Hoy comenzaba en Huesca la XII edición del Congreso de Periodismo Digital, se trata de un certamen que ha ido adquiriendo notoriedad con el paso de los años y donde tiene uno ocasión de escuchar a periodistas de renombre como Pedro J. Ramírez, José Antonio Zarzalejos, Mara Torres, Fernando González Urbaneja y alguno más, además de ver pasearse por la sala a personajes tan variopintos como Fernando Jaúregui, Jordi Sevilla o el mismísimo Pedro Zerolo. El plato fuerte de la inauguración ha sido la conferencia impartida por el actual director de "El País", Javier Moreno, un hombre agradable y elegante, de unos 50 años y que no estudió en su día periodismo, sino ciencias químicas. Nos ha dado una visión cruda de la realidad actual de los periódicos y ha afirmado que la prensa escrita está llamada a la desaparición, fagocitada por la fuerza de la era digital, algo que por otra parte ya he escuchado en bastantes ocasiones.Y me parece una pena, es como si estuviéramos a punto de entrar a matar a otra de las estampas clásicas de siempre: cuando se cumpla la profecía de referencia ya no volveremos a ver a nadie hojeando "El País", "El Mundo", "La Vanguardia" o el "Heraldo de Aragón" mientras se toma un café -con churros, croissant o a palo seco-, ninguno de nosotros podrá disfrutar de esa pausa mañanera en la que uno se regodea sentado en el lugar de siempre con el periódico de siempre -o cualquier otro-, comentando con el camarero -o camarera- de siempre las incidencias de la jornada mientras te sirve el café, puesto como a tí te gusta. No se porqué los avances tecnológicos, que son formidables, siempre acaban destrozándonos los momentos bonitos de la vida, esos instantes que algún estoico considera intrascendente pero que a algunos nos ofrecen alicientes, ratos que algún asceta de medio pelo califica como desprecio de "compensaciones" pero a los que se les puede sacar un brillo insospechado.
Recuerdo una mañana de verano en la que me encontraba desayunando en una cafetería sita en la calle Higinio Anglés de Tarragona, me andaba enterando de los últimos movimientos del mercado de fichajes por medio del "Mundo Deportivo" cuando me dí cuenta que mi vecino me miraba con auténtica cara de odio: le había metido la esquina de la página del Barça en su café con leche -imagino que su justificado cabreo se debía a la introducción de un periódico en su desayuno y no al contenido de la página- y, avergonzado, hube de pagarle un nuevo café. La anécdota es chusca, y anda lejos del glamour que comentaba: es mucho más "resultón" leer el diario sentado en una mesa y que éste sea de información general, pero parece que ni siquiera podré repetir chascos de esta naturaleza.
Una vez prohibidos los puros de las bodas y los cigarrillos de las cervezas, cuestionada y declarada políticamente incorrecta la posibilidad de ir a los toros, puesta en entredicho la alimentación más bien fuerte y mal vistos los piropos y el dejar el asiento o el paso a las damas ya sólo nos faltaba que nos dejaran sin periódico para amenizar el café matutino.









