27 de abril de 2015

SOS Nepal


Los últimos datos hablan de más de 3.600 muertos en Nepal; me temo que probablemente la cifra final sea muy superior. En la prensa escrita y digital se habla de caos y destrucción, de desolación, de gran dificultad para que lleguen las ayudas, ... Ante esta situación lo que procede es la solidaridad del resto del mundo, aunque sea una palabra aderezada con el peligro de sonar a tópico, de recurso que roza el sentimentalismo. Evidentemente, obras son amores ... y no se han de escatimar medios, esfuerzos y capitales para iniciar el camino de la reconstrucción del país.

Pero también es el tiempo de pensar en los demás, de que cada cual fomentemos en nuestro interior el dolor sincero, la solidaridad plena y auténtica, el mantenimiento de nuestra caridad a flor de piel ante el drama lejano y ajeno; porque si nos conformamos con la pose, con esa reacción sensible que puede ser tan superficial como efímera, el único resultado será que estos aldabonazos que tanto nos impresionan pasarán de largo, las víctimas cargarán con el peso de unas secuelas tremendas mientras en Occidente seguiremos cavilando en torno a contrariedades privadas y egoísmos personales.

Paralelo e inseparable de la tragedia del pueblo nepalí, aparece el drama de tanto montañero en torno al Everest, pero, sin perder la conciencia del dolor y la preocupación de quienes tienen personas cercanas en situación de incertidumbre, el núcleo de la noticia,  ... de la tragedia, debería centrarse en la desgracia y la ruina familiar y personal de los ciudadanos de allí.


25 de abril de 2015

Aquel viejo juguete


Hoy un amigo mío publicaba en su muro de Facebook una fotos del viejo "Citroen Tiburón", el magnífico coche francés que por lo visto cumple ya 60 años, un vehículo que dio un resultado inmejorable. Es difícil encontrar hoy en día un vehículo con esas prestaciones, esa perfección de fabricación y esa capacidad de sobrevivir. Su imagen me devuelve a la memoria, entre otras cosas, las películas de "Fantomas" que protagonizaban Jean Marais y Louis de Funes.

Pero a mí y a los de mi generación, el viejo "Tiburón" nos trae un recuerdo más entrañable, el de ese coche -llamemoslé teledirigido- que nos compraron nuestros padres para el cumpleaños o nos trajeron esos Reyes Magos que deberían haber sido verdad, ... que en nuestra memoria que envejece poco a poco nos gusta recordar como si así lo fueran. Como si fuera hoy recuerdo el anuncio de la tele, que hablaba del "Tiburón Citroen Payá", si vuelvo la cabeza hacia atrás se reproduce la escena de contemplar el juguete  como si fuera un avance de la técnica, casi de la ciencia, ... y desde la primera hora de la mañana recorrías pasillos y habitaciones con ese mando inseparable mente unido al coche por un grueso cordón: nos bastaba semejante objeto para ser felices y descargar nuestra imaginación.

Por eso, al volver a ver la imagen del Tiburón de juguete, a la vez que no puedes evitar que avanzado el siglo XXI aparezca como un objeto anticuado y casi ridículo, se muevan los resortes de la nostalgia.

22 de abril de 2015

5 recomendaciones literarias por San Jorge

San Jorge es el día de la fiesta nacional de Aragón, pero también la fecha señalada para homenajear al libro. Tal vez por eso, es la ocasión de dejar suelta la memoria literaria y, sin meditarlo demasiado, recomendar unos cuantos libros que a lo largo de mi ya larga vida de lector me han parecido que verdaderamente valían la pena.

Hay muy pocos libros que haya leído en dos ocasiones, y una de ellas es "Nada", la magnífica novela con la que Carmen Laforet obtuvo el Premio "Nadal" con tan sólo 22 años. Se trata de una maravillosa descripción de la Barcelona de posguerra, del ambiente de miseria que alcanzaba también a las familias burguesas que vivían, como la de Andrea, la joven protagonista que llega a estudiar a la ciudad condal desde una capital de provincias, en lugares tan céntricos como la calle Aribau. Se trata de un relato en primera persona que contagia al lector el ambiente asfixiante en el que se mueve la protagonista, una novela de corte existencialista escrita con maestría. Junto a Andrea, están plenamente logrados el resto de personajes: sus tíos Román, Angustias, Juan y la esposa de éste, Gloria. La novela transmite un tono de tristeza, propio del tiempo en que fue escrita, que es el tiempo que relata. Para comprender la evolución personal de Carmen Laforet es bueno hacerse, tras leer "Nada" con su siguiente novela, "La mujer nueva".

