9 de febrero de 2010

¿Nos tocará algún día?



Cuando dedicas algún tiempo la más reciente historia de nuestra civilización comienzas a comprender que esa vida cómoda y ajena a cualquier drama en la que hemos vivido los de mi generación desde el mismo día en que Dios nos ayudó a abrir los ojos al mundo puede tener fecha de caducidad. Si entras en detalles de los antecedentes, el desarrollo y las consecuencias de la 1ª Guerra Mundial -la "Gran Guerra" como la llamaron entonces-, o si profundizas en toda la acción devastadora de la 2ª Guerra, en la irracional locura del nazismo, el holocausto judío, los campos de concentración, los millones de muertos o las bombas de Hiroshima y Nagasaki, empieza a comprender que no sabe de la Misa la media, que nos hemos acostumbrados al "nunca pasa nada", que vivimos aferrados a una seguridad que no es real, en una prosperidad que tiene su parte de ficticia.

Tras concluir la última guerra los conflictos armados se han ido sucediendo a lo largo de los cinco continentes: Corea, Vietnam, Camboya, Irán, Irak, Afganistán, Sudán, Biafra, Nigeria, Somalia, ... sin olvidarnos del permanente enfrentamiento árabe-israelí, de la absurda guerra de las Malvinas, de los enfrentamientos secesionistas en varias de las antiguas repúblicas soviéticas o el drama también bélico que asoló los Balcanes en la última década del siglo: Bosnia, Croacia, Kosovo, ... Y mientras tanto, los occidentales que nacimos a partir de los años 50, con nuestro país incluido, hemos desconocido todo el sufrimiento derivado del enfrentamiento civil y el uso de las armas, tanto que hasta podemos pensar que son cosas que nos parecen desgracias de película o, en cualquier caso, problemas que les ocurren a otros. De vez en cuando sentimos el drama en forma de terrorismo (11 de septiembre de 2001, 11 de marzo de 2004, ...), pero no dejan de ser sucesos ocasionales.

Y en estos rincones del planeta tampoco hemos sido víctimas de las grandes catástrofes naturales, como el Tsunami del este de Asia, los terremotos de América Central o las grandes hambrunas africanas; también son noticias que nos impresionan y nos mueven a compasión, pero mientras tanto aquí ni notamos lo que es quedarse sin nada y sin nadie, perder de un plumazo tus expectativas y estar condenado a vivir entre ruinas y lamentaciones. Es cierto que no somos indiferentes al drama ajeno, que con frecuencia nos mostramos solidarios y generosos con los que sufren el azote de la tragedia, pero no nos planteamos que un día eso nos puede pasar a nosotros.

No están tan lejos el bombardeo de Dresde, los de Londres, el drama de la resistencia francesa, Mattahusen, Auschwitz, la noche de los cristales rotos, ... y al menos yo caigo en pensar en ocasiones si alguna vez seré testigo de horrores semejantes, si nuestro occidente en progreso -crisis económica aparte- vera interrumpido su camino con episodios que traigan la desolación y, sobre todo, si estamos preparados para ello. Cada uno, por supuesto, habremos tenido nuestros obstáculos en el camino de nuestra vida, la pobreza, la violencia, la muerte, ... siempre están presentes de alguna manera en nuestra historia, pero me temo que vivimos demasiado ajenos al hilo frágil y poco equilibrado que nos sostiene.


13 comentarios:

Ana dijo...

Nada es imposible. ¿Has visto la película "La ola"?. ¿Nadie ve lo que pasa en Cataluña? Miedo me da

Modestino dijo...

No he visto "La ola", cuando tenga un rato iré a mirar de que va por la red.

No se si los nacionalismos traerán la guerra, yo sinceramente pienso que no y que el problema catalán no tiene ese peligro, aunque sí otros.

Yo más bien temo todo lo que tiene que ver con la yihad, Bin Laden ya demostró de lo que es capaz.

Mariapi dijo...

Leyendo novelas que se desarrollan en los pródromos de la II Guerra Mundial, siempre me causa inquietud esa sensación como la que describes"Nunca pasa nada", en la que vivían la mayoría de las gentes, en su vida cómoda-burguesa, encerrados en su cálido sofá.
Queda muy bien descrito en "Reencuentro" de Uhlman, incluso en los primeros capítulos de "Suite Francesa" de Nemirovsky.
Y no estoy segura de que no suceda ahora algo parecido.
Estoy con Ana. Discriminar, desunir es un veneno que gota a gota se infiltra, sin darnos cuenta, pero llega a ser mortal.

Gracias por la reflexion, Modestino.

Noemí Baneem dijo...

Dicen que la historia siempre se repite, y no aprendemos nada de las guerras anteriores... pero no es necesario vivir una guerra o un holocausto para sentir miedo, para sentir indiferencia, pánico, abandono,desigualdad, humillación, abusos de todo tipo, pérdidas irreparables, ira, odio, etc, etc. Parece que sólo los grandes hechos mundiales son los que nos conmueven... cuando a la vuelta de la esquina tienes eso y mucho más. "Vida cómoda", escribes, pero eso para los que la habéis tenido, otros no hemos tenido tanta suerte... y te aseguro que lo puedes perder todo igual. Pero está bien la reflexión, por lo menos (y es mucho) tienes valores... algo que hoy en dia no se estipula nada.

ana dijo...

