27 de enero de 2016

La gloria por un único papel


El actor estadounidense Abe Vigoda falleció ayer en Woodland Park, Nueva Jersey,a la edad de 94 años- Había nacido en Brooklyn y venía de familia de inmigrantes judíos procedentes de Rusia. Vigoda fue fundamentalmente un actor de teatro, donde comenzó a trabajar interpretando a los clásicos en 1947. Si no hubiera sido por Francis Ford Cóppola, posiblemente Vigoda no hubiera saltado nunca a la fama, y hubiera quedado como uno de esos grandes artistas del teatro que trabajan maravillosamente y que nunca consiguen ser excesivamente conocidos por cualquier público ajeno al culto y más bien escaso que forman los aficionados a la escena.

Pero el gran director de Detroit pensó en él para el espectacular reparto de la primera parte de "El Padrino", posiblemente una de las películas más importantes de la historia del cine. Abe Vigoda, cuyo rostro describe maravillosamente Gregorio Belinchón en "El País": "Largo, triste, de mandíbula prominente"- asumió en el film el papel de Salvatore Tessio, uno de los hombres de confianza de Vito Corleone, el gran paterfamilias mafioso que bordó Marlon Brando.

Como bien me comentaba esta mañana Tommy, hay actores que serán recordados por un único personaje, y uno de éstos es precisamente el ahora desaparecido, Cuenta el propio Belinchón quee l actor, quien no tenía relación alguna con la Mafia, se pasó casi todo el rodaje viviendo en Little Italy, el barrio italiano de Manhattan, para absorber así la esencia de su personaje. Es inolvidable la escena en la que, tras advertir Don Vito en su lecho de muerte a su hijo Michael que quien le propusiera una reunión sería el traidor, en el entierro de aquél y tras realizar la propuesta Tessio, el heredero le conmina a montarse en el coche con varios de sus hombres, sobrentendiéndose un destino trágico.

Es conocido que en 1982 la revista "People" anunció equivocadamente el fallecimiento del actor; el propio Vigoda hizo grandes bromas con el bulo: ha sobrevivido 44 años a su propia muerte, que ha acabado llegando en la paz de su propio domicilio. Descanse en paz.


26 de enero de 2016

Niños en el Prado


El pasado viernes, día de San Vicente, fue festivo en Huesca; con tan grato motivo, en compañía de un buen número de gente de bien y aprovechando el regalo de tener  AVE diario en Huesca, hice un viaje de ida y vuelta en el día a Madrid. Una vez llegados a la capital, que nos recibió con un día más bien gris, la primera visita tuvo como destino el Museo del Prado; estuvimos viendo una maravillosa exposición del pintor francés Jean-Auguste-Dominique Ingres y además de disfrutar sus formidables retratos y escenas históricas y literarias, pude comprobar las ilimitadas posibilidades que tiene el museo para gozar del arte de mil maneras distintas y en casi todos lo ámbitos posibles.

Y durante mis paseos por los distintos salones del lugar, entre históricos y bellísimos cuadros de Velázquez, Rubens, Goya, El Bosco, ... llamó mi atención la llamativa cantidad de grupos de niños, algunos de ellos de no más de 6 0 7 años, que acompañados de profesores y profesoras contemplaban las pinturas y escuchaban las correspondientes explicaciones de sus maestros con esa mezcla de ojos asombrados, incapacidad de estarse quietos y adorable naturalidad que habitualmente sólo se encuentra en los infantes. Era todo un adorable movimiento de idas y venidas, miradas inquietas, dedos levantados, comentarios ingenuos e inteligencia despierta que daba brillo y luz al espacio y al momento, a la vez que nos convertía al resto de visitantes en personajes más torpes, poco sueltos y con algo menos de capacidad de ilusionarnos y disfrutar sin cálculos ni medidas.

