31 de diciembre de 2011

Feliz 2012



De nuevo hay quienes nos anuncian negros nubarrones para el año que se inicia; parece ser que no vamos a poder comprarnos un Mercedes, ni una casa en la playa ni hacer un viaje a las Seychelles ... No obstante, la alegría de vivir, la compañía de los seres queridos, la esperanza de que aparezcan otros a quien querer también, las perspectivas -al menos los deseos- de que se cumpla alguna de nuestras ilusiones, la sonrisa de los niños, los gestos de ánimo de nuestros amigos, la mirada comprensiva, el descubrimiento por realizar, la sorpresa inesperada, el reencuentro, ... ¡hay tantas cosas buenas que nos pueden ocurrir!

¡Que Dios bendiga vuestras casas, vuestras familias y vuestras personas con la alegría, la belleza y la esperanza!.

Feliz 2012!!!!!!!!!

30 de diciembre de 2011

Sabor añejo



Todos hemos escuchado con frecuencia eso de "café, copa y puro"; viene a ser como una vieja receta sobre la mejor forma de cerrar una buena comida. Evidentemente, el correr de los tiempos, los nuevos hábitos y, muy especialmente, los nuevos criterios han relativizado la cuestión y ahora ya no se puede fumar en los banquetes, muchos cafés tienden a ser "descafeínados" y el concepto de copa o se ha extendido tanto que ya se habla no solo de "copa", sino de "chupito", "tubo" o "copa-balón" o esta descartado porque luego hay que conducir. Ahora la copa tiene mucho más que ver con las salidas nocturnas y bebidas como el coñac y el anís parecen relegadas al recuerdo o, en todo caso, al uso de gente mayor y tradicional en exceso.

Recuerdo que desde niño siempre vi la copa de coñac como una especie de tradición; para la sobremesa uno tenía la sensación de que lo propio era un copazo de este licor, y el anís, que parecía la alternativa, sonaba más a licor de señoras. Al lado de un cigarro o, especialmente, un buen puro, el coñac aportaba estilo, casi una elegancia decisiva. La imagen del cabeza de familia cogiendo la copa con estilo, oliendo el aroma y saboreando poco a poco el coñac era hace cuarenta años un cuadro frecuente. Hoy en día el coñac suena a algo pasado, a costumbre semiperdida; el coñac venía a ser invitado obligado en las fiestas familiares, en la comidas de Navidad y Año Nuevo, en esas viejas tertulias de café que desgraciadamente suenan a vetustas, tal vez porque ahora andamos con excesiva prisa y hemos perdido la sensibilidad de disfrutar con demasiadas tradiciones.

Pero el Coñac, que no es término equiparable a "brandy", pues no es más que un tipo de éstos originario de la localidad francesa de Cognac, trae tambén otros recuerdos, mucho más plebeyos y populares, el de los carajillos de "Veterano", "Soberano" o "Fundador", el de almuerzos de media mañana, aún con el mono de trabajo puesto, a bares de pueblo o de barrio, con coñacs baratos que ayudan a quitar el frío y a poner en marcha el cuerpo. Y también a viejos anuncios, a ese "soberano es cosa de hombres" que hoy sería políticamente incorrecto, a los discos que regalaba "Fundador" o al Carrusel Deportivo" de la SER, en el que Joaquín Prat preguntaba varias veces por domingo a los corresponsales de los campos de primera "¿Quién está jugando "soberanamente"?, y el coñac barato quedaba inmediatamente unido a los grandes de la época: Amancio, Rexach, Rojo, Arrúa, Leivinha, Claramunt, ...

Claro que no todo es coñac de taberna con barras baratas y ceniceros de publicidad, también existen las alternativas de lujo, los coñacs caros que solamente son factibles para bolsillos de lujo y grandes ocasiones; imaginon que habrá expertos que nos podrían dar largas listas y establecer auténticos "hit-parade" de los mejores, pero yo solamente puedo hablar de dos, el célebre "Napoleón", un coñac francés de presentación ostentosa y precio enorme y el "Lepanto", el producto rey de la casa "González-Byas", sobre cuya producción recibí amplia explicación en una inolvidable visita a las referidas bodegas en Jerez el año 2006. Ambas marcas, que evidentemente ni son las únicas ni me consta que sean necesariamente las mejores, son un escalón más en el disfrute de los pequeños placeres alcohólicos, tragos selectos, delicadezas reservadas a los sibaritas, los que disfrutan distinguiendo ... y eligiendo.

Pero hay que aceptar que el coñac ya no está de moda, que cuando uno escucha a alguien pedir uno se sorprende, por mucho que cualquier bar tradicional tendrá a bien exhibir en sus estantes unas cuantas marcas, que los restaurantes de lujo no podrán prescindir de las botellas más escogidas y que cuando a uno le sirven una copa de coñac -mira que son extrañas a veces nuestras sensaciones- no deje de sentir estar viviendo un momento que va más allá de un determinado sabor. Y cuando regreso al tiempo de mi infancia quedan vivos los nombres de tantas marcas que escuchaba reiteradamente en los típicos y tópicos anuncios de la época: "el momento oportuno de tomar "501", el caballo de "Terry", el "Fundador, que está como nunca" o el de "Espléndido Garvey" de los inimitables Tip y Coll. Aquí se trataba más bien de brandys de Jerez, a los que cabría añadir el "103", el "Carlos III", el "Cardenal Mendoza", el "Felipe II", ... y hasta el "Ponche Caballero" que anunciaba el gran Peret.


29 de diciembre de 2011

Novela estrictamente negra



"A quemarropa"
Richard Stark
RBA. Barcelona (2011)
190 páginas


Resumen: Parker no estaba organizado; tenía amigos y buenas conexiones, desde luego, pero siempre iba por libre. Y a la mafia no le gustaba que los independientes tuvieran éxito. Por eso, tras darle por muerto, le arrebataron el botín de su último atraco. Pero Parker no podía olvidar su última estancia en la cárcel ni, sobre todo, sus cuarenta y cinco mil dólares. Llevado por el deseo de venganza y por un peculiar sentido de la justicia, Parker inicia una sangrienta cacería por los tortuosos vericuetos que forman el imperio del hampa neoyorquina. La organización es grande y sus hombres clave están bien protegidos, pero Parker, lobo solitario, se siente capaz de acechar al enemigo hasta cogerlo desprevenido... e incluso de recuperar sus cuarenta y cinco mil dólares.


