12 de marzo de 2016

Mirando al cielo



La otra noche  alguien me comentó lo bonito que se mostraba el cielo por Huesca; la luna y las estrellas brillaban como nunca, lo que estaba siendo, sin duda, un espectáculo maravilloso. Yo ya andaba en la cama, con el pijama puesto y un libro entre las manos, ...y mi primera reacción fue tibia, miré la ventana y comprobé que desde mi atalaya se veía poco. Salta a la vista que una simple ventana impide una visión ya no panorámica, sino simplemente adecuada de un cielo hermoso.

Hubo de haber cierta provocación para que reaccionara;  había recurrido al argumento fácil de "esperar a mañana", a la comodidad de dejar pasar las cosas ... frecuentemente la mejor manera de perder las oportunidades. Nunca es tarde para aprender a valorar aquello que se nos da gratis y vale mucho más que tantas vanidades de alto precio.

Así que "desaté la ropa arrojada", me vestí y bajé  a la calle a comprobar por mí mismo lo que la Providencia me ofrecía y yo andaba empeñado en despreciar. Me senté en un banco y miré al cielo, comprobando que nadie había exagerado: el firmamento aparecía pletórico de estrellas y  ese conjunto se mostraba como un espectáculo lleno de belleza. Contemplar lo que veía me lleno de paz,  me hizo desear permanecer horas y horas sin más tarea que dejarme llevar, extasiarme en la contemplación ... Efectivamente, formamos parte de ese universo que a menudo ignoramos, ... craso error ignorarlo, porque nos ha sido dado para disfrutarlo y compartirlo. Estoy agradecido.

4 comentarios:

Susana M dijo...

Qué bonito. Vale el esfuerzo. Un beso.

Anónimo dijo...

La primera noche que dormí en una ciudad me di cuenta de que no se veía el cielo y que había luces tras la ventana que no dormian en toda la noche. Que porquería, pensé, tenia que subir a la azotea y hasta desde allí costaba ver nada porque alrededor todo eran edificios, polución y ruidos.
De vuelta a mis orígenes tengo una manta vieja que extiendo en la tierra, un edredón y cojines con los que me tumbo mirando las estrellas, sobre todo si no hay luna. Tampoco hay ruidos, tal vez algún coche muy lejano, solo la respiración acompasada de los perros que se empeñan en tumbarse a mi lado. A veces les cuento que otros como ellos siempre salen atados con una cadena, a veces me responden que otros como yo también viven encadenados. (microrrelato?

Modestino dijo...

Me ha encantado! !!

Nélida G.A. dijo...

Bonita anécdota.
Casi te pierdes esa maravilla. A veces nos hace falta un empujoncito y ya nosotros solos seguimos.
Me gustó la estampa que se visualiza con tu relato. Y me hiciste recordar ese dicho que reza "no dejes para mañana lo que puedas disfrutar (hacer) hoy".
Abrazo!!!