8 de febrero de 2016

En el trapecio


Cuando era niño se oía hablar con frecuencia en prensa y televisión de Pinito del Oro; era ésta una trapecista española -había nacido en el barrio de Guanarteme, en Las Palmas-que había triunfado a nivel mundial y era capaz de realizar en el aire todo tipo de giros y movimientos que dejaban boquiabiertos a los espectadores. Eran tiempos en los que el circo poseía una atracción y una magia que posiblemente haya perdido hoy en día, y los niños esperábamos que llegaran tiempos de fiestas para acudir a ver con ojos extasiados a domadores, equilibristas, acróbatas, payasos y demás artistas.

El gran mérito de Pinito del Oro, lo que dotaba a sus actuaciones de una emoción y una tensión especial era que trabajaba sin red. Cuentas que su marido se mantenía atento en la arena circense para tratar de atenuar con su cuerpo una posible caída. De hecho la artista sufrió a lo largo de su carrera tres graves accidentes -en Huelva, Suecia y Laredo-, alguno de los cuales estuvo a punto de costarle la vida.

EN la vida que a cada cual nos ha tocado vivir existen también momentos en los que nos sentimos como en el trapecio, ocasiones en las que miramos hacia abajo y vemos demasiado abismo. Me temo que nuestra tendencia, los impulsos del miedo, nos llevan a buscar una red, descubrir las seguridades que busca nuestro instinto, y a lo mejor no nos damos cuenta que de lo que se trata es de asumir que esa red no existe, y aprender a tomar las grandes decisiones con el riesgo de su ausencia.

4 comentarios:

Susana M dijo...

A veces cuesta creer que no hay red. Un beso.

Marta M. dijo...

Hola. efectivamente, en la vida hay que tomar decisiones y nos los jugamos todo porque no tenemos red...pero en eso consiste la vida! seguimos en contacto

tomae dijo...

...y ¿que haríamos qué haríamos sin la red de redes (w w w) ? ;)

Anónimo dijo...

Tengo otro punto de vista, los que para darle mas emocion a la vida quitan la red para sentir la adrenalina. Más riesgo, más emoción. La red solo es necesaria si te caes.
El marido era suficiente red para Pinito de Oro.