16 de julio de 2016

Aquellos tiempos, aquellos globos


Cuando era un niño un globo era una especie de tesoro, algo mágico, una ilusión. A priori existían juguetes, entretenimentos, objetos en general de más apariencia, más caros, pero vete a saber porqué un globo era algo especial, incluso daba la impresión de ser un regalo inalcanzable. Había globos de primer nivel, aquéllos a los que se había introducido gas y se sostenían tiesos y erguidos con solo agarrar el hilo ... todavía recuerdo los que regalaban en  "Calzados Muro" del Coso si comprabas zapatos un día concreto de la semana. También es cierto que tenían su peligro, pues a la posibilidad de que explotaran se añadía la de que en un descuido se soltara el hilo y el globo subiera a las alturas hasta perderse entre nubes y azoteas ... aún tengo viva la imagen de un globo azul bailando desnortado por los tejados del Paseo María Agustín.

Había globos más humildes, globos sin gas que se vendían en los puestos callejeros a la vez que caramelos, regaliz, chicles, chupa-chups y almendras garrapiñadas. Eran globos que solían ir atados a un vulgar palo, y en su sencillez también servían para satisfacer ilusiones y caprichos. Los globos de menos entidad eran los que tenías que inflar tu mismo, y para hacerse con ellos era habitual acudir a esas tiendecillas diminutas donde comprabas calcomanías, cromos, chuches, tebeos del "Capitán Trueno", el "Jabato", "Hazañas Bélicas" y el "Sargento Gorila" o esos libros de segunda mano, rancios y manoseados, del Coyote o Marcial Lafuente Estefanía. Eran globos de tercera división, pero añadían el mérito de haberte dejado parte del resuello en engrandecerlos.

Y al venir a mi cabeza esos globos de mi infancia, he pensado que en la vida cada cual  tenemos también nuestros propios globos, cosas, actos, situaciones que nos ilusionan, en torno a los cuales edificamos nuestras esperanzas, nuestras alegrías, ... tal vez desproporcionadamente, en demasía.  Y como cuando éramos niños sentimos desazón, tristeza, frustración cuando se nos van de las manos, explotan o simplemente van perdiendo consistencia y se quedan cual un plástico cutre e inútil. Tal vez sea entonces el momento de poner los pies en el suelo, de pensar en lo verdaderamente importante, ... o quizá de crear un mundo interior mágico e ilusionante que nos hable de globos que van a parar a un lugar paradisíaco donde se junta con otros ... o simplemente asumir la mítica frase de Lauren Bacall tras un amor terminado: "Fue bonito mientras duró". 

Yo también soy de la generación de "Los Chiripitiflaúticos", y todavía recuerdo una de esas simplonas canciones que interpretaban Valentina, Locomotoro, el Capitán Tan, el Tío Aquiles, ... que hablaba de globos que se escapaban hacia el cielo y terminaba con ese consolador "los globos siempre vuelven" .... me suena que decían que el regreso era por Navidad, aunque de esto solamente tengo certeza con "El Almendro".


5 comentarios:

Lauren dijo...

"El niño que no juega no es niño, pero el hombre que no juega perdió para siempre al niño que vivía en él y que le hará mucha falta."
Pablo Neruda

No obstante: no perdamos jamás la ilusión, por efímera que sea. Y que no nos frustre aquello que no conseguiremos ¡nunca! alcanzar, por mucho que lo deseemos.

Modestino, usted no envejecerá nunca. :)

Buho Evanescente dijo...

hermoso, hermoso, son entrañables los globo siempre intentado ir al cielo.nos haces reflexionar, gracias!ojala un globo te acerque a la del buho lector!!!

Susana M dijo...

Nada como un globo para jugar. Un beso.

Anónimo dijo...

Ha fallecido Víctor Mora, Modestino. El creador de Capitán Trueno, Jabato, Corsario de hierro...

Modestino dijo...

Sin duda se merece un post ... comprometido!!!