4 de enero de 2010

Dos deliciosas comedias americanas de los 50



El cine también puede servir para descansar, para encontrar una vía donde relajarte, una ocasión en la que hallar oxígeno; evidentemente este aire cada uno lo puede encontrar de muchas maneras: hay quien se desintoxica con películas de tiros, quien lo hace con otras en la que uno se ríe mucho y hasta quien encuentra descanso en otro tipo de cine más complicado. A mí a donde me gusta acudir si estoy estresado es a la comedia, a ese cine sencillo, generalmente desenfadado que suele tener, además, un toque romántico; y en materia de comedia aún no he encontrado alternativas capaces de estar a la altura de ese cine posterior a la 2ª Guerra Mundial que llenó de glamour los años 50 y 60. En estos días de Navidad he tenido ocasión de disfrutar de dos buenos ejemplos.



"Mi desconfiada esposa" (1957)
Vicent Minelli
113 minutos

Un periodista deportivo contrae matrimonio con una elegante y sofisticada mujer que trabaja en el mundo de la moda. El contraste entre sus caracteres y respectivas profesiones origina múltiples problemas que se complican cuando unos gángsters del mundo del boxeo amenazan al mencionado periodista.

Esta vieja película de Vicent Minelli me fue recomendada por alguien que sabe del asunto y la verdad es que confirmé el acierto de tal consejo; cumple a la perfección esa finalidad de relax interior que mencionaba antes. Minelli, considerado por muchos el padre de los musicales modernos, consigue cerrar una comedia fundamentalmente entretenida y, además e imprescindible, bien hecha; evidentemente, el padre de la gran Liza tiene otras obras mayores, fundamentalmente las dos películas que ganaron sendos Oscar: "Un americano en París" (1951) y "Gigi" (1958), esta última con la estatuilla al mejor director añadida.

Me pareció magistral la manera como se muestra el enorme contraste de los dos mundos a los que pertenecen los personajes protagonistas: el sofisticado de la moda y los artistas que representa Marilla y el más rudo y elemental del periodismo deportivo que desempeña Mike Hagen, mezclado en este caso con el marginal ambiente del boxeo. Llama la atención, además, la enorme elegancia con que se plantea la cuestión, ausente de cualquier recurso a los planteamientos maniqueos y radicales y a la sal gorda en los que era fácil caer.

Por lo que se refiere al reparto cabe destacar que los dos actores cabeceras del cartel, Gregory Peck y Lauren Bacall no son habituales de la comedia, pues solían aparecer en películas de mayor contenido dramático; ambos salen airosos del reto, y en cuanto a la fácil pregunta de quien lo hace mejor, habrá opiniones para todos los gustos, y aunque buscando en la red parece que más opiniones favorables a la viuda de Humphrey Bogart, a mí también me encantó Peck, que volvió a mostrar que es capaz de encarnar con el mismo poder de convicción a Átticus Finch "Matar a un ruiseñor" (1962) como al Capitán Ahab ("Mobby Dick" (1956), al padre Francis Chisholm ("Las llaves del reino" (1944), al criminal nazi Josef Mengele ("Los niños del Brasil" (1978) y a Monseñor Hugh O'Flaherty ("Escarlata y negro" (1983).

La tercera en discordia era Doris Gray ("Siempre hace buen tiempo" (1955) y "Un extraño en el paraíso" (1956), una actriz habitual en los musicales que cumple con decoro un papel de menos lucimiento. Y, siguiendo con el reparto, citar una sorpresa y dos anécdotas. La primera es la formidable interpretación de Mickey Shaughnessy en su papel de boxeador sonado, supongo que quienes saben de cine ya conocerían la capacidad de este actor, que también intervino en películas de la trascendencia de "De aquí a la eternidad" (1953) y "El rock de la cárcel" (1957), junto a Elvis Presley; Shaughnessy borda un personaje entrañable, pero nada difícil de representar. Las anécdotas suponen la presencia de dos actores que ya conocía: Chuck Connors, una especie de grandullón con más parecido a un defensa central o a un medio meleé que a un actor de cine y al que recuerdo como protagonista de películas de aventuras de la serie B en los años 70 y Edward Platt, a quien habíamos visto los de mi generación montones de veces encarnando a Thaddeus, el Jefe de Maxwell Smart en "Control", la agencia de espías de la serie "Superagente 86", aqui a Platt le correspondió el papel de villano.



"Me enamoré de una bruja" (1958)
Richard Quine
106 minutos
Una entretenida comedia, basada en una obra de teatro de John Van Druten. Gillian Holroyd, miembro de una saga de hechiceros, entre los que se encuentran su tía Queenie y su hermano Nicky, se enamora locamente de un famoso editor, Sheperd Henderson, que está a punto de contraer matrimonio. La joven bruja no duda en utilizar uno de sus conjuros para conseguir que Sheperd deje a su prometida y se rinda a sus encantos. Todo sale según lo previsto, pero poco después, Gillian le confiesa la verdad a Shepherd, quien indignado, pide ayuda a la extravagante señora De Pass para que rompa el hechizo.