Es de agradecer que haya amigos que se acuerden de tener un detalle contigo cuando llega tu cumpleaños; y para un lector empedernido qué mejor regalo que un buen libro!!. En el caso de Tommy, hombre esencialmente detallista, el detalle tiene además la propina de que suele buscar siempre algo con toque especial, un título y un autor con carga de originalidad: este año no ha sido menos y sumó a mi peculio literario la primera novela protagonizada por Parker, un personaje sacado de la chistera por un tal Richard Stark, que no es más que el seudónimo que uno de los ídolos literarios de Tommy, Donald E. Westlake, quien al parecer utilizaba tal "alias" para sus novelas de corte más duro.

Westlake se caracterizó por ser un autor que escribía a ritmo vertiginoso, tanto que hubo de adoptar más seudónimos, además del de Stark, porque las casas editoriales no eran partidarias de publicar muchas novelas seguidas de un mismo autor. El autor neoyorquino, fallecido la nochevieja de 2008 de un ataque al corazón, escribía habitualmente con un delicioso tono de humor y era capaz de elaborar unos diálogos agudos y divertidos que facilitaron poder llevar quince de sus novelas a la pantalla. De Westlake es el guión de la adaptación cinematográfica de la obra de Jim Thompson "Los timadores", con la que obtuvo una nominación para el Oscar en 1990 y el de "Two Much".

"A quemarropa" está protagonizada por Parker, un delincuente al que Stark/Westlake convierte en héroe de sus novelas. Parker, así se llama, sin más, sin referencia a nombre de pila alguno, es un personaje singular: duro e implacable, tiene también un peculiar sentido de la justicia. "A quemarropa" es la historia de una venganza, de cómo Parker vuelve prácticamente de la muerte para hacer pagar su traición a su mujer y un socio que se la ha gastado, un tal Mal Resnick con quien el autor se ensaña presentándonoslo como un individuo tan fanfarrón como ridículo.

Al parecer se trata de una novela del género "pulp", que si no he entendido mal define a aquellas novelas que se publicaban en ediciones rústicas con papel amarillento -la "pulpa" del papel-, y que a mí me suena a "Pulp fiction". Estas novelas de "viejo" me suenan a portadas de chicas con cara horrorizada, manos portando pistolas, cuartuchos inmundos e individuos con gabardina y sombrero de fieltro.

Una de las grandes virtudes de "A quemarropa"´es la agilidad con la que se lee: es corta y está escrita con un soltura admirable, por lo que se puede devorar en una tarde de fiesta sin nada más que hacer. Pienso que es una novela magnífica, una muestra estupenda de la mejor novela negra, con ambientación, personajes y argumentos plenamente conseguidos.



28 de diciembre de 2011

"La canción del tamborilero", Raphael



Raphael era el cantante top de la España de los 60; le acusaron de unas cuantas cosas: de ser afectado, de cursi, de rendirle pleitesía a Franco, ... pero lo que nadie pudo discutir nunca fue su voz espectacular y sus tablas en el escenario. Ante todo y sobre todo, el llamado entonces "niño de Linares" cantaba formidablemente bien. Fue el representante de España en el Festival de Eurovisión en 1966 y 1967 con sus inolvidables "Yo soy aquél" y "Hablemos del amor"; recuerdo que llegué a hacerme a la idea de que no cabía otro cantante para actuar en un certamen que por aquella época era el "sumum".

Uno de los temas que Raphael vendió como rosquillas a lo largo de muchos años fue "La canción del tamborilero", versión de un villancico tradicional cuyas primeras noticias datan de 1941, cuando la pianista Katherine Kennicott Davis (1892-1980), natural de St. Joseph (Missouri), manuscribió la canción, titulándola Carol of the Drum (Villancico del Tambor), al parecer transcrita de un supuesto original checo. Posterioremente la canción se hizo famosa al incluirla en su repertorio la célebre famiia Trapp -inolvidables "Sonrisas y lágrimas". Raphael le da un toque especial, por mucho que sus gestos y poses puedan poner nervioso en algún momento ... notesé que nos llega a dar la bendición.

27 de diciembre de 2011

Teatro en pantalla

El otro día terminé de ver "¿Quien teme a Virginia Woolf?", la película de Mike Nichols que llevó a la pantalla una magnífica obra de teatro de Edward Albee; se trata de un film magnífico que ostenta el record de haber sido la única película en la historia de los Oscars que tuvo nominaciones para los trece premios, si bien al final "Un hombre para la eternidad" le ensombreció la noche a Nichols dejando en cinco los premios de su obra maestra e impidiéndole obtener los soñados Oscar a la mejor película y la mejor dirección. De cualquier manera esta dulce derrota no disminuye la calidad del trabajo de director y actores y tanto una película como otra forman parte de aquéllas que es aconsejable ver, posiblemente varias veces. Se trata de una película dura, de una intensidad dramática que casi calificaría como agotadora; podría utilizarse ese calificativo tan al uso de "claustrofóbica", pues casi todo el film se desarrolla entre cuatro paredes, con una única salida de las dos parejas protagonistas para tomar una copa en un bar de carretera. No es fácil llevar al cine una obra pensada y escrita para el teatro, pero en esta ocasión el acierto ha sido total, como también pasó con otras piezas teatrales como "Un tranvía llamado deseo" o "La gata sobre el tejado de zinc".

La película nos habla fundamentalmente de un matrimonio explosivo, el que forman Martha (Liz Taylor) y George (Richard Burton): él es un alcoholizado y amargado profesor de Universidad y ella una mujer frustrada y de pésimo carácter, hija del director de dicha universidad. Ambos se odian, conociendo cada cual perfectamente los defectos y debilidades del otro. En medio de su particular guerra aparece de visita un joven, apuesto y ambicioso profesor, Nick (George Segal), acompañado de su inmadura e ingenua esposa Hooney (Sandy Dennis); la visita mueve a Martha y George a iniciar una especie de juego maléfico y destructivo que va incrementando la tensión entre los cuatro hasta límites inaguantables. Los diálogos son implacables y hay que estar bien atento para no perder ripio; cada personaje está formidablemente diseñado y los actores se exhiben en una actuación memorable.

Los cuatro intérpretes del film fueron nominados para el Oscar, si bien solamente ellas, Elizabeth Taylor y Sandy Dennis, se hicieron con la estatuilla, claro que imponerse al Paul Scolfield de "Un hombre para la eternidad" y al Walter Matthau de "En bandeja de plata" cabía definirlo como "misión imposible". De cualquier manera se trata de cuatro interpretaciones magistrales, por mucho que no podamos evitar reconocer que las de Taylor y Burton rozan lo sublime; ... y uno se pregunta si en la realidad su matrimonio tuvo algún tipo de similitud con el de la ficción.

En mi opinión "¿Quién teme a Virginia Woolf"? es una de esas películas que deja agotado, hay que seguirla intensamente y el final es de una crudeza notable, el guionista llega a rizar el rizo de la crueldad para llegar hasta donde llega. Me queda la duda del título, aunque el hecho de reproducir la célebre cantinela de los tres cerditos en relación a todo un icono del feminismo no deja de dar pistas de por donde iba Edward Albee.






