Aún con el lunar de su tropezón frente a Serbia -con la notable colaboración de nuestro Undiano Mallenco-, el juego de Alemania en Sudáfrica está siendo notable, con el doble matiz de que es algo que se puede decir de pocos combinados nacionales y que a su clásica potencia, el equipo que dirige Joachim Löw añade en esta ocasión un fútbol brillante, de combinación, con alardes técnicos de nivel.
Ayer los alemanes destrozaron a Inglaterra, y aunque no se pueda omitir la enorme injusticia que supuso la no concesión de un gol legal de Lampard y el que a partir del 2-1 los británicos estuvieron más de media hora controlando el partido y rozando el empate, lo cierto es que en el global del encuentro la selección germana fue superior y se mostró como una de la más firme candidata al título.
Me gustan los laterales Lahm y Boateng, así como el siempre polémico Bastian Schweinsteiger y el irregular Podolski, pero estos días están siendo la consolidación de dos jóvenes que van para figuras mundiales: Thomas Müller, un chaval de 20 años que juega en el Bayern Münich y que ayer marcó dos tantos y Mesut Özil, del Werder Bremen y un año mayor que Müller, un interior diestro de una clarividencia suprema al que dicen quiere el Barça.
Inglaterra ha hecho un Mundial decepcionante, y bien que lo siento porque Capello me parece un hombre serio y eficaz, pero han cerrado su participación con un balance muy pobre y han estado discretísimos tres jugadores que me parecen de lo mejor: Gerrard, Lampard y Rooney, por no hablar de la decadencia de un central que lo ha sido todo, John Terry.
Ahora queda por ver quien se lleva el gato al agua en el Alemania-Argentina de cuartos, yo no dudaría en apostar por los alemanes, pues a Argentina la vi con poco fútbol de creación y a Messi como si estuviera aislado y enfadado, aunque en fútbol dos y dos no suelen ser cuatro.

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