Al pensar en estos deliciosos seres, con palabras del viejo programa de televisión "esos locos bajitos", la primera tentación es cultivar el deseo de un imposible regreso a la infancia, aunque cuando lo piensas mejor terminas descubriendo que podría ser más sencillo no jugar a viajes al pasado, no tentar a la ciencia ficción y limitarnos a actuar, sin varias nuestro exterior adulto, con la misma sencillez, inocencia y verdad que esos niños y niñas que asistían encantados a sus primeras visitas culturales.

21 de enero de 2016

Cameron Díaz y el karaoke


"La boda de mi mejor amigo" es una película que rodó P.J. Hogan en 1997 y cuyos protagonistas principales eran Julie Roberts, Rupert Everett y Dermot Munroney. Se trataba de una de esas pelis más bien "pastelonas" del estilo de "Nothing Hill", "Tienes un email" o "Mientras dormías", protagonizadas por actrices que destacaban en la comedia como la Roberts, Meg Ryan o Sandra Bullock, jóvenes estrellas de la época que luego han ido cumpliendo años, unas mejor que otras.

Fue ésta una de las primeras intervenciones de Cámeron, entonces con 25 años y que posteriormente ha tenido una carrera desde mi punto de vista bastante irregular. Cámeron Diaz, que empezó como modelo y es originaria de San Diego (California), interpreta el papel de una inocente rubia con la que pretende casarse el mejor amigo de una periodista neoyorquina, con bastante "colmillo" y cuyo papel borda como casi siempre Julia Roberts.

De entre todas las escenas hay una que recuerdo con un cariño muy especial, cuando los principales protagonistas están tomando una copa en un establecimiento con "karaoke" y la "pérfida" Juliannne Potter -así se llama la periodista en cuestión- se las arregla para poner en un apuro a Kimberly -nombre de ficción de Cámeron- quien se ve obligada a interpretar en contra de su voluntad "I Just Don't Know What To Do With Myself", un tema del grupo The White Stripes. La pobre moza tiene un oído terrible y con llamativa timidez comienza una interpretación en la que desafina de una forma espectacular creándose un ambiente de cierta tensión. Poco a poco Kimberly se va soltando, y sin dejar de soltar gallo tras gallo, pierde la vergüenza y todos terminan pasándoselo en grande y disfrutando con el descaro de la chica, que termina saliendo triunfante del apuro.

Al pensar en la escena me vienen a la cabeza aquellas ocasiones en las que un absurdo pudor, un inadecuado miedo a quedar mal ha coartado deseos, intenciones o propuestas; la de momentos felices que me he podido perder por esas bobadas  del qué dirán, por equivocadas inseguridades, por temores que o son infundados o son una tontería. Y otra moraleja, con las personas que te quieren , nunca haces el ridículo, hacer de vez en cuando el payaso es un ejercicio sano, y siempre debe de ser bienvenido el aprender a soltarse si con ello haces gratas las relaciones.

20 de enero de 2016

Panorámicas de Huesca


No hay como encontrar personas con sensibilidad para descubrir que la belleza se encuentra cuando menos la esperas. A veces pensamos que es necesario viajar lejos, irse al Pirineo o buscar una puesta de sol junto al mar para disfrutar de una bonita escena, para gozar del paisaje, para dar gracias a la Providencia por haber facilitado un momento de placer con la simple contemplación de lo que se presenta ante tus ojos.

Siempre me ha gustado vivir en directo la paz de las  calles vacías, esa serenidad que, por ejemplo, ofrecen el silencio y la oscuridad de la noche. Pasear sin apenas testigos, aún en un simple regreso a casa tras cena, encuentro o reunión, con las prisas que tienden  a provocar el sueño o el frío, puede permitir también disfrutar de un escenario real y próximo.

Huesca no es una excepción; se trata de una ciudad que entre semana duerme pronto y sus calles ofrecen una imagen tranquila y desierta. Con este escenario alguien me enseñó hace pocos días paisajes nuevos, lugares por los que no he dejado nunca de pasar y cuyas posibilidades no había sabido apreciar hasta ahora. Desde la Plaza de Navarra, indiscutible centro neurálgico de la ciudad, se pueden contemplar, casi en ángulo de 90 grados, dos panorámicas bellísimas, dos largas lineas rectas en las que cabe observar una imagen espléndida y brillante de luces y colores, un espectáculo gratuito cargado de belleza y simbolismo.