He de reconocer que esta película me gusto un poquito menos que la anterior, tal vez la razón estriba en que se trata de una comedia que entra en un mundo de fantasía que resulta menos convincente; de cualquier manera también se trata de una película que está a la altura. Además, al igual que en la anterior, aparece el amor como hilo conductor del argumento, algo que automáticamente convierte una película en un planteamiento atractivo al máximo.

Lo que tiene verdaderamente de estelar "Me enamoré de una bruja" es el reparto y, por encima de todos, sobresale desde mi punto de vista, James Stewart, un actor que, como decía anteriormente al hablar de Grégory Peck, es capaz de dar vida a personajes de lo más diverso, si bien parece que Stewart tiene mucha más experiencia en el mundo de la comedia, como lo demuestra que de los cinco Oscar a los que estuvo nominado, cuatro lo fueron por películas de este género: "El señor Smith va a Washington" (1939), "Historias de Filadelfia" (1941), "¡Qué bello es vivir" (1946) y "El invisible Harvey" (1951), obteniendo la estatuilla por la segunda delas citadas. Aquí Stewart muestra esa mezcla de ingenuidad, bonhomía y galantería que le solía caracterizar.

La alternativa femenina a Stewart es Kim Novak, quien ya fuera compañera suya ese mismo año en "Vértigo", un film de suspense del gran Hitchcock de naturaleza bien distinta. Cuentan que el director de la peícula, Richard Quine se obsesionó por la actriz, quien no le correspondió, a pesar de que las cuatro películas que hizo con él se encuentran entre las mejores de su repertorio: "La casa número 322" (1954), "Un extraño en mi vida" (1960) y "La misteriosa dama de negro" (1962), además de la comentada. A mí Kim Novak no me dijo demasiadas cosas en esta cinta, a parte de estar guapísima, por supuesto. Por encima de ella, lo que no tiene que suponer ningún desdoro, se mostró Elsa Lanchester, la inolvidable enfermera de "Testigo de Cargo", que borda su frecuente papel de solterona simpática y algo peculiar. Junto a ella, también magnífica la actuación de Jack Lemmon, una estrella que, como se demuestra aquí,también es capaz de estar sublime en papeles secundarios.







7 comentarios:

Sunsi dijo...

¡¡¡Las comedias americanas que acaban biennnn!!! Y los actores ésos "de antes". Gracias, Modestino. Me doy cuenta de que soy ya una carroza porque mis hijos no las aguantan. Pelis que tienn todos los ingredientes para pasar una tarde de sábado relajado...

Cuando estos jovnzuelos se independicen me las tragaré una detrás de otra. ¡Cómo las añoro!

Un saludo desde Tarraco

Modestino dijo...

Y ya no digamos sí son en blanco y negro, les parecen lo que nos parecía a nosotros la zarzuela o el charleston...
Los jóvenes de hoy están hechizados por los efectos especiales y la publicidad subliminal... pero entre "Avatar", "Troya" o "Titánic", me quedo con "Casablanca", "Eva al desnudo" y "Testigo de cargo".

Máster en Nubes dijo...

Pero es que no me pueden gustar más todas. Vaya cine, vaya diálogos, guión, personajes... Y ellas ¡qué guapas y qué elegantes siempre! Ay, qué envidia... Un abrazo, jurisconsulto. Me ha encantado...

Anónimo dijo...

En blogs como éste se echa de menos el obligado comentario de Tommy, ya tengo ganas que vuelva de vacaciones. ¡Ah Modestino! ¿no crees que es mejor que no te de pistas?, es más divertido así.

Modestino dijo...

Efectivamente, el comentario de Tommy es imprescindible en cualquier hijo sobre cine, y en muchos otros también.
Por supuesto que no es preciso dar pistas, aunque implícitamente me has dado una...

Alberto dijo...

Otra comedia americana fantástica es "Su juego favorito", de Howard Hawks, con un Rock Hudson farsante, que se gana muy bien la vida como experto en pesca y resulta que no había pescado en su vida. Me pareció fantástica, sobre todo por un Rock Hudson espléndido y una cohorte de chicas guapas de aquella época, con las que hace el ridículo el protagonista, ya que todas ellas tienen más carácter que él.

Modestino dijo...

No he visto esa película y tomo nota;de Hawks es "La fiera de mi niña" (1939), una obra maestra.
Y puestos a hablar de comedias no voy a esperar mucho para traer al blog la que es mi favorita, "La costilla de Adán" (1948), de George Cukor. Con esa pareja irrepetible Tracy/Hepburn; divertida, elegante, deliciosa. Antes de traerla, eso sí, la veré por enésima vez.