3 de diciembre de 2015

De fraudes, cejas y galas


"El fraude del ‘taquillazo’ simulaba pases y se inventaba espectadores"

Desde hace una semana la prensa se viene haciendo eco de un fraude de notables dimensiones que afecta al cine español. Al parecer, exhibidores, distribuidores y productores engordaban las cifras para acreditar taquillas importantes, y con esta falsedad se conseguía incrementar las subvenciones recibidas del Ministerio de Cultura. Habrá que respetar la presunción de inocencia, andar con pies de plomo y no anticipar condenas hacia nadie en concreto, pero no puedo evitar llegar a conclusiones y alimentar ideas y opiniones, entre otras que ni es oro todo lo que reluce ni da la impresión de que cierta hipocresía ande ausente de algunos de nuestros más afamados y peleones representantes del mundo de la gran pantalla.

Al leer estas noticias me vienen inmediatamente a la cabeza las sonadas ceremonias de entrega de los Premios "Goya" del cine español con las que los astros locales del celuloide nos vienen obsequiando desde hace tiempo; se trata de sesiones que no he llegado a ver en directo, pero de las que siempre acabas teniendo cumplida información en su momento, entre otras cosas porque ya se encargan algunos de sacar el "tam-tam" y airear a los cuatro vientos el espectáculo anual, que suele ir bastante más allá del espectáculo "strictu sensu". Desde hace más de una década los más insignes representantes de la farándula cinematográfica se han dedicado a alardear de altura moral y responsabilidad cívica, aprovechando estas ceremonias para protestar por guerras, recortes, privatizaciones, legislación y todo lo que hiciera falta. Se trataba, sin duda, de una actitud legítima y no discuto su mayor o menor justificación, pero también es cierto que ahora queda -o puede quedar- en evidencia esa superioridad moral que exhibían unos personajes que surgían envueltos en una nube ubicada por encima del bien y del mal, que deambulaban por el escenario de con la sonrisa en la boca y el machete en la mano como si fueran inmaculados quijotes contemporáneos.

A la hora de la verdad sospecho que ni todo el monte es orégano, ni las actitudes son muchas veces desinteresadas ni el personal tan puro y noble como quiere aparentar. Alguna escama debería desprenderse de nuestros ojos.

2 comentarios:

Susana M dijo...

Está más que claro que viven de las subvenciones y no del éxito de sus películas. Un beso.

Anónimo dijo...

Que alivio tan grande. Ya no me siento tan culpable por ver peliculas piratas ahora que se que gracias a mis impuestos tambien se pagan peliculas. Me parece perfecto que vivan de suvenciones mientras las entradas tengan precios inaccesibles, de algo tienen que vivir y para mi cumplen su funcion social.