26 de junio de 2014

El delgado hilo entre la paz y la guerra


Los padres de los de mi generación tuvieron la vida marcada por la guerra y la posguerra; el hambre, la muerte, el dolor, ... tanto drama, fueron durante esos años asuntos de ordinaria administración, situaciones habituales de cada día. Quienes nacimos avanzados los cincuenta crecimos en un entorno mucho más suave, aunque escucháramos con frecuencia recuerdos de tiempos más duros, al menos yo sin vindicaciones, rencores ni alusión alguna a deudas pendientes. .A las nuevas generaciones una España en llamas les suena a a cuestión muy lejana, a hechos narrados por los libros de historia no siempre con objetividad y rigor, no siempre evitando algo tan desacertado como escribir desde el resentimiento.

La guerra, no obstante, no ha desaparecido del mapa: tras una guerra mundial que destrozó el planeta nos vienen a la cabeza conflictos también sangrientos: Vietnam, Biafra, los Balcanes, Afganistán, Irak, Líbano, Somalia, Siria, ... sin olvidar que también en España hubo temporadas en las que el terrorismo teñia con triste frecuencia de sangre las calles. En pocos años las circunstancias han cambiado mucho: generaciones educadas de modo muy distinto al de antes, con acceso, quizá desmesurado, a la información a través de internet y redes sociales, crisis económica enorme, cuestionamiento de sistemas e instituciones que parecían inmóviles, ... y con ello ha llegado la incertidumbre. Ante esto vuelve a aparecer el planteamiento de si es posible que nos volvamos a partir la cara entre nosotros, algo que en mis cincuenta y tantos años de vida siempre me pareció cosa inimaginable.

Me pongo a pensar y me da miedo; veo como la ambición sigue provocando la ceguera de muchos: la ambición de dinero, la de poder, la de medrar, la de tener cada vez más posesiones, de llegar más lejos, sin mirar a costa de qué ni de quién. Y también veo que crece el odio, con mayor o menor justificación leo y escucho a bastantes hablar de venganzas, de boicots, de violencias, ... los foros, las redes sociales, hasta las conversaciones de barra de bar destilan con frecuencia un tufillo agresivo, ... se etiqueta por ser rico, por ser de otro lugar, por tener una u otra convicción, por ser empresario, sindicalista o funcionario, ... es cada vez más difícil oir una disculpa, un agradecimiento, una petición de perdón.

No tengo dotes de profeta, es más, tiendo a equivocarme cuando hago pronósticos; espero que así ocurra, que vuelva a estar despistado, porque abro los ojos, doy una oteada y concluyo que sí, que somos capaces de tropezar en la misma piedra.

8 comentarios:

Susana Moreno dijo...

Creo que últimamente se ha estado alimentando los extremismos pero ya no estamos en el siglo XX y es difícil que la gente abandone su comodidad para meterse en la lucha. Un beso.

interbar dijo...

Si no interesa en las grandes potencias, y dada la situación no parece que interese, no ocurrirá pero el voluntarismo es defecto español.

quique dijo...

Es ingenuo pensar que el hombre, como quería Rousseau, nace bueno por naturaleza y se enturbia en contacto con la sociedad...yo soy más pesimista y creo, como Thomas Hobbes que la naturaleza del hombre es violenta, egoísta y mezquina. A la historia me remito!!!

Modestino dijo...

Susana, tienes razón, pero cuando hay crisis la gente deja de estar cómoda ... y también hay quienes aventan las brasas.

Modestino dijo...

El voluntarismo a lo mejor es más internacional de lo que pensamos ... pero es cierto, por aquí hay mucho.

Modestino dijo...

Hobbes decía eso de que el hombre es un lobo para el hombre ....

Anónimo dijo...

Yo no escucho a nadie hablar de guerra, vivo totalmete ajena a ese tema.
Entre las muchas cosas por las que puedo elegir preocuparme escojo otras

Modestino dijo...

A veces el que nadie hable de guerra casi da más miedo ...