26 de diciembre de 2011

¿Hay amistades desinteresadas?



En mis últimos años en Tarragona conocí a un individuo a quien intuyo no haberle caído precisamente en gracia; no se si serían mis defectos, que los tenía -y sigo teniendo- en abundancia, o mi manera de ser pero tengo bien claro que mi persona le producía urticaria. Lo más sencillo para todos hubiera sido que nuestra relación viniera a equivaler al "conjunto vacío", pero las circunstancias de la vida nos llevaron a tratarnos con frecuencia, algo que casi me cuesta una úlcera ... y a él, me temo, posiblemente también.

Recuerdo un caluroso día de agosto en el que me acusó de no haber entendido lo que era la amistad, no con relación a él -nunca me consideré su amigo- sino respecto del resto del mundo. Afirmaba en concreto que me había convertido en un tipo interesado, y aunque casi nunca acababa sabiendo qué es lo que quería decir cuando me tachaba de ésto o de lo otro, interpreté que insinuaba que tendía a buscar cariño y diversión en mis relaciones con el prójimo. No cabe duda de que la generosidad, el estar por los demás, el pensar en los otros y no en ti son atributos indudables de un buen amigo, pero tras aquella apreciación sospecho que se escondía una notable ignorancia de la condición humana. Las personas tendemos a ser individuos necesitados de afecto, algo que buscamos de una manera u otra y sin lo que correríamos el peligro de acabar considerando la amistad cual operación matemática. Me parece, además, que lo malo no es buscar cariño sino, en todo caso, no empezar por darlo sin cálculo ni medida.

Y es que hay quien todavía no sabe que no somos perfectos, quien aspira a vivir entre "espíritus puros". La amistad es un tema interesante, una cuestión sobre la que podríamos discutir, divagar, intercambiar opiniones ... aunque creo que también es algo que aprendemos con la experiencia, con lo que nos enseñan el tiempo y las propias vivencias. Además la amistad es algo personal entre dos individuos y cada vez tengo más claro que eso de que "los amigos de mis amigos son mis amigos" tiene unas cuantas goteras y bastante de inexactitud. Las amistades las fomentamos, conservamos y regamos cada cual, sin controles externos ni vigilancias aduaneras. Y es que los amigos los elegimos nosotros, muchas veces no se sabe porqué; la amistad es a la vez compleja y sencilla: porque ¡cualquiera recuerda las razones por las que escogimos a fulano, a mengano o a zutana! y porque en el fondo hay una reciprocidad, de afectos y de necesidades.

24 de diciembre de 2011

Feliz Navidad



¡¡Feliz Navidad 2011!!!


El sueño como un pájaro crecía
de luz a luz borrando la mirada;
tranquila y por los ángeles llevada,
la nieve entre las alas descendía.

El cielo deshojaba su alegría,
mira la luz el niño, ensimismada,
con la tímida sangre desatada
del corazón, la Virgen sonreía.

Cuando ven los pastores su ventura,
ya era un dosel el vuelo innumerable
sobre el testuz del toro soñoliento;

y perdieron sus ojos la hermosura,
sintiendo, entre lo cierto y lo inefable,
la luz del corazón sin movimiento.

Luis Rosales


23 de diciembre de 2011

Un "pueblecito" de Huesca



Como de todos es sabido, el Gordo de la Lotería de Navidad ha bendecido la provincia de Huesca; en la localidad de Grañén se vendió la totalidad de las series del número 58.268, una cifra que partir de ahora será casi un amuleto para un buen número de personas a las que la suerte ha beneficiado en medio de una temporada difícil y complicada. He sido testigo de como la noticia colocaba en una nube a unas cuantas personas, y bien que me alegra que a la gente de bien les visite la fortuna al menos una vez en la vida. Huesca y provincia se convirtieron en una fiesta y la brillantez de las mejores sonrisas protagonizaba los rostros incluso de quienes no habíamos comprado el número mágico. En mis manos había un décimo comprado en Grañén, pero el número difería completamente del afortunado, otro año será.

Y, como ocurre siempre, el acontecimiento del gran premio ha convertido en protagonista a un lugar que hasta ahora casi nadie conocía en España, Grañén, una localidad de algo más de 2000 habitantes ubicada cerca de la carretera que va de Huesca a Fraga. Eso sí, una vez más ha quedado demostrada la ignorancia de algunos medios, pues en la edición digital de un diario de ámbito nacional se decía ayer por la tarde que el gordo había caído en un "pueblecito de la provincia de Huesca", como si Grañén fuera un villorrio aislado, sin luz ni agua caliente y casi a punto de la desaparición como lugar habitado. Evidentemente no estamos ante una villa grandiosa de tamaño, pero que nadie olvide que el pueblo donde ha caído el gordo es ciudad puntera de la Comarca de Los Monegros, que abarca municipalmente a otras localidades como Curbe, Montesusin, Fraella y Callen, con una iglesia dedicada a Santiago Apóstol construida en el siglo XVI y de estilo gótico-renacentista, con una zona moderna, estación de ferrocarril y los restos de un castillo. Y por supuesto, con todos los servicios y comodidades que exigen los tiempos que corren.

El que la suerte haya caído esta vez en Grañén cabe también considerarlo como un homenaje del destino a la dureza de una tierra como los Monegros, surcada por el trabajo constante, duro y poco agradecido de hombres y mujeres que saben poco de descansos, vacaciones y holganzas, a ese paisaje árido y agreste, a esa auténtica representación del polvo, niebla, viento y sol que tan bien supo describir y entender Labordeta. Nunca he pisado Grañén, ha sido sitio de paso, aunque en mi corazón hay un rincón para el lugar de origen de alguien a quien siempre he admirado en silencio, una de esas personas cuya sonrisa te hace agradecer seguir vivo, con una mirada que te hace pensar que de ella te puedes fiar, porque sabes que esos ojos no te van a engañar. En cuanto escuché el nombre de Grañén como noticia del día su nombre me vino a la cabeza, y es que la suerte que cada 22 de diciembre proclaman los niños del Colegio de San Ildefonso aseguraría que ha llegado hasta la cabecera de Los Monegros, en buena parte, atraída por un carácter que conquista.