La una se prolonga desde la referida plaza hasta el final de la Avenida de Martínez de Velasco, en una prolongación infinita de luces y resplandores que podrías estar contemplando sin cansancio durante bastante tiempo. Podríamos imaginarla como el espectáculo final antes de la marcha definitiva rumbo a otros lugares, la búsqueda de otras luces a las que no se llegará sin pasar antes por un paisaje más seco e inhóspito. Por eso cuando diriges la mirada hacia la calle Alcoraz y prolongación puede ser una forma de enfrentarte con el misterio, el futuro, el destino. Tú permaneces fijo en un punto, mientras enfocas una distancia en la que tantos  otros dicen adiós a la ciudad dejando por el camino los reflejos de la luz que llevaban, algunos quizá de manera definitiva, en su último adiós.

Muy similar es la línea que desde la propia Plaza de Navarra  enfila la calle Zaragoza hasta la Estación Intermodal. Se trata de una distancia mucho más corta, con lo que carece de la apariencia de inmensidad de la otra. La vista, también cargada de luz y colorido, tiene su fin en la estación, con todo lo que evocan estos edificios, siempre unidos a sensaciones de despedidas, recuerdos, nostalgias, .... historias pasadas, amores acabados y también vidas nuevas y aventuras por empezar en lugares más o menos lejanos.

Es bueno que de vez en cuando nos despierten las sensibilidades, nos inviten a hacer volar -y viajar- la fantasía, a descubrir que la belleza no tiene código de barras, no es atributo exclusivo de las fotografías de las agencias de viajes, ... sino más bien un pozo sin fondo.

19 de enero de 2016

Adios y moraleja de Severus Snape


El actor británico Alan Rickman falleció el pasado 14 de enero a los 69 años víctima de un cáncer. Siempre he pensado que los actores y actrices ingleses tendían a tener un plus de calidad sobre el resto; imagino que a esta percepción contribuirá esa especial sensibilidad de lo británico por el arte, el hecho de que muchos de ellos se hayan formado en la maravillosa "escuela" del teatro y el que el inglés de las islas siempre andará por encima del que se habla al otro lado del océano. Rickman destacó frecuentemente en los papeles de villano, y es que tenía un aspecto y, sobre todo, una mirada que venían que ni pintados para eso, y como muestra valgan sus papeles de Hans Gruber en la primera entrega de La jungla de cristal" (1988) y el de George, Sheriff de Nottingham en "Robin Hood, príncipe de los ladrones" (1991), sin olvidar su caracterización como Rasputín en una exitosa serie de televisión que le valió un "Globo de Oro"

Rickman desempeñó también papeles más amables en films importantes como "Sentido y sensibilidad" (1995), "El perfume" (2006) y "Michael Collins (1996), donde encarna al lider secesionista irlandes Éamon de Valera. También hizo sus pinitos como director en películas como "El invitado de invierno" (1997).

No obstante, el papel con el que Alan Rickman pasará a la historia es el del profesor Severus Snape de la serie "Harry Potter". El actor fallecido era sin duda el mejor cualificado para dar vida cinematográfica a ese hombre adusto, siempre vestido de negro, de mirada profunda e inquietante y de cuyo aspecto solamente se podían presumir intenciones oscuras. Severus Snape no deja de ser toda una metáfora de la vida misma; la ficción nos lo presenta como un ser complicado, de quien puede presumirse dirige todos los males y peligros que acechan a los bondadosos protagonistas, uno de esos personajes que dan miedo, ... aunque a la hora de la verdad esa apariencia oscura, esos indicios sospechosos, no resultan ser tan ciertos, y, dentro de esa ambigüedad que siempre parecen revestir los guiones de Potter, acaba comprobándose que Snape tiene un fondo mucho más positivo del que aparentaba, que detrás de la sombra de inquietud y misterio que le rodea, hay un corazón que busca el bien.

