9 de octubre de 2013

El placer de leer



A través de la lectura uno aprende, se forma profesional y humanamente, adquiere cultura, se vuelve más espiritual y hasta mejora su forma de hablar y escribir; por eso leer es una costumbre sana y recomendable y resulta bien triste que el "Programa Internacional para la Evaluación de la Competencia de los Adultos" (PIACC) haya informado que España es el penúltimo de una lista de 23 países en, sólo por delante de Italia, en comprensión lectora. Algo hemos hecho mal para que ocurran estas cosas, porque el tema viene de lejos, mucho antes de que estallara la crisis que nos asola y parece que estamos más puestos en información deportiva, degustación de tapas y tele basura que en la lectura de libros.

Pero la lectura, al menos para mí, no es exclusivamente una fuente de formación y conocimientos. Evidentemente para andar preparado profesionalmente, ser ducho en historia, artes o ciencias o profundizar en temas relevantes es preciso seleccionar unos buenos textos y dedicar tiempo y esfuerzo a asimilarlos, pero leer libros ofrece además facetas distintas y menos utilitaristas: la simple posibilidad de disfrutar con lo que se lee. En ocasiones uno se tropieza con individuos que rechazan cualquier lectura que no reporte supuestos beneficios a la persona, aún recuerdo cierto sujeto que despreciaba cualquier novela con la que se topara bajo la acusación de lo que el llamaba "literatura efímera", o quien ponía la etiqueta de pérdida de tiempo a la costumbre de leer libros que, según sus entendederas, eran "intrascendentes". Ya no es sólo lo subjetivo que puede ser delimitar hasta donde llega la trascendencia de un libro, sino lo absurdo y, sobre todo, agotador que puede ser pretender rizar el rizo de la perfección hasta en el tiempo que uno encuentra para leer.

El hombre necesita descansar, dedicar algún tiempo a relajarse con actividades que le resten estress y preocupaciones; y muchos encontramos ese modo de sano y productivo relax sentándonos en un cómodo sillón -si es orejero, mejor- y, desplegando un libro que nos produzca deleite, sentirnos transportados a un séptimo cielo de placer, paz y tranquilidad. Evidentemente, cuanto mejor esté escrito, cuanto más nos enriquezca, ese placer de leer será más sólido y satisfactorio. Pero pienso que es bueno no poner puertas al campo, no pretender que la lectura de una novela, ensayo o poesía nos tenga que aportar necesariamente algo más que el simple placer de la lectura.

Recuerdo que mi etapa de opositor descansaba leyendo novelas de Agatha Christie, las clásicas que publicaba la editorial Molino, que tuve años después una época en la que vibraba con Pérez Reverté y que con los años me ha dado por la novela negra y policíaca, de la misma manera que hay quien disfruta con Shakespeare, quien es feliz desempolvando viejos novelones de autores que nunca morirán como Stendhal, Dickens, Dumas, Balzac o Galdós e incluso quien, como un vallisoletano que conocí hace unos años, no es capaz de coger otra cosa que Henry James. Y puestos a desvelar secretos, nuestro amigo Brunetti es feliz con ciertos autores americanos, muy especialmente el gran Auster, y con muchos franceses, y si la novela no pasa de las 150 páginas, mejor, mientras que a Tommy es un auténtico "polilector", pues gracias a él he descubierto las bondades de gente tan distinta como Donald Westlake, Jardiel Poncela o Julian Barnes, sin olvidar también a Auster, escritor que une los gustos de unos cuantos.

Y es que el placer de leer no se reduce al momento cumbre de poner cómodamente manos a la obra en un sillón, sino que la búsqueda de novedades, el hallazgo de libros de otros tiempos, la consulta de catálogos y suplementos, el cotilleo por las librerías -de "viejo" y de "nuevo"- o el mariposeo literario por internet también andan incluidos en el disfrute, incluso la contemplación de los lomos en los anaqueles, esa impaciencia por terminar el que estás leyendo para comenzar otro, el "puntazo" de comentar un nuevo descubrimiento literario a otro psicópata como tu. Hay que vivirlo para entenderlo.
 
 
 

14 comentarios:

sunsi dijo...

A veces pasas una época de sequedad; es difícil expresarlo. Fui correctora durante un tiempo -hace años-, tuve que sintetizar con "ideas básicas" o síntesis muchos libracos... Aburrí la lectura. Yo, que estudié Filología por lo que se sobreentiende, no podía coger un libro. Articulillos y para de contar. Este verano me he reconciliado con la lectura. Estoy empezando con historias bien narradas pero sencillas... ahora mismo "Entre costuras"( ya era hora...). Y la poesía que nunca he dejado.

Merecías que esta tontería que cuento y que para mí es el gran re- descubrimiento lo contara en tu casa.

Un saludo y gracias, Modestino.

Tommy dijo...

Qué buena idea, amigo Brunetti, esa de las 150 páginas. A mí me pasa cada vez más con las pelis; cuanto más breves mejor, aunque sean buenas. Ejemplo reciente: "Gravity". No os la perdáis, aunque sólo sea para comentar cómo ha quedado la Bullock después de aplicarse el botox.