22 de diciembre de 2011

Muerte de un mister

En la madrugada del martes falleció el ex jugador y ex entrenador de fútbol uruguayo Héctor Núñez; Núñez vivía en Madrid y murió a los 75 años tras una larga enfermedad. Héctor Núñez es uno de esos nombres que durante muchos años aparecía continuamente en los distintos aconteceres futbolísticos. Yo no vi jugar al uruguayo, un brillante extremo derecha salido de la cantera de Nacional de Montevideo, pero que estuvo más de media vida profesional en el Valencia de Mestre, Pesudo, Sánchez Lage, Guillot, Waldo, ..., donde jugó siete temporadas, para acabar sus años de futbolista en Mallorca y Levante. Fue un extremo rápido, con la calidad que siempre han tenido los grandes jugadores charrúas y la competitividad propia de un país que siendo pequeño ha ganado dos veces la Copa del Mundo de Fútbol. Es inevitable que el paso de los años te convierta en testigo, pasivo y lejano, de la muerte de quienes cuando supiste de su vida activa eran personajes en plenitud, por eso,cuando supe no hace mucho tiempo de la muerte de Chus Pereda, Jesús Aranguren, Juan Carlos Arteche o Alberto Vitoria, la desaparición de Héctor Núñez me lleva al pasado y me causa una pena que algunos no entenderán.

Cuando el nombre de Héctor Núñez ha sonado repetidamente en los oídos de los que hemos seguido la Liga española con pasión y atención ha sido con motivo de su larga trayectoria en los banquillos; si acudimos a las fuentes comprobamos que Héctor Núñez figuró como primer técnico de equipos como Levante, Granada, Las Palmas, Atlético de Madrid y Valencia, aunque si tuviera que elegir una etapa profesional del técnico hoy fallecido sería la que pasó al frente del Rayo Vallecano, un club que había subido por vez primera en su historia a 1ª División en junio de 1977 y que eligió al uruguayo como técnico que llevara las riendas de los de Vallecas en la máxima categoría. Núñez hizo una temporada dignísima, acabando en el décimo puesto y realizando un excelente fútbol en el que destacaba sobre todos el centrocampista Landáburu, que se iría al Barça, el interior Rial, los defensas Uceda y Tanco, los delanteros Alvarito y González y dos jugadores que llegarían a ser llamados por el seleccionador Kubala: el lateral derecho Anero y el centrocampista Guzmán. Al final de la temporada Héctor Núñez y los jugadores Guzmán y González ficharon por el Atlético de Madrid, donde como les ha pasado a tantos no pudieron destacar como lo habían hecho con los franjirrojos.

No obstante, el mayor éxito como mister de Héctor Núñez fue la victoria en la Copa de América de 1995, donde venció en los penaltis a la todopoderosa selección de Brasil, que un año antes se había proclamado campeona del mundo en USA. Núñez entrenaba a un equipo donde destacaba por encima de todos el gran Enzo Francéscoli, sin olvidar a nombres como Daniel Fonseca, Gustavo Poyet, Pablo Bengoechea, Alvaro Gutiérrez o Marcelo Otero. Fue un momento cumbre en la vida de Héctor Núñez. El país se echó a la calle. Y al grito de ''soy celeste, soy celeste'' por la repleta Avenida de 18 de julio, la gran arteria de Montevideo, Uruguay volvía a estar orgulloso de sus futbolistas, en un ''paisito'', que decía Benedetti, de tres millones de habitantes y que volvía a estar en el podio de los más grandes. El propio Gustavo Poyet, compatriota de Héctor Núñez y un jugador que en el Zaragoza llegó de puntillas y acabó marcando una época y siendo santo y seña de su equipo, al conocer la noticia de la muerte de quien fue su entrenador ha dicho de éste que "Fue una persona honesta que amaba el fútbol", no puede haber mejor epitafio.


21 de diciembre de 2011

Julio Iglesias en plena madurez fecunda

Hace ya bastantes años -más de veinte- tuve un jefe gallego a quien gustaba mucho lanzar teorías; era un hombre culto, inteligente y ocurrente, con lo que sus planteamientos solían tener originalidad y cierto encanto, por mucho que en ocasiones le perdiera el afán de notoriedad. Una de sus "perlas" era la idea de la "madurez fecunda", término que utilizaba para calificar aquella etapa de la vida en la que uno anda ya un poco de vuelta, pero con vitalidad suficiente para vivirla con valentía tanto a la hora de valorar el pasado como de enfrentarse al futuro. En esa fase debe de andar Julio Iglesias, uno de mis viejos ídolos al que, por mucho que con el tiempo he acabado cayendo en el afecto a otro tipo de intérpretes y grupos, siempre guardaré afición devoción; y lo digo porque con motivo de haber recibido de manos del gran Rafa Nadal un premio que le distingue como el artista que más discos ha vendido en España –23 millones– y el cantante latino que más ha vendido en toda la historia, con -300 millones-, el cantante madrileño ha realizado unas declaraciones que me han llamado positivamente la atención. Con frecuencia y a la vista de las maneras que en ocasiones ha mostrado Julio en los distintos medios de comunicación, he tenido la tentación de pensar que el hombre era más bien insustancial, por mucho que no han sido ni uno ni dos quienes han tenido ocasión de tratarle en privado y me han comentado que es una persona absolutamente normal con quien se puede mantener una conversación agradable y hasta interesante. Tras leer lo que dijo el otro día empiezo a dar la razón a éstos últimos.

Julio Iglesias habló de su amor a España y de su preocupación por la situación del país; al cantante siempre le ha gustado alardear de español y mostrar su cariño a España y "sus gentes", como suele decir con sonrisa de oreja a oreja. El artista no se ha cortado al hablar de que "Me emociona mucho ser español, me ha emocionado siempre, y de hecho este premio es el resultado de ser español, por mi carácter y mis pasiones, que son españolas, y eso he transmitido al mundo entero. Por eso cuando estoy en cualquier lugar me siento muy español"; pienso que en estas manifestaciones hay algo de alarde artificial, pero es de agradecer que los compatriotas que andan por ahí triunfando por donde pasan no tengan remilgo en pasear su orgullo nacional, que bien administrado no es nada perjudicial para la salud de nadie. Y también me ha gustado la humildad con la que Iglesias ha admitido que ha podido triunfar sin tener precisamente una voz prodigiosa: "a veces las gentes con menos posibilidades llegan más lejos, gracias al esfuerzo de todos los días". Julio ha admitido en varias ocasiones tener una "voz débil", y ha insistido en agradecer a "toda la gente que durante tantos años" le han dado su tiempo, toda una lección de honestidad y de ser agradecido.