Hilary Mantel no es una autora fácil de leer; sus relatos tienden a ser enrevesados y tiende a elaborar mucho las frases. Su especialidad es la novela histórica y ha ganado varios premios importantes con relatos de este género; recientemente ha destacado con su trilogía sobre Thomas Cronwell, habiendo obtenido el prestigioso premio "Brooker" de 2009 y 2012 por las dos primeras entregas, "En la corte del lobo" y "Una reina en el estrado", dos novelas de lectura complicada pero muy bien documentadas y con un tema de fondo tan interesante como la Corte de Enrique VIII. Hace algunos años más leí "La sombra de la guillotina" (1992), una extraordinaria novela histórica en torno a los días de la revolución francesa en la que muestra fundamentalmente la personalidad de los principales protagonistas: Desmoulins, Danton, Marat, Robespierre, Saint Just, ... tampoco es de lectura sencilla, pero si se coge con paciencia, sin lecturas precipitadas, termina siendo un libro con el que se disfruta mucho.

De sobras es conocida mi afición a los libros que tratan la época de la transición española: he leído de todo: biografías, ensayos, memorias,  ... y de casi todo he sacado informaciones interesantes. Andamos en tiempos en los que se cuestiona todo, también esta época que a mí me pareció apasionante y, en general, positiva, aunque ya se sabe que todas las generaciones hemos tendido a lo que Javier Marías llamaba recientemente "adanismo", es decir la tendencia a despreciar todo lo que viene del pasado y a pensar que hemos descubierto la piedra filosofal, la verdad única que va a solucionar todos los problemas. De entre tantos libros he optado por destacar "Lo que el Rey me ha pedido", escrito por Alfonso y Pilar Fernández Miranda, sobrinos de quien fuera primer Presidente de las Cortes con el rey Juan Carlos I y hombre clave en la transición de la dictadura a la democracia. Se trata de una recopilación sacada de los diarios del político asturiano que contiene interesantísimos datos sobre aquellos momentos trascendentales en la historia de España. Fue publicado en 1995, tiempo en el que lo leí, y aunque el paso de 20 años haya supuesto la aportación por otros de nuevas revelaciones y aportaciones, su contenido enriquece y esclarece, y sirve sin ninguna duda para todo aquél a quien le guste informarse sin prejuicios ni sectarismos en una época crucial de nuestra historia más reciente.

Creo que ya he hablado en otras ocasiones de "Plenilunio", en mi opinión una de las mejores novelas de quien es sin duda uno de los grandes de la literatura española contemporánea, Antonio Muñoz Molina; cuando en 1997 el escritor de Úbeda publicó este impactante relato, ya había ganado dos veces el Nacional de narrativa con "El invierno en Lisboa" (1987) y "El jinete polaco" (1991), además del Planeta por este último, aunque pienso que con "Plenilunio" dio un paso más en su consagración, ya entonces consolidada sin duda, como una de las plumas más brillantes de la literatura en castellano. "Plenilunio" nos cuenta la investigación a cargo de un veterano inspector de policía de una la violación y asesinato de una niña, a la dureza propia de un tema así, cabe añadir la propia historia personal del policía, traumatizado por su trabajo en el País Vasco en la lucha contra ETA, una tarea que ya ha destrozado la salud mental de su esposa, internada en un sanatorio para enfermos mentales. Toda este conjunto de dramas da lugar a una narración estremecedora, algo que hace dura la lectura. A pesar de todo, a mí me pareció una novela extraordinaria, un relato escrito rozando la perfección y que, a pesar de la crudeza de lo que se cuenta, el autor consigue humanizarlo. He escuchado a algunos poner al libro la etiqueta de enrevesado, con toda sinceridad pienso que efectivamente el estilo de Muñoz Molina no es sencillo de leer, pero por encima de todo se impone su indiscutible maestría. Una novela que he regalado en varias ocasiones y que recomiendo siempre.

Para cerrar ni nómina de recomendaciones me ha parecido imprescindible incluir alguna novela de tema policíaco: aunque "Plenilunio" está protagonizada por un policía y trata de crímenes, no es propiamente de dicho género. He optado por recurrir a la intriga escandinava y traer la primera que leí, la que me metió el gusanillo por estos autores que allá por el año 2000 aparecían como unos desconocidos que comenzaban a copar los intereses de los aficionados al género negro. Fue en enero del año 2001 cuando alguien me recomendó "La quinta mujer", sexta entrega de la serie del inspector Kurt Wallander, escrita por Henning Mankell y que fue la primera en ser traducida a nuestro idioma. El hecho de que Tusquets optara por iniciar la difusión de la obra del novelista sueco con este título no creo que sea casual, pues es sin duda uno de las mejores de las novelas que protagoniza Wallander. Mankell, además de relatar con maestría la investigación de una serie de asesinatos, a cual por cierto más sofisticado y macabro, nos trasmite con su relato una visión crítica de la sociedad sueca, así como nos introduce en un tema tan sugerente como el de la violencia contra las mujeres. Tras leer "La quinta mujer" todo vino rodado, y ya no pude parar hasta terminar, conforme iban sido publicados en castellano, todos los libros de la serie.




20 de abril de 2015

III Marcha Aspace


Ayer, como en los dos años anteriores, participe en la Marcha de ASPACE; ¿Qué es ASPACE?, nada menos que la Asociación de enfermos de parálisis cerebral, y desde 2013 la delegación oscense organiza una marcha benéfica que desde el primer momento ha tenido un éxito llamativo: 1.500 participantes el primer año, más de 3000 el pasado y cerca de 5.600 en 2015. Son cifras que suponen un éxito para la organización: hay que saber moverse, no basta con airear una convocatoria y ofrecer una buena causa: los responsables de ASPACE han trabajado bien y recogen los frutos de una buena gestión.

