10 de junio de 2011

Unos minutos en cocina



Hace poco hablaba del servicio militar y posiblemente a raíz de lo narrado entonces han aflorado nuevos recuerdos, algo inevitable en quienes hemos pasado por semejante experiencia. El primer mes largo de mili lo pasé en el Campamento de Rabasa, ubicado en torno a la localidad de San Vicente del Respeig, próxima a Alicante. Se trataba de un campamento inmenso, enmarcado en un paisaje árido y seco donde en los meses de verano -estábamos en setiembre- domina un sol de justicia y un calor insoportable. Cuando llegabas allí eras enviado directamente a un cuarto donde el peluquero te pasaba la máquina por la cabeza y te dejaba con el pelo prácticamente al cero, situación que aumentaba notablemente la sensación de agobio y derrota que a uno le entra en cuanto queda sometido a la disciplina militar sin desearlo.

De aquella breve época podría contar unos cuantos sucedidos ingratos, desde el día que el teniente de la Compañía -un chusquero basto y gritón- nos castigó con un paso ligero y un sargento de la IMEC, al verme sacar el higadillo y recular en la parte final de la formación, me amenazó con machacarme a culatazos, hasta las prácticas de tiro en las que no acerté ni un disparo en diana propia; no obstante el recuerdo más llamativo, a la vez que desagradable, que me queda fue el de un interminable minuto pasado dentro de la cocina del cuartel.

Una de las posibilidades más temidas por los reclutas era el que un día te tocara servicio de cocina; cuando era así, entrabas en dichas dependencias con el alba y no salías hasta haber recogido la cena, algo que venía a equivaler a 16 o 17 horas allí dentro. Aún me acuerdo de tener auténtico pánico a que llegara ese día y cómo un compañero que había pasado por la experiencia me comentó que sería un día que "no olvidaría en mi vida"; al final no ocurrió lo temido, al parecer por cierto enchufe facilitado por un buen amigo con el cabo furriel de la compañía. No obstante, un día después de comer fui reclutado para recoger platos y llevarlos al interior de la cocina, y esos escasos minutos me sirvieron para comprender el porqué de la mala fama del servicio y darme cuenta que más de medio día allí equivalía a una candidatura a perder la cabeza.

Nunca jamás he visto tratar tan mal a las personas, los soldaditos que allí estaban destinados -imagino que algún mando también habría- se nos dirigían a gritos, con un desprecio humillante y abundantes insultos; intuyo que en Auschwitz o Mauthausen la cosa sería peor, pero más o menos uno se podía sentir al mismo nivel de humillación. Parecía que ellos tuvieran un indiscutible y absoluto derecho a tratarte como les viniera en gana y fueras considerado un gusano que se merecía eso y más. Tengo perfectamente grabada en mim memoria la imagen de un cocinero gordísimo, moreno y baboso que con acento canario se dirigía con una sorna repugnante a quienes entrábamos por la puerta, como si nos estuviera esperando para regodearse con nosotros.

Es posible que lo mío fuera un simple visión parcial, que mi experiencia estuviera condicionada por una vivencia breve y ocasional, por las neuras del momento y de la época, pero conforme pasa el tiempo y uno va madurando sus ideas llega a la conclusión de que alguien se equivocaba y no era yo, que el haberte convertido en el último reducto de una organización militar no daba derecho a nadie a tratarte como basura, y que esa disciplina y autoridad que se empleaba para otro tipo de cuestiones, con absoluta legitimidad y respondiendo a necesidades ciertas, brillaba sorprendentemente por su ausencia en situaciones concretas, porque no cabe duda que existían, era el caso de la cocina, enclaves privilegiados, lugares donde cada cual hacía de su capa un sayo.

Dios nos libre de quienes reciben una autoridad que nunca hubieran soñado, de quienes disfrutan con el temor y los nervios ajenos, de quienes convierten la torpeza de los débiles para ejercitar un poder ridículo y vivir una diversión absurda.


17 comentarios:

paterfamilias dijo...

¡Qué barbaridad!, veo que unos minutos fueron suficientes para marcarte de por vida.

Modestino dijo...

Hombre!, marcado de por vida no ... solamente es un recuerdo poco grato y una anécdota elocuente: es peligroso dar poder à los tontos.

Mª Asunción Balonga Figuerola dijo...

¡Modestino que horror! Pobrecillo, tú que eres una persona sensible y super educada lo debiste pasar fatal...¡y es muy tarde para mandarte mi solidadridad!
Bueno, pasemos página y piensa que ahora te los puedes comer a todos con patatas, la vida pone a cada uno en el sitio que merece...
Te envío todo mi cariño
Asun

Modestino dijo...

Sin dramatizar amiga ;) ... Creo que estas experiencias son buenas, en especial para alguien que cómo yo entonces era un pipiolo salido de una burbuja.

Driver dijo...

Un recuerdo para olvidar.
Me alegro de haberme librado por miope.
Cuando pasé el control médico, tras comprobar el capitán que con 4dioptrías en cada ojo ni era apto para la mili, gritó a los cuatro vientos:
"¡Usted sólo serviría como prisionero!"
A lo que le contesté:
"Tiene que haber gente para todo, capitán".