Pero las manifestaciones del cantante me han agradado de manera especial cuando ha dicho que "uno aprende con los años a entender mucho más a los otros, a no juzgar, a no ser culpable", y es que quienes vamos entrando poco a poco, tal vez sin desearlo demasiado, en una edad que prácticamente empieza a ser la tercera deberíamos esforzarnos más por aprender activamente a comprender, a ponernos en el lugar de los demás. Es posible que en la operación de entender al que está enfrente podemos correr el peligro de alejarnos de los que tenemos más cerca, pero ésto solamente nos debe incentivar a buscar equilibrios, no ha enrocarnos en bunkers y trincheras. Y es que uno aspira, como Julio, a entender y no juzgar, y cuando piensa que ha mejorado llega un día en que descubres que has vuelto a poner en la picota y hasta empitonar al vecino de enfrente.

Y lo que me ha llamado más la atención de éstas últimas palabras ha sido la coletilla final: "no sentirse culpable"; quién sabe lo que quería decir el hombre con ésto, pero a mí la cosa me hace pensar. Evidentemente hay que admitir los errores pasados, las maldades que todos hemos podido cometer, pedir perdón y rectificar, pero me gusta la idea, porque no podemos vivir arrastrándonos por causa de la carga que nos ha puesto el pasado, puede que a veces por excesos de complejos y escrúpulos, sino mirando al futuro y asumiendo lo que hemos ido andando, aunque ese manoseado polvo del camino nos deje marcas y secuelas. Vete a saber que hay detrás de la frase, pero ya nos viene bien para pensar en ella.



20 de diciembre de 2011

En los preludios navideños


Hay quien se enfada ante el espíritu navideño que nos entra a algunos; comprendo que el consumismo imperante y cierta hipocresía social lleve a la indignación, pero siempre quedan momentos deliciosos como los del vídeo que traigo hoy.

Escucho con frecuencia en estos últimos días a quienes se quejan de que haya quienes parezca que les obligan a ser felices, no sería efectivamente respetuoso con el prójino exigirles una actitud determinada ante la vida, aunque tampoco debería ser preterido transmitir la alegría que uno siente y, en cualquier caso no es tanto conminar a ser feliz, sino descubrir que hay razones para serlo.


19 de diciembre de 2011

El "experimento" del Cointreau

La semana pasada estuve de comida navideña con la gente de mi trabajo; no suelo fallar a estas citas y, como viene sucediendo cada año, tanto el lugar como la compañía fueron excelentes y disfrutamos con buen ambiente de una notable pitanza. Como suele suceder en estas ocasiones a la hora del café se pasó revista por si alguien deseaba desfragmentar adecuadamente la zona digestiva con una copa y fue en ese momento cuando caí en la tentación de experimentar, algo que empiezo a pensar que puede ser un error si de comer o beber se trata. Me vino a la cabeza entonces una grata noche de julio en una terraza de la Plaza Quintana de Santiago de Compostela, allí me llamó la atención el "pelotazo" que se tomó un compañero de tertulia nocturna, quien pidió una copa de balón con mucho hielo y Cointreau, a lo que se hizo añadir tres o cuatro granos de café, yo perseveré entonces en el gin-tonic pero tomé nota del antojo; en la comida citada recordé la situación y me lancé a pedir la novedad, tentación a la que arrastré a mi vecino de cubierto, quien por cierto es uno de los más prestigiosos colaboradores de este blog. La camarera puso cara rara, me pareció notar que de manera especial cuando comenté lo de los granos de café, pero al final las copas llegaron y, todo hay que decirlo, nos convertimos en el centro de atención momentáneo de la fiesta.

El "experimentó" creo que no resultó; al final de hecho no nos acabamos tomando más que un simple anisette de sabor dulzón al que los granos de café, por mucho que acabé incluyendo unos cuantos más de los previstos, no consiguieron dar ningún tipo de encanto especial. Sentí cierta frustración, además del remordimiento de conciencia de haber llevado al error a mi amigo, que seguramente hubiera disfrutado más con otro tipo de combinado. Yo siempre he recurrido al Cointreau cuando entre las ofertas del postre está el Helado de Crocanti, un producto que puedo asegurar que cuando es adecuada y ligeramente rociado de dicho licor se convierte en algo espectacular; de cualquier manera queda claro que a partir de ahora me limitaré a esta opción y a la hora de las copas volveré al dilema de siempre: o nada o lo seguro, que a estas alturas hay temas en los que queda poco por inventar.




18 de diciembre de 2011

El día que comenzamos a vivir en el alambre



Han pasado diez años y dos meses desde el atentado a las Torres Gemelas del 11 de septiembre de 2001; recuerdo que en aquellos días yo apuraba mis últimos momentos en Tarragona y conforme iban llegando las noticias de aviones que se estrellaban llegué a pensar que todo se venía abajo y ni siquiera me iba a dar tiempo de tomar posesión de mi nuevo destino en Huesca. Estaban siendo días muy especiales para mí y lo sucedido en Manhattan vino a ser como un botellazo en la cabeza tras un tiempo con ciertos aires de andar por las nubes.

A estas alturas de la historia del mundo hablar de vivir en el alambre no deja de ser presuntuoso: llevamos posiblemente siglos y siglos ubicados ahí, y siempre ha habido guerras, crisis, inestabilidad en uno u otro sitio, desde las Guerras Púnicas hasta la 2ª Guerra Mundial, pasando por la invasión musulmana en España, la amenaza del turco o la Revolución Francesa la humanidad ha tendido a funcionar en los límites de la incertidumbre y el drama. No obstante, a mí la sensación de seguridad se me acabó cuando Al-Qaeda montó la que montó en el mismo corazón del país más poderoso del mundo; hasta el momento en el que todos presenciamos en vivo y en directo la tremenda imagen de unos aviones estrellándose contra las Torres del World Trade Center la mayoría de occidentales vivíamos con la sensación, supongo que injustificada, de que nunca iba a pasar nada, de que las grandes catástrofes solamente se podían producir en lugares bien alejados de lo que, ¡ingenuos de nosotros!, pensábamos era el centro del universo ... quedaba claro que estábamos en la inopia.

Transcurridos diez años uno abre los ojos al mundo y se lleva una impresión bien distinta: una crisis económica galopante que amenaza con dejarnos como un erial, una sensación de fragilidad ante enemigos reales o supuestos que en cualquier instante nos pueden reducir a escombros, unos países árabes en permanente revolución, un inconformismo social que aparenta no saber lo que quiere y, lo que aún es más preocupante, una sociedad que parece acomodada, enferma e incapaz de reaccionar. Cuando hace veinte años cayó el muro de Berlín y la Unión Soviética se disolvió como un azucarillo parecía asomar un futuro de color de rosa, pero esa perspectiva idílica ha terminado siendo una simple pompa de jabón, pues a la caída de un comunismo que en un algo menos de un siglo solamente ha servido para enterrar con la misma eficacia la libertad y los cadáveres que provocaba parece añadirse ahora la del capitalismo más feroz que ha sido incapaz de evitar el aburguesamiento y la atrofia social.