Tanta participación es también un aval de que el ciudadano cuando ve una causa importante reacciona con solidaridad, un apoyo plasmado en unos números espectaculares para una ciudad del tamaño de Huesca y en el entusiasmo que se veía en las caras y las actitudes de los participantes. Creo que ayer en Huesca se vivió una jornada ejemplar en cuestión de aunar voluntades, de superar diferencias para ir juntos a una misma meta.

Poco puedo añadir sobre este acontecimiento que sea distinto a lo que ha reflejado la prensa. Simplemente resaltaré tres cuestiones; en primer lugar que se trata de ese tipo de eventos en los que uno se siente satisfecho de haber participado, en los que aún consciente de la mínima aportación realizada, queda orgulloso de haber asistido sin segundas intenciones ni por esa especie de necesidad de buscar causas secundarias o efectos complementarios que tienen algunos. Por otra parte, compartir unas horas con personas que por sufrir directamente una enfermedad de este tipo o atender habitualmente a quien la sufre te dan ejemplo y te ayudan a minimizar tus problemas cotidianos. Y finalmente, necesito reflejar mi agradecimiento a todos y cada uno de los que desempeñaron un mayor o menor papel en la organización: es de agradecer no sólo el adecuado cumplimiento de la obligación de cada cual, también la amabilidad añadida.

17 de abril de 2015

Algo así como el agua de mi fuente



En el año 1973 el Festival de Eurovisión se celebró en Luxemburgo; en la edición del año anterior la cantante francesa de origen griego Vicky Leandros se había impuesto representando a su país con la canción "Après toi", un tema de calidad que Leandros interpretaba con elegancia y estilo y en la que hablaba de amor, un concepto que en francés siempre parece más fácil de tratar. Para la nueva ocasión TVE seleccionó a Mocedades, un grupo de jóvenes bilbainos que por aquellos años se aproximaba a la cima de la canción en España y cuyos temas venían avalados por un genio llamado Juan Carlos Calderón. La elección de Mocedades significaba que los rectores de la televisión de entonces elevaban su apuesta y optaban por lo mejor que había en el país, un grupo verdaderamente de calidad.

Mocedades interpretó un tema preciosó, "Eres tú", y aunque nadie discutió que la canción era la mejor hubo de conformarse con el segundo puesto ante la sorprendente repetición de triunfo del país anfitrión, que en esta ocasión había optado por una cantante guapísima y con una voz excepcional, Anne Marie David, quien obtuvo el premio principal con "Tu Te Reconnaîtras", un tema pegadizo pero que era notablemente inferior al nuestro. En España hubo gran decepción, aunque para los cantantes vascos su interpretación supuso su definitivo lanzamiento a nivel internacional y a partir de entonces su carrera no paró de subir: "El vendedor", "Tómame o déjame", "Secretaria", "La otra España", "Amor de hombre", ... comenzaron a contar sus discos por éxitos arrolladores.

"Eres tú" es una canción que me trae montones de recuerdos, los de aquella época en que entraba plenamente en la adolescencia, y muchos otros pues desde entonces la he escuchado muchísimas veces. Eso sí, hasta el domingo pasado no la oí cantada por un Coro polifónico en un marco tan maravilloso como La Colegiata de Bolea. Y tal vez por la grandiosidad del lugar, el buen trabajo del Coro o el aprecio que le guardo a unos cuantos de los que lo componen se agitó de modo especial mi cajita de la nostalgia y sonaron de nuevo con toda su expresividad, con pleno significado ideas tan sugerentes como una promesa, una sonrisa o una mañana de verano, como la lluvia fresca, la fuerte brisa, el agua de mi fuente o el fuego de mi hogar. Y pasan los años y la canción siempre vuelve.

14 de abril de 2015

Las cosas no son, necesariamente, como nos gustaría


Todos sabemos que esta vida no es un camino de rosas; los años, no obstante, nos enseñan a ir trampeando obstáculos, a enfrentarnos con las complicaciones y asumir con entereza los aguijonazos que proceden del paso del tiempo, de las circunstancias vitales y de la cierta perversidad  de algunas personas. Las convicciones nos ayudan a encontrar motivos para seguir adelante  razones a aquellos sucesos que nos cuesta entender, así como a ejercitar el amor al prójimo, porque si alguna ventaja tiene la adversidad es que bien asumida nos hace mejores, más comprensivos, más solidarios y, en consecuencia, menos egoístas.

Pero, de cualquier manera, la realidad no es siempre como nos gustaría verla; he conocido a demasiadas personas que caen en el error de pintarse una realidad distinta, que al revés de lo que debería ser el curso racional y lógico de los acontecimientos, primero llegan a las conclusiones y posteriormente acuden a la experiencia. Es posible que anden tan seguros de sí mismos que se hacen incapaces de cambiar el chip, de añadir botones a su particular mando a distancia, que a lo mejor no tiene demasiados.

