26 de febrero de 2015

Algo que se agradece


En la vida te tropiezas con personas que se alegran cuando te ven; todos tenemos un algo de diplomático en el interior, ese "quedar bien" que mueve a no exteriorizar el rechazo o la indiferencia, pero en algunos es significativa la autenticidad de su sonrisa, de su expresión grata, de sus reacciones de satisfacción. Es de agradecer ser bien recibido, no sentirse de sobra, comprobar que al menos alguien te aprecia. 

Actitudes así mueven a corresponder, a la vez que uno comprueba como no todos es cordialidad impostada, receptividad convertida en táctica, interés escondido o meras apariencias ... al cabo del tiempo, terminar viendo demasiado de eso.


23 de febrero de 2015

Nos queda Estíbaliz

El pasado 15 de febrero fallecía en Madrid Sergio Blanco Rivas, quien fuera miembro fundador del grupo Mocedades, pareja en la vida y en el arte de Estíbaliz Uranga y miembro de El Consorcio; hacía dos años que había debido retirarse al serle diagnosticada una grave enfermedad contra la que ha luchado hasta su muerte. Posiblemente si algo puede destacarse de Sergio como persona, así sin conocerle ni haberle tratado, es el saber estar en un segundo plano, su discreción y ese aspecto de buena gente que transmitía y que por lo que cuentan era el reflejo de la realidad. El cantante fallecido formó parte de Mocedades en esa primera época que supuso el boom de un conjunto que venía a aportar una calidad superior a la media; no estábamos hueros en España allá por finales de los 60 de grupos folk -Nuestro Pequeño Mundo, Nuevo Mester de Juglaría, ...-, pero estos chicos de Bilbao, agrupados en torno a los hermanos Uranga ofrecían algo distinto. Sergio fue partícipe de esas "Mocedades" del "Pange lingua", "El arriero", "El agua no tiene color", "Jimmy Brown", "Más allá", "O pello pello", "La guerra cruel", "Otoño", "Peace in the valley" ... una serie de canciones de estilo más bien folk. Al mismo tiempo que Sergio y Estíbaliz inician su aventura en solitario, el resto del grupo evoluciona hacia unas canciones más modernas y trabajadas que dieron lugar a los grandes éxitos de su historia, desde el "Eres tú" que debió haber ganado Eurovisión hasta "El vendedor", "Tomamé o déjame", "Secretaria", "La otra España", "El color de tu mirada", "¿Quién te cantará? y tantas otras.

Junto a Estíbaliz Sergio consolidó un dúo de calidad notable; juntos vivieron, tres años después que sus antiguos compañeros, la experiencia de Eurovisión, interpretando el inolvidable "Tú volverás" en Estocolmo, aún con el rumor del éxito arrolador de Abba el año anterior con "Waterloo". Tuvieron que conformarse con un 10º puesto, pero su papel fue más que digno. Antes habían triunfado por todo lo alto con temas que sonaron tanto como "Volver", "Búscamé" o "Piel". A lo largo de casi 20 años esta pareja en la que Sergio, como antes había hecho con Amaya, estaba como a la sombra de una voz preciosa, pero sabía dar el equilibrio, ser el complemento oportuno. Y así fueron apareciendo "¿Quién compra una canción?", "Queda más vida", "Agua", "Cantinero de Cuba".

Su última aventura musical la vivó Sergio con "El Consorcio", ese grupo "Camp" que surgió de los restos de Mocedades y que sabían interpretar sus canciones de siempre y otras con ese buen gusto y esa elegancia. No hay boda en la que no se escuche "El chachachá del tren"., aunque no hay más que entrar en Youtube para disfrutar con interpretaciones del Consorcio que llenan de nostalgia: "Si no te hubieras ido", "Frenesí", "Himno a la alegría", "Noche de ronda", ... y por supuesto todos los éxitos de siempre de Mocedades.

Descanse en paz este hombre cuyas canciones llegaban tan adentro.