Es posible que tras el esfuerzo de occidente por levantarse de la tragedia de la última Guerra Mundial sus habitantes hayamos ido cayendo en una autocontemplación demoledora, a la vez que nos hemos creado un bienestar artificial y vacío que nos ha llevado a vivir engañados, instalados en una tranquilidad injustificada. Ahora nos da miedo mirar al futuro, porque ni sabemos lo que nos espera ni lo intuimos grato; no obstante es posible que vivir en el alambre, si no nos dejamos llevar por la angustia, nos ayude a replantearnos cuál es el verdadero sentido de nuestras vidas y el camino que debemos retomar.


17 de diciembre de 2011

La irrenunciable carga del desorden



Ser ordenado equivale, en principio, a ser virtuoso; por esta razón quienes somos más bien caóticos, tenemos la mesa de trabajo echa un desastre, con papeles, expedientes y libros apelotonados de cualquier manera, y tenemos una irremediable tendencia a acumular objetos sin ton ni son tenemos que bajar la cabeza, reconocer nuestras culpas e intentar enmendarnos en la medida de lo posible. Pero, a estas alturas de la vida, he llegado a la conclusión de que la aspiración no ha de ser convertirme en un individuo pulcro y metódico -aspiración sencillamente imposible de lograr- sino saber gobernar mi caos de la mejor manera posible.

Queda dicho que no niego la bondad de quienes tienen cada cosa en su sitio y muestran una habitación o despacho que aparecen como una patena, pero no me parece menos cierto que hay ocasiones en las que se convierte la virtud en manía, el orden se consigue a base de minar la paciencia y los nervios del prójimo y lo que era virtud se convierte, en definitiva, en motivo de tensiones. Creo que no es la primera vez que pongo en cuestión toda virtud que no asoma como algo amable al resto del mundo.

No seré yo quien alardee de algo que no es virtuoso, pero hace ya tiempo que tomé la decisión de asumir que lo mío no es la pulcritud y la corrección, y solamente trato de que ese cierto desorden ni entorpezca a mi trabajo y a mi vida y que no perjudique a nadie. Y, sinceramente, he dejado de sufrir cuando veo mi mesa de trabajo como un "safareig", que dicen en el principado, que bastantes problemas nos da la vida y no nací con vocación de ingeniero.






16 de diciembre de 2011

Ha muerto Alberto de Mendoza

El actor argentino Alberto de Mendoza falleció el pasado lunes en Madrid a la edad de 88 años; Mendoza llevaba tiempo hospitalizado como consecuencia de una insuficiencia renal y al final su cuerpo acabó diciendo "¡basta!". Alberto de Mendoza ha estado al pie del cañón hasta el final, pues este mismo año se había estrenado su última película, "La mala verdad", en la que interpretaba a un viejo abuelo machista y por la que había recibido un premio en el último Festival de Cine de Málaga. El actor, nacido en Argentina pero de origen español, no era demasiado conocido por el público español en general, pues sus actuaciones en Televisión Española fueron contadas, algo que contrasta con las más de 150 películas en las que intervino. Como señalan los teletipos que se hacen eco de su muerte, actuó junto a actores del fuste de Alberto Closas, Olga Zubarry, Delia Garcés, Ernesto Bianco, Jack Palance, Telly Savalas, Irene Papas y Peter Cushing, sin olvidar sus momentos estelares como galán en el cine español de los años 60 junto a Carmen Sevilla y Sara Montiel, dos de las estrellas más rutilantes de la pantalla nacional de aquella época.

Mis primeros recuerdos de Alberto de Mendoza se remontan a dos películas que vi a finales de los 60; la primera de ellas era "Los guardamarinas" (1967), un film de Pedro Lazaga al que se dio gran cobertura publicitaria en la televisión de entonces y en el que compartía cartel con "clásicos" del momento como Julia Gutiérrez Caba, José Luis López Vázquez, Pepe Rubio y Alfredo Landa; "Los guardiamarinas" constituía toda una exaltación de la marina española. La otra película que también vi por entonces, anterior en el tiempo a aquélla, fue "Secuestro en la ciudad" (1965), de Luis María Delgado, en la que Mendoza encarnaba al típico "perdedor" arruinado que decide secuestrar a la hija de un rico industrial, un film en blanco y negro en el que aparecían otros nombres ilustres: Agustín González, Erasmo Pascual, José Marco Davo y Julieta Serrano. Esta última película la vi en el Colegio de "La Enseñanza" de la calle Bilbao, y me queda el recuerdo de que la proyección se cortó en el momento del desenlace, no se si por fallo técnico o porque la buenas monjas pensaron que no era adecuado para menores.

Pero no parece que las películas citadas fueran las mejores de este actor tan fecundo; en concreto hay dos ya antiguos films argentinos por las que Mendoza fue galardonado con dos Cóndor de Plata al mejor actor: "El Jefe" (1958), de Fernando Ayala, que narra la historia de una banda de delincuentes juveniles de poca monta, que encuentran en su "jefe" a aquel capaz de resolver sus problemas y hacer realidad sus deseos, ... hasta que éste les traiciona y "El infierno tan temido" (1980), de Raúl de la Torre, un drama tremendo sobre la desesperación de un marido que recibe de su mujer fotos de ésta con otros hombres. También es interesante su papel en "Manos torpes" (1969), una película española dirigida por Rafael Moreno Marchent en la que borda el papel de un cazarecompensas lleno de ambición y codicia y trabaja junto al malogrado actor alemán Peter Lee Lawrence y Pilar Velázquez, una actriz bellísima que gozó de cierta fama en esa época y estuvo casada con el ya fallecido cantante catalán Miguel Gallardo; el film cabe enmarcarlo en el subgénero del "spaghetti western" y la banda sonora de la película es obra del compositor aragonés Antón García Abril, habiendo sido un éxito de taquilla en nuestro país al tiempo de su estreno, llegando a recaudar la cantidad de 128.679,32 €.

Otras películas de Alberto de Mendoza que cabe citar son "El retrato" (1947), de Carlos Schlieper, "Marihuana" (1950), de León Klimovsky, "la calle del pecado", de Ernesto Arancibia, "Chantaje a un torero" (1963), de Rafael Gil, "Volver a vivir" (1968), de Mario Camus, "Zorrita Martínez" (1975), de Vicente Escrivá, "El hombre que supo amar" (1978), de Miguel Picazo y "Manaos" (1980), de Alberto Vázquez Figueroa. Tampoco puedo dejar de mencionar una versión de Peter Collinson del clásico de Agatha Christie "Diez negritos", en el que compartía cartelera con Oliver Reed, Elke Sommer, Richard Attenborough, Herbert Lom, Charles Aznavour y Teresa Gimpera, entre otros. No obstante, el actor fallecido destacó también en la televisión argentina, especialmente con el serial "El Rafa", una telenovela con la que batió records de audiencia en su país en los años 80. En Argentina también hizo teatro, interviniendo en obras como "Panorama desde el puente", "Filomena Marturano", "Don Fausto", "Un tranvía llamado deseo", "Engañemos a mi mujer", que representó en Tucumán; "Violines y trompetas", "Tovarich" y "Las últimas lunas", entre otras.

