29 de diciembre de 2009

Historias de la puntualidad




Siempre he presumido de ser puntual, dicho ésto en un sentido más bien alegórico, pues no voy por ahí alardeando de ello, sino que simplemente soy consciente de que no me retraso en citas, viajes o asistencia a distintos acontecimientos. Pero ahora me planteo si esa puntualidad es virtud, si lo que me mueve a llegar a tiempo a todas partes es la seriedad o la impaciencia, y me empiezo a temer que hay más de esto último. Y es que en ocasiones somos puntuales porque parecemos tener pólvora en determinado sitio y somos incapaces de aguantar nuestra ansiedad; de esta forma me he pasado ratos enormes de mi vida en estaciones y andenes por esa necesidad de asegurar no perder el tren o el bus y no ha sido infrecuente convertirme en el primer asistente a reuniones, espectáculos o conferencias.

Eso sí, con el tiempo he aprendido a no apurar la llegada a comer, cenar o tomar el café a las casas de mis amigos, después de comprobar como en alguna ocasión les he pillado casi en la ducha; menos mal que no tardé en darme cuenta lo impertinente que puede llegar a ser un amigo excesivamente cumplidor del horario. En el fondo, uno acaba comprendiendo que hasta tiene su encanto ese salir de casa con la lengua fuera, tener que acelerar el paso y ponerse algo colorado cuando uno llega fuera de hora al destino. Y es que me da miedo que el amigo puntual acabe teniendo la misma consideración que el tradicional amigo pelmazo.

Evidentemente, la puntualidad tiene su parte de bondad, en cuanto quien cumple con el horario indicado manifiesta un respeto hacia los demás; todos nos hemos quemado en esas ocasiones en las que un viaje en grupo, una comida de amigos o una reunión importante se ha tenido que retrasar por culpa de un tardón. Salta a la vista que hay actitudes que denotan un total desprecio por el resto del personal, que hay quien ni siquiera cae en la cuenta de la molestia que su poca seriedad causa a los otros o, lo que es peor, cayendo en ella, le importa una higa, eso se suele llamar egoísmo.

Pero insisto, detrás de la referente impuntualidad hispánica no hay que ver tan sólo lo negativo, entre otras razones porque junto a sus inconvenientes, no deja de tener algo de flexibilidad, de tolerancia, de no caer en esa postura que cada día me carga más como es el rigorismo, la "vis puntillosa", la vida a reglamento. No es bueno hacer esperar a la gente, alterarles los planes, modificar su horario, pero tampoco lo es el agobio, la tentación perfeccionista, entre otras razones porque detrás de ella se puede esconder una especie de creencia en una pretendida propia excelencia que no suele ser real, además de que no deja de suponer una imitación de la flema británica, y ¿para qué queremos imitar a los "british" en eso?.

Yo he conocido personas patológicamente impuntuales, que siempre son los últimos en llegar a cualquier reunión, que se han pasado la vida persiguiendo trenes y autobuses, aunque uno no se explique como pueden llegar tan a destiempo con la cara de prisa que ponen. Eso sí, a la hora de la verdad no se que especial habilidad tienen, pero siempre acaban cogiendo el autobús que se les escapa. Y eso que la RENFE ha dejado de ser impuntual ... en el fondo, ¿no echamos de menos esa vieja fama de llegar fuera de hora que tenían nuestros trenes?, ¿no nos venía en el fondo bien tener una razón para despotricar y soltar bilis? ... y es que en este país lo de ser puntual tiene también sus pegas.




20 comentarios:

annemarie dijo...

Yo lamento decir :)) que soy muy puntual, pero no por perfeccionismo o falta de él – me horroriza hacer las cosas corriendo, y me irritan muchísimo las personas que siempre ponen cara de super-ocupación, cuando en realidad hacen muy poco y muy poco bien. Ayer decías que los años pasan cada vez más deprisa. La puntualidad es fundamental, en mi opinión, para saborear esa vida que es tan corta y tan frágil. Para agobios, los que la vida misma presenta me parecen más que suficientes. :))

Tommy dijo...