Ahora que Rickman nos ha dejado, puede ser hora de pensar que en la vida también nos podemos encontrar "clones" de Severus Snape, personas con quienes a base de presumir su vileza podemos estar siendo injustos y no saber descubrir -y disfrutar- la bondad que ocultan tras una mirada que asusta.

17 de enero de 2016

Adios a un futbolista elegante

El pasado viernes fallecía en Madrid a la edad de 72 años Manolo Velázquez, el jugador que durante 12 temporadas ocupó puesto prácticamente fijo en el Real Madrid de los años 60 y 70. Salvo en sus dos primeros años de profesional, en los que el equipo de Concha Espina le cedió al Málaga, el equipo blanco fue el único club a lo largo de su vida futbolística.  Hace ya algún tiempo alguien me comentó que Velázquez padecía Alzheimer, lo que explica su ausencia de los "mentideros" futbolísticos, pues el futbolista fallecido era habitual del palco del Bernabeu y de los programas deportivos de la radio, en los que por cierto exhibía una sensatez y un buen estilo ejemplares. Velázquez era  madrileño por los cuatro costados, y quienes seguíamos el fútbol cuando vestía la elástica blanca lo incluíamos en la lista de los "elegidos" por su elegancia, su dominio de la técnica y la táctica y ese buen talante que lucían determinados futbolistas de la época, gente que además de patadas al balón tenían un barniz de cultura y clase como Gárate, Carlos Lapetra, Fusté y el propio Velázquez.

Velázquez lució el número "10" de los blancos durante mucho tiempo, una camiseta qun siempre ha estado entre las más importantes de cualquier equipo de fútbol; fue la que lucieron Pelé, Bobby Charlton, Zico, Maradona, ... A Velázquez le correspondió nada menos que la tarea de sustituir en dicho puesto al húngaro Ferenc Puskas, un auténtico fenómeno en su época. De hecho el nombre del futbolista va íntimamente unido a ese Madrid "ye-ye" que tuvo la complicada misión de tener que hacer olvidar al de las 5 Copas de Europa que formaban monstruos del balón como Di Estéfano, Rial, Mateos, Zárraga y el citado Puskas. Con Velázquez como uno de los pilares fundamentales ese Madrid jovencísimo logró en 1966 la sexta Copa de Europa al vencer al Partizan de Belgrado por 2-1 en el mítico estadio Heysel de Bruselas. Un equipo en el que Pirri y Zoco ponían el músculo, Gento y Amancio la habilidad y velocidad, Grosso el trabajo y Velázquez la clase y la capacidad de organización. 

Se trataba de un futbolista eminentemente técnico, de esos que saben pasar desde cerca y desde lejos, de los que nunca rifan la pelota, son especialistas en dormir el juego cuando hace falta, inteligentes y rápidos de cabeza ... una auténtica joya. Fue indiscutible como cerebro merengue hasta que en 1973 se abrió la puerta en España a los futbolistas extranjeros y Santiago Bernabeu, omnipotente presidente blanco, decidió el fichaje de Gunther Netzer, un zurdo cerrado que lucía la camiseta "10" del Borussia de Moenchengladbach y, en competencia con Wolfgang Overath, de la selección alemana. Con la llegada del nibelungo se abrió el debate entre los seguidores blancos y Miguel Muñoz, que ese año terminaría siendo cesado tras quince años al mando del equipo, optó por darle el "10", mientras que Velázquez conservaba su puesto en medio campo llevando el "8" a la espalda.

Al verano siguiente el Real Madrid trajo nuevo técnico, el yugoslavo Miljan Miljanic y nuevo alemán, Paul Breitner, lateral izquierdo que ese año había ganado la Copa de Europa con el Bayern de Múnich y la del Mundo con la selección germana. Miljanic decidió convertir al célebre "abisinio" en centrocampista y el sacrificado fue Velázquez, quien esta vez perdió su condición de indiscutible, aunque en los tres años que siguió en la plantilla blanca jugó bastantes encuentros. 