El último gran trabajo del actor fue posiblemente "Tapas" (2005), una magnífica película de José Corbacho y Juan Cruz que entrelaza cinco historias ambientadas en un barrio de trabajadores de una gran ciudad y en la que Mendoza borda el papel de viejo propietario de un bar. A pesar de su edad, el actor tenía planes para seguir trabajando, preparando su trabajo en una versión de "Las brujas de Salem" que se iba a realizar en 13 capítulos. Un ejemplo de artista que murió con las botas puestas. Dejo una entrevista publicada hace unos años en el diario argentino "Clarín" toda llena de la verborrea propia del lugar.




15 de diciembre de 2011

Parejita en momento mágico



Ya conté que el viernes de la semana pasada me escapé a Madrid y comí en el Mercado de San Miguel; estaba éste de bote en bote, tanto que había que ir pidiendo permiso para moverse y transportar las bebidas y viandas con un cuidado y prudencia notables. Afortunadamente comprobé como el personal se tomaba la cosa con calma y tranquilidad, salvo alguna excepción, como la de un vehemente jovenzuelo que la tomó con una familia que pretendía instalarse en una mesa que aquél parecía considerar casi de su propiedad.

Al lado del lugar donde disfrutaba de una serie de pequeños placeres culinarios junto a mis amigos se encontraba una pareja bastante joven quienes se notaba a la legua estaban disfrutando del día, del lugar y, fundamentalmente, de la compañía. Me dio la impresión de que eran sudamericanos, y a la vez que iban consumiendo unos manjares se dedicaban a hacerse recíprocamente fotos el uno a la otra. No se por qué razón, tal vez porque la felicidad y el amor suelen resultar estimulantes, quedé encantado con la imagen que ambos mostraban y quizá por eso mismo cuando observé cómo pretendían hacerse una foto a sí mismos debiendo hacer para ello una serie de filigranas llamativas, no pude evitar ofrecerme para hacérsela yo, pues así no tendrían que hacer tanto equilibrio para retratarse e indudablemente, y a pesar de que lo mío nunca fueron las habilidades manuales, la fotografía quedaría mejor.

Comprobé cómo se alegraban de la posibilidad que les ofrecía y posaron exhibiendo ambos una sonrisa de oreja a oreja; al enfocar hacia ellos pude comprobar cómo él aparentaba ser un chaval sano y agradable y ella, además, una notable belleza. Es posible que pensaran que se habían topado con un individuo amable y servicial, aunque puedo asegurar que el favor me lo hicieron ellos a mí, no me cabe duda que fue una de esas veces en los que uno consigue colarse en un momento mágico de otras personas.


14 de diciembre de 2011

Tourneé policíaca

Ya he comentado en otras ocasiones que la novela policíaca te permite viajar por todo el mundo y conocer los criterios de funcionamiento de los sistemas policiales y judiciales de los cinco continentes, de la misma manera que uno puede acceder a intirgas de distintas épocas y comparar diversos estilos narrativos. En este último trimestre han pasado por mis manos tres novelas bien distintas: un thriller policíaco de un personaje tan contradictorio como el inspector de la policía de Los Ángeles Harry Bosch, otra cuya trama se desarrolla en la Inglaterra de principios del siglo pasado, puramente de misterio y con reglas clásicas y una tercera de autora española con una inspectora de la Policía Nacional como protagonista. Las tres me han parecido recomendables y han servido para amenizar los ratos menos cómodos de mi tiempo de descanso.

Retomando Cónnelly










"Pasaje al paraíso"
Michael Connelly

Ediciones B. Barcelona (2009)
444 páginas.


Resumen:
El detective Harry Bosch se reincorpora tras una baja voluntaria al Departamento de Homicidios de Los Ángeles, justo cuando el cadáver de Tony Aliso, productor de películas porno, aparece en el maletero de un Rolls Royce con dos tiros en la cabeza. El nombre italiano y el cadáver en el capó del coche son indicios que apuntan a un ajuste de cuentas; pero el director de la División contra el Crimen Organizado declara que no tiene fichado al tal Aliso y que, según él, no es así. Eso deja campo libre a Bosch y le plantea una pregunta: ¿por qué la DCO se desmarca del caso con tanta rapidez? El detallado estudio de la escena del crimen, el minucioso análisis forense, las contradicciones en que incurre la DCO y, sobre todo, la perseverancia de Bosch, van despejando el camino de un caso que acaba siendo más complejo de lo que parecía.


Michael Cónnelly es de los autores a los que uno se apunta cuando quiere ir sobre seguro; es un buen autor del género policíaco, su personaje principal, Harry Bosch, tiene fuerza y personalidad y la forma de escribir del escritor de Filadelfia es limpia, ausente de toda complicación. Por eso, cuando uno necesita una lectura que oxigene y descanse, Cónnelly es una apuesta segura; uno se mete enseguida en el ambiente duro en que se mueve Harry Bosch, se empapa de la conflictividad de Los ángeles, las Vegas, ... y se identifica, irremediablemente, con el personaje, un perdedor que pese a llevar una vida de desgracias no pierde nunca su agudeza y su capacidad de acabar siempre descubriendo el "pastel".

"Pasaje al paraíso" es una aventura más de la serie "Harry Bosch"; vuelve a haber polémicas personales, incomprensiones de los superiores, disputas entre cuerpos policiales y, por supuesto, un crimen que se ha de resolver. Y, como suele ser habitual, entre investigaciones y diligencias Cónnelly nos enseña los avatares vitales de Bosch, un hombre que siempre aparece marcado por su pasado y al que las cuestiones amorosas no le suelen salir bien.

En esta novela el tema central son las peculiariedades del mundo "lumpen" de Las Vegas: mafiosos, casinos, mújeres fáciles, buscavidas, policía corruptos, ... un mundo en el que Harry Bosch parece moverse como pez en el agua. El individualismo con que funciona el héroe de Cónnelly también se pone de manifiesto, y una vez más tiene que luchar contra la incomprensión, sino la hostilidad, de los mandos policiales correspondientes.

