22 de febrero de 2010

Charles Dickens



Creo que puedo afirmar que soy "dickensiano", los libros de Charles Dickens me han cautivado desde pequeño y pienso que se puede sacar mucho y bueno de la literatura que realizó en autor londinense. El otro día leía no se donde ni a quien, una crítica a Dickens por su tendencia al "Happy End", como queriendo decir que faltaba realismo a sus historias, como si lo suyo fuera resignación ante las injusticias evidentes que solían reflejar, ... no estoy de acuerdo, Dickens cuenta con toda crudeza los dramas sociales de la época, pero añade ese punto de esperanza que pienso hay que agradecerle.

La propia historia personal del escritor nacido en Portsmouth en 1812 nos ayuda a entender su obra; el padre de Dickens fue encarcelado por no pagar sus deudas y tuvo que ponerse a trabajar siendo un niño en una fábrica de calzado. Charles Dickens fue un autodidacta, comenzó a trabajar de pasante de un abogado, pero su vocación periodística y literaria le llevó primero a hacer crónicas de tribunales, posteriormente a ejercer de reportero parlamentario y finalmente a escribir artículos sobre la vida cotidiana de Londres, algo que se refleja luego en muchas de sus novelas.

Una de las razones por las que disfruto con Dickens radica en la magnífica ambientación de sus novelas; del Londres victoriano, sus calles, sus habitantes, sus costumbres y sus instituciones son descritas magistralmente. Ese Londres que se caracterizó por un enorme crecimiento demográfico, por al auge de la revolución industrial que llevó tanto progreso como pobreza y desigualdades, en el que confluyen personajes curiosos y dispares y donde cohabitan historias familiares de todos los colores. Libros como "Oliver Twist" o "Casa desolada" son relatos próximos a lo que hoy llamaríamos novela histórica.

En segundo lugar los libros el gran escritor británico tienen una enorme y acertadísima carga de crítica social; queda dicho que la revolución industrial fue como una bomba que explotó en las manos de los políticos de la época y la prosperidad victoriana fue acompañada de las graves consecuencias de la huida de las gentes de las aldeas a la ciudad, donde muchas veces fracasaban en su intento de ir a mejor y caían en el arroyo. Eran tiempos en las que el crecimiento industrial no iba acompañado de la garantía de unos derechos, los de los trabajadores, que eran simplemente un verbo que no se conjugaba: la palabra sindicatos no existía y en el ambiente social de la época imperaba la hipocresía y la doble moral. Esto es lo que más ácida y enconadamente criticaba Dickens.

Dickens fue un gran creador de personajes; los tipos descritos puede que sean de los mejores de la literatura universal; son personajes absolutamente geniales, de un realismo notable, de carne y hueso. Se trata de personajes que uno recuerda siempre, que se graban en la memoria y resulta enormemente fácil ponerles cara y ojos porque Dickens nos los describe con certera finura. Son francamente inolvidables tipos como el Ebenezer Scrooge del "Cuento de Navidad", el Uriah Heep de "David Copperfield", el Fagin de "Oliver Twist" o el Provis de "Grandes Esperanzas". A diferencia de otros autores, los personajes de Dickens no son de cartón piedra, tienen vida propia, te meten en el libro y vives con ellos lo que allí se relata.

Si tuviera que elegir entre el elenco de grandes obras del autor, creo que me quedaría con David Copperfield; se trata de una novela emblemática, con un contenido claramente autobiográfico y que pienso se encuentra entre las mejores obras en lengua inglesa de la literatura contemporánea. "David Copperfield" no se limita a narrar la dura historia del protagonista, que es la de quien la escribe, sino que nos adentra en la realidad histórica de la época y utiliza esa crítica social de la que hablaba, la cual posiblemente sea en este libro, junto a "Oliver Twist", donde está más acentuada; en esta ocasión Dickens pone el dedo en la llaga al poner de manifiesto el escándalo de los menores trabajando en las fábricas londinenses. La galería de personajes del libro es de las más ricas que nos muestra su autor, lo que ya es decir, desde un David Copperield ingenuo y luchador hasta su amada y portectora Agnes Wickfield, sin olvidar a su fiel aya Peggotty, el hermano de ésta, su sobrina Emily o su amigo de colegio el caprichoso y frívolo James Steerforth, sin olvidar a su excéntrica Tía Betsy que tras acudir a colaborar en el nacimiento de David, huye indignada de la casa al saber que su cuñada ha tenido un niño y no una niña como era su voluntad, el Sr. Wilkins Micawber, permanentemente endeudado o el repelente Uriah Heep, avaro e intrigante.

