10 de septiembre de 2015

Aguas tranquilas


Todos aspiramos, de una manera u otra, a vivir tranquilos; el problema es que hay veces en las que no tenemos claro el camino, se mezclan en nuestra cabeza  -que con el paso de los años corre el peligro de andar más bien desconcertada, sino atormentada- una tendencia natural al egoísmo contra la que debemos luchar y esa aspiración legítima a tomar con la mayor libertad posible nuestras propias decisiones y vivir en paz con los demás y con nosotros mismos. A todo ésto cabe añadir las tempestades propias de una sociedad conflictiva y unos tiempos verdaderamente convulsos, un entorno que provoca desasosiegos y miedos. La sensación de inseguridad, el polvo del camino y las incertidumbres del futuro pueden provocar un estado de tensiones y ansiedades que se presentan como obstáculo de una felicidad que es aspiración común.

Pasada con creces la barrera de los cincuenta, uno aspira a navegar en aguas tranquilas, a vivir -cuando todo marcha bien y cuando arrecia el temporal- con esa tranquilidad que permite enfrentar situaciones y superar barreras. Pero curiosamente, terminas concluyendo que para superar estas metas la vía adecuada está en compartir, en que no habrá ni serenidad, ni paz interior ni felicidad sin procurarlas para quien te rodea ... y sin excepción. Y junto a ello, intuyo que vale la pena descubrir, a diario, a un Dios paternal cuya bondad inmensa se refleja en lo creado: en las personas -a pesar de los pesares- y en la naturaleza.

5 comentarios:

Anónimo dijo...

En mi caso para vivir tranquila tengo que tener saldadas las cuentas con mi pasado. Hace unos meses metí la pata con una persona y es imposible regresar a aquel día y hacer las cosas de otro modo, asi que desde entonces he estado sufriendo...
La vida me ha dado la oportunidad hoy de rectificar, de disculparme y lo he hecho. Que tranquilidad tan grande siento ahora mismo.
No puedo cambiar nada de lo que ocurre en el mundo, y con preocuparme yo no se va a solucionar, pero si puede rectificar mis errores, que son los míos los que más tranquilidad me quitan.

Modestino dijo...

A disculparse no es algo que se enseñe mucho hoy en día ... entras en foros y redes sociales y parece que solamente se equivocan los demás.

Susana M dijo...

La naturaleza es la mejor medicina. Un beso.

Marta dijo...

¿Valen las aguas de un río? ¿Sirve su fuerza y también su quietud? ¿Permito empaparme de lo que me emociona? ¿Me permito llorar cuando haga falta?




CANTO, río, con tus aguas...

Canto, río, con tus aguas:
De piedra, los que no lloran.
De piedra, los que no lloran.
De piedra, los que no lloran.

Yo nunca seré de piedra.
Lloraré cuando haga falta.
Lloraré cuando haga falta.
Lloraré cuando haga falta.

Canto, río, con tus aguas:

De piedra, los que no gritan.
De piedra, los que no ríen.
De piedra, los que no cantan.

Yo nunca seré de piedra.
Gritaré cuando haga falta.
Reiré cuando haga falta.
Cantaré cuando haga falta.

Canto, río, con tus aguas:

Espada, como tú, río.
Como tú también, espada.
También, como tú, yo, espada.

Espada, como tú, río,
blandiendo al son de tus aguas:

De piedra, los que no lloran.
De piedra, los que no gritan.
De piedra, los que no ríen.
De piedra, los que no cantan.


-RAFAEL ALBERTI-

Modestino dijo...

Preciosa poesía! !!