Los nacionalismos son la cara visible del odio. Y han sido la causa de casi todas las guerras...

Es cierto, Modestino, vivimos en un mundo privilegiado. Eso nos ha convertido en seres prepontentes y egoístas. Llegamos a creer que por nuestra posición en el mundo, tenemos derecho a que el dinero o el estado nos lo solucione todo. Y todo, todo... no se puede solucionar. En este mundo nuestro también hay luchas, terremotos... que no se solucionan. Si entras en un hospital de repente eres absolutamente consciente de tu igualdad, de lo que te hermana ante cualquier ser humano de la tierra. Pero somos demasiado soberbios para reconocerlo, y vivimos demasiado bien. Y nos hemos puesto como meta... no mirar más allá de nuestras narices.

Un abrazo.

Que sea un estupendo martes... jajajaja... que no domingo... ainsss

Modestino dijo...

Por supuesto, Noemí; yo también conozco tragedias personales tremendas que ocurren aquí: violencia, miedo, ruina moral y/o material, soledad, ... no estoy en babia, y ahora con la crisis económica, el paro, la inmigración, ... no te digo.

Pero no me refería a eso, me refería a que en nuestra generación no tenemos experiencia de la destrucción, de salir a la calle y ver sólo ruinas, de los ataques aéreos, los refugios antiaéreos, ... la lejanía d euna realidad que está presente en otras partes del mundo.

Hemos creado un estado del bienestar y me pregunto si estamos preparados para una realidad que nunca hemos vivido globalmente, socialmente, en grupo.

En cualquier caso, feliz semana, Ana ...:)

Sunsi dijo...

No tenemos ni idea, Modestino. Ni la más remota idea. Y los de la generación siguiente... menos. Nosotros aún hemos escuchado las vivencias de nuestros padres y de nuestros abuelos. La Guerra civil... Te cuentan cómo se las apañaban para comer... a veces robando (según mi padre quien roba porque tiene hambre no es delito...)Cómo se refugiaban cuando sonaba la sirena... Pero la generación de nuestro hijos, tan acostumbrados a ver tragedias en la televisión... Sería penoso que no fueran conscientes de que este sufrimiento es real.

Pienso en lo que has mencionado: la yihad. El convencimiento de que el suelo español fue suyo durante ocho siglos.

Un saludo.

annemarie dijo...

Estoy leyendo una cosa titulada “Noche de Paz” sobre la tregua espontánea de Navidad en 1914, entre alemanes y aliados. Es tan conmovedor, y tan claro sobre la verdadera naturaleza del sufrimiento, de la guerra y de tantas cosas.

Noemí Baneem dijo...

Existen muchas realidades, pero tú (en general me refiero) sólo puedes vivir en una, la tuya. Por mucho que te cuenten y que veas u oigas de las otras, creo que nunca se está preparado para eso. Pero desgraciadamente esa es nuestra raza, somos enemigos de nosotros mismos. Y da igual en qué sociedad estés... pero sigo diciendo que es bueno ser consciente de esas otras realidades y no dejarse cegar por la sociedad en la que vives.

Modestino dijo...

Claro que es bueno ser consciente de esas otras realidades, acercarse a ellas y, si puedes, echar una mano.

Y hay gente que, frecuentemente sin que nadie se entere, dedica su tiempo a echar esa mano.

Realidades tan duras como el alcoholismo, la violencia de género, el abandono, ... son el pan nuestro de cada día.

Noemí Baneem dijo...

Está muy bien lo que escribes, modestino, de verdad. Despiertas sensibilidades y tocas temas que muchos no se atreverían, otros ni lo verían. Yo sólo cuento lo que pienso. Ni dudo, ni juzgo.
Es bonito compartir ¿verdad?
Un saludo

Modestino dijo...

Claro que es bonito compartir. Eso sí, a veces uno no sabe si ha conseguido transmitir lo que realmente quería transmitir.

Un saludo.

veronicia dijo...

Razón no te falta en esta España nuestra no nos ha tocado ninguna calamidad de las de verdad. Mi esposo vivía en una ciudad en la que murieron más de 1500 personas en un terremoto donde a los 16 años te podía movilizar el ejercito para luchar contra la guerrilla en la selva, donde puedes ir en un autobús y lo pueden parar unos guerrilleros y secuestrarte durante años… Aquí podemos dormir en paz dando por sentado que nadie dará una patada a nuestra puerta para dañarnos, sabemos que mañana comeremos nosotros y nuestras familias, sabemos que si enfermamos el médico nos atenderá… Eso solo pasa aquí, en este pequeño paraíso en el que vivimos y ni siquiera nos sentimos afortunados… si solo hubiésemos nacido a unos pocos cientos de kilómetros nuestras vidas serian muy diferentes…