15 de noviembre de 2009

Muerte de "Chamaco"

Quien no tenga demasiados años, o teniéndoles no le guste -o incluso de disguste- eso de los toros puede pensar que quien ha fallecido es un famoso mariachi o un "bailaor" gitano , o que estoy hablando en metáfora sobre un personaje de dibujos animados del tipo del pato Lucas o el gallo Claudio. Pero no, Antonio Borrero "Chamaco" fue un torero de éxito en su época que falleció el pasado miércoles en Huelva, su ciudad natal, a los 75 años tras pasar los últimos diez con la mente fuera del mundo como consecuencia del "Alzheimer": hay ocasiones en que un famoso desaparece del mundo mediático y solamente al cabo del tiempo uno se entera de la triste razón que justifica tantos años sin saber de él.

Una de las razones que me han llevado a decidir poner a "Chamaco" en mi bitácora -¡madre mía que cursi queda la palabreja!- es el hecho de que fue un torero cuyo éxito se cimentó fundamentalmente en la Plaza Monumental de Barcelona, algo que resulta llamativo en tiempos en los que que la otrora llamada "fiesta nacional" anda en peligro por el principado. Es posible que Barcelona, y Cataluña en general, no hayan sido nunca lugares excesivamente taurinos, aunque no lo es menos que unos cuantos de los grandes empresarios de toros han nacido en esa zona de España: Enrique Patón, Pedro Balañá, ...que en Barcelona había dos plazas: "Monumental" y "Las Arenas" y que "Chamaco" montó la revolución por allí entre la segunda mitad de los 50 y la primera de lo 60. Allí tomó precisamente la alternativa con presencia de dos monstruos del momento: Miguel Báez "Litri", un torero peleón y poderoso y Antonio Ordóñez, que era por entonces (14 de octubre de 1956) el más claro representante del toreo puro y artístico.

"Chamaco" había trabajado de pastelero hasta que pudo ganarse los garbanzos con el percal, y era tan famoso en su barrio que en la confitería donde había trabajado se acabaron vendiendo unos dulces llamados "chamaquitos". "Chamaco" representaba una línea intermedia en un toreo que se debatía -en España siempre nos ha gustado la polémica irreconciliable- entre los partidarios del toreo clásico, representado por el citado Ordóñez, la seriedad castellana de Santiago Martín "El Viti" y la templanza de diestros como Manolo Vázquez, Antonio Bienvenida y Paco Camino, frente al tremendismo que se convirtió en fenómeno en España con Manuel Benítez "El Cordobés"; Antonio Borrero era un torero poderoso, que combinaba la valentía de Diego Puerta con la raza de Jaime Ostos; no obstante, para los más puristas se trataba de un matador que no respondía a los gustos clásicos.

En Barcelona también se creó el dilema entre los partidarios de un torero local, Joaquín Bernadó, un diestro clásico y más bien medroso, que por cierto y como tantos otros, estaba casado con una folclórica, María Albaicín y el propio "Chamaco", que siendo onubense había sido adoptado por sus íncondicionales del noreste español.