22 de agosto de 2014

El primer drama taurino del que fui consciente

Aunque entre brumas recuerdo la noticia, y hasta la foto publicada en la revista "El Ruedo", relativa a la cornada mortal sufrida en la plaza de Las Ventas en agosto de 1964 por el banderillero de raza gitana Manuel Leyton "El Coli", perteneciente a la cuadrilla del entonces novillero José González "Copano", no tengo un recuerdo nítido y extenso de una muerte en el ruedo hasta la del canario José Mata, cogido por el toro "Cascabel" el 25 de julio de 1971 en la plaza de la localidad manchega de Villanueva de los Infantes, donde recibió una cornada que le partió la femoral y le llevó a la muerte dos días después en el Sanatorio de Toreros de Madrid. A mis 12 años ya llevaba tiempo siguiendo el escalafón taurino, nómina de la que no solamente me llamaban la atención las grandes figuras del momento -"El Viti", Paco Camino, Diego Puerta, "El Cordobés", Jaime Ostos, ...´- sino también aquellos matadores que solamente se vestías de luces un número de corridas que se podía contar con los dedos de una mano: de éstos recuerdo los nombres de Curro Montenegro, Manuel García "Palmeño", Antonio de Jesús, Vicente Blau "El Tino", Vicente Perucha, Manolo Carra,  Víctor Quesada, José María Membrives, Pepe Osuna y unos cuantos más. Eran nombre que representaban el aspecto más cruel de una fiesta que por entonces vivía momentos de esplendor, pero en la que también existían los modestos, toreros que se tenían que partir la cara delante de aquellos toros que no quería nadie, normalmente en plazas de tercera y cuarta categoría. Entre éstos matadores se encontraba José Mata, un matador nacido en una tierra que ha dado muy pocos hombres para el toreo como son las Islas Canarias.

José Mata era un torero más bien bajito, pero bien preparado y poderoso. Había tomado la alternativa en 1965 uno de esos calurosos y turísticos veranos de Benidorm, siendo su padrino Manuel Benítez "El Cordobés", con quien había rodado una película -"Chantaje a un torero" (1963)- años antes, y con Manuel Herrero de testigo. La historia de Mata como matador de toros está marcada por las corridas duras y los toros difíciles, en la  lucha por rebañar contratos y quedar a la espera de suplencias y segundas oportunidades; eso sí, en Madrid gozó siempre de buen cartel y tuvo algún que otra actuación exitosa. El año de su trágica muerte el torero canario estaba resurgiendo del ostracismo y podía cerrar la temporada con un buen número de festejos toreados. El destino quiso que estas buenas perspectivas se truncaran abrupta y dramáticamente.

Curiosamente, José Mata no estaba contratado para intervenir en ese triste festejo, una corrida que suponía la inauguración de la Plaza de toros de Villanueva de los Infantes; la terna inicial era plenamente andaluza: el sevillano Juan Calero, el malagueño Paco Ceballos y Antonio Millán "Carnicerito de Úbeda", pero otros compromisos de Calero dieron a José Mata la oportunidad de sumar una nueva actuación, una circunstancia que terminó siendo dramática. Mata había realizado una magnífica faena al primer toro de la tarde, y a la hora de la suerte suprema certificó una enorme estocada, con la mala suerte de que a la vez que clavaba su espada en el lomo del toro "Cascabel", éste le corneaba por el muslo provocándole una herida terrible que terminaría costándole también a él la vida. El torero fue premiado con dos orejas y un rabo que nunca llegó a disfrutar.

La tragedia de José Mata sacó entonces a la luz el problema de las enfermerías de las plazas pequeñas; generalmente, era el caso de la de Villanueva, sus instalaciones no ofrecían garantía alguna para sacar adelante las cogidas más graves. Por esta razón a José Mata le pusieron un torniquete y lo metieron en una ambulancia rumbo a Madrid, en aquellos tiempos de carreteras malas y vehículos de segunda fila. A base de voluntarismo la ambulancia llegó a la capital, donde pudieron operar al torero, pero se perdieron cuatro horas preciosas, un tiempo que de haberse ahorrado el diestro hubiera salvado probablemente la vida. Trece años después, no obstante, floreció la misma polémica tras la cogida y muerte de Francisco Rivera "Paquirri" en Pozoblanco.

Hasta entonces, la muerte de un torero a consecuencia de una cogida era para mí mera historia, había oído hablar de "Joselito", Manuel Granero, Ignacio Sánchez Mejías, "Manolete", pero a partir de ese día uní a mis experiencias la conciencia de estas tragedias humanas.


6 comentarios:

Brunetti supalntado por tomae dijo...

Joder Modestino! Esto de los nombres del toreo entre El Coli,Copano, ¡Cascabel! Palmeños y Vitis o Tinos; uno no sabe quien es el Toro, el Torero el Gitano o el Payo.

Buen finde a todos y que disfrutad de la Costa Dorada, sus playas y discotecas.


Modestino dijo...

Eran otros tiempos; ahora hay menos apodos y mas tatuajes ;)

interbar dijo...

Recuerdo la muerte de un subalterno, al apuntillar, en San Sebastián, creo que mis padres habían ido a la corrida.

Brunetti, el auténtico dijo...

Menos mal que no nos gusta mucho la playa, porque el fin de semana viene cubierto de amenazantes nubarrones. Y de las discotecas, mejor no hablar: tenemos muy agudizado el sentido del ridículo.

Pese a todo, estamos disfrutando de las bondades de la Costa Dorada, maños e ilerdenses inclusive.

Aclaraciones dijo...

Mi supuesta "ilerdidad" es conyugal o de parentesco. En en términos fiscales, mi renta y resto de tributos se liquidan en la Terra-ferma. Sobre el censo electoral y derecho a decidir no me pronuncio. Pero con rotundidad afirmo y me gustaría recalcar que mis orígenes son Tarraconenes, por nacimiento, cuna, playas y discotecas varias, empezando por la mítica Studio 81 sita en aquella dorada época junto a la más Romana de las Calas de esa costa dorada...

Modestino dijo...

Tarraco y entorno nunca fallan.