No se si en los estados Unidos existe una serie sobre Harry Bosch, pero de no ser así alguién está desperdiciando la oportunidad de hacer unos telefilms de éxito seguro. Una novela recomendable, pero si alguien no ha leído nada de Cónnelly, que empiece por el principio y se haga con la primera entrega de Harry Bosch: "El eco negro", cuando el personaje es magnífico hay que leer siguiendo un orden.




Genuino estilo británico








"El crimen de las medias de seda"
Anthony Berkeley
Lumen. Barcelona (2011)
310 páginas


Resumen: En esta ocasión, Sheringham se ve envuelto en un estremecedor y complejo caso que une el suicidio de la hija de una corista, la desaparición de la hija de un párroco de pueblo y la muerte de tres chicas que aparecen ahorcadas con medias de seda. Con su sagacidad psicológica y su original método deductivo, Sheringham acabará desvelando el mapa de los asesinatos que se esconden tras el misterio


Tenía ganas de leer algo de Berkeley, un autor de intriga británico muy en la línea de los históricos del género en esa parte de Europa: Agatha Christie, Dorothy L. Sayers, ... Lumen, una editorial pulcra y elegante que suele reeditar antiguos autores de notable calidad, ha comenzado a sacar del desván los libros de este escritor que nació en el siglo antepasado y falleció en 1971; se trata de novelas ágiles, escritas sin excesivas complicaciones y editadas con letra grande y a doble espacio, es decir, adecuadas para leer cuando uno necesita descansar. Me habían asegurado, además, que "El crimen de las medias de seda" era una de las mejores novelas inglesas del género, lo que añadía puntos a la decisión de leer dicha novela.

El protagonista de los casos que plantea Anthony Berkeley es Roger Sheringham, un periodista de sucesos con vocación de investigador privado que husmea en torno a una serie de crímenes en paralelo con Scotland Yard, con quien mantiene una curiosa relación, pues en ocasiones da la impresión de que colabora con ellos, mientras en otras lo que sucede es que actúa a sus espaldas, casi en disputa con la policía metropolitana inglesa. Como no podía ser de otra manera, Sheringham es un personaje fundamentalmente británico, con la elegancia, la flema y la intuición de los grandes protagonistas de las novelas policíacas de allí. No obstante, al menos en este libro, el autor no entra en excesivos detalles acerca de las cuestiones personales y privadas de su protagonista, a quien se limita a presentárnoslo en sus afanes de resolver unos crímenes.

Se trata de una novela entretenida, que responde a unos esquemas absolutamente ortodoxos: hay unos asesinatos, unos posibles autores y una investigación que culmina con la averiguación del autor de aquéllos, con sorpresa final, por supuesto, aunque dudo que sorprenda a quienes ya tiene callo en la lectura de este tipo de literatura. La novela fue escrita y publicada en 1928, lo que nos da idea de la época en la que se desarrolla la trama y el ambiente que nos encontramos, ya alejado del puritanismo y rigor social de la época victoriana, pero sin haber perdido todavía los encorsetamientos habituales en la sociedad inglesa.

Como me ha ocurrido también con Dorothy L. Sayers, la lectura te deja algo frío: entretiene, pero uno se queda con la sensación de que falta algo de chispa, pero hay que asumir el momento en que fue escrito, así como que cada autor tiene su estilo propio: no todos tienen que ser como John Cónnolly o Don Wislow. Una buena novela para leer junto al fuego o en un buen sillón orejero.




La intriga que no suele fallar en Barcelona










"Nido vacío"
Alicia Giménez Bartlet
Planeta. Barcelona (2007)
397 páginas



Resumen:
La inspectora Petra Delicado se ve obligada a ir de compras a un centro comercial; los policías también comen. Entra en el lavabo, y, atónita, ve como una pequeña mano hace desaparecer su bolso. La persigue, pero antes de darle alcance, la pequeña tira el bolso y escapa definitivamente. Finalmente recupera su bolso con todo el dinero, el móvil y los documentos, pero sin algo esencial para una policía...solo ha desaparecido su pistola. ¿ Para que quiere una arma aquella niña de apenas diez añops?. Tras soportar las consabidas bromas de sus compañeros y tragarse la bronca de su jefe, Petra decide seguir la pista de la joven ladrona. Para ello contará con la colaboración de un único testigo, que resulta ser también una menor. La resolución de este caso cambiará incluso la vida personal de Petra Delicado.


Es sabido que siento especial debilidad por las novelas ambientadas en Barcelona; la capital del Principado es una ciudad que reúne unas características muy especiales de ambientes, idiosincrasia y paisaje que facilitan, en mi opinión, la buena litaratura, además de que el conocerla medianamente ayuda más a identificarte con lo que lees. Esta debilidad se acentúa en el caso de las novelas policiacas, género que han trasladado a Barcelona escritores tan ilustres como Manuel Vázquez Montalbán y Francisco González Ledesma; por eso procuro no desaprovechar las ocasiones que se me presentan para leer novelas en las que los crímenes, investigaciones y demás relatos policiacos adquieren protagonismo en medio de la vorágine barcelonesa. Hay un buen número de autores notables que cumplen el deseado requisito de ubicar sus personajes en Barcelona, y entre ellos pienso que destaca con luz propia Alicia Giménez Bartlet, que ya ha escrito un buen número de entregas de las intrigas que protagoniza la inspectora de policía Petra Delicado.

Pienso que "Nido vacío", no generalizo porque dicho queda que es lo primero que leo de esta autora, tiene dos virtudes principales: está bien escrito, lo que supone un importante valor añadido a una novela del género policíaco, y describe muy bien el ambiente de una Comisaría de Policía, no estamos ante personajes de cartón piedra, sino que cada uno está perfectamente definido y la autora refleja un escenario que suena a real, a reflejo de lo que pasa.

La novela no se limita a relatar el inevitable crimen y la investigación posterior, sino que dedica abundante espacio a contarnos los problemas sentimentales de los protagonistas, algo que a determinados lectores les puede llegar a cansar, pero que también refuerza el carácter de novela policíaca con pretensiones literarias de los libros de Giménez Bartlet. Eso sí, demasiado happy end, aunque no se si en nuevas entregas la autora desmonta la felicidad que muestra el epílogo del libro, porque hay que decir que tras el desnelace principal y el desenmascaramiento del culpable, aún quedan casi 30 páginas de flors y violas".




13 de diciembre de 2011

Cuando todos fuimos seminaristas

El Real Zaragoza no ha sido siempre el equipo mediocre y huérfano de calidad que camina en la actualidad como alma en pena por la liga; hubo un tiempo en el que incluso se peleaba por algún jugador con clubs de la entidad del hoy incontestable F.C. Barcelona. Así, a finales de los años 50 el club de la entonces recién estrenada Romareda compitió con los azulgrana por el fichaje de Juan Seminario, delantero peruano del