17 de abril de 2016

Lágrimas en el AVE


El pasado viernes viajé a Madrid e hice uno de esos viajes de ida y vuelta en el día que uno se puede permitir desde que existe ese magnífico "invento" llamado AVE. El tren salió puntualmente de Huesca a las 8.15 y, como suele ocurrir, en la Estación Delicias los pasajeros se multiplicaron por tres o cuatro, aunque en esta ocasión al salir de la fría estación zaragozana seguían quedando unos cuantos asientos libres.

Poco detrás de donde estaba yo sentado, se ubicó una joven pasajera -no debía de tener más de 22 o 23 años- y al poco de hacerlo comencé a escuchar unos llamativos gimoteos. La cosa fue yendo a más, e incluso llegó a haber una conversación telefónica entre "hipidos" que sonaba a auténtico drama.

En la soledad de mi asiento individual sentí pena; un dolor que me movía a identificarme con una persona de quien lo ignoraba todo y que lloraba desconsolada por una razón que tampoco conocía. Y junto con la empatia hacia quien sufría,  ¡qué se yo si justificada y proporcionadamente! , sentí la impotencia de quien no puede hacer nada, porque seguramente no seria ni oportuno, ni prudente ... ni util ...  En Madrid la joven se bajó y se esfumó en la gran ciudad con su pena a cuestas.

6 comentarios:

gloria dijo...

A mi estas situaciones , me entristecen mucho, pero no soy prudente , porque me agobian y normalmente me implico, y no siempre sale bien. Muy bonito el sentimiento q transmites

Susana M dijo...

Penas de amores seguramente. Un beso.

Modestino dijo...

Por un lado, me parece que la gente prefiere que no nos inmiscuyamos en su vida ... aunque bien es cierto que la joven del AVE lloraba extentoreamente ... por otro, me fastidia la deshumanización que se ve a veces: como si nos importaran un comino los problemas y tristezas ajenas.

Yo recuerdo que hace un tiempo -no mucho- encontré en Zaragoza una mocita sentada en un portal y llorando a lágrima viva ... no pude evitar acariciarle un poquito los pelos y decirle tres palabras de ánimo ... me miró sorprendida, pero creo que no se molestó.

Modestino dijo...

Debe de ser que tengo imán. Ayer me fui a primera hora de la mañana a Zaragoza y mientras esperaba el tren llegó a la estación otra chica llorando a lágrima viva ...

Nélida G.A. dijo...

Es bonito el sentimiento que transmites.
El de no ser indiferente al dolor y sufrimiento ajeno, aunque sea por ese corto espacio de tiempo en un tren y de alguien totalmente desconocida.
Hace poco escribí algo muy similar a esto que nos compartes.
Gracias por hacerlo.
Un abrazo.
P.D: Me gusta tu blog, al que he llegado por casualidad, con tu permiso pasaré por aquí más veces.

Modestino dijo...

Gracias Nélida, estás en tu casa y puedes venir siempre que quieras¡¡¡