En el obituario de ABC se deja constancia de la frase pronunciada por Velázquez cuando en agosto de 1977 era homenajeado tras retirarse del fútbol: «Saber que dejas buenos amigos es más importante que hacer la mejor jugada de toda tu vida», toda una demostración de la calidad humana del futbolista fallecido. Descanse en paz.


12 de enero de 2016

Algo se muere en el alma


En los últimos meses he tenido que ir varias veces de funeral. En ocasiones se trataba de personas con muchos años, pero también ha habido veces en las que despedíamos a quien todavía podía tener muchos años por delante. La voluntad de Dios no es siempre fácil de entender. A lo mejor es subjetivo, pero tengo la sensación de que últimamente proliferan los casos de cáncer, una enfermedad en la que se ha avanzado mucho, tanto que hace tiempo que ha dejado de ser una implacable sentencia de muerte, pero que sigue suponiendo una experiencia dura que no siempre termina bien.

Hace un par de días fallecía un joven abogado zaragozano; su hermano fue compañero de colegio y a él le recuerdo como un niño listo, simpático y bueno, y posteriormente como un letrado preparado, serio y respetuoso. Desde mi regreso a Aragón le saludé dos o tres veces, no le había visto desde que él era un niño y yo un adolescente más bien pardillo, y me llamaba la atención ver que ese chaval espabilado, quien tendía a ser el preferido de cualquier grupo donde pasaba, se había convertido en un profesional serio y responsable, con prestigio y apariencia impecable, ... ahora lamento no haber sido más atento, más locuaz, más cariñoso con él. Tendemos al tópico y a la alabanza cuando alguien se nos va, pero en este caso y aunque no le he tratado prácticamente desde los lejanísimos años del colegio, tan sólo he escuchado cosas buenas de él, lo que no me extraña conociendo a su familia.

La fe nos ayuda a sobrellevar  estas situaciones y a mantener la esperanza -"ni ojo vio, ni oido oyó, ..."- y la experiencia nos mueve a comprender que es ley de vida, que la muerte es un final cierto y que hay veces en las que llega antes de tiempo. Quienes creemos procuramos aceptar la voluntad de Dios, el resto intentará asumir la realidad que llega, pero pienso que nos viene bien llorar la pérdida,  compartir la pena con los más cercanos y echar de menos a quien ha partido ... porque nos hace más humanos, porque quien falta sigue de alguna manera ahí, siendo objeto de nuestro amor, ... porque de algún modo su último servicio es hacernos mejores, a la vez que allí arriba vela por nosotros.


8 de enero de 2016

Bienvenido a la vida


La frase me la decía alguien anoche vía washapp ... no importan las circunstancias, el motivo, ... la cuestión es que me gustó ... y me incentivó. Y es que a veces, e imagino que no soy el único a quien le pasa, me pierdo en preocupaciones, miedos y prejuicios que me impiden disfrutar plenamente de tantas cosas buenas, ralentizan y hasta paralizan mis iniciativas y mis capacidades y terminan encerrándome en una burbuja a la que le falta algo de realidad y provoca que me pierda  momentos buenos ... y a lo mejor también algunos malos, posiblemente igual de convenientes.

Hay que aceptar esas invitaciones, convertir en "mantra" el deseo de vivir de frente y al día, ahuyentar miedos e inhibiciones. Lo digo en momentos en los que se otean tiempos difíciles, convulsos, ... con un futuro por delante imprevisible y que se intuye  oscuro. Asumo la bienvenida, no va a ser fácil, pero la vida nos espera, está ahí.

Por supuesto, queda el amparo de Dios y la compañía, más o menos cercana, de quienes queremos ya y de los que querremos en cuanto nos crucemos con ellos.