En ocasiones nos falta perspectiva: tomamos la parte por el todo, nos aferramos a criterios trasnochados y dogmatizamos lo opinable, de manera que terminamos siendo incapaces de contrastar la visión de otros, de asumir las cambios que traen los tiempos y de renunciar a algún que otro principio sobrevalorado. 


13 de abril de 2015

Siempre "My way"


Ayer asistí al concierto con el que la Coral Diego de Pontac nos deleitó en el incomparable marco de la Colegiata de Bolea. La actuación fue magnífica y venía avalada por un extenso trabajo de ensayos hasta altas horas de la noche ante el que solamente cabe contestar con admiración y agradecimiento. Lo hicieron muy bien y espero que quienes asistimos supiéramos estar a la altura a la hora de corresponder a su esfuerzo.

El concierto tuvo dos partes, una primera compuesta por una maravillosa colección de Ave Marías y la segunda mitad en la que interpretaron una serie de canciones contemporáneas que nos llenaron de emociones y nostalgias. Y entre ellas estaba "My way", "A mí manera", posiblemente la canción del siglo XX que más me gusta y que desde hace ya unos cuantos años me pone la piel de gallina cuando la escucho. Trae a mi cabeza y a mi corazón recuerdos especiales; no es momento de descubrir recovecos interiores, pero "My way" me devuelve a un tiempo especial.

No me parece mala idea, y que cada cual incorpore los matices que quiera, eso de vivir la vida "A mí manera".

9 de abril de 2015

Te recuerdo, Amancio


Esto del fútbol me viene de lejos; ya en mis años más mozos tenía por ídolos a los míticos "cinco magníficos", a quienes a penas vi jugar en aquellos partidos de los domingos por la tarde en blanco y negro y en un par de encuentros en La Romareda cuando ya andaban más bien de capa caída. Pero además de esa irredimible pasión por el Zaragoza, también tenía querencias por jugadores que vestían otra camiseta. En concreto, mi futbolista favorito más allá de Lapetra, Violeta o Villa era Amancio Amaro, el extremo gallego que tras triunfar en el Deportivo de La Coruña, llegó al Real Madrid el verano de 1962; en el Bernabeu fue titular indiscutible y allí disputó a lo largo de 14 temporadas un total de 344 partidos en los que consiguió 119 goles, llegando a conseguir el Trofeo "Pichichi" las temporadas 1968-69 y 1969-70, la primera ex-aequo con el atlético Gárate y la segunda con éste y Luis Aragonés. Amancio fue 42 veces internacional, vistiendo la zamarra roja en el Mundial de Inglaterra-1966 y formando parte de la alineación titular del equipo nacional que venció a Rusia en la Final de la Eurocopa de Naciones de 1964.

Con el Real Madrid Amancio consiguió cuatro ligas, tres Copas y una Copa de Europa. Fue precisamente en los partidos de competición europea donde seguí con asiduidad el juego del extremo gallego; recuerdo en Copa de Europa partidos frente a Inter de Milán, Anderletch, Manchester United, Ajax, ... y por encima de todos la inolvidable final en el Estadio Heyssel de Bruselas frente al Partizan, donde Amancio logró el gol del empate cuando parecía que los yugoslavos iban de culminar la sorpresa y que, con el tanto de Serena a falta de un cuarto de hora le dio la sexta Copa de Europa a los merengues, la primera que conseguían sin la presencia de los Puskas, Di Estéfano, Rial, ..., un equipo denominado, al gusto de la época, "Madrid ye-ye", en el que solamente quedaba Francisco Gento de la vieja guardia y donde junto a Amancio brillaban la técnica de Manolo Velázquez, el recorrido de Sanchís padre, el trabajo de Grosso, la seguridad de Zoco y la potencia y valentía de un jovencísimo Pirri.

Amancio era un jugador rápido y brillaba por su habilidad y sus admirables dribling; se trataba de un jugador que hacía auténticas filigranas, que regateaba de maravilla, se escapaba del lateral que le marcaba por los lugares más inverosímiles y además poseía olfato de gol. Comenzó jugando de interior derecho, con jugadores rápidos en el extremo como Serena o su paisano Veloso, para terminar haciéndose prácticamente en propiedad con el número 7 del equipo. También tenía sus enemigos, pues era un hombre peleón, que daba guerra, protestaba mucho y al que algunos acusaban de buscar continuamente las faltas, ... recuerdo que había quien le calificaba de jugador "bayeta", pues acababa frecuentemente en el suelo. No obstante, era un pedazo de delantero, un artista que se encontraba sin duda en la élite del fútbol europeo en una época donde brillaban auténticos fenómenos como Bobby Charlton, Johan Cruyff, Frank Beckenbauer, Gianni Rivera o Paul Van Himst.