18 de febrero de 2015

Ser feliz


La cuestión ya ha salido en otras ocasiones ... me temo que en bastantes; ¿para qué estamos en este mundo? ... sin duda, la respuesta más atrayente la escuchas cuando alguien te dice que "para ser felices" ... así debería ser. Mi formación, las enseñanzas recibidas desde pequeñito, mis convicciones religiosas me mueven a decir que las cosas son así, y que para conseguirlo hay, entre otras cosas, dos recetas tan claras como complicadas: dejar de pensar en las propias necesidades y dedicarse a las de los demás y llegar a la convicción de que, aunque a veces no se entienda, Dios sabe más.

No voy a abdicar de estas convicciones, aunque los años me han enseñado que en el camino de la vida hay obstáculos que añadir a los propios de la naturaleza; porque la madurez nos enseña que la enfermedad, el dolor y la muerte son realidades que están ahí, dardos que llegan y  no puedes evitar, pero la vida también te sorprende con otro tipo de "banderillas", la de quienes asumen, sin que nadie se lo pida, el papel de decidir por ti, los que son capaces de convertir tu vida en una pesadilla -o casi- porque son perfeccionistas, porque piensan que sus claves existenciales son la únicas, porque andan tan seguros de sí mismos que son incapaces de asumir otras formas de hacer o porque a pesar de que la experiencia le debería haber conducido a otras consideraciones, siguen pensando que sus capacidades y su discernimiento anda muy por encima de la media.

De cualquier manera, sigo pensando que ser felices objetivo, confío en mantener los índices de felicidad deseables y espero que no haya quienes pongan palitos en mis ruedas ... o al menos, aprender a regatearlos.


16 de febrero de 2015

Cuando la nostalgia asoma por el lado absurdo


El sábado por la noche disfruté viendo por segunda vez "En bandeja de plata", la formidable comedia de Billy Wilder que bordan Jack Lemmon y Walter Matthau, especialmente este último, que obtuvo nada menos que el Oscar al mejor actor de reparto por su papel de abogado liante y tramposo. Pero no voy a hablar de este magnífico film, absolutamente recomendable para todos, muy especialmente para quien necesite descanso y desahogo, sino de una escena irrelevante que vete a saber porqué me hizo sentir "Morriñas".

La escena es bien sencilla, cuando Willie Gingrich, el personaje al que da vida Matthau, comprueba en el hospital todo el partido que le puede sacar a la cómica lesión de su cuñado Harry Hinkle, se introduce en una cabina telefónica y llama por teléfono a los responsables de la compañía de seguros. En aquel momento, cuando veía como Matthau marcaba con el dedo los números, tal como estuve haciendo durante unos cuantos años, hasta que primero los fríos teléfonos de tecla y posteriormente los malditos móviles han reducido el esfuerzo y hasta la emoción a la hora de realizar una llamada telefónica, se encendió en mi interior la llama de la añoranza. Vete a saber por qué curiosa y misteriosa razón, se activaron entonces las alarmas, y surgió como un sentimiento de pena por tanto avance de la técnica, por haber perdido esas formas que en su momento parecían casi eternas y que ahora se ven como de e´pocas ancestrales. No se ... a veces pienso que debía de haber nacido antes.


13 de febrero de 2015

Una actriz espléndida


El pasado 29 de enero fallecía en Madrid Amparo Baró, la actriz había nacido en Barcelona hace 77 años, aunque por sus venas corría sangre aragonesa, pues su padre era al parecer de Calatayud. La actriz ofrecía una indiscutible imagen de mujer fuerte, aunque al final terminó sucumbiendo al terrible azote del cáncer. Amparo Baró era una de esas actrices completas, difíciles de encasillar precisamente por su enorme capacidad para encarnar todo tipo de personajes; la actriz tenía unos modos propios para la comedia, pero también han sido inolvidables sus trabajos en las obras de mayor tenor dramático, y es que ante todo, lo que era la artista fallecida era una actriz de los pies a la cabeza, una profesional verdaderamente espléndida.