7 de enero de 2016

Noches de Reyes


A lo largo de la semana ha habido abundantes polémicas en torno a algunas de las cabalgatas de Reyes organizadas por Ayuntamientos de nuevo cuño. En fotografías y reportajes he visto unas cuantas muestras de un gusto bastante dudoso, y mi intuición -que no siempre acierta- me lleva a pensar alguna que otra "maldad", pero no quiero entrar en excesivas valoraciones, entre otras cosas porque la ilusión de los niños no entiende demasiado de matices ni segundas intenciones ... gracias a Dios.

Pocos momentos del año tienen la magia y el sentimiento de la noche de Reyes, si volvemos a esas noches de nuestra infancia -y no me cabe duda que volver a sentirnos niños de vez en cuando es un ejercicio sano- sentiremos de nuevo las emociones, las esperanzas, ... esos ratos entrañables que nos volvían tiernos, adorables e inquietos. De mi época de adolescente recuerdo una de esas conversaciones de amigos en el que uno afirmaba que los "Reyes Magos" eran algo que tenía que haber sido verdad, y no se refería a la historia sagrada, que ni entonces ni ahora la ponía en duda, sino a esos Reyes que traían  regalos, a esa tradición sobre la que un día nos abren los ojos y nos dan la primera frustración de nuestra vida.

¿Por qué cambiar lo que ha funcionado tan bien? ... debería ser un orgullo el saber respetar las tradiciones, ¿por qué ese afán de desmitificar, de pasar página, de borrarlo todo?. Como decía aquél, los experimentos con gaseosa. Y maldito sea si existe alguien que pretende derribar ilusiones, si hay quien considera que la costumbre finiquitada, si se pretende ideologizar el tema y mezclar la candidez de los niños con banderías de mitin y pancartas.

2 de enero de 2016

El cierre literario de 2015


Parece que me he apuntado a la cifra de siete libros mensuales, aunque cabría precisar bastantes matices. No ha sido diciembre un mes de grandes lecturas, aunque destacaría mi primer contacto con Tabucchi, quien me ha parecido un grandísimo escritor. Al "ítalo-portugués" habría que añadir a su compatriota Camilleri y a mi paisano Ignacio Martínez de Pisón con dos novelas que no me han parecido sus mejores obras pero que están tan bien escritas como suelen. Un buen ensayo sobre historia de España, un detective escocés obra de un escritor recientemente fallecido, una buena novela policíaca ambientada en Cánada y una colección de alegatos con toque feminista cierran mi bagaje literario de diciembre.

Entre los escritores españoles contemporáneos que más me gustan se encuentra Ignacio Martínez de Pisón. Ya leí en su día "Enterrar a los muertos", "Dientes de leche", "Carreteras secundarias" y "El día de mañana", y tras recibir el último "Premio Nacional de Literatura" por "La buena reputación" pensé que era la ocasión de volver a elegir una novela de este zaragozano de 55 años. Y eso que el libro no era unánimemente bien valorado por los críticos y que el propio Brunetti -nada sospechoso de tener manía al escritor- no había terminado satisfecho de su lectura. La novela me ha costado leerla, es más debo reconocer que el libro me ha durado más de dos meses: no me "cogió" al principio y 640 páginas son, sin duda, muchas. A partir, más o menos, del ecuador de mi lectura la cosa fue mejorando, tal vez porque tras trasladar el autor la historia de Melilla a Zaragoza, siempre es más grata una lectura con un "paisaje" y una época que te son familiares. La calidad literaria es alta y Martínez de Pisón nos cuenta en esta ocasión las alegrías y tristezas ordinarias de una familia de clase media entre los años 50 y finales de los 80. A lo largo del libro van apareciendo las grandezas y miserias de la clase media española de entonces: hipocresías, pequeñas y grandes mentiras, apariencias, ... El autor da en el clavo, pero en todo momento da la sensación de que con este tema y este escritor la obra debería haber dado más de sí.

