11 de agosto de 2016

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Hay quien quiere tenerlo todo previsto ... y no digo que funcionar así no tenga también  sus ventajas. Es más, en determinadas responsabilidades y trabajos y en algunas circunstancias imagino que esa es la única forma de conseguir funcionar razonablemente. Pero, como en todo, hay quien lleva las cosas hasta sus últimas consecuencias. He escuchado muchas veces que es bueno tener un horario, y ante personajes muy seguros de lo que hacen y mentalidades exactas no seré yo quien entre en discusiones, pero ya hace tiempo que llegué al convencimiento que no caben más horarios que los que te marcan quienes por una razón u otra pueden hacerlo: el horario laboral, el comercial, el de los espectáculos públicos, ... A partir de ahí, y como decía una viejo periodista deportivo aragonés cargado de chispa y sentido común,  sólo me queda decir eso de "Don Preciso se murió".

Me temo que a todo ser humano, ordinariamente con cerebro propio más o menos oxidado y dos piernas para caminar, le es muy difícil cambiar en exceso y despegarse de usos, costumbres y prejuicios. Ahora bien, con esa cierta sabiduría -también la podríamos llamar "pachorra"- que dan los años, vas descubriendo, siempre en pequeñas dosis, las ventajas y hasta el placer que da saltarse de vez en cuando algunas de esas exigencias y previsiones que vete a saber si no son tan imprescindibles. Es bueno aprender a conjugar verbos nuevos como desdramatizar, distensionar, quitar importancia y alguno más. 

AS lo mejor todos seríamos más felices si fuéramos capaces de convencernos de que es más importante hacer el bien que ser muy estricto, sonreir que poner cara de ocupado, comprender al vecino que juzgar hasta la forma con que le da al botón del ascensor.

P.D. A mis amigos que me quieren y se preocupan: esto no es un desahogo, tan sólo un ejercicio de autoconvicción.