18 de febrero de 2016

Almas sin matices


Ayer tenía hora en el médico; de vez en cuando te toca pasar la ITV, si no revisar alguna avería más o menos inesperada. La planta segunda de la Clínica "Viamed Santiago" de Huesca andaba por la tarde de bote en bote, con esa mezcla de expresiones inquietas, miradas impacientes y conversaciones de compromiso tan propias de la situación. Frecuentemente las visitas se prolongan más de lo previsto y a las 18.40 de la tarde, cuando tenía fijada mi citación, aún quedaban pacientes delante de mí, amen de bastantes más que esperaban otras consultas.

Entre quienes ejercitaban la paciencia en ese tiempo y espacio, se encontraba un joven matrimonio con una niña pequeña; la nena tendría muy poco más de un año, era rubia, de ojos azules y una vitalidad tremenda. Se producía un llamativo contraste entre tanto adulto más o menos consciente de sus achaques y la alegría vital de Sofía -su nombre terminó apareciendo-. Y como ésta se ubicaba en el asiento contrario al mío, decidí crear una complicidad mutua, y comprobé cómo los niños son seres esencialmente agradecidos, y les basta una sonrisa o una lengua medio mostrada  par corresponder con su entusiasmo y su sonrisa ... sobre todo eso: una sonrisa que alivia, que reconforta y atenúa las penas.

Y di gracias a Dios por haber sabido sacar de mi interior el lado cariñoso, de no caer en la tentación de ver carga en los entusiasmos infantiles, por robarle a Sofía esa sonrisa que oxigena, ... que sana probablemente más que las medicinas que me recetaban poco después.

"El bebé nos mira y aunque no nos conoce, nos regala una sonrisa radiante, un don de felicidad"

Piero Ferrucci. "El poder de la bondad".

4 comentarios:

Susana M dijo...

Se nota que eres una buena persona. Un beso.

Anónimo dijo...

Ahhh... los niños. Almas generosas y agradecidas.

Es imposible no caer en la tentación de hacerse pequeño... a su lado.

Brunetti dijo...

Qué diferencia entre tu post y aquel verso de aquella vieja canción del gran Joan Manel Serrat: Niño, deja ya de joder con la pelota.....

La vitalidad y la capacidad de sorpresa de las criaturas suele anularnos a los adultos. Y supongo que así será por siempre.

Buen fin de semana,

Nélida G.A. dijo...

Eso sucede porque no has perdido al niño que llevas dentro. Eres afortunado por ello.
Todos deberíamos darle protagonismo a ese niño/a que habita en nuestro interior, que una vez fuimos y que tanta falta nos hace ahora de mayores.
Los niños son todo generosidad desinteresada.
¡¡Deberían de recetar sonrisas a pares!! Cuánto bien nos hace, sanan heridas y alivian el camino.
Precioso post, me encantó.
Un abrazo.