21 de junio de 2012

¡Dios salve al solsticio de verano!



La palabra la escuché muchas veces, pero hasta ahora no me había parado a profundizar sobre el hecho; y es que al parecer esta noche es la del solsticio de verano, algo que no tiene porque ser "moco de pavo". Dice la "wikipedia" que en este solsticio la longitud del día y la altitud del sol al mediodía son máximas respecto a cualquier otro día del año. Efectivamente, en el Hemisferio Norte es llamado “Solsticio de Verano” y es el día más largo del año, marcando paso de la primavera al verano.

Estos días finales de junio me devuelven a la infancia, cuando volvias a comprobar que el curso había pasado con la velocidad del rayo y te enfrentabas a los últimos días de colegio con la ilusión de un verano que sonaba a época mágica, todo ello con independencia de la mayor o menor incertidumbre de las notas finales y si las vacaciones se presentaban con algún aliciente en forma de viaje a la playa. Por aquellos años nos conformábamos con bastante poco, y la perspectiva de no tener obligaciones escolares bastaba para desplegar la imaginación y alimentar las ilusiones. ¡Que lejos quedaba septiembre ese día que te despedías de tus compañeros de clase como si partieras lejos y por mucho tiempo!, y es que cuando eramos unos "locos bajitos" dos meses y pico eran toda una vida.

La palabra solsticio puede sonar a cursi, en exceso culta y hasta rimbombante, y lo cierto es que a mí me basta con hablar de verano, un tiempo que puedes convertir en más relajado y muy especialmente aquél en el que disfrutas las vacaciones; porque este año las añoro y necesito de manera especial. No se si es el tiempo, los calores, las noticias preocupantes de la prensa o la edad que vas alcanzando, pero ando estresado y suspiro por unos días de descanso en los que pensar poco y complacer los pequeños y lícitos caprichos que te pide el cuerpo. A la hora de la verdad las cosas vendrán como Dios quiera, pero este año no me sirven filosofías complicadas, ideas de aventura ni excusas retorcidas, y si hay solsticio que la palabreja anuncie relax, paz interior y renovación completa. ¡Que el solsticio nos sea favorable!.


13 comentarios:

paterfamilias dijo...

Me ha hecho gracia eso de recordar los tiempos de nuestra infancia. ¡Qué cierto lo que dices!, esos veranos tan largos y con qué poco nos conformábamos.

Modestino dijo...

Tierno ejercicio rememorar la infancia.

susana dijo...

Yo a estas alturas me conformo con que mi marido tenga vacaciones. Los veranos de la infancia se me hacían largos. Un beso.

Sunsi Estil-les dijo...

Ayer a las 22:00 h. todavía podías ver el horizonte sin necesidad de luz artificial... Y pensé justo lo que acabas de explicar.

Madre mía la necesidad de ralentizar el ritmo y las neuronas... A ver si lo conseguimos, Modestino.

Modestino dijo...

Pues no te extrañe que cada vez nos den menos días.

Modestino dijo...

A veces es imposible, amiga Sunsi.

veronicia dijo...

Esto nos lo cuenta mi madre;
Esas largas tardes de verano con niños armando jaleo la agotaban... así que cuando se hartaba de nosotros y de que no anocheciera bajaba todas las persianas de la casa, daba la luz y nos ponía la cena en el plato para mandarnos a dormir; por lo visto el truco le funcionaba :))))

Driver dijo...

Una de las tradiciones que se van perdiendo es la de la fiesta de San Juan.
Afortunadamente en la costa mediterránea pervive, más por necesidad de renacer cada año, que por tradición oficial.
La fiesta consiste simplemente en quemar la noche de San Juan los muebles viejos y observar el fuego en la playa, en las calles o en los solares.
Su sentido es el de olvidarse de aquellas cosas viejas que te sobran, y aligerar el equipaje.
Sus benéficas consecuencias se notan enseguida, pues es una especie de reseteo íntimo y mundano, con bajo costo e iluminado por una espectacular hoguera, donde las vanidades mundanas acaban consumidas por un fuego purificador.
...
Carecemos de la capacidad de volar, pero si la tuviéramos y trazáramos esa noche una trayectoria alrededor de la cuenca mediterránea, el espectáculo sería grandioso.

Miles de puntitos rojos que determinan la ubicación de las hogueras, donde hombres de toda condición, de diferentes razas, de contrapuestas culturas y de variopintas escalas sociales, se unen en una tradición que llevamos en los genes.

Si estos días ves una hoguera, no lo dudes.
Acércate, quema algo y sáltala con brío y ardor guerrero.

Vas a sentirte bien.

Brunetti dijo...

Supongo que nos sucede a todos: que hay palabras que nos gustan y otras que no.

Solsticio es una palabra que siempre me ha encantado; tanto como el comentario que me precede del gran Driver: has estado especialmente iluminado (seguramente, por alguna hoguera que presagia La Nit de Sant Joan).

Salud!

Modestino dijo...

Solsticio ... vete a saber qué te inspira ;)

Anónimo dijo...

Driver ahora que hablas de quemar muebles viejos en la hoguera; mi exsuegro tenía una caseta delante de la playa de la Patacona (Valencia) un año saco el mueble del salón para que la hoguera prendiera más fuerte.

añoraré saltar la ola y cenar sardinas

Driver dijo...

Mi padre, cuando yo era adolescente, compró un nuevo dormitorio de matrimonio.
La cama vieja, la que tenían desde que se casaron y donde nació mi hermana mayor, fue meticulosamente desmontada y transportada a un campo.
Allí mi padre le prendió fuego.
Y estuvimos viendo cómo ardía.
...
Cuando solo quedaban algunos rescoldos carbonizados, le pregunté a mi padre que porqué lo había hecho.
Y me dijo:
"Algunas cosas que consideras sagradas, deben tener un final digno".
...
Fue la primera y última vez que vi brillar sus ojos, junto al reflejo de las ascuas rojizas.
Y ya no le dije nada en toda la tarde.

Aunque eso sí, no me separé de él.

dolega dijo...

Ayer siempre es un día especial.
El ejercicio de memoria ha sido precioso. ¡Que tiempos!
Saludos