11 de septiembre de 2009

Sobre la libertad


"La libertad no es simplemente un privilegio que se otorga; es un habito que ha de adquirirse."

David Lloyd George


David Lloyd George ocupó la sede de Downing Street,10 en un periodo tan difícil como el que va de 1916 a 1922, es decir, comenzó durante la Gran Guerra y tuvo una intervención decisiva en las largas reuniones de paz de París junto al presidente estadounidense Woodrow Wilson y el primer ministro francés George Clemenceau. Para la historia quedará la foto que contempla a los tres estadistas culminando unas conversaciones de paz que se prolongaron seis meses y que a la larga resultaron insuficientes para contentar a todos y, con ello, evitar una nueva guerra.

La frase recogida puede, a primera vista, parecer algo simple, casi un eufemismo, pero pienso que tras ella puede verse una verdad bien profunda; y es que en ocasiones hablamos de la libertad como algo que nos dan desde fuera, cuando somos nosotros quienes hemos de conseguirla, frecuentemente con esfuerzo y dejando algo de nuestro resuello por el camino.

Imagino que el político liberal inglés se refería a la libertad de los pueblos, la capacidad de los ciudadanos de elegir sus representantes, la posibilidad de las naciones de asumir líbremente su destino, de quitarse de encima a quien las oprime y cercena sus derechos y libertades. Pero también podemos aplicar este pensamiento a nuestra propia libertad interior.

¿En qué medida somos libres?, o dicho de otra manera, ¿somos capaces de superar los obstáculos para actuar libremente?; como no intento hacer un tratado metódico y completo sobre el tema me voy a limitar a ir sacando diversos planteamientos sin demasiado orden y concierto. Y lo primero que se me viene a la cabeza es el miedo, porque muchas veces son nuestros miedos los que limitan nuestra voluntad: miedo a elegir, miedo a decidir, miedo a quedar mal, al qué dirán, a no ser políticamente correcto, ... Y si no lo superamos, quedará a medio camino nuestra libertad para opinar lo que opinamos, para actuar como nos gustaría, para ser nosotros quienes decidamos y no lo que consigue quien o lo que nos condiciona.

Y existe otro miedo, el miedo a decepcionar, a no estar a la altura, a no das satisfacción a quien por edad, familia o deseo de emulación tenemos por superior. Y todos hemos conocido las frustraciones de quien tiene que ser, por narices, ingeniero, notario o general de brigada, de quien debe casarse con alguien de su clase o de quien tiene que llegar a senador porqué papá ya lo fue, o le hace ilusión o mamá ya le ha preparado la novia. Y este temor reverencial se puede extender a mil aspectos de la vida y, por supuesto, ir mucho más allá del ámbito familiar. Y la culpa es mutua, de quien no sabe respetar la libertad del otro y piensa que éste no es capaz de sobrevivir sin ayuda y de quien carece de la fortaleza necesaria para dejar plantado al lucero del alba.

En ocasiones somos excesivamente superficiales y pensamos que uno es libre cuando va a votar en una elecciones democráticas, o cuando se manifiesta a favor o en contra de una opción, o cuando envía una carta a la prensa opinando de lo que sabe y de lo que no sabe, ... Y efectivamente está ejerciendo libremente unos derechos, aunque vete a saber si también al hacerlo está limitado por algo o por alguien. Ejercer la libertad tiene que ir mucho más allá de actuaciones puntuales, es una actitud a mantener a diario, a ejercitar con el viento a favor y, mucho más difícil, a contracorriente.

La libertad tiene límites, los que marcan el respeto a la libertad del otro y los principios morales, pero para saber ejercitarla con estas coordenadas es muy importante que a uno, en su época de formación -en casa, en el colegio, ...- le hayan sabido explicar bien las cosas: no basta señalar un modo de vivir, de funcionar, hay que dar toda la información, mostrar sus condicionantes, ofrecer alternativas. Y hay que aprender a ejercerla, responsablemente por su puesto, pero sin miedo y asumiendo las consecuencias; a mí me pasa que las decisiones difíciles solamente me producen ansiedad cuando no me acabo de enfrentar a ellas, cuando pacto con el compromiso cómodo, cuando trampeo, una vez tomada una decisión de la que estoy convencido es mucho más fácil decir "a otra cosa, mariposa" y cargar con lo que venga.

Se nos llena demasiado la boca con la palabreja ... ; recuerdo una vieja y casi desconocida canción de la llorada Mari Trini que hablando de la libertad dice "La libertad, hermosa palabra, no la ensuciemos, no la exhibamos como una estatua ...". Porque éste es el peligro, que la libertad sea un simple monumento, y por lo tanto algo meramente decorativo, sin movimiento ni vida propia, un mero objeto que se enseña con pose infantil y orgullo injustificado.

También están los que parece que creen estar en posesión de la exclusiva de la libertad, como si fuera un legado histórico heredado, un privilegio propio, una señal distintiva; porque en todas las facetas de la vida siempre hay algún que otro aspirante a profesor frustrado que encantado de conocerse nos habla cual oráculo de Delfos como si acabáramos de salir del cascarón.




11 comentarios:

Rocío dijo...