En la vida profesional de Amparo Baró han influido tres nombres míticos de la escena española; en primer lugar, Asunción Sancho, la gran actriz de teatro madrileña a la que vio una jovencísima Amparo Baró interpretar la obra de Luigi Pirandello "Seis personajes en busca de autor", quedando tan cautivada que abandonó sus estudios de Filosofía y Letras y decidió dedicar su vida a la interpretación. El segundo nombre es nada menos que el de Adolfo Marsillach, quien a finales de la década de los 50 encabezaba la compañía del Teatro Windsor de Barcelona, cuya primera actriz, Amparo Soler Leal, tuvo un ataque de apendicitis debiendo de improvisar su papel Amparo, que deslumbró como inesperada primera actriz de la obra "Harvey", de Mary Chase, ganadora del Premio Pulitzer. La tercera persona cuyo nombre estará siempre vinculado a Amparo Baró es Jaime de Armiñán, pues no parece descabellado afirmar que se trataba de la actriz favorita del formidable autor madrileño. Con Armiñán la actriz destacó en papeles de series míticas de TVE como "Del dicho al hecho" o "La doce caras de Eva", así como en innumerables películas: "Al servicio de la mujer española" (1978), "Carola de día, Carola de noche" (1969), "El nido" (1980), "Stico" (1985), "En septiembre" (1982), "Mi general" (1987), "Al otro lado del túnel" (1992) o "El palomo cojo" (1995).

Otras actuaciones cinematográficas de la actriz fueron "Margarita se llama mi amor" (1962), de Tito Fernández, "Tres de la Cruz Roja" (1962), de Fernando Palacios, "El divorcio que viene" (1981), de Pedro Masó, "El bosque animado" (1987), de José Luis Cuerda, "Las cosas del querer" (1988), de Jaime Chávarri, "Cara de acelga" (1987), de José Sacristán y "Siete mesas de billar francés" (2007), de Gracia Querejeta, con l que ganó el Goya a la mejor actriz de reparto. A lo dicho cabe añadir su trabajo agotador y constante en el teatro, con cantidad de obras de todo tipo: "El burlador de Sevilla y convidado de piedra", "César y Cleopatra", "La casa de las chivas" (1968), "El enfermo imaginario", "Los buenos días perdidos", "La dama boba", "La venganza de Don Mendo", "Los habitantes de la casa deshabitada", "Casa de muñecas", "Tres sombreros de copa", "Las mujeres sabias" y muchas más.

No obstante, lo que queda especialmente en mi memoria son tantas intervenciones de Amparo Baró en los programas y series de la televisión de los años 60 y 70, con actuaciones magistrales y en papeles protagonistas en los espacios "Novela", "Estudio-1", "Pequeño teatro", "La pequeña comedia", ... y en las series a las que ya hemos hecho referencia. Formó parte, sin ninguna duda, de ese maravilloso elenco de actores y actrices de una pieza que nos enseñaron tanto, junto a nombres como las hermanas Gutiérrez Caba, José Bódalo, Ismael Merlo, Carlos Lemos, Mary Carrillo, ... Descanse en paz.

9 de febrero de 2015

Las reglas a la torera


En la Estación Delicias de Zaragoza, que como bien dice Leo Harlem debe de tener ese nombre para despistar, porque suele hacer un frío que pela, se oye frecuentemente por los altavoces que en dicho recinto queda terminantemente prohibido fumar. Los tiempos han cambiado y mientras antaño los amantes del tabaco campaban por sus respetos y se había asumido que el personal fuera soltando humo y  cenizas por aquí y por allá, hoy en día la restricción ha llegado casi al máximo. Cada cual tendrá la opinión correspondiente, pero no parece que sea precisamente insana la situación actual, pues posiblemente nos habíamos acostumbrado a vivir bajo ambientes cargados y posiblemente perjudiciales.

A pesar de tanta indicación visual y sonora, sigue habiendo que hace caso omiso de las normas establecidas, y sigue luciendo su pitillo, en ocasiones incluso con cierta actitud de provocación y recochineo. El pasado sábado, sin ir más lejos, y cuando estando esperando el autobús que a las 20.30 partiría rumbo a Huesca, un joven rubio y sonriente atravesaba el anden con su cigarro encendido a la vez que se escuchaba por megafonía la consabida prohibición. No creo que sea excesiva suspicacia considerar que lo que provocaba la risa del individuo era su descarada exhibición de saltarse a la torera las normas establecidas y lucir ante tirios y troyanos su descaro y su capacidad de pasarse las reglas por el forro.

No hacer que haya que hacer un drama de la situación, incluso es posible que haya quien avale la referida conducta infractora, que hoy en día parece que hay quien eleva a la categoría de héroe a quien exhibe el desprecio por lo legislado, pero me parece que quienes así actúan no hacen sino poner palitos en las ruedas de la convivencia ... además que no es de extrañar que no pocas veces se trate de personajes que luego se muestran superexigentes con otras normativas que les benefician.