Antonio Tabucchi falleció en Lisboa hace casi cuatro años; el obituario del diario "El País" le definió perfectamente como un "novelista italiano enamorado de Pessoa, de Lisboa, de Portugal y de la lengua portuguesa", y si hablamos de literatura relacionada con Portugal no supone un dislate hablar de lirismos, nostalgias y calidad. Tras conocer la muerte del escritor hice el propósito de leer de una vez algo suyo, habiendo optado por "Sostiene Pereira", probablemente su novela más célebre, pero hace unos meses alguien que sabe mucho de ésto me prestó, sin yo habérselo pedido, su libro póstumo, "Para Isabel. Una mandala", uno de esos textos breves tan bien editados por "Anagrama" que puedes leer en menos de una semana  ... o en una tarde si tienes tiempo. Se trata de un relato bastante curioso, con algo de fantástico, casi diría que de "mágico"; leídos los primeros capítulos me quedó claro que estaba ante literatura de nivel, la lectura podía definirla como "deliciosa", una especie de prosa poética que si consigues leerla despacio y atentamente te aísla de cualquier otra cosa que pulule a tu alrededor. El protagonista, un tal "Tadeus", trata de averiguar el destino de Isabel, una joven que había sido víctima en su día de la represión de la dictadura salazarista. El libro -150 páginas que se leen muy bien- se va complicando conforme pasas el ecuador, y he de admitir que en algún momento perdí el hilo, lo que no obsta para realizar una excelente valoración de escritor y obra y destacar un final lleno de magia y ternura.

El año pasado la editorial "Salamandra", sin duda una de las punteras del panorama español, sacó bajo el título de "Salamandra negra" su colección de novelas policíacas. Desde entonces han ido apareciendo títulos bastante interesantes y atractivos. Entre ellos me llamó la atención "Una revelación brutal", un texto escrito por la canadiense Louise Penny, al parecer la autora negro-criminal de más renombre en ese país. La novela citada supone la quinta entrega de la serie protagonizada por el inspector Armand Gamache, un personaje realmente atractivo, lejos eso sí de los policías difíciles y conflictivos de otros autores. "Una revelación brutal" me ha parecido una buena novela de intriga, bien construida y que mantiene el interés hasta el final, lo que no deja de ser importante dada su extensión  -480 páginas-. Me ha gustado la ambientación del caso en un pequeñísimo pueblo canadiense cercano a Quebec, Three Pines, con una variedad de personajes que acrecienta el interés del relato, ya que entre otras cosas convierte en sospechosos prácticamente a todos. Penny nos ofrece un relato que tiene, además, cierto toque de originalidad, con elementos que añaden cierta fantasía a la intriga, con un viaje del protagonista a unas islas habitadas por personajes curiosos y con costumbres ancestrales y la ubicación del crimen en una cabaña desconocida del interior de un misterioso bosque cercano a Three Pines. Como nada suele ser perfecto, el final me ha parecido poco "espectacular" y pienso que deja algún cabo suelto, ... aunque a lo mejor el problema es que no lo he captado del todo.

Entre mis propósitos de estos meses está el leer más sobre la historia de España; me habían hablado muy bien del historiador e hispanista francés Joseph Pérez, con un par de libros sobre los comuneros de Castilla y una biografía del Cardenal Cisneros que se encuentran en mi lista de pendientes. No obstante opté por leer "Entender la historia de España", un ensayo que hace honor a su título y que tenía a mano. No se trata propiamente de un relato de nuestra historia, sino de un intento, de explicación de su desarrollo expuesto cronológicamente y con una precisión, equilibrio y profundidad que me han impresionado. Imagino que su visión de nuestra historia no gustará a todos, no son tiempos en los que se acepte fácilmente el desapasionamiento y el no tomar partido, así como el no elucubrar sobre leyendas y lugares comunes, pero a mi me ha resultado interesantísimo el recorrido que a lo largo de 348 páginas va haciendo en torno a los sucesos y personajes que protagonizan nuestra historia, desde Viriato hasta Azaña, Franco y Adolfo Suárez, pasando por el Cid, los Reyes Católicos, Carlos V, Felipe II, el Conde Duque de Olivares y tantos otros.Al final se nota que ha añadido unos capítulos en los que habla sobre la más reciente historia de España, llegando hasta los últimos presidentes del Gobierno, aunque aquí he notado cierta precipitación. Un magnífico libro de historia que exige conocimientos previos, pues como he dicho lo que pretende Joseph Pérez es explicarnos nuestra historia, no contárnosla.

