11 de enero de 2010

La camarera de Oporto



Huesca tiene una buena oferta gastronómica, de las mejores que he conocido y un auténtico chollo en lo que a relación calidad/precio se refiere; además puedes comer de maravilla sea cual sea tu presupuesto, pues hay desde una estrella Michelín con precio relativamente alto, hasta menús baratos excelentes, pasando por menús medios de primerísima calidad. A todo esto hay que añadir desde el verano pasado el Restaurante "Castillo de San Luís", un magnífico complejo hostelero situado junto a la antigua carretera de Zaragoza, avalado por la dirección de Luis Acín, cuya familia regenta desde siempre "La Venta del Sotón" y desde hace un tiempo "El Cachirulo" de Zaragoza.

He estado en tres ocasiones en el citado establecimiento y en todas ellas le ha tocado atender mi mesa a una joven camarera cuya profesionalidad y eficacia me ha dejado tan atónito como encantado. La chica rebosa una deliciosa amabilidad, que además es discreta y prudente, pues ya se sabe que a veces los excesos en el tema corren el peligro de convertirla en empalagosa. El acento de su voz era especial, una mezcla de tono cantarín y aires delicados, y uno de mis acompañantes, todo un especialista en la buena relación con quien se encuentra al otro lado del mostrador -en este caso, de la mesa- le preguntó su origen, con lo que nos enteramos que era portuguesa, en concreto de Oporto; siempre he oído que los portugueses tienen algo especial, distinto ... parece como si tuvieran un plus de sensatez y delicadeza por encima de sus vecinos de península; suelen ser personas suaves, prudentes, que no dicen ni una palabra de más ni una más alta, aunque hay quien añade que aparentan tristeza, y no hay más que escuchar un fado para comprobar que sino tristeza, la melancolía forma parte de su idiosincrasia.

Tengo que insistir en lo bien que lo hacía la compatriota de Vasco de Gama, Fernando Pessoa, Mario Soares o Amalia Rodrigues; sobre todo cómo conseguía servir bien sin que se notara, esa atención silenciosa que ayuda, en gran manera, a que la comida sea grata; y es que para consolidar el prestigio de un restaurante no basta el indispensable buen hacer de quienes están en la cocina, son precisas más cosas, y no es de las menos importantes el buen servicio de la mesa. Asombrosa y plausible la rapidez con que actuaba la chica, que no iba aparejada ni de precipitación ni de desorden algunos, así como la capacidad de portar un montón de platos a la vez, todo un arte que dominaba a la perfección.

En los restaurantes siempre he tenido la impresión de que quienes trabajan allí están sometidos a un stress permanente por la imperiosa necesidad de prestar al público una atención que no permite fallos ni retrasos; lo que digo está magníficamente reflejado en una excelente película alemana que ganó el Premio del público en la Mostra de Venecia de 2001, "Bella Martha" (2000), dirigida por Sandra Nettelbeck; en dicho film se trata el tema con acierto y hay una llamativa escena final que refleja cómo explota la protagonista ante la impertinencia de un cliente que no paraba de reclamar que su solomillo estuviera más hecho.

Por estas razones, los clientes que acudimos tenemos el peligro de olvidarnos de ésto, de que quienes se ponen a tu servicio son personas de carne y hueso y nos arriesgamos a funcionar sin tenerlos en cuenta, sin comprender que también merecen un respeto, o peor aún, pensando que están a nuestra disposición, casi como si fueran nuestros esclavos. Por eso, ante un servicio tan bien prestado como el de nuestra amiga lusa -y en otras ocasiones más- uno no sabe cómo hacer para que las gracias que da al salir se entiendan como un agradecimiento sincero y no como un simple cumplido; a la vez que tiene la tentación de decir: "la propina, que sea para la chiquita de Oporto".






5 comentarios:

Sunsi dijo...

Pues hazlo, Modestino.¿Por qué no? "Para la chiquilla de Oporto, que atiende tan bien las mesas y que es el motivo, entre otros, de que este establecimiento funcione."
Una buena propina que es un símbolo de gratitud y que en algunas zonas del país se está perdiendo. Como si este gesto no aliviara de la crisis.

Un saludo

Brunetti dijo...

Ay, María la portuguesa;
desde Ayamonte hasta Faro
se oye este fado por las tabernas,
donde bebe vinho amargo
porque canta con tristeza;
porque esos ojos cerrados
por un amor desgraciado,
por eso canta, por eso pena.

(Carlos Cano, claro).

annemarie dijo...

Un enorme, enorme abrazo, Modestino!

Modestino dijo...

Puede que sí, Sunsi, pero tal vez es mejor la admiración silenciosa.

Esa canción de Carlos Cano siempre me ha encantado, Brunetti.

Otro enorme abrazo para tí, Annemarie, evidentemente que pensé en tí al redactar la entrada.

Sunsi dijo...

Pues tal vez sí, Modestino.

Gracias...