A mí también lo primero que me estaba viniendo a la cabeza era el miedo. El miedo nos limita continuamente: el miedo al qué dirán, el miedo al qué pensarán de mí, el miedo a...

Muy interesante esta entrada, Modestino. Para releerla y reflexionar sobre ello.

Modestino dijo...

Frecuentemente aparecen los prejuicios y es cuando hay que aprender a superarlos.

Pero no es fácil reirse del mundo ... tal vez hay que empezar por reirse de uno mismo.

Rosaura dijo...

El tema que planteas ha hecho que inmediatamente me venga a la cabeza la canción Para la libertad de Serrat que pone música a los versos de Miguel Hernández, claro que esa libertad a la que, en plena guerra civil, se refería Miguel Hernández,es un mínimo cuya falta actualmente nos resulta casi inimaginable.
Me resulta interesante el tema que planteas de la falta de libertad por el que dirán, como señala también Rocío, sería fantástico poder hacer realidad el dicho popular "Ande yo caliente y ríase la gente" sin embargo yo particularmente me siento coartada constantemente por lo que puedan pensar de mí, y se que eso hace que me pierda cosas, pero no se cómo puedo hacer para pasar de lo que piensen, supongo que está relacionado con la seguridad en uno mismo, es tan difícil de conseguir...

Modestino dijo...

Habrás visto que esa canción está incluída en la parte baja del post, así que ¡Bingo!.

Efectivamente, durante la Guerra Civil no había libertad, y siguió secuestrada durante 40 años. de alguna manera yo me empiezo a plantear que ahora sigue habiendo limitaciones a esa libertad, y no porque perduren situaciones anteriores, sino porque se han impuesto planteamientos nuevos que la coartan.

Es verdad que buena parte del truco está en la seguridad en sí mismo, pero también en lo convencidos que estamos de lo que hacemos.

Rosaura dijo...

No sabía lo de la canción, perdona pero casi nunca miro al final y debería hacerlo, me debo estar perdiendo un montón de cosas, ahora mismo la voy a poner, se me ponen los pelos de punta al oirla, gracias Modestino, es un hoyo en uno.
Tu consejo final me ha gustado mucho, hay que creer en lo que hacemos. Gracias.

Anónimo dijo...

Modestino, ¿eres libre cuando opinas en este blog? o estas mediartizado porque no sabes quien te lee.

Modestino dijo...

La pregunta tiene aristas eh?. Al principio entras con prudencia, luego te lanzas,...pero conforme compruebas que vas perdiendo el anonimato no te niego alguna reserva mental.
Ahora bien, mí prudencia se refiere fundamentalmente a no incidir en exceso -uno no puede evitar que se le vea el plumero- en opiniones políticas.

annemarie dijo...

Es un debate con gracia, ese de las ventajas de un blog totalmente anonimo. Lo he visto a veces, a propósito de gente que decide cerrar sus blogs y abrir otros, donde no se les conozca: ni amigos, ni familia, ni compañeros de trabajo. En general todos tienen miedo a perder el público, y muchos bromean sobre eso, diciendo que ese es precisamente uno de sus objectivos principales. :))

Pero es interesante, el equilibrio entre el deseo de decir lo que verdaderamente se piensa (porque esa es la razón de ser de un blog, y sin eso probablememte no tenga interés ni lectores) y el peligro de no tener lectores porque nadie nos conoce: confiar en que nuestras ideas sean por si mismas suficientemente atractivas como para crear un publico que no sepa vivir sin nosotros. :))

Modestino dijo...

Para mí el blog es fundamentalmente una terapia, una forma de compartir cosas, ideas, recuerdos. No pretendo convencer a nadie de nada ni crear opinión.
Por otra parte he asumido que con el paso del tiempo vas perdiendo el anonimato. Es posible que ésto influya en que midas más tus palabras.

Sunsi dijo...

Me ha pasado lo mismo que a Rosaura. "Para la libertad" de Serrat. La canción tiene un enfoque que me gusta. La libertad hay que "lucharla". Aunque en la canción la lucha es de dentro hacia fuera.

Yo no la puedo separar de la capacidad de razonar y de la voluntad del hombre. Es un pulso contigo mismo y tener claro lo que quieres... y quererlo. Reconozco que en el momento en el que lo encuentras y actúas en conciencia, con plena libertad...no gustas a todos. Pero ése también es el precio de sentirse y ser libre.

Una buena entrada...Gracias, Modestino

Máster en Nubes dijo...

buen post, Modestino, da que pensar, muchas gracias por ello.

Para mi la libertad tiene siempre un precio, un coste, supone un esfuerzo continuo, no viene dada jamás, te la ganas día a día.

Y eso es lo que hoy quizás no se dice o se dice poco: que ser libre cuesta, porque se tiene miedo, porque hay que vencer ese miedo o vivir con él. Y creo que a veces se prefiere ser esclavo de muchas maneras ... pero con "tranquilidad" o comodidad de lo seguro, de muchas cosas. La libertad inspira miedo, digo la de verdad, no la de hacer lo que te pete que es otra cosa...

Un abrazo, jurisconsulto.