5 de febrero de 2015

Poner cariño


No es infrecuente ver como personajes de lo más variopinto, generalmente gente con mayor o menor relevancia mediática, manifiestan que ellos no se arrepienten de nada; no se si admirar su seguridad o su descaro, pero cuando escucho o leo afirmaciones de este tipo me planteo o que son unos ciegos engreídos o que simplemente andan exhibiendo pose, haciendo notar una postura ante la vida que tiene mucho más de artificial que de cierta.

Con toda sinceridad, cuando miro hacia atrás me arrepiento de unas cuantas cosas; muchas de ellas no son más que actitudes, reacciones o decisiones en las que a la larga los perjuicios han redundado en mí mismo, por lo que las considero simples manifestaciones de la inmadurez de la juventud, los defectos el carácter o la propia torpeza, limitaciones cuyas consecuencias asumo y de las que intento aprender, aunque haya cosas que no tengan buena solución. Pero si hay algo cuyo recuerdo me causa pena y de los que me arrepiento sinceramente son las veces que no he tratado bien a alguien. No me considero un ogro ni un ser agresivo, pero mi tendencia a ser suspicaz y un trabajo que me pone en contacto con las personas, a veces en situación de cierta superioridad jerárquica, ha supuesto alguna  forma o reacción poco elegante, el no haber puesto siempre freno a la ironía y haber soltado algún que otro exabrupto. Como tengo bastante memoria, tiendo a recordar estas situaciones y a sentir el dolor de haber podido hacer pasar un mal rato a otra persona.

Por eso, pasado el ecuador y nevadas las sienes, no he podido evitar caer en la tentación de cribar prioridades, de desmitificar algún que otro tabú, priorizar aspiraciones y, por eso mismo, hacer lo posible por incluir el cariño en la relación con los demás. Y bien sabe Dios que ésto no es siempre fácil, que hay días en los que desde que te levantas vas a pie cambiado, e incluso marcas el paso hasta que surge un evento que te lo altera; y hay quienes no facilitan la labor, porque en este mundo no todos se plantean la vida con espíritu colaborador y existen los impertinentes, los pelmazos y hasta quienes disfrutan metiendo el dedo en el ojo ajeno. Eso sí, no tengo dudas de que vale la pena poner tu dosis de cariño al tratar al resto del mundo, incluso hay veces en que te lo devuelven.

3 de febrero de 2015

Lo que de va de Cortizo a Cristiano

Joaquín Cortizo es un futbolista gallego que jugó en el Real Zaragoza entre 1958 y 1966; fue durante varios años el lateral derecho del mítico equipo de los "Magníficos", jugando de titular cuando los blanquillos ganaron la Copa de España de 1964 frente al Atlético de Madrid y la de Ferias del mismo año frente al Valencia. Era un defensa cumplidor, seguro y rápido y había llegado a La Romareda procedente del Celta de Vigo. La defensa formada por Cortizo, Santamaría y Reija era de aquellas que recitaban de memoria los aficionados de la época. El 27 de diciembre de 1964 el Zaragoza se enfrentaba en su campo al Atlético de Madrid, conjunto que luchaba con los maños en la cabeza de la clasificación y en el que destacaban jugadores como Calleja, Griffa, Mendonça y los entonces jóvenes Ufarte, Adelardo y Luis Aragonés. En uno de los lances del juego y en un balón dividido la pierna de Cortizo se encontró con  la del extremo zurdo rojiblanco Enrique Collar sufriendo éste la fractura de tibia y peroné. El árbitro ni siquiera consideró que hubiera habido falta, pero a la semana siguiente el Comite de Competición, cuyo vicepresidente, el Conde de Cheles, también lo era del Atlético de Madrid, decidió sancionar al lateral zaragocista con 24 partidos. El castigo supuso el final de la carrera zaragocista de Cortizo, que tras la sanción nunca volvió a ser el mismo, marchándose al Real Jaén, donde jugó dos años y consiguió el ascenso a la segunda división. Evidentemente, mis fuentes se encuentran en Zaragoza, pero a cualquiera que le he preguntado y viviera esa época me ha confirmado que ambos jugadores iban a por el balón y que la sanción impuesta no tenía sentido alguno. Eso sí, al cabo de los años De Felipe destrozó la carrera de Miguel Ángel Bustillo, Luis Figo hizo lo mismo con la de César Jiménez  y no pasó absolutamente nada.