Nostalgia de aquellos tiempos en que los compromisos de puntualidad de RENFE ni existían ni iban a existir a corto plazo. Recuerdo un atasco en la estación de Gavá en un tren de cercanías lleno de gente (más de uno estábamos de pie) y los altavoces de la estación diciendo que por razones técnicas deberíamos estar parados durante veinte minutos. Y ahí salió el usuario justiciero gritando: "Veinte minutos de la RENFE no son como los nuestros". Lo dicho, cómo han cambiado las cosas.

Modestino dijo...

Cabría hacer un post titulado "Aventuras y desventuras con la RENFE" o algo así, daría para mucho.

Y es que uno acaba echando de menos hasta la carbonilla, por no incluir al paisano que te ofrecía pan, jamón y/o vino en el departamento.

ana dijo...

La impuntualidad es siempre una falta de respeto hacia el tiempo de los demás.

Y sin embargo, me ha gustado mucho la palabra flexibilidad. Todos alguna vez hemos llegado tarde. El problema es la actitud. También todos hemos esperado a alguien, y es imporotante entonces la flexibilidad.

Yo reocnozco que no me suelo enfadar si espero, y tampoco me gusta que se enfaden si por algun imprevisto soy la que llega tarde. No es un tema que me crispe los nervios.

Ahora, lo que sí me pone del hígadillo es trabajar con personas alborotadas... de esas que parece por su actitud estresada que están salvando el mundo. Luego vas a mirar, y sin quejas ni estridencias uno ha hecho del doble de tarea pero en silencio... esto sí que me crispa. Eso que tan bien defiene Annemarie; las personas que ponen cara de superpreocupación, que van corriendo a todos los lados y que en realidad han hecho muy poco y muy poco bien. Eso me pone de bastante mal humor... me cuesta un triunfo la flexibilidad... ainsss.

La impuntualidad no, no me molesta. Suelo quedar en sitios donde te puedas sentar... y si tardan, me saco un libro. Siempre llego algún libro en el bolso... jajajaja.

Modestino dijo...

Está bien lo del libro: en el metrto de MAdrid -e imagino que en otros también- se ve a muchas personas con un libro en las manos.

Eso sí, leer mientras se espera es una opción estupenda, pero no obligatoria, que hay cansinos que piensan que sólo vale estar siempre ocupado.

ana dijo...

Nooooo... nad de siempre ocupado no... eso no... que hacer el vago de vez en cuando oxigena el cerebro y ventila las emociones.

Pero siempre entretenido sí... jajajaja.

Saludos.

ana dijo...

Vaya... la anterior ana soy yo. Me equivoqué de cuenta... ainsss.

En fin...

Modestino dijo...

Gran diferenciación eso de "seimpre entretenido" y no "siempre ocupado"; conocí a un personaje que se llevaba el "TIME" a la consulta del dentista para perfeccionar el inglés ... a mí hay conductas que me parecen enfermizas.

FRANK dijo...

Estoy de acuerdo con tu post; llegar tarde demuestra desinterés por el otro, además de ser una falta de educación. No obstante creo que todos hemos llegado tarde en alguna ocasión aunque sea involuntariamente, por lo que creo que hay que ser tolerante en este aspecto. No obstante creo que una buena medida podría ser que el último en llegar pague los cafés de todos, porque los hay que además de ser tárdanos son también despistadillos al pagar.

Modestino dijo...

:::))) Tu y yo conocemos algun@s que con esa tesis de que el último paga los cafés necesitarían un sobresueldo para cubrir sus deudas cafeteras.

Brunetti dijo...

En el tema de la (im)puntualidad, la Administración, en general, y la de Justicia, en particular, debería hacer un cursillo acelerado.

Qué poco parece importarles el tiempo de la gente y qué pocos son todavía los funcionarios que, al comenzar con retraso un acto, se disculpan ante el ciudadano.

Modestino dijo...

