4 de diciembre de 2016

Al hilo de Atticus Finch


Si tuviera que elegir una película de todas las que he visto a lo largo de mi vida, creo que optaría por "Matar a un ruiseñor". Se trata de un film de 1962, dirigido por Richard Mulligan y que le valió un Oscar a un Gregory Peck que nos cayó tan bien a todos en su inolvidable papel de Atticus Finch. También logró la estatuilla su guionista, Horton Foote, un tejano que no solamente no destrozó sino que, como bien decía un antiguo jefe mío que sabe muchod e cine, "quintaesenció" una excelente novela de Harper Lee.

De la película recuerdo de modo muy especial la célebre escena en la que Atticus Finch, abogado en ejercicio, se enfrenta con el peor encargo que un letrado podía recibir en su época: defender en una pequeña localidad sureña a un hombre de raza negra acusado de abusar sexualmente de una mujer blanca. El alegato inicial de Finch es toda una maravillosa proclamación de intenciones, un discurso que todos deberíamos grabarnos en nuestra cabeza y en nuestro corazones. El personaje interpretado por Gregory Peck comienza relatando la existencia de insuficiencias y defectos en la legislación penal norteamericana, así como reconociendo sus propias limitaciones personales, pero a lo dicho añadía que a pesar de esos vacíos legales y esas carencias personales, con su esfuerzo y su honestidad iba a ser capaz de hacer una defensa digna y adecuada.

Y no sólo en el ejercicio del Derecho, sino en muchos otros ámbitos de la vida hemos de vivir con el coraje y la serenidad necesaria para prescindir de excusas y no hacer caso a ruidos, murmullos y críticas exteriores y saber que a pesar de olos pesares el trabajo honesto y abnegado es capaz de superar obstáculos.

4 comentarios:

Susana M dijo...

Qué buen mensaje. Un beso.

Anónimo dijo...

Es una idea muy romantica que los abogados buenos nobles y muy guapos por necesidad defienden siempre a inocentes, mientras que los feos malos y codiciosos a los culpables.
Claaaro... porque solo los inocentes se merecen un abogado bueno...
Siguiendo esa linea ninguna buena persona que se tenga como tal jamas aceptaria la defensa de un ser tan despreciable como un violador.
La realidad es mucho mas compleja.
3,1416

Modestino dijo...

Buena cosa sería fomentar en la ciudadanía la importancia y bondad de ejercitar el derecho de defensa, de que todo ciudadano -sin excepción - tiene derecho a que le defiendan y de las ventajas indiscutibles de un sistema garantista.

Modestino dijo...
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