Esta viejo y truculento suceso de la historia zaragocista ha regresado a mi cabeza con motivo de la ridícula sanción de dos partidos impuesta a Cristiano Ronaldo por dar una injustificable patada sin balón a un jugador del Córdoba. Llama la atención que en el fútbol español siga habiendo esa doble vara de medir, y cuando el sujeto activo de la acción discutida ha resultado ser el consentido e insoportable -a la vez que formidable,. digamoslo todo- futbolista portugués del Real Madrid, las autoridades competentes  han optado por no complicarse la vida y ser blandos con el poderoso. La prensa de Madrid no ha sacado los cañones como suele hacer cuando el perjudicado viste de blanco o rayado, y como en tres semanas  se disputa el derby madrileño, no es posible evitar la tentación de plantearse que la gravedad de la pena se ha rebajado para que el semi-dios pueda enfrentarse a los rivales del Manzanares ... ¿qué sería un Real-Atlético sin las genialidades, los driblings y las fantasmadas del ídolo luso?. Eso sí, que nadie nos diga que no hay dos varas para medir, que no es lo mismo llamarse Cristiano o Leo que Mariano o Joaquín y haber nacido en un pueblo de Lugo, Almería o Badajoz. Recuerdo que cuando el bilbaíno Andoni Goicoechea lesionó al entonces barcelonista Diego Armando Maradona y fue sancionado con 18 partidos, ante mi afirmación de que no hubiera ocurrido lo mismo si el lesionado hubiera sido el interior zurdo del Racing de Santander o del Hércules de Alicante,  uno de esos triunfadores tan seguros de sí mismos no dudó en afirmar que efectivamente, porque éstos "no eran noticia" ... se ve que al cabo de más de 30 años no hemos avanzado nada. Al menos en esto del fútbol sigue habiendo Cortizos y Collares.


1 de febrero de 2015

Balance literario de enero


Con el año nuevo he mantenido la vieja costumbre de leer bastante; fundamentalmente he ido terminando libros ya comenzados antes de la Nochevieja, ... algunos bastante antes. Creo que los siete que aparecen detallados en el post son libros que recomendaría, aunque posiblemente a públicos distintos. La trilogía de Posteguillo me parece una garantía de entretenimiento y  cierto enriquecimiento cultural y el ensayo de Luis Romero sobre el asesinato de Calvo Sotelo un trabajo muy serio y un relato apasionante. He tenido un buen comienzo con Henry James, he vuelto a gozar con Orwell y he quedado impresionado con la forma de escribir y tratar los temas de alguien con quien comparto generación como Miguel Mena. Buena novela la policiaca correspondiente y una pequeña joya de Enric González completan el balance.

Ya iba siendo hora de que leyera algo de Henry James; me lo habían recomendado desde hace años diversos lectores de confianza y se trata no sólo de uno de los escritores modernos  de alto nivel, sino también con notable influencia en otros. He preferido empezar por una de sus novelas cortas, "Washington square", con un argumento interesante que ya ha sido llevado al cine en varias ocasiones, siendo la versión más famosa la que dirigió William Wyler en 1949 con Olivia de Havilland y Montgomery Clift en sus papeles principales.Una relato bien escrito, con personajes bien trabajados cuyo carácter nos va descubriendo James poco a poco. Pienso que el autor estadounidense -se nacionalizó británico al final de su vida- ha sacado mucho partido a un tema tan manido como el de la rica heredera ingenua y poco agraciada a la que corteja un "cazadotes"; no cae ni en la cursilería ni en la tentación moralizante y nos ofrece una entretenida e interesante visión de un pequeño drama familiar. Ahora queda como tarea más próxima leer "Los papeles de Aspern", el relato que con más fuerza y convicción me han recomendado y atreverme con alguna de las obras más extensas de Henry James, lo que al parecer tiene momentos algo más arduos.