Tienes mucha razón, Brunetti, aunque sacado el tema de disculparse, me temo que vivimos en tiempos en los que no tiene el hábito de pedir perdón prácticamente nadie, ni la Administración, que debería hacerlo con frecuencia, ni los particulares, ni el lucero del alba.

annemarie dijo...

El mejor bocadillo que he comido en mi vida ha sido un bocadillo de queso del Pico, que me ha ofrecido un açoriano en uno de esoa épicos viajes de tren por el Portugal de otras eras.
Mis padres se fueron de luna de miel con una tarjeta quilométrica por España, en los años 50, y en una estación preguntaron al funcionario cuando llegaría el tren, que ya tardaba mucho. "Llega cuando llega, parte cuando parte", en tono solemne. Lo mismo pasaba en Portugal, pero no lo asumían con esa gracia, te puedo asegurar. :))

Modestino dijo...

La anécdota, Annemarie, es buenísima. Los ferroviarios que yo he conocido, esos antiguos ferroviarios, eran gente vocacional y entregada al trabajo, unos personajes formidables.

Sunsi dijo...

Pues vaya tema... Modestino.

Imagínate un matrimonio en el que uno de los dos tiene por costumbre ser puntual, no por nada... la cuestión es que nadie merece un plantón de media hora (por poner un ejemplo)... Y , en cambio, el otro es tan "flexible" que da por sentado que se sale de casa a la hora que ya deberías estar donde la cita. Y eso un día, dos... Un año, dos... Y ve echándole...

La pregunta del millón ¿Quién cede? Qué es más fácil ¿volverse lento o acelerado?

Señor...Señor...

Un saludo desde Tarroco, para variar

habana dijo...

Totalmente de acuerdo contigo de que ser impuntual por naturaleza denota pasotismo y a la par, egoísmo. Pero por favor, ten piedad con aquellos a los que los minutos se nos pasan como segundos, con los que queremos hacer algo hasta el último momento.., sobre todo, si cuando llegamos, con cara de "cordero degollado", te dicen: "perdón, perdón, lo siento mucho" :)

Modestino dijo...

Habana, por supuesto que tengo piedad, es más, mi post pretendía exaltar cierta flexibilidad, lo que no se sí he conseguido.
Sunsi, imagino que la cuestión radicará, como tantas cosas en un matrimonio, en que ambas partes cedan algo.

Paladín dijo...

querido Modestino la puntualidad es para mi una virtud . Yo pertenezco al grupo de los extremadamente puntuales y, en effecto, puede llegar a ser enfermizo . A raíz del comentario de Sunsi me gustaría decir que mi mujer, es todo lo contrario que yo. Lo peor para ella es que es impuntual a su pesar, por lo tanto esa impuntualidad le hace vivir la vida con un total estrés . Con todo ello obtenemos dos cosas , que ella sea puntual cuando va conmigo y que yo me estrese cuando voy con ella (esto último es broma).
FELIZ AÑO Modestino, también para todos vosotros .

Rosaura dijo...

Gracias por no haber sido demasiado duro con los impuntuales aunque por otro lado es propio de tú carácter el intentar ver el lado bueno y salvar a la gente siempre que sea posible.
Yo pertenezco al grupo de impuntuales aunque me identifico con lo que dice Paladín en cuanto a su mujer, que es impuntual a su pesar, eso me pasa a mí,desde luego nunca he considerado que mi impuntualidad sea falta de respeto a los demás, si yo soy la más perjudicada.
Creo que es un problema psicológico, intento apurar al máximo el tiempo y así me va, que termino cogiendo trenes en marcha,lo cual es una experiencia que no le deseo a nadie, aunque creo que debe ser de familia porque por lo visto a mi padre también le pasaba.
Lo mejor en este tema, como en muchos, es el punto intermedio, aunque entre los dos extremos es mucho mejor ser puntual, ya que considero que es una virtud y lo contrario un grave defecto, no obstante nada en demasía es bueno.

Modestino dijo...

Sí, la impuntualidad es como un gol en propia puerta: uno no quería.
Ya has visto que en el post he hablado de la impuntualidad y de la Renfe, dos mundos muy vinculados a tú vida.