19 de enero de 2016

Adios y moraleja de Severus Snape


El actor británico Alan Rickman falleció el pasado 14 de enero a los 69 años víctima de un cáncer. Siempre he pensado que los actores y actrices ingleses tendían a tener un plus de calidad sobre el resto; imagino que a esta percepción contribuirá esa especial sensibilidad de lo británico por el arte, el hecho de que muchos de ellos se hayan formado en la maravillosa "escuela" del teatro y el que el inglés de las islas siempre andará por encima del que se habla al otro lado del océano. Rickman destacó frecuentemente en los papeles de villano, y es que tenía un aspecto y, sobre todo, una mirada que venían que ni pintados para eso, y como muestra valgan sus papeles de Hans Gruber en la primera entrega de La jungla de cristal" (1988) y el de George, Sheriff de Nottingham en "Robin Hood, príncipe de los ladrones" (1991), sin olvidar su caracterización como Rasputín en una exitosa serie de televisión que le valió un "Globo de Oro"

Rickman desempeñó también papeles más amables en films importantes como "Sentido y sensibilidad" (1995), "El perfume" (2006) y "Michael Collins (1996), donde encarna al lider secesionista irlandes Éamon de Valera. También hizo sus pinitos como director en películas como "El invitado de invierno" (1997).

No obstante, el papel con el que Alan Rickman pasará a la historia es el del profesor Severus Snape de la serie "Harry Potter". El actor fallecido era sin duda el mejor cualificado para dar vida cinematográfica a ese hombre adusto, siempre vestido de negro, de mirada profunda e inquietante y de cuyo aspecto solamente se podían presumir intenciones oscuras. Severus Snape no deja de ser toda una metáfora de la vida misma; la ficción nos lo presenta como un ser complicado, de quien puede presumirse dirige todos los males y peligros que acechan a los bondadosos protagonistas, uno de esos personajes que dan miedo, ... aunque a la hora de la verdad esa apariencia oscura, esos indicios sospechosos, no resultan ser tan ciertos, y, dentro de esa ambigüedad que siempre parecen revestir los guiones de Potter, acaba comprobándose que Snape tiene un fondo mucho más positivo del que aparentaba, que detrás de la sombra de inquietud y misterio que le rodea, hay un corazón que busca el bien.

Ahora que Rickman nos ha dejado, puede ser hora de pensar que en la vida también nos podemos encontrar "clones" de Severus Snape, personas con quienes a base de presumir su vileza podemos estar siendo injustos y no saber descubrir -y disfrutar- la bondad que ocultan tras una mirada que asusta.

3 comentarios:

Susana M dijo...

Gran actor y gran papel el que hizo en Harry Potter. Un beso.

Tommy dijo...

Cuando Rickman comenzó a interpretar a Severus Snape no acababa de comprender la conducta de su personaje hacia Harry y se lo comentó a la autora de los libros, J.K. Rowling, la cual decidió, ya en 2001, revelarle en secreto información correspondiente a libros que todavía no habían sido publicados, y en concreto que Severus había conocido a la madre de Harry en sus tiempos de estudiante, lo cual ayudó mucho a Rickman. Años más tarde, cuando los sucesivos directores de las siguientes películas le preguntaban por qué le daba tales o cuales matices a Severus, Rickman les contestaba que disponía de información que ellos aún no tenían.

Tommy (again) dijo...

En otro orden de cosas, es justo recordar a Rickman no sólo por sus antológicos villanos o por el coronel Brandon de "Sentido y sensibilidad". También hizo buenas interpretaciones cómicas en "Héroes fuera de órbita", en donde hacía de actor shakespeariano famoso muy a su pesar por interpretar a un alienígena en una popular serie de TV de ciencia ficción, o en "Guía del autoestopista galáctico", en la que prestaba su impresionante voz a Marvin, el androide paranoide de las estupendas novelas de Douglas Adams.
Añadiré otros dos papeles por los que le recordaré: el juez cruel y despiadado del musical "Sweeney Todd", en la que se atrevió a cantar un par de canciones, y el marido adúltero de Emma Thompson en "Love actually", un prodigio de contención interpretativa.
Lo dicho, gran actor.