No suelo leer un libro por segunda vez, posiblemente por alentar un cierto temor a no tener tiempo para los nuevos; pero siempre hay ocasión para una excepción, algo que me parece voy a repetir con más frecuencia. Así, en un par de ratos volví a pasármelo en grande con la legendaria "Rebelión en la granja" de George Orwell, una magnífica e inolvidable alegoría de la revolución rusa y sus consecuencias que ya había devorado al poco tiempo de llegar a Cataluña, hace ya 37 años, una lectura que me entusiasmó y me abrió bastantes horizontes, posiblemente porque la crítica al régimen comunista no venía de pensadores o periodistas conservadores, sino de un personaje tan especial como Orwell.. He de reconocer que conforme iba leyendo el libro recordaba perfectamente casi todo lo que pasaba por mis ojos, aunque pienso que con la perspectiva del tiempo y tantos años cumplidos he asimilado aún más toda la fuerza crítica y toda la ironía que hay detrás de esta pequeña obra maestra. Divertida, sugerente, inteligente, demoledora, ... son muchos los adjetivos que se me ocurren para calificar a la novela de Orwell, sin duda una lectura obligada para cualquiera con afición a leer.

Hace ya mucho tiempo que tengo puesto a Luis Romero entre mis escritores españoles favoritos; posiblemente no se le haya dado la relevancia que merece, pero este barcelonés fallecido en 2009 es uno de esos escritores que destacaron en la España de posguerra bajo la sombra de la editorial "Áncora y Delfín", habiendo ganado los premios Nadal y Planeta con obras excelentes como "La noria" y "El cacique". A su calidad literaria cabe añadir sus conocimientos de historia, y ya disfruté mucho hace un par de décadas leyendo "Tres días de julio", un relato novelado de lo ocurrido en España los días 18, 19 y 20 de julio de 1936. Hace pocos meses descubrí navegando por internet la existencia de "Por qué y cómo mataron a Calvo Sotelo" un ensayo acerca del asesinato del líder derechista española que tantos han considerado como el detonante final de la guerra civil y que fue galardonado con el "Premio Espejo de España" en 1982. He tenido que recurrir a préstamos familiares para conseguir un ejemplar del libro con el que he disfrutado a lo largo del mes de diciembre y el primer tercio del de enero. El libro de Romero ofrece un estudio magnífico sobre la situación política y social española a partir del triunfo electoral del Frente Popular en febrero de 1936, lleno de datos, documentación y, sobre todo, con notable precisión histórica. Considero que el gran mérito de Luis Romero cabe valorarlo en tres aspectos: el libro está formidablemente redactado, lo que non es novedad en el autor, éste se ha documentado hasta el detalle, mostrando una riqueza de fuentes llamativa y ha tenido el acierto de ponerse por encima de posiciones subjetivas para mostrarnos los hechos tal como ocurrieron sin tomar posturas personales ni mostrar asomo alguno de ese partidismo y hasta revanchismo que se observa en ocasiones. Puedo añadir que la lectura de lo ocurrido en este país en aquellos tiempos me ha recordado, en algún aspecto, a situaciones contemporáneas y que el libro lleva incluidas una serie de fotos de la época muy interesantes. Un excelente trabajo digno de desempolvar.

Con "La traición de Roma" he cerrado la trilogía sobre Publio Cornelio Escipión "El Africano" del profesor universitario Santiago Posteguillo; los dos primeros volúmenes se titulan "El hijo del cónsul" y "Las legiones malditas" y aunque los terminé hace ya bastante tiempo, haré un comentario global de la trilogía, ya que no hablé de ellos en su día. Me han parecido unas novelas realmente magníficas, sin ninguna duda lo mejor que ha pasado por mis manos en materia de novela histórica; Posteguillo combina una excelente capacidad narrativa con una notable precisión de datos históricos, cuidando al detalle personajes, episodios y ambientes. Son libros para disfrutar, leer con calma e incluso aprender, por mucho que no cabe olvidar que estamos ante una novela histórica, es decir, ante relatos que tienen su parte de ficción, por mucho que nos hable de personajes reales y acontecimientos históricos. Me ha encantado como el autor relata las batallas -la narración de la batalla de Zama, donde "Africanus" vence al mismísimo Aníbal, es portentosa- y las sesiones del senado romano. Los grandes protagonistas son sin duda Escipión y Anibal, aunque el general cartaginés aparece mucho menos en la tercera entrega, aunque la historia -larga, pues son tres tomos de más de 800 página- incluye personajes históricos magníficamente retratados como la familia del propio Escipión, los generales de Aníbal, Quinto Fabio Máximo, cayo Lelio, Marco Porzio Catón, Tiberio Sempronio Graco, los distintos reyes de Asia Menor y, por supuesto, el comediógrafo Tito Maccio Plauto. Posteguillo incluye el algún momento, especialmente al final,cierto tono edulcorado y sentimentaloide, pero es inevitable que  una novela adorne algo la historia.

