29 de septiembre de 2014

El síndrome Kowalski

"Viaje al fondo del mar" fue una serie que hizo las delicias de los niños de mi generación los sábados por la tarde. Era dirigida por Irvin Allen y protagonizada por unos cuantos audaces marinos, quienes a bordo del submarino Seaview vivían cada capítulo aventuras llenas de tensión, emoción y peligros. Científicos medio locos, monstruos marinos, animales a los que las profundidades abisales habían convertido en terribles, peligrosos terroristas y espías internacionales y todo tipo de situaciones complicadas protagonizaban un buen trozo de las televisivas tardes sabatinas de la época. Al mando de la nave estaba el enérgico almirante Harry Nelson, encarnado por Richard Basehart, e inmediatamente por debajo el apuesto capitán Lee Crane, que interpretaba David Hedison. También destacaba el rubio teniente Chip Morton (Bob Dowdell), el cascarrabias Curly Jones (Henry Kulky) o el interesante Francis Sharkey (Terry Becker). Pero entre la clase de tropa figuraba un tal Seaman Kowalski, un marinero feo y fornido cuyo papel le correspondóía al actor Del Monroe, un habitual de las series televisivas que también apareció con mayor o menor frecuencia en otras como "Mannix", "El túnel del tiempo" o "Área-12". Mientras Nelson y Crane ejercían el papel de héroes, Kowalski se solía caracterizar por recibir bofetadas por todas partes. Si a alguien le daban una paliza, si alguno de los personajes tenía un accidente o era sometido a cualquier tipo de agresión o tortura, ese era Kowalski. Y debía de ser así, imagino, por ser feo, fuerte y tener apellido extranjero.

Y en este mundo en el que nos ha tocado vivir siempre hay unos cuantos a los que les toca el sufrido papel de Kowalski. Ya cuando íbamos al colegio compartíamos clase, incluso pupitre, con chavales que tendían a recibir todas las tortas, bien porque tenían cierta torpeza natural, porque su carácter o sus formas les hacían poco simpáticos al resto o simplemente, no se sabe porqué, siempre terminaban siendo los protagonistas de caídas fortuitas, tropezones inesperados, enfermedades repentinas, picaduras de bichos o bofetones mal administrados. Y conforme crecemos seguimos encontrándonos con los Kowalskis de turno, en la Universidad, en la mili, cuando ésta existía, en las entrevistas de trabajo, oposiciones y equiparables, en la vida de familia y en la vida social ... siempre habrá quien reciba golpes constantes, y me temo que no siempre será el que más lo merezca.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

El personaje me recuerda a las victimas de bullyng.
Me pregunto si atacar y exterminar al débil puede tener algo de instintivo tipo lucha de las especies.
Que nos lo explique algun antropologo.

Modestino dijo...

Hay mucho cobarde que disfruta percutiendo al débil.