23 de junio de 2008

Luis Enrique vengado¡¡¡

Por fin la selección española consigue tener una actuación con final feliz, aunque esto sea mucho decir, pues aun queda bastante tela que cortar; pero al menos se ha conseguido vencer en un partido oficial a una de esas selecciones en las que hasta ahora sólo nos imponíamos en los amistosos, esos encuentros que aportan entusiasmo, ilusiones y ninguna gloria.Solamente en la Eurocopa de 1984 en Francia, cuando eliminamos a Alemania con aquel gol de Maceda que rompió con un alarido de alegría el silencio de la noche española, nuestra selección fue capaz de cargarse a un grande.
En mis neuronas memorísticas destinadas al fútbol el resto de los recuerdos acaban en frustración: la eliminación del Mundial de Inglaterra de 1966 ante los teutones (2-1) con aquél gol imposible de Emmerich a Iribar, la ausencia en los Mundiales de 1970, eliminados por la Bélgica de Van Himst y Van Moer, y 1974 tras el frustrante partido de desempate frente a los yugoslavos con gol de Katalinski, las nuevas derrotas ante Alemania en las Eurocopas del 76 y el 80, la drámatica eliminación frente a Bélgica en el Mundial de Méjico con fallo de Eloy Olaya en la tanda de penaltis, dos nuevas derrotas frente a Italia: en la Eurocopa del 88 cuando Vialli, Manzini, Maldini y cía eran casi unos juveniles y en el Mundial del 94 (maldito fallo de Salinas, maldito gol de Roberto Baggio y maldita agresión de Tazotti), la caída a los penaltis -esta vez marró Miguel Ángel Nadal- en Londres tras dar un baño a Inglaterra en la Eurocopa del 96 y el fracaso frente a Francia en el Mundial alemán del 2006 cuando parecía que nos íbamos a comer el mundo y acabamos forzando la resurrección de Zidane y colaborando en la explosión de Ribery.

Pero ayer, desde el principio, se intuyó que todo iba a ser distinto. Pienso que ayer a España no se le puede reprochar nada; jugó con una concentración impresionante de principio a fin, supo controlar a los italianos, aguantar la pelota con orden y conservar la calma casi siempre, cosa nada fácil cuando enfrente tienes a unos profesionales del arte de la provocación y las añagazas.

Cada jugador de nuestra selección cumplió su cometido y podemos asegurar que todos los hermanos fueron valientes; no obstante ayer hubo nota especial para los centrales, Senna, Silva y, por supuesto, Iker Casillas, el héroe final de la noche. Sergio Ramos, que empezó en las nubes, se rehizo y acabó siendo un puntal, Capdevila aguantó su lado, Xavi e Iniesta dieron todo de sí hasta que no pudieron más, mientras Villa y Fernando Torres fueron tan jabatos y gladiadores como chupones. De los suplentes, mejor Cesc que Cazorla, aunque ambos estuvieron impecables lanzando su penalti, .. no así Guiza, pero, como diría Pepe Domingo Castaño, él no quería fallar.

Italia no fue un rival fácil, algo que ya se sabía. Habrá quien dirá que los de Donadoni no llegaron al Torneo en su mejor momento, pero aun jugando muy discretamente, ayer yo sí les vi como lo que son: campeones del Mundo; España pudo con ellos, pero incluso en sus peores momentos a lo largo del encuentro, en cada ataque italiano se intuía un peligro enorme; se notó la ausencia de Pirlo y Gattusso, así como la poca inspiración de jugadores que hubieran debido de ser más decisivos, caso de Aquilani y Zambrotta. Como tantas veces, me encantaron Grosso –pedazo de lateral¡¡-, De Rossi, que acabó desfondado y Luca Toni, muy bien controlado por Marchena y Pujol, pero que es un peligro constante, además de un auténtico tahur.

Hacía tiempo que un partido de éstos no acababa en explosión de alegría, y lo cierto es que se agradece. También hubo anécdotas chuscas, como Ramón Calderón, destacando en Cuatro que Casillas era del Madrid: luego en la capital del reino nos acusarán de catetos a los de provincias¡¡.

Ahora nos espera Rusia, que demostró el sábado ante Holanda sus argumentos para aspirar a la victoria final. Arshavin me pareció la aparición más brillante de los últimos años en el firmamento futbolístico, aunque ya se sabe que este tipo de jugadores pueden pasar del éxtasis al tormento en un par de días.

Foto: eleconomista.com.mx