22 de junio de 2014

¿A qué hemos venido?


Tengo un amigo que dice que hemos venido a este mundo para ser felices; habitualmente tras hacer dicha afirmación pone cara de pícaro y añade: "... y para pagar a Hacienda", algo que casi podría ser una contradicción con la frase principal. Y como cuando te dice eso de ser felices notas enseguida que no hay doblez ni engaño, agradeces semejante planteamiento, entre otras cosas porque da gusto compartir el tiempo con alguien a quien cada vez que te lo encuentras se le ilumina la cara, pues en los tiempos que corren no es poca ventaja tener amigos que se alegren de estar contigo.

No debería discutirse ese fin de felicidad que habría de protagonizar nuestra vida; de una manera o de otra, es lo que buscamos, una aspiración común que ni todos enfocamos de la misma manera ni todos somos capaces de alcanzar. Pienso que la frase de mi amigo, sabia sin duda, exige dos matices; el primero que difícilmente podremos presumir de haber llegado a esa meta si somos incapaces de condicionarla a la felicidad de los demás, es decir, buscar la felicidad propia sin tener en la cabeza la de quienes tenemos alrededor, más o menos cerca, no es más que la materialización del egoísmo, algo que impide la felicidad o la hace falsa.

Por otra parte, el tema trae a colación la eterna cuestión, la de la realidad del dolor, de la enfermedad y de la muerte. Son realidades innegables con las que, más temprano que tarde, nos vamos a encontrar, ver incompatibilidad entre ellas y la felicidad puede ser el inicio del camino de la frustración, del desengaño, ... del error, porque hay compatibilidad, solamente se trata de descubrirla.


2 comentarios:

Susana Moreno dijo...

Los problemas nos ayudan a apreciar los buenos momentos. Un beso.

Modestino dijo...

Sin duda es así. Saludos, Susana.