Salí del servicio médico del cuartel con un papel que me regalaba un año de vida.

"Prisionero" de mi alegría.

Modestino dijo...

Para ellos era una desgracia no poder hacer la mili, cada uno tiene su mentalidad, llevaban muy mal la poca marcialidad de algunos.

Anónimo dijo...

Os agobiaba un día en la cocina,
¡¡Que nenazas!!

Es broma...

Modestino dijo...

No creas, que algo de razón llevas ... al cabo de los años un día en la cocina no deja de ser una anécdota ... uno acaba echando de menos que los problemas y preocupaciones sean de ese calibre.

Mariapi dijo...

"entrabas en dichas dependencias con el alba y no salías hasta haber recogido la cena"...esto me resulta muy, pero que muy familiar...claro que la "sargento chusquera" soy yo...
Pero en serio, estas experiencias son también interesantes, un buen baño de realidad.
Gracias, Modestino.

sunsi dijo...

De todas vuestras experiencias de mili me parece que hay un denominador común: "Calla y obedece, patán". Ni se te ocurra pensar que hay que barrer antes de fregar. "Tú no está aquí para pensar..." Menos mal que con los años recordáis esas amistades o aquella anécdota... Con razón se dice "Disciplina de cuartel". O también..."Esto es un hogar...no un cuartel".

Realmente muy poco grato, Modestino. Aunque se sigue diciendo aquello de "estos chicos no han hecho la mili... y se nota". No sé si hay algo de verdad.

Un saludo, jurisconsulto.

Modestino dijo...

Yo recuerdo que cuando mi madre vino à la Jura de Bandera y le comenté cómo me tenía que espabilar los fines de semana para lavar la ropa en una lavandería automática, se echó à reír y afirmó que la mili nos venía muy bien.

Flor de te dijo...

Cuanto me alegro de ser mujer y no haber hecho la mili.Sobretodo porque hay algunas que de Capitanas -Generalas....

Éric Cantona dijo...

Anécdota 1;
Aquí nosotros... al otro lado las FARC (a la mili obligatoria con 15 años), nos tocaba vigilar una torre electrificadora por parejas, cuando se va la luz y se escuchan disparos de fusil.
Pensamos "Aquí nos matan". Yo cogí el fusíl y apuntaba a la maleza por donde se escuchaban los disparos, mi compañero se arrodilla a rezar... y a prometerle a la virgen lo bueno que seria en adelante si salía vivo, y a llorar.
Solos en la selva contra un grupo de la guerrilla y mi compañero prometiendo... cogí todos los cargadores por si acaso...
El rato se hizo eterno hasta que se escuchó un pitido de silbato.
"Alto el santo, Quien vive" Grité y respondieron el santo y seña. Eran nuestros refuerzos...
Nos salvamos... ahora me rio.

Modestino dijo...

Eso es UMC servicio militar en serio, Eric, y Lo demás son niñerîas.

Éric Cantona dijo...

Anécdota 2;
primer permiso de fin de semana GRAN FELICIDAD, hasta que tres horas antes nos reunen:
120 reclutas, 2 filas y el h de p del sargento llega y dice " 60 irán a casita, los otros 60 a recoger basura dos días"

Con 15 años y este panorama hubiera matado por salir, y poco más o menos era eso.

Una fila de 60 contra otra fila de 60 se enfrentaban uno con uno y el que quedaba vencedor de cada enfrentamiento tenía permiso.
No habia reglas, solo cuando alguno se rendía había ganador. Calculé contra quien me tocaría y veía un grandullón de por lo menos 22 años... rezaba... al ir avanzando la fila ví mi error... era otro más de mi tamaño; unos minutos a muerte, tampoco opuso mucha resistencia, salí; adolorido, pero salí.

Brunetti dijo...

¡Ay, la mili, Modestino!

Vaya por delante que sigo creyendo que los militares son tan necesarios para un Estado moderno como cualquier otro profesional.

Pero cada vez que me acuerdo de "mi mili", lo único que me viene a la memoria son los insultos y los gritos: jamás en mi vida he vuelto a escuchar semejantes improperios, zafiedades, obscenidades y ordinarieces.

Espero que los tiempos hayan cambiado y que, con la entrada de las chicas, un cuartel no sea ya el paradigma de la estulticia y la misoginia.

Estoy convencido de que Aznar, durante sus ocho años de mandato, hizo cosas estupendas por nosotros; pero yo, que a diferencia de ti tengo una nefasta memoria, sólo recuerdo una (y la recordaré mientras viva): fue bajo su gobierno cuando desapareció el servicio militar obligatorio.

Buen fin de semana. Aquí, el lunes es festivo. ¡Ah, se siente....!

Modestino dijo...

Sí, han pasado ya bastantes años desde que desapareció la mili obligatoria y ya hay bastante gente que si le hablas de ella les suena como à nosotros nos sonaba la guerra de África.