Hace pocas semanas apareció en la prensa la noticia del fallecimiento del novelista escoces William McIlvanney, autor de una trilogía de novelas con "detective fijo", en este caso el policía escocés -de ficción, por supuesto- Jack Laidlaw. Hacia tiempo que le tenía puestos los ojos a la primera entrega de la serie, titulada con el apellido del personaje protagonista -"Laidlaw"- y según cuentan la única no descatalogada en España, editada por esa magnífica serie negra de "RBA". Había leído magníficas críticas tanto del blog "Elemental" del "País" como de la "librera" de "Negra y Criminal", que sigue bien activa a pesar del cierre de la inolvidable librería de la Barceloneta. Sin duda estamos ante un gran personaje, un policía de carácter complejo y que no se anda con chiquitas, ambientado en esa Escocia que huele a lluvias, whisqui y aires mineros y en torno a la que también han sabido escribir estupendas intrigas autores como Val McDermid, o Ian Rankin . McIlvanney empezó mucho antes que ellos y nos crea un personaje magnífico; aunque mientras McDermid varía el lugar donde recrear sus tramas y Rankin lo hace en Edimburgo, el inspector Laidlaw se mueve en Glasgow, donde también trabaja la periodista Paddy Meehan creada por Denise Mina. Insisto, me han gustado los personajes y me he sentido identificado con los aires escoceses, aunque he encontrado una trama algo deslabazada y un final que no he terminado de entender ... aunque como he dicho otras veces, a lo mejor es culpa mía y no del autor.

En algunos diversos de la red había oído hablar de Ayaan Hirsi Alí, una política y escritora somalí que vive en Holanda, a donde llegó huyendo de un matrimonio que le había organizado su familia, de religión musulmana. Por esta razón consideré de interés leer su libro "Yo acuso", una colección de artículos que han sido recopilados con su pulcritud habitual por "Galaxia Gutemberg", con un subtítulo de aclara perfectamente el contenido del ensayo: "Defensa de la emancipación de las mujeres musulmanas". En dichos escritos Ayaan Hirsi realiza una encendida defensa de los derechos de la mujer musulmana, reflejando las tremendas discriminaciones y lesiones de derechos que sufren las mujeres en los países donde se impone esta religión. La escritora destaca por un feminismo bastante radical y resulta a veces reiterativa en sus comentarios. De cualquier manera, se trata de un testimonio de primera mano, verdaderamente interesante y bien escrito. Me ha parecido especialmente impactante el capítulo final que, casi a modo de epílogo, trata del juicio por el asesinato del director de cine holandés Theo Van Gogh.

A estas alturas no me cabe ninguna duda de que Andrea Camilleri es un genio, un escritor único. Ya han pasado por mis manos unos cuantos casos del Comisario Montalbano, un personaje logradísimo, pero no se quedan atrás las historias llenas de crítica e ironía ambientadas en la Sicilia de siglos anteriores como "La desaparición de Pató" o "El salto del caballo", que leí un su día. Mi última novela del 2015 ha sido "La ópera de Vigatá", una sátira realmente despiadada sobre la inventada localidad de Vigatá, ubicada en una Sicilia nada inventada. Se trata de una novela exagerada, a ratos irreverente, muy bien escrita, con un montón de personajes de nombres tan sorprendentes como caricaturescos que dificultan seguirla y obligan a releer páginas anteriores, con un argumento absolutamente disparatado. En el fondo trasluce una demoledora crítica socio-pólítica, una sátira inteligentísima que no deja títere con cabeza. En ocasiones Camilleri es despiadado ... muy bruto, pero sus novelas no dejan de ser, en mi opinión, una joya literaria.