Miguel Mena es un escritor madrileño afincado en Zaragoza del que ya leí -y comenté- en su día "Todas las miradas del mundo", una novela te tono policíaco que me gustó bastante; también tengo en mi anaquel de pendientes "Foto movida", con el mismo inspector de policía protagonista que la anterior y ambientada en la movida madrileña. Hace unas semanas vi en la "Casa del Libro "Alcohol de quemar", su última novela con un tema de fondo que me atrajo mucho: un joven que perdió a toda su familia próxima en un incendio provocado intenta reconstruir el suceso y conocer a quienes lo protagonizaron; al tratarse además de una obra breve, esperé poco para empezarla y me duró escasos días. Es una novela bien construida en la que el escritor consigue enhebrar perfectamente una historia que elabora en distintos estadios de lugar y tiempo con un acierto que no es fácil de lograr. Pero junto a su calidad literaria, "Alcohol de quemar" es un relato que impresiona, que hace pensar, ... a mi me removió interiormente, me hizo identificarme con el protagonista, un personaje francamente humano, y atizó mi conciencia. El libro lo voy a recomendar a muchos, aunque el tema es francamente duro.

De una breve tirada me leí "Una cuestión de fe", un librito de 67 páginas y tamaño octavilla escrito por el periodista Enric González; se trata de una breve muestra de sentimientos y anécdotas en relación al equipo de su vida, el Real Club deportivo Español. Me gusta notablemente leer acerca de los sentimientos de los hinchas futbolísticos, siendo un tema que me atrae llamativamente, pero sobre todo hay que destacar la oxigenante y excelente forma de escribir de Enric González, de quien ya leí sus "Historias de Roma" y me queda por hacerlo con las de Nueva York, Londres y el Calcio.Posiblemente más que de un libro cabe hablar de un folleto, pero en tan pequeño formato es capaz de tratar con agilidad y acierto la historia del club barcelonés, la delantera de los delfines, los cuatro dramáticos descensos que vivió o la especial forma de jugar de un delantero tan atípico como Roberto Martínez. De paso el autor aprovecha para desmitificar determinadas etiquetas y la atribución al rival del Nou Camp de unas ínfulas políticas y unos méritos de lucha anti-franquista que parecen no estar tan claros.

Había que pensar en la opción policíaca del mes y me di cuenta de que llevaba años sin leer nada de Ian Rankin, sin duda uno de mis autores favoritos del género; Rankin es escocés y su personaje más famoso es John Rebus, un inspector de policía rebelde y con problemas con el alcohol, pero constante y honesto que trabaja en Edimburgo; los libros de Rankin nos sitúan en lugares reales de la ciudad escocesa como el Bar Oxford o la calle Cowgate, que recoge magníficamente Juan Carlos Galindo en el blog "Elemental" de "El País". He roto con mi costumbre de leer por orden las novelas de un mismo protagonista, pues ya tenía en casa "Callejón Fleshmarket", un libro que me llamó la atención cuando salió al mercado, allá por 2007, y que supuso mi primer conocimiento de este magnífico escritor; se ha pasado casi siete años en mi estantería, pero al final ha tenido un hueco para su lectura. En la novela se trata de un tema tan actual como la inmigración ilegal, las situaciones a las que lleva la codicia y la explotación de las personas. Se trata de una historia perfectamente creíble, aderezada con otras paralelas en las que interviene la sargento Siobham Clarke, personaje habitual en las novelas que protagoniza Rebus. Junto a una historia interesante, Rankin nos cuenta los avatares personales de sus personajes y cierra un libro entretenido, bien escrito y absolutamente aconsejable para los aficionados al género negro.