22 de febrero de 2012

En busca de los otros brotes verdes


Hace un tiempo una vicepresidenta económica de este país hablaba de "brotes verdes" para referirse a la pretendida existencia de ciertos signos de recuperación económica que, al parecer, el tiempo se encargó de desmentir. No se si tales palabras se debieron a un arrebato de optimismo y buenas intenciones o a un intento de confundir al personal, pero de cualquier manera no voy a hablar de economía. Desgraciadamente seguimos en crisis, y no da la impresión de que esto mejore en los próximos meses, con lo que de brotes verdes es mejor callar si de macroeconomías y microeconomías hablamos.

Tengo la impresión de que la crisis económica nos ha puesto una venda en los ojos y acabamos pensando que lo único importante es reducir cuanto antes el número de parados, recuperar posiciones en Europa y que vuelva la confianza a los mercados, cuando, sin negar importancia a algo tan grave como la existencia de gente que no llega a fin de mes, desde hace bastante más tiempo que la económica nos asola una crisis de valores de unos efectos igual de desoladores. Creo sinceramente que nos equivocamos si avivamos la idea de que, en España y en Europa todo marchaba sobre ruedas hasta la llegada del crack económico, pues en realidad el camino de la gran catarata cuyo final ahora parecemos enfocar se inició mucho antes.

Por esta razón he tomado la decisión de salir a la calle en busca de esos brotes verdes, no en forma de datos financieros, sino con rostro y forma humana. Me temo que corramos el peligro de desinflar nuestros ánimos y energías comprobando que las noticias solamente hablan de corrupción, incremento de la delincuencia y conflictos de todo tipo, a la vez que uno tiene la sensación de enfrentarse a una sociedad agresiva, desconfiada y dada a la visceralidad y el aspaviento. Y seguro que no es así, y pateando pueblos, calles y caminos se pueden seguir encontrando tantas historias que hablan de hechos mucho más reconfortantes, quizá el problema estribe en que no nos terminamos de quitar las orejeras que nos impiden ver el panorama en su totalidad, con la perspectiva adecuada. En España siempre hemos tendido a ejercitar ese visceralismo del que piensa que "el que no está conmigo está contra mí", mentalidad que me temo más de uno, desde las dos posiciones -si es que sólo hay dos- dominantes y opuestas, se ha encargado de acentuar en los últimos tiempos. Creo que haríamos bien en dejar de buscar enemigos en cada uno que se cruza en nuestro camino, no vaya ser que no sean más que pacíficos e inofensivos molinos de viento. Y creo que soy el primero que tendría que aplicarme el cuento.

Hay que descubrir esos otros brotes verdes, los que nos hablan de solidaridad, de trabajo abnegado, de amor al prójimo, de capacidad de agradecer, de amistad sincera, ciega y desinteresada, de servicio a los demás sin esperar réditos, de gente que mira de frente, a la cara y de manos estrechadas con energía, de una sonrisa que no va más allá de lo que es: una sonrisa, de miradas que dan a entender que a quien la realiza le importas sin tener en cuenta -en absoluto- lo que tienes o lo que le puedas dar ... no se si pido mucho, si me he puesto romántico, cursi o "sermonero", pero ando cansado del rigorismo de unos, la visceralidad de otros, el resentimiento de algunos, la mala uva de bastantes, el retorcimiento de más de uno ... y mis propios demonios personales.

11 comentarios:

Driver dijo...

Llevo tiempo buscando los brotes verdes, y sólo encuentro hierba mal cortada, revendida en un mercado de infinitos mercenarios de la intermediación.
Así pues y dado que no tengo referencias de cómo acometer la crisis de valores donde navegamos, me veo obligado a salir al campo.
Buscaré una montaña donde ascender en soledad, pegaré allí cuatro bocinazos a ver si suelto mis fantasmas, y en la soledad del entorno natural volver a encontrar un punto de remanso donde volver a empezar de nuevo.
Necesito reflexionar sobre la Leyenda de la Montaña Mágica.
Sobre la búsqueda de la verdad propia.
Tal vez, al bajar de esa montaña, se me haya pasado la incertidumbre.
Espero que sí.

susana dijo...

Cuando la ideología se interpone, los buenos sentimientos pierden la batalla. Por eso nuestra asignatura pendiente sería aprender a pensar por nosotros mismos y no dejarnos llevar por la corriente. Un beso.

Modestino dijo...

Druiver: ya quedaremos para buscar juntos.

Sí, Susana, uno se tropieza con el talibanismo, las ideas fijas, ... y los hay a uno y otro lado.

paterfamilias dijo...

Pues me parece una muy buena idea y un ejercicio muy saludable, al alcance de unos pocos (no sé si yo mismo sería capaz de hacerlo)

Modestino dijo...

Yo también dudo de mí mismo, que conste.

Anónimo dijo...

¡Cambia de gafas! ponte las de ver más allá de tu entorno.
Seguro que reconoces la solidaridad en todos los voluntarios que trabajan en comedores sociales, ONGs etc.; trabajo abnegado en hospitales,agradecimiento en la gente sencilla, sobretodo personas mayores cuando les ayudas a solucionar un problema, ilusión en los jóvenes y ¿tú no eres un amigo sincero?
Ya ves que si hay brotes verdes.

Modestino dijo...

Recuerdo que en Tarragona descubrí bastantes de esos que cuentas, algunos gente que ni de lejos sospechaba que realizaran esas actividades "fuera de horario", pero tal vez donde vivo ahora me ha faltado esa perspectiva, aunque siempre hay tiempo.
No obstante, no dudo que esos brotes existen, sin duda ... y cuando vas cumpliendo años debes rebelarte ante los brotes de egoismo que te entran, me parece,

veronicia dijo...

Los otros y yo… a la condición humana hay más que me une que que me separa. Es mi percepción de los otros lo que me aleja sin motivo. Pero ni siquiera los veo a ellos, me veo a mi; de lo mejor y lo peor de cada uno yo también tengo un poco.
No se si fue voluntariamente o no pero si me acerco a alguien trato de ver lo mejor, y de dar mi mejor yo. Es verdad que a veces salgo escaldada, pero no dejo de acercarme a los demás pensando “no seas hipócrita que tienes más en común de lo que estas dispuesta a reconocer”

Modestino dijo...

Yo es que noto, Veronicia, que de unos tiempos a esta parte he perdido algo de eso, y no me gusta.

itineribus contendit dijo...

Modestino, no es que pidas mucho, lo que pasa es que lo que pides va innato tanto a la naturaleza de cada cual como a sus circunstancias. Si no se tiene esa receptividad ya es un imposible, y si se tiene hay que tener en cuenta que en ocasiones las circuanstancias nos hacen olvidar lo importante, la esencia -que decía "El Principito-. Los brotes verdes siempre están ahí, hay que saber mirar y sobre todo, sobre todo, lo que es más importante, estar en disposición de hacerlo. Y eso, eso ya depende de cada cual.

Modestino dijo...

Sí, debe ser así, pero a veces no es fácil mantenerse siempre con buena disposición. Serán esas circunstancias personales de las que hablas.