Brunetti dijo...

Ja, ja. Quizá la mención a que solo me gustan los libros de menos 150 páginas sea excesiva, pero no te falta razón en el fondo.

Me alegra que también el gran Tommy esté esencialmente de acuerdo con esa idea.

Además, has de saber que no somos los únicos que tenemos esa "manía", Tommy: el otro día, mientras disfrutaba con la última novela de David Foenkinos (autor francés, por supuesto), leí lo siguiente: "Cuando uno es feliz lee novelas cortas; es señal de fragilidad querer sepultarse bajo cientos de páginas". Lógicamente, eso reafirmó más aún si cabe mi natural fijación en contra de las novelas de más de 500 páginas (salvo excepciones, por supuesto).

Pero hablando de lectores, de libros, de librerías, de fetiches, de fobias y de supersticiones lectoras, no puedo dejar de recomendaros un librito de apenas 80 páginas (por supuesto, un libro corto) de Jesús Marchamalo titulado "Tocar los libros". Es una delicia, aparte de que la mayoría de los lectores os sentiréis tremendamente identificados.

Salud y buenos (y a ser posible cortos) libros, amigos,

Modestino dijo...

Sunsi, de la línea de "Entre costuras" es "Palmeras en la nieve", libro que no he leído pero del que ayer me hablaron muy bien.

Modestino dijo...

Tommy, el botox destroza bellezas naturales y fomenta la caída de ídolos.

Modestino dijo...

La verdad Brunetti es que iba a poner 200 páginas y me dio por exagerar ...

Hereje dijo...

No podría concebir mi vida sin libros. Llevo conmigo libros a cualquier parte pues esperar en algún sitio sin tener algo a mano que leer me exaspera lo indecible. Leo de todo, no me impongo cortapisas de géneros o tamaño o época. Me gusta simultanear lecturas de distinto género aunque hay temporadas que me inclino más por uno u otro (ahora mismo estoy leyendo muchísimo cuento corto). La lectura estoy totalmente convencido que no sólo aporta conocimiento y placer para el ocio, nos hace más tolerantes, más empáticos con los demás y para mí una cosa muy importante, nos hace críticos, nos abre los ojos y evita que seamos manipulados fácilmente. Un país como el nuestro, con el índice de lectura que tenemos y el bajo interés por la cultura en general, crea una masa humana muy maleable, perfecta para esta generación de políticos demagogos que padecemos. Si sólo uno de cada tres adultos españoles es capaz de entender un texto de cierta longitud , según el informe al que aludes, ¿nos extraña después que la gente vote a políticos de tan escasa talla intelectual y carisma como los que tenemos ahora en la mayoría del espectro político, que muchas veces no son capaces ni de hilar un discurso medianamente coherente e inteligible? Y luego nos quejamos de que nos engañan. Y no busquemos excusas baratas, ni es cuestión de falta de tiempo (según estudios, los españoles están a la cola en Europa en lectura durante las vacaciones o simplemente comparar con el tiempo medio que se dedica a la tv ), ni es por el precio de los libros (soy usuario habitual de varias bibliotecas públicas y en ninguna he visto muchedumbres asaltando los estantes como se ven a las puertas de estadios de fútbol, conciertos de artistas pop o corridas de toros y eso que no cobran por sacar libros en préstamo; si lo hicieran (estuvieron tentados) no quedaría nadie). Simplemente al español no le gusta leer. Seguro que el sistema educativo tiene algo que ver, pero desde los gobiernos tampoco se va a intentar remediar el problema puesto que en el fondo a los gobernantes no les interesa que la gente lea demasiado, al contrario, que vean la tele-basura cuanto más mejor.

Unas recomendaciones a vuelapluma :

-Cuentos completos, de Julio Ribeyro
-Fouché, de Stefan Zweig
-Koba , el temible, de Martin Amis
-Viajes con Herodoto de Kapuscinski
-El esnobismo de las golondrinas, de Mauricio Wiesenthal
-El terror, de Dan Simmons

Y coincido en que el cotilleo sobre libros es otra faceta deliciosa de la lectura al igual que del buen cine..la clave es hallar con quien compartirlo, cosa no muy fácil visto el panorama...


Saludos y felices lecturas

Modestino dijo...

Gran, larga y magnifica aportación. De los libros que citas doy fe de la excelencia de "Fouche" y "Viajes con Herodoto", del resto tomo nota.

Anónimo dijo...

Según Mark Twain hay tres cases de mentiras: las mentiras, las malditas mentiras, y las estadísticas.

Seguiré disfrutando de libros y películas sin complejos por pertenecer a un pais en la cola de las estadísticas.

Modestino dijo...

Un personaje interesante Mark Twain.

sunsi dijo...

Muchas gracias, Modestino. Tomo nota.

Brunetti dijo...

Mark Twain fue aquel que dijo (o escribió) aquello de " No me gusta recibir halagos ni piropos porque siempre se quedan cortos".

Quiero creer que lo dijo en broma.

Carmen J. dijo...

Es exactamente así. Qué bueno.

Modestino dijo...

carmen la idea de hacer este post surgió tras leer tu entrada sobre el último libro de Pennac.