29 de diciembre de 2012

A propósito de la marea verde


Corren tiempos de conflictos, la gente sale a la calle y cada cual expone, con mayor o menor vehemencia, sus reivindicaciones; hace ya tiempo que se han puesto de moda las "mareas" y cada cual se apunta a la suya: la verde los de educación, la blanca los de sanidad, la negra los funcionarios e imagino que alguna más habrá. Es lógico que ésto ocurra, hay crisis, hay recortes y el ciudadano se rebela contra lo que no le gusta, máxime en esta época en la que la clase política anda cuestionada y parece haber decepcionado las expectativas de la gente. También en anteriores legislaturas hubo mareas importantes, como esas manifestaciones a favor de la familia y la libertad de educación, o las protagonizadas por las víctimas del terrorismo, aunque me temo que no se les dio tanta importancia y publicidad, tal vez porque al no haber cuestiones crematísticas por medio no hubo tanta pasión, o porque a algunos medios no les interesaba tanto, o, simplemente, porque no hubo apenas agresividad y el personal fue generalmente respetuoso.

Posiblemente las protestas relativas a la educación sean especialmente significativas; fueron las primeras y se trata de un personal bastante reivindicativo. En cuestiones de enseñanza toda inversión es poca, y de entrada, como principio, uno se siente solidario con quien reclama una enseñanza de calidad y con medios y con quien rechaza recortes, pues parece de sentido común que no sea este ámbito el que tenga que sufrir con carácter principal las consecuencias de la crisis. Las ciudades se han llenado de hombres y mujeres que se han puesto una camiseta verde con dibujos y lemas alusivos a la necesidad de que cesen los recortes y de que haya una enseñanza pública y de calidad. La reivindicación es loable, pero no puedo evitar que surja en mi interior una cuestión que no es menor ni superficial: ¿con ésto quieren decir que la educación ya está bien como está?, ¿entienden quienes reclaman con esta vehemencia que la enseñanza pública es la única alternativa?. No voy a defender la reforma de Wert -un hombre de unas formas que dudo sean las adecuadas para conseguir consensos-, entre otras razones porque no he leído el proyecto, pero no me cabe ninguna duda de que en la enseñanza una reforma, en profundidad, es necesaria. Vete a saber donde esta la causa de todo, si es que solamente hay una -que no creo- pero hoy en día tenemos una educación en general deficiente, igualatoria por abajo y en la que los chavales salen frecuentemente del colegio ignorando quienes fueron Garcilaso, Blasco Ibáñez, Edison, Descartes, Espartero, Disraelí, Cánovas del Castillo, Isabel II o Unamuno. Por lo que nos cuentan, los informes Pisa son demoledores, y ésto no puede seguir así.

Cada cual tiene su ideología, y la cuestión de la enseñanza pública y/o privada tiene innumerables aristas, matices e interpretaciones; a mí me enseñaron -y convencieron- que el papel del Estado en este asunto debe de ser supletorio, que aquél debe llegar donde no lleguen los particulares. Lo que pasa es que tal planteamiento no nos puede llevar a una educación elitista, la igualdad y la justicia son dos de los cuatro pilares del ordenamiento jurídico consagrados en el artículo 1 de la Constitución, lo que exige la garantía de la igualdad de oportunidades, el que todos partan del mismo lugar y que nadie pueda quedar sin la instrucción a la que aspira y le corresponde por falta de poder adquisitivo o cualquier otra discriminación del tipo que sea. Sería bueno que en esto los partidos supieran bajarse del pedestal, limar asperezas y encontrar acuerdos básicos en un tema trascendental. De cualquier manera, elevar a la categoría de dogma el carácter público de la enseñanza tiene el peligro de permitir el adoctrinamiento, y no es el estado el principal sujeto activo de la educación de los hijos, sino los padres, que deberían tener derecho a elegir la opción educativa que quieren para sus hijos, sin que podamos olvidar que otro de esos cuatro pilares citados es la libertad, algo que no queda asegurado si alguien no puede educar a su descendencia como considera oportuno.

Y el repetido primer artículo de esa Carta Magna que algunos quieren desprestigiar, cuando simplemente ha sido maltratada y mal utilizada, incluye un cuarto cimiento del orden jurídico: el pluralismo político; imagino que en esas protestas vestidas de verde habrá representadas personas de muchas ideologías, pero no puedo evitar ver y escuchar actitudes y consignas excesivamente monocolores. España es un estado plural, no solamente desde un punto de vista territorial, sino también ideológicamente. Por eso me preocupan los tics totalitarios, por mucho que se vistan de razones objetivas; respeto y mucho a quienes salen con la pancarta y la camiseta verde, creo que dice mucho a su favor el que estén dispuestos a luchar por lo que consideran justo, pero espero que esa lucha se centre en la búsquedadel bien común, sea hecha con visión creativa y, si es necesario, autocrítica y desde el respeto a las posiciones diversas que en éste, como en otros temas, existen entre los ciudadanos del país.

6 comentarios:

interbar dijo...

Coincido plenamente con lo que dices pero tengo que comprender a los que protestan cuando se ve que los recortes no afectan al entramado de puestos digitales de la casta política cerrada y que no se reforma el sistema autonómico.

susana dijo...

Eres muy correcto. Yo creo que se trata más bien de defender sus privilegios adquiridos. La calidad de la enseñanza les importa poco. Un beso.

Modestino dijo...

Completamente de acuerdo con lo que dices, Interbar, es el gran problema -¿ceguera?, ¿egoísmo?, ¿cobardía?- de este Gobierno, lo que quita legitimidad a los recortes. Pero hay quien con la razón justificada de los recortes aprovecha para politizar unidireccionalmente el tema.

Modestino dijo...

:), más que correcto, pretendo no generalizar. Pienso que habrá gente convenvida y con ganas de conseguir una enseñanza mejor. Pero en estas protestas, y en las demás, veo muy poca autocrítica ... vamos, ninguna.
Otro tema que me rechina es la utilización de niños y niñas en la movida, y no digamos determinadas formas: la agresividad contra la Consejera de educación aragonesa -la he comprobado en vivo y en directo- ha sido penosa, por ejemplo.

Anónimo dijo...

Trabajo en la enseñanza pública después de haber aprobado una oposición, no por recomendación de nadie.
Es cierto que somos unos privilegiados, trabajamos con niños y jóvenes y por eso nos duele tanto que se haya olvidado el objetivo principal, que aprendan lo máximo y tengan un futuro.
Cuando nos quejamos de las 20 horas lectivas o los 40 alumnos por clase ¿Crees Susana que lo hacemos pensando en nosotros?.Se nota que no eres ni profesora ni madre de lo contrario a tí también te importaría.

Modestino dijo...

Yo también saqué en su día una oposición, y pienso que lo de "privilegiados" no está tan claro; en tiempos de bonanza a los funcionarios bastantes nos miraban con cierto desprecio; aún recuerdo ser denominado en mis tiempos -inolvidables- de Tarraco como "cul llugat", en tono despectivo, por supuesto. Aunque reitero que algo de autocrítica -en todos los ámbitos- debería de haber.
Lo de olvidar el objetivo principal me temo que no es exclusivo de ahora. Insisto en mi mensaje principal: comprendo las protestas, pero veo imprescindible la reforma de la enseñanza ... eso sí, nada fácil ponerle el cascabel al gato.