9 de octubre de 2015

La visión panorámica


Las ciudades pequeñas tienen, desde mi punto de vista, un sinfín de ventajas; son tranquilas, todo está relativamente cerca -lo que no deja de ser un sueño para un peatón nato-, es fácil entablar relaciones agradables y amistosas, los fines de semana tienden a ser pacíficos, ... Eso sí, existe un inconveniente cierto: casi todo el mundo se conoce y uno puede sentirse excesivamente controlado. Es posible que si entras en un establecimiento, cruzas la calle o das un paseo no sepas quienes son aquellos con los que te cruzas, pero lo más seguro es que muchos de éstos saben perfectamente quien eres. De esta manera, un elemento que frecuentemente es deseable como el anonimato no parece ni mucho menos garantizado.

No obstante, tampoco es demasiado gravoso no conocer identidad y circunstancias de quienes ves en momentos puntuales, incluso puede llegar la ocasión en que te presentan y esa coincidencia casual incrementa la satisfacción de conocer a alguien nuevo. El problema es el de saber que eres observado sin conocer la ubicación de quien te observa. ¿Quien no se ha sorprendido en ocasiones cuando alguien le comenta, por ejemplo: "te vi el otro día de paseo con fulanito -o fulanita-", "el domingo casi te pilla un coche en el cruce de la calle tal" o " ya ví el martes que te ibas de viaje, con una pequeña maleta camino de la estación" ...?. Hay personas especialmente cualificadas para la observación, tienen una especial capacidad para la visión panorámica y hasta hay quienes poseen un archivo -no se si real o virtual- de lo que hacen amigos, paisanos o vecinos.

No voy a negar que yo mismo soy de natural curioso, pero bien consciente también de la necesidad de controlar esta "potencia". Y es que quienes vivimos en ciudades que no  exceden de los 50.000 habitantes tenemos que tener en cuenta que es posible que haya ojos que controlan nuestros pasos.

5 comentarios:

Susana M dijo...

a mí me pondría nerviosa sentirme tan controlada. Un beso.

Marta M. dijo...

Hola. tienes razón en tu reflexión que hay mayor calidad de vida en las ciudades pequeñas pero al final todos nos conocemos y es más duro llevar los cotilleos que hay sobre nuestra persona... en las ciudades grandes todos somos más anónimos... seguimos en contacto

Brunetti dijo...

Creo que jamás nos pondremos de acuerdo en si mejor o tiene más ventajas vivir en Badajoz, en Ibiza, en Barcelona, en Santo Domingo de la Calzada o en Torrente de Cinca.

Quiero pensar que, por más que en muchas ocasiones concurren vicisitudes o circunstancias varias que nos obligan a vivir en un lugar u otro, en la mayoría de los casos la gente vive allí donde quiere y, por lo tanto, ese lugar es el mejor para esa persona.

No obstante, como la mayoría de las criaturas somos de natural inconformista, es muy posible que tuviera razón aquel que un día dijo algo así como "Siempre pienso que voy a ser feliz allí donde no vivo".

En todo caso, tengo para mí que en Huesca no se vive nada mal (ni en Quicena tampoco).

Salud!

tomae dijo...

Hasta la blogosfera se hace pequeña amigo Modestino ¡de lo que se entera uno! ;)

PD. Aviso : si alguien me ve con Driver en el concierto de U2 mañana en Barcelona, ya os digo que realmente hemos quedado para ir ...

Modestino dijo...

Quede claro que mi post no deja de ser una consideración con "animus iocandi", que en Huesca estoy encantado.