cristo muerto, pintado por el artista italiano Andrea Mantegna que se encuentra en la "Pinacoteca de Brera", en Milán. Cuando uno piensa en las imágenes de Cristo tras la Pasión lo que más fácilmente se le viene a la cabeza es el Cristo crucificado, como el que pinto Velázquez, y es posible que sea por esta razón por la que este Cristo yaciente me llamó especialmente la atención.

El cuadro fue realizado entre 1457 y 1501, mide 68 cm. de alto por 81 de ancho.
En un fuerte contraste de luces y sombras, la escena transmite un profundo sufrimiento y desolación. Resulta original la perspectiva con que se realizó la pintura, dibujando la figura en un escorzo total y distorsionando los detalles anatómicos, en especial el tórax de Cristo. Es llamativo como los estigmas de manos y pies están trazados con un gran realismo, la sábana que cubre el cuerpo es del mismo tono que la piel, lo que contribuye a la sensación sobrecogedora del conjunto de la obra.

Nunca en la historia del arte se había visto una figura humana desde este punto de vista; Mantegna sorprendió y escandalizó en su época con este impresionante alarde de dominio de la perspectiva y la proyección geométrica y aplicó literalmente las leyes de las matemáticas al dibujar un cuerpo según el canon renacentista, perfectamente proporcionado, y proyectarlo hacia un punto de fuga central que nos muestra un violento escorzo del cadáver de Cristo. El espectador contempla las llagas de pies y manos, el vientre hundido y una faz dramática, con los labios entreabiertos y la piel amoratada.

Se cuenta que Mantegna pintó este Cristo para ser visto desde varios metros de distancia, de manera que si se contempla desde cerca uno se encuentra la figura de un hombre contrahecho, pero conforme se va alejando de la pintura, la figura del cristo yacente va adquiriendo perspectiva y, con ella, grandeza, lo que hace que se vaya suavizando la imagen y pase de una visión de un hombre casi monstruoso que mueve a la desolación a la de un Cristo sufriente, víctima de un sacrificio que permite abrir una puerta a la esperanza; así desde la desazón de la visión cercana, se pasa a la trascendencia conforme uno se aleja del cuadro.


5 comentarios:

Sunsi dijo...

No conocía este cuadro, Modestino. Ya se ve que en COU fuimos achicando el temario. Fantástica la descripción. Me gustaría encontrarlo -tendré que rebuscar en la biblioteca de mi padre- y poder verlo con algo de esta perpectiva que comentas.

Gracias siempre por toda la información que vuelcas en el blog.

Un saludo desde la soleada Tarraco.

Sunsi dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Sunsi dijo...

La que he eliminado he sido yo. Me como letras... y me doy cuenta cuando ya está publicado. Quise enmendar Modetino... Quedaba mal.

Modestino dijo...

A mí también me suele pasar, y rehacer el comentario es una solución.

Feliz Pascua!!!

ana dijo...

Perspectiva. Fe. Un cuadro.

Gracias Modestino.