"Oliver Twist" no le anda a la zaga al anterior; en este libro disfruté especialmente con la fina ironía con que Dickens relataba la cruda historia de Twist. En el libro la crítica social es demoledora: la situación de los hospicios británicos, la hipocresía social y personal de tantos, el descuido de los menores, su utilización inmoral y la corrupción de las instituciones de beneficencia son buena parte del contenido de aquélla. En "Oliver Twist" se nos describe un Londres lleno de contrastes en el que conviven la aristocracia más opulenta con los más miserables que están hacinados en barrios y calles sucias y apestosas, quienes vimos la maravillosa y oscarizada película de Carol Reed se escenifica de modo impresionante esta realidad urbana, pero si se ha leído el libro uno ya está familiarizado con la misma antes de verla. Los personajes de la novela también son inolvidables, con mención especial para el propio Oliver, Fagín, el avaro judío maestro de ladrones, Jack Dawkins, el "Gran Truhan" y el matrimonio Bumble, celadores del orfanato; también son personajes muy logrados Bill Sikes, el más aventajado y malvado de los discípulos de Fagin, Nancy, la prostituta que ofrece su vida por salvar la de Oliver, el Sr. Soweberry, un encargado de una funeraria donde éste entrará a trabajar y Noah Claypole, el vago y malcarado empleado de Soweberry.

En mi opinión "Grandes esperanzas" es la tercera gan obra de Charles Dickens; como de las anteriores, ha habido excelentes versiones cinematográficas. Fue otra obra de esas que te cuesta dejar y que te quita horas de sueño; relata una historia entrañable, la del joven Pip, un muchacho cuya vida cambiará por el favor y la discrección con que trató a un presidiario que huía de la Justicia. Aquí vuelve a aflorar la crítica dickensiana, con la puesta en evidencia de los defectos y miserias del sistema judicial y carcelario británico. La novela puede calificarse como una larga y entrañable historia, las aventuras y desventuras del joven Pip en las que hay siempre unapuerta a lo que significa el propio título del lbro: la esperanza. Hay también personajes muy bien definidos, como la malhumorada hermana de Pip, sucuñado José, la adinerada señora Havisham, sus amigas Biddy y Estela, y por supuesto, su benefactor Provis y el amigo de éste, Herbert.

"Oliver Twist" fue propiamente la primera novela de Dickens, pero su primer libro es "Los papeles póstumos del Club Pickwick", una recopilación de esos artículos sobre la vida londinense de los que antes hablaba. En torno al protagonista, Samuel Pickwick, se agrupa un club de extravagantes personajes, cuyas peripecias, narradas con gran sentido del humor, pueden interpretarse como una sátira de la filantropía. La figura más notable de la novela, después de la de Pickwick, es la de su criado Sam Weller, sin olvidar a sus tres amigos Nathaniel Winkle, Augustus Snodgrass, y Tracy Tupman. No es un libro equiparable al resto de la obra dickensiana, aunque contiene crítica social, pues se trata de una irónica crítica a la filantropía, pero aquí se ve más el humor inglés, con una frescura y un sentido del humor impagables; aquí Dickens se nos muestra como avispado observador de la naturaleza humana, habilidad que se refleja en esta novela con claridad. Hay quien opina que se trata de un libro aburrido, tesis que no comparto en absoluto.

He leído cuatro libros más de Charles Dickens: "Canción de Navidad", la hilarante y tremenda historia de Ebenezer Scrooge que se convierte en una dura crítica a la avaricia y el egoísmo y un auténtico canto al espíritu navideño: francamente bueno "Historia en dos ciudades", donde Dickens sale de su habitual crítica social y de los personajes infantiles para crear una especie de novela histórica ambientada en la revolución francesa: Al mismo tiempo la historia se desarrolla en dos países: Inglaterra y Francia, y en las ciudades de Londres y París, respectivamente en la época de los albores de la Revolución francesa. Una ciudad, Londres, simbolizaría la paz y la tranquilidad, la vida sencilla y ordenada, mientras la segunda, París, representaría la agitación, el desafío y el caos, el conflicto entre dos mundos en una época de drásticos cambio sociales. Me resultó menos entretenida "Tiempos difíciles", en las que el autor acentúa la descripción de los males que trajo consigo la revolución industrial; aquí traslada la acción de su habitual Londres a la ciudad ficticia de Coketown, en el norte de la Inglaterra victoriana. Se asegura que su descripción está basada en la ciudad de Preston. Finalmente resultó un descubrimiento "Casa Desolada", que alguien me prestó cuando desconocía su existencia; había sido publicada en su día por entregas y contiene uno de los más grandes, complejos y engarzados conjuntos o de personajes y subtramas de toda su obra; Dickens cuenta todo esto por medio de la narración de la heroína de la novela, Esther Summerson, y de un narrador omnisciente; entre sus memorables personajes destacan el abogado Tulkinhorn, el encantador pero deprimente John Jarndyce y el infantil Harold Skimpole, la trama se refiere a una larga disputa legal que tiene consecuencias de largo alcance para todos los involucrados y supone una acerada crítica del sistema judicial inglés. "La pequeña Dorrit", "Nicholas Nickleby " y "Nuestro común amigo" quedan pendientes de leer, aunque de las dos primeras recuerdo su escenificación en la vieja tele en blanco y negro en el espacio "Novela".