Tras su retirada, Amancio Amaro Varela se hizo entrenador, y en los equipos inferiores de la "Casa Blanca" encadenó éxito tras éxito, hasta llegar a ganar la liga de Segunda División con el Castilla de Butragueño, Michel, Martín Vázquez, Sanchís y Pardeza. Esta brillante trayectoria le llevó al banquillo del primer equipo en la temporada 1984-85, donde aún teniendo en la plantilla a la quinta del Buitre y veteranos del nivel de Juanito, Santillana, Valdano, Gallego y Uli Stielike, no tuvo la suerte que merecía y terminó siendo sustituido por Luis Molowny. 


7 de abril de 2015

Occidente se esconde


El pasado Jueves Santo 148 estudiantes cristianos eran asesinados en la universidad keniata de Garissa en una escalofriante matanza llevada a cabo por miembros del grupo yihadista somalí Al Shabab. Algunos supervivientes han contado escenas estremecedoras, y tanto por sus palabras como por el desarrollo de los hechos, queda claro que la única razón de su muerte fueron sus creencias cristianas. Desde el primer momento, me llamó la atención la insuficiente relevancia que se concedió por los medios de comunicación occidentales a este terrible suceso, sin llegar a ser cabecera de portada, al menos en la mayoría de medios digitales y escritos de nuestro país. Está circunstancia choca con el enorme despliegue informativo a que dio lugar el atentado contra la revista satírica francesa "Charlie Hebdo", tan reprobable como aquél, pero con bastantes menos víctimas.

No me suele gustar intuir conspiraciones,aunque no puedo evitar pensar que da la impresión de que no agrada admitir que en pleno siglo XXI sigue habiendo mártires entre los cristianos, algo que salta a la vista si pensamos en lo que viene ocurriendo desde hace meses en Irak y Siria o lo sucedido en el país africano. El Papa Francisco ha puesto el dedo en la llaga, y en los oficios de Viernes Santo afirmó que “Aún hoy vemos a nuestros hermanos perseguidos, decapitados y crucificados por su fe”, recriminando con esa firmeza que utiliza en ocasiones la distancia que se ha mantenido en occidente ante estos crímenes atroces asegurando que todo ello pasa “bajo nuestros ojos o con frecuencia con nuestro silencio cómplice”. El lunes santo, tras salir al balcón vativano para rezar el Regina Coeli, el pontífice volvió sobre el tema, e instó a la comunidad internacional a "que no asista muda e inerte frente a tal inaceptable crimen que constituye una preocupante deriva de los derechos humanos más elementales".

Mientras tanto, en nuestro país, algún parlamentario con tendencia a la ambigúedad y capacidad de echar balones fuera se atrevió a considerar el hecho como una guerra de religiones y no una persecución de cristianos. Ya se ve que hay quien prefiere mirar a otro lado y ser políticamente correcto. Me parece que sería bueno que aprendiéramos a llamar a las cosas por u nombre, y de paso ser más solidarios, más caritativos y hasta escarmentar en cabeza ajena.

6 de abril de 2015

Mis receticas


Me dirigí hace unos días a un establecimiento hospitalario de Huesca para recoger unas recetas; cuando, hace ya años en mi caso, has entrado en la dinámica de unas cuantas pastillas diarias, se convierte en rutina periódica el conseguir las recetas y acudir luego a la Farmacia a reponer el arsenal médico correspondiente. Me habían dicho que tales recetas estarían firmadas a última hora de la tarde y pasadas las 8 las solicité a una de las amables chicas que atienden en el mostrador; la moza me sonrío con  timidez y con cara de cierta compunción me dijo que si venía a por "las receticas", éstas no estaban y debería regresar al día siguiente por la mañana.

Aunque me suponía cierto incordio, consideré que la situación no era de vida o muerte e intenté poner buena cara, algo que no me costó demasiado, pues todas y cada una de las jóvenes que atienden al paciente a la entrada del centro destacan por su simpatía y amabilidad, pero sobre todo porque cuando me habló de las "receticas" la mujer me desarmó, y es que cuando escuchas a alguien que utiliza el sufijo "ico" pasas inmediatamente a sentir una indiscutible complicidad, te das cuenta de que estás ante "uno de los nuestros".

En el fondo, pienso que quien habla de "receticas" está añadiendo a su comentario un plus de cariño, un toque de proximidad, un ejercicio de simpatía ... Es posible que quien desconoce la idiosincrasia aragonesa no vea en estos modos nada más que una peculiaridad en la forma de hablar, hasta cierto matiz pueblerino o provinciano, pero se equivoca, porque cuando la chica, cuyo nombre ignoro a pesar de llevar años disfrutando de su amabilidad, me comentó, con cierto sentimiento de una culpa que no le atribuyo, que mis "receticas" no estaban, en el fondo entendí que me quería decir que lo sentía, pero que no por no tener aún lo que necesitaba, sus buenos deseos de atenderme bien de desvanecían.

Ya se que es una tontería, pero tal vez muchos no puedan imaginarse lo que une esta seña de identidad tan nuestra.



