9 de febrero de 2012

Carteros de antaño

No seré yo quien diga que cualquier tiempo pasado fue mejor: no cabe duda de que en cuestión de funcionamiento del correo hemos avanzado mucho y ahora quienes trabajan en este servicio gozan de unos adelantos y unas comodidades que antes no existían; pero no por ello renuncio a enarbolar las banderas de la nostalgia y el recuerdo para evocar aquellos carteros de mi infancia, a lo largo de esos inolvidables años 60 en la que era familiar la figura del cartero, con su uniforme de color azul y la enorme bolsa de cuero marrón al hombro llena de cartas, postales y certificados pateando las calles y repartiendo su "mercancía" de piso en piso y de puerta en puerta. A uno le queda grabada la manida imagen del cartero enfrentado con el perro de turno, son recurrentes las tiras del Fred Basset en la que el célebre can del cómic preparaba cual batalla decisiva sus tácticas frente al cartero de turno, mi visión de estos funcionarios es mucho menos polémica y bastante más agradable, nunca vi a un cartero perseguido o herido por un chucho, ni a estos animales siendo maltratados o despreciados por un encargado de repartir correspondencia. Para mí un cartero es, en el fondo, un mensajero de noticias, alguien que te trae el recuerdo de un ser querido, una felicitación, un detalle de cariño, alguien que te puede facilitar un buen momento, que hasta puede formar parte del acerbo importante de tu vida.

Yo recuerdo haber vivido la instalación de los buzones en la entrada de las casas; hasta entonces el cartero llamaba a tu puerta, donde entregaba en mano la correspondencia; no dudo que tales buzones supusieron una mejora en las condiciones de trabajo de estos profesionales e incluso una mayor comodidad para los vecinos, pero ese "paseo" por la vecindad tenía un "algo" de humanidad que puede provocar añoranzas; eran tiempos en los que cada día sonaba también el timbre que tocaban el lechero y el panadero, eventos que aportaban brotes de solidaridad, conversaciones amistosas, detalles de sana cotidianiedad. Hoy en día nadie conoce la cara ni la identidad de quienes te siguen prestando un servicio útil, no llamamos a la gente por sus nombres de pila ni les identificamos cuando les encontramos en el cine o en el fútbol, ... y es que no puedo evitar acordarme de que al salir de La Romareda casi siempre coincidía con el señor que nos traía el pan a casa, que regresaba Gran Vía arriba portando un transistor tamaño familiar con el que escuchaba el carrusel deportivo.

En la zona donde vivía trabajaba un cartero llamado Ricardo; se trataba de un hombre afable, simpático hasta decir basta, que conocía a los vecinos, saludaba a los chavales que por allí funcionábamos y formaba parte del escenario urbano de la época, como el pescatero, la señora de la mercería, el dueño de los ultramarinos, el pastelero del número 5 o el matrimonio que vendía golosinas. Un día, recuerdo que era por navidades, Ricardo se murió de un infarto, es una de esas muertes repentinas e inesperadas que me produjeron mayor conmoción en esos años infantiles, y la vecindad le lloró, no se hablaba de otra cosa y el hombre quedó a partir de entonces en ese rincón que uno guarda en su interior para las personas entrañables que uno no querría nunca que desaparecieran.




10 comentarios:

Driver dijo...

El cartero siempre llama dos veces.
Cartas de un extraño.
Cartas desde Okinawa.
El cartero y Pablo Neruda.
...
Toda una evocación cinematográfica y literaria...
"Descendió por la escalerita de la entrada, entregándole el cartero la misiva que le iba a cambiar la vida..."

Modestino dijo...

"Larga carta a Francesca", genuina prosa poética de Antonio Colinas.

Pilar Lachén dijo...

Se echan de menos a los carteros que traían cartas de algún remitente distinto a los bancos, esas cartas de amor, de amistad,....

susana dijo...

Entonces había un trato más humano. Yo recuerdo al lechero que venía a casa cada día. Un beso.

Modestino dijo...

El tema de la costumbre de escribir cartas me atrae muchísimo: hemos perdido el hábito, y el mail se está cargando algo tan bonito como las cartas escritas a mano.

Modestino dijo...

Incluso había una señora que venía a vender huevos.

veronicia dijo...

El cartero de mi infancia era alto solemne y taciturno; pero un día encontró el amor por correspondencia y se casó... aquello si que fue una novedad que hizo hablar y hablar, pero más impactante y para más (muchísimas más) conversaciones dio lo que ocurrió después porque al poco tiempo de casarse lo encontraron muerto; se había suicidado con un taladro...

Me has hecho recordar con cariño a Francisco (se llamaba así) porque de pequeña estuve fuera de mi casa y no sabia las direcciones para mandar las cartas; asi que escribí con mi letra infantil el nombre el apellido y la calle y llegaron todas.

Modestino dijo...

Yo siempre pensé que Correos funcionaba muy bien en España e imagino que buena parte de culpa la tendrían los carteros tradicionales. Recuerdo que un verano escribí una carta a un amigo que pasaba las vacaciones en Urrea de Gaen (Teruel) y en lugar de ese pueblo puse Gurrea de Gállego ... y la carta llegó, casi por arte de birli-birloque.

Tremendo lo que cuentas de la muerte de Francisco.

Anónimo dijo...

Quien no se acuerda de esa preciosa cancion de Nino Bravo "Cartas Amarillas"

Modestino dijo...

Una canción muy bonita y cantada con él sentimiento y la fuerza que ponía Nino Bravo.