12 comentarios:

Marta dijo...

Con Oliver Twist descubrí en mi infancia que no todos los niños tenían mi misma suerte. Me impactó, me fascinó y me atemorizó!! Fantástico Dickens.

Modestino dijo...

Pienso que para renovar los valores una buena idea es fomentar que los niños lean a los de siempre; yo recuerdo que en mi infancia se leía bastante: Emilio Salgari, Karl May, Walter Scott, Julio Verne, Stevenson y, por supuesto, Dickens.

Mª Pilar dijo...

Estoy empezando a leer "Los papeles póstumos del Club Piwick" y me ha enganchado su fina ironía.
Hace poco descubrí las versiones que hace la BBC de estas novelas de Dickens. Con esa ambientación característica, cuidando vestuario y decorados, resulta un modo muy atractivo de introducir en este tipo de autores, que a los chicos pueden parecerles "pasaditos". La última que he visto es "Little Dorrit," en la que interviene Matthew Macfadyen como Arthur Clennam. Una auténtica delicia. Un saludo y gracias, Modestino.

Modestino dijo...

Las series de la BBC suelen ser magníficas, auténticas obras de arte. Recuerdo haber visto hace años una versión de "David Copperfield" de matrícula de honor.

En "Novela", viejo espacio de TVE, y a otro nivel por supuesto, también en los 70 se emitieron obras de Dickens, como "La pequeña Dorrit", dirigida por Pilar Miró y protagonizada por María José Alfonso, Rafael Arcos, Jesús Puente y Ana Belén, "David Copperfield", con Paco Valladares, Elisa Ramírez, Víctor Valverde y Lola Herrera y "Los Nickleby", con Juan Diego, Rafael Navarro y Silvia Tortosa, las dos últimas bajo la dirección de Juan Guerrero Zamora.

Máster en Nubes dijo...

Me encanta Dickens también. Es triste, melancólico y dan ganas de abrazar a los huérfanos y niños que salen y retrata tan bien. Qué tiempos aquellos en los que nuestra televisión hacía cosas tan buenas... con tan pocos medios. Para que se vea que a veces no es un tema de dinero, sino de cabeza. Y ahora con presupuestos millonarios... hablando de tonterías, ya te digo Modestino, qué tiempos.
Un abrazo fuerte y gracias por esta entrada sobre Dickens ... ¡qué no habrás leído tú...!

Modestino dijo...

Pues me quedan libros muy buenos que leer, que a veces soy en exceso caprichoso y no elijo bien.

En cuanto a la vieja TVE en blanco y negro, a lo mejor es que me hago viejo, pero pienso que én muchos aspectos la calidad era superior, así en los viejos "Estudio-1" recuerdo desde obras de Calderón, Lope y Shakespeare, hasta Jardiel Poncela, Casona o Miguel Mihura, mientras que en el espacio novela hemos visto, además de Dickens, obras de Dumas, Chejov, Dostoyewsky, ...

veronicia dijo...

Dikens y sus personajes me muestran un mundo demasiado triste porque han pasado mas de 150 años y la condición humana es la misma… cambian las ropas, las formas, la iconografía pero en la vida real podemos encontrarlos… la única esperanza es que sus historias terminan bien. Es lo único que le podían pedir sus lectore, un final feliz… ante una realidad que nunca lo es tanto.

Modestino dijo...

Dickens ofrece un final feliz, pero por el camino no oculta ni una miseria, ni una tragedia: la muerte de Nancy en "Oliver Twist", la miseria moral de todos los compañeros del mismo Oliver, el drama de la madre de David Copperfield, la hipocresía de la situación de Emily en este libro, ...

No obstante, en Occidente ha habido avances importantes en algunas cosas: la explotación laboral de los niños, la situación de los presos, la prisión por deudas, el trato a los menores desamparados, ...

Lo que no cambia es la naturaleza humana ...

annemarie dijo...

Dickens es completamente humano, y sus finales felices me parecen la puerta abierta para la esperanza, y en eso es tan siglo XIX! Es encantador aunque no ignore nada sobre la condición humana, como dices. (Es uno de los personajes reales del Asesinato de Road Hill). Me encanta ese ambiente del filantropismo del siglo XIX, con sus falsedades y sus buenos momentos.

annemarie dijo...

Tu musica me llega confusa desde hace una semana. Será problema de mi ordenador?

Modestino dijo...

Sí, Annemarie, algo pasa con los enlaces musicales, pero no se si el problema es mío o de goear...

Modestino dijo...

Prueba dándole dos veces, a mí me sale.