3 de abril de 2015

Entre la frivolidad y la intolerancia


Veo que corre por internet algún logotipo en el que que parece pretender cuestionarse la Semana Santa a través de fomentar los deseos de una "Feliz semana laica". Al igual que ocurre con la Navidad, da la impresión de que a algunos se les han desatado los instintos "comecuras" y sienten la necesidad de dejar claro su rechazo a todo lo que suene a sentimientos religiosos. Habiendo pasado ya afortunadamente, hace décadas por cierto, los tiempos del "nacional-catolicismo" en los que se cerraban los cines, la televisión solo ofrecía programas religiosos o películas del mismo signo, intuyo que hay quien pretende llegar al extremo contrario y promover la interdicción de cualquier celebración religiosa.

La Semana Santa tiene para los católicos un significado muy especial, nada menos que la culminación de la historia de la salvación, y para bastantes más personas, los actos propios de estos días -procesiones, monumentos, ...- llevan implícitos unos aires de tradición indiscutibles. Por esta razón, suena a pretensión totalitaria cualquier propuesta o iniciativa que pretenda suprimir o someter a práctica privada y minoritaria unas celebraciones cuyo mantenimiento no es más que un respeto a las convicciones de muchas personas y a la tradición de muchos lugares; a la vez, duelen comentarios y difusiones con aires de campaña en las que directamente se intuye burla y falta de respeto frente a convicciones y prácticas de muchos ciudadanos de a pie.

Tengo muchísimo respeto por la opinión de cada cual, y por supuesto por las convicciones y las ausencias de convicciones de todos y cada uno, pero mal asunto si pretendemos defender las nuestras utilizando el desprecio o el recochineo con las del prójimo. No puedo evitar en estas ocasiones recordar el pasaje de los Hechos de los Apóstoles que protagoniza un doctor de la ley, fariseo para más señas, cuando el Sanedrían, al que pertenecía, pretende condenar a muerte a San Pedro y algún apóstol más por negarse a dejar de predicar a la gente a pesar de la prohibición de las autoridades judías:

"Entonces levantándose en el concilio un fariseo llamado Gamaliel, doctor de la ley, VENERADO de todo el pueblo, mandó que sacasen fuera por un momento a los apóstoles,
 y luego dijo: Varones israelitas, mirad por vosotros lo que vais a hacer respecto a estos hombres.
 Porque antes de estos días se levantó Teudas, diciendo que era alguien. A ÉSTE se unió un NÚMERO como de cuatrocientos hombres; pero él fue muerto, y todos los que le obedecían fueron dispersados y reducidos a nada.
Después de éste, se levantó Judas el galileo, en los días del censo, y llevó en pos de sí a mucho pueblo. Pereció también él, y todos los que le obedecían fueron dispersados.
Y AHORA os digo: Apartaos de estos hombres, y dejadlos; porque si este consejo o esta obra es de los hombres, se desvanecerá
 mas si es de Dios, no la podréis destruir; no seáis tal vez hallados luchando contra Dios. "

                                                                     Hechos de los Apóstoles, 5, 25-39


1 de abril de 2015

Libros leídos entre lluvias, fríos y riadas


Hasta nueve libros he terminado en marzo, cifra alta y que viene justificada por haber empezado el mes con varios libros avanzados en su lectura y por haber disfrutado de unos días de descanso el último fin de semana. La máxima nota se la pongo a una novela negra, "Galveston" y una de carácter histórico y redacción notable, "Sigmaringen". Hay hasta cuatro libros que no son de ficción bastante distintos entre sí, un par de "policíacas" recomendables para aficionados y un viejo relato canadiense -"Matemos al tío"- que entretiene bastante.

A lo largo de las primeras semanas del año fueron apareciendo en el mercado una serie de novelas policíacas que me llamaron la atención,  casi todas de autores nuevos y con una portada y contraportada bastante sugerentes. Una de ellas fue "Expediente de desaparición", del escritor israelita Dror Mishani: la trama resultaba atractiva -la desaparición de un menor en un pueblo cercano a Tel Aviv-, había leído muy poco del género ambientado en esa zona -tan sólo "Asesinato en el Kibutz", de Batya Gur- y venía avalado por una editorial que no suele dar gato por liebre como es Destino. Encontré buenas referencias en la red, además de se alabada por el mismísimo Mankell y haber recibido el Premio "Martin Beck" de la Academia sueca. El libro me ha gustado, entre otras razones porque me parece original, nos presenta un personaje creíble que en algunas cosas me recuerda al inolvidable Kurt Wallander -en otras, no- y cuenta una historia bastante equilibrada. No hay una intriga intensa que haga difícil dejar la lectura, pero mantiene el interés de modo constante, sin lagunas. No es la novela policíaca del año, ni mucho menos, pero es un libro de cierta calidad y recomendable para cualquier aficionado al género.

Desde mediados de enero he estado leyendo "La Alemania de Weimar", del historiador alemán Erik Weitz; me parecía un momento interesante de la historia, aquella época de la Alemania del siglo XX cque terminó caracterizándose por el desencanto germano tras el desenlace de la gran guerra y los acuerdos de Versalles y que dio paso al III Reich. Ya había leído algo sobre el tema en la mítica trilogía sobre la Alemania nazi de Richard J. Evans, pero el libro de Weitz tiene un enfoque completamente distinto. Comencé el libro pensando que estaba ante una historia esencialmente política, pero me encontré con una visión que va mucho más allá del relato de los aconteceres políticos de la Alemania republicana, pues el autor divide los capítulos en distintos temas y nos va hablando de la sociedad, la cultura, las artes, los edificios y hasta las costumbres sexuales de los germanos, con abundantes referencias a personajes importantes de la vida alemana que mostraron sus mejores valores en aquellos años, desde Bertold Brecht hasta Martin Heidegger, pasando por Bauhaus, Thomas Mann y muchos otros.. Un libro interesante, desde mi punto de vista escrito bajo una perspectiva claramente ideologizada pero que te da una idea bastante completa, precisa e interesante de la experiencia tan frustrante como terminó siendo la República de Weimar.

"Sigmaringen", del escritor francés Pierre Assouline, cabría enmarcarla en el género  novela histórica; pero de cualquier manera no se trata de una novela histórica al uso, con una estructura en la que el autor elabora un argumento con personajes reales y ambientado en una época concreta de la historia, sino un relato con fondo histórico aprovechado por Assouline para ofrecer al lector una especie de ensayo sobre la condición humana. El libro trata del exilio de los más importantes protagonistas del régimen colaboracionista de Vichy en Sigmaringen, un castillo en Waden-Burtenwerg, cerca de la frontera suiza. Allí Assouline junta al Mariscal Petain, el presidente Laval, el escritor Celine y unos cuantos personajes históricos más, hospedados todos ellos en un castillo de los Hohenzollern al que llegan derrotados y humillados, a pesar de lo cual el autor consigue reflejar con maestría como siguen siendo esclavos del protocolo, las vanidades, las jerarquías y los delirios propios de un poder que han perdido. Me ha parecido una obra de nivel, muy bien escrita y cuya virtud no se halla en el interés del argumento, sino en la formidable escenificación de las miserias de unos personajes realmente fracasados y desolados. Assouline tiene el acierto de establecer una narración en primera persona a cargo de Julius Stein, supuesto mayordomo de la fortaleza, que tras abandonar sus dueños la misma queda encargado de atender a los nuevos invitados; la figura de Stein describe con una mezcla de respeto e ironía que acaban siendo demoledores, los aconteceres diarios que protagonizan los nuevos moradores franceses, a la vez que va aflorando una bonita historia de amor con Jeanne, la intendente del anciano Mariscal francés Philippe Petain.

Fernando Onega me parece un buen periodista, entre otras cosas porque posee esa mesura y esa capacidad de respetar que brilla por su ausencia en algunos de sus colegas. Hace pocos meses leí sus recuerdos de Adolfo Suárez, de quien fue jefe de prensa, y que me gustaron bastante. Por eso pedí a los Reyes -los magos, no los de aquí- "Juan Carlos I, el hombre que pudo reinar", su semblanza de quien fue el Jefe del Estado español durante 39 años, un libro que fue en su día anunciado a bombo y platillo. Tengo que empezar diciendo que me ha gustado menos que el del presidente fallecido, fundamentalmente porque no he encontrado novedades, el autor no desvela -o si lo hace no he sabido descubrirlo- nada que no se conozca, y en un relato de esta naturaleza me parece esencial que ofrezca algo nuevo. No obstante, lo he leído con agrado, porque Onega domina el lenguaje, porque refleja la trayectoria de alguien cuyo reinado he vivido de principio a fin -cumplí 17 años la semana en que subió al trono- y porque, sin dejar de reflejar los errores del monarca, el periodista gallego trata con respeto y delicadeza al antiguo Jefe del estado, sin la visceralidad que se observa en algunos foros.

Hacía tiempo que quería leer algo sobre la revolución de Asturias de 1934, y aprovechando que me he ido haciendo con diversos volúmenes de una colección de Ricardo de la Cierva sobre la reciente historia de España, leí el que trataba el tema y que llevaba por título "La revolución de octubre. El PSOE contra la República". El libro no solamente habla del citado episodio, sino que también relata el golpe dado por Lluis Companys en Barcelona al declarar el Estat catalá. así que se puede decir que terminé recibiendo dos historias por el precio de una. De la Cierva es, sin duda, un autor polémico, excesivamente apasionado y, hoy en día, políticamente incorrecto. No obstante me apetecía leer un texto que tratara a los acontecimientos citados más como una rebelión contra el orden establecido, es decir la II República, que como una especie de actos heróicos. El autor intenta ser objetivo, aunque puede que en ocasiones le pierda la vehemencia y una forma de contar los hechos como a trompicones. Desde mi punto de vista falta un análisis político-social de la situación, aunque aporta datos suficientes para dar cierta credibilidad a lo que nos dice.

"Galveston",del escritor norteamericano Nic Pizzolatto es la primera entrega de "Salamandra black", la nueva colección de novela negra que ha sacado la Editorial "Salamandra" ; se trata de un elenco de novelas de nueva publicación en España con muy buena pinta y hace ya tiempo que la tenía en cartera. Del libro he leído y escuchado opiniones diversas, desde una valoración  más bien fría y escéptica de "El País" hasta opiniones variadas de lectores que me merecen toda confianza y que no han coincidido sobre las mayores o menores virtudes del relato.  A mí, "Galveston" me ha gustado y mucho; se trata de la típica novela ambientada en el sur de los Estados Unidos, en lugares que no son precisamente "glamurosos", con muchas carreteras polvorientas, bares y restaurantes de medio pelo, caravanas en las que malviven las personas y demasiados perdedores, ... un viaje literario que uno descubre haber vivido ya varias veces. Se trata de un relato duro, casi diría que triste, con un protagonista principal, Roy Cady, que es un auténtico perdedor; junto a él van apareciendo el resto de personajes que o son llamativamente malvados o presentan historias personales dramáticas, algunas espeluznantes. Pizzolatto sabe jugar perfectamente con el tiempo y los sucesos, y nos va contando una historia que tiene las virtudes de no perder ritmo ni aburrir en ningún momento al lector. Al final el autor nos deja una puerta abierta a la esperanza, el "puntito redentor" que refiere Ricard Ruiz Garzón en "El País", algo que parece le molesta, pero que otros agradecemos. En definitiva, me apunto al sector favorable al libro.

Este mes he mantenido la costumbre de leer uno de esos breves relatos futbolísticos de la colección "Hooligans ilustrados" de  la editorial "Libros del KO"; en esta ocasión ha tocado el Atlético de Madrid: "Yo me voy al Manzanares", del periodista madrileño Julio Ruiz. Como en los anteriores libritos, escritos nada menos que por Enric González e Ignacio Martínez de Pisón, he pasado un rato excelente identificándome con las penas y alegrías de los hinchas futbolísticos y rememorando nombres míticos que mueven a la nostalgia como Isacio Calleja, Adelardo, Ufarte, Mendonça, Luis Aragonés, Kiko Narváez o Milinko Pantic. El autor tuvo la imaginativa idea de hablar sobre distintas épocas de la historia colchonera a través de las vivencias de tres generaciones: un abuelo -Gregorio-, un padre -Valentín- y un hijo -Gabi-, entre los tres nos ofrecen una deliciosa muestra de como viven el fútbol las personas normales, los hinchas de a pié. Si tuviera que hacer un ranking dejaría este tomo en tercera posición, pero no por ello significa que no esté a la altura.

En los últimos años han aparecido unas cuantas editoriales que tienen el acierto de reeditar libros de calidad; una de ellas es "Impedimenta", una editorial madrileña que ha desempolvado novelas de autores como Edmund Crispin, Thimas Hardy, Stella Gibbons, Wilma Cather, Eudora Welty, ... entre otros. En esta línea cabe incluir "Matemos al tío", un original relato de Rohan O'Grady, que no es otro que el seudónimo de la novelista canadiense June Skinner. Se trata de una novela escrita hace más de 30 años y que nunca fue publicada en España hasta ahora y que no se si calificar como "gótica", "sarcástica" o "de terror".. El libro nos cuenta la historia en apariencia inocente de dos niños que pasan sus vacaciones en una isla cercana a Vancouver, pero que se convierte en inquietante cuando compruebas que las criaturas planean matar al tío de uno de ellos. En la contraportada encuentras dos frases que la definen muy bien: "alegremente siniestra", que se atribuye al "Washington Post" y "una lectura deliciosamente perversa". Lo cierto es que termina siendo un relato muy entretenido, que se lee con la ingenuidad con que se hojea un cuento infantil a la vez de con la intriga de una novela policíaca, casi de terror. Me ha parecido algo desordenada en su estructura y con alguna parte innecesaria, como las cartas de amor de uno de los personajes "buenos" que trabaja en la Policía Montada del Canadá.

He terminado "Legado en los huesos", segunda parte de la "Trilogía del Baztán" que cerró hace unos meses Dolores Redondo, dos años después de leer la primera ... y he de confesar que tardar tanto ha sido un error, pues esta segunda entrega es una continua referencia a la primera y es aconsejable -casi exigible- leerlas de golpe. Se trata sin duda, de literatura ambiciosa dentro del género policíaco, "Legado en los huesos", como lo era "El guardián invisible", es una novela trabajada y en la que se cuidan los detalles. Yo destacaría tres virtudes en el libro: nos ofrece un personaje sólido, una protagonista, la inspectora de la Policía Foral de Navarra Amaia Salazar, con fuerza y personalidad, se trata de un relato que "coge", que arrebata tu atención y terminas leyendo en poco tiempo, y eso que consta de 513 páginas, y nos ofrece un panorama espectacular de lo que es el Valle del Baztán, no solamente por la descripción de valles, paisajes, ríos y pueblos, sino por la ambientación del lugar y ese especial universo medio mágico medio salvaje que crea en torno al citado valle. No obstante, como en el caso del primer tomo, sigo viendo excesivo el recurso a elementos mitológicos, a la historia parece faltarle realismo en algunas ocasiones y el argumento se centra tanto en la familia de la protagonista que uno puede tener la tentación de pensar que la novela termina desarrollándose en un ambiente excesivamente cerrado. En cualquier caso, tengo claro que el tercero tiene que caer ya.