2 de febrero de 2016

Tiendas de cabecera


De vez en cuando se hace necesario ir de compras; a veces caemos en el capricho y compramos más de la cuenta, en otras ocasiones alguna temporada de estrechez económica e incluso algo de dejadez nos mantiene alejados del ejercicio de consumir. En todo caso, nos gusta encontrar comercios donde poder comprar con confianza, garantías de mínima calidad y buena atención ... también de compras nos gusta estar a gusto.

En mi caso, esta necesidad es más llamativa si se trata de comprar ropa. Y en esta materia no terminaba de encontrar un comercio de mi gusto en Huesca, situación que solía llevarme a Zaragoza cuando de renovar vestuario se trataba. Hace cerca de dos años descubrí un establecimiento especializado en ropa masculina, y allí encontré todo lo que deseaba: buen gusto, amabilidad y profesionalidad. Y es que en esas funciones de elegir, probarte prendas, decidir arreglos, etc, además de encontrar lo que todo comprador suele buscar -la mejor relación calidad/precio, etc, etc- también se agradece el calor humano, el sentir que cada cliente no es "uno más", el ser llamado por tu nombre, una sonrisa que te invita a volver ... casi a quedarte, una mirada que no engaña.

Allí me encuentro con dos personas con las que uno siente ser bien recibido, aspiro a ser capaz de devolver, como dice la canción de Perales, cariño con cariño y a mantener esa fidelidad que podríamos llamar comercial. Y bien me consta que no debe de ser fácil mantener el buen estilo tras muchas horas de trabajo y con los inconvenientes propios de quien está "al otro lado del mostrador".

Sirva el post de homenaje a tantos comercios en los que encuentras calor, saber hacer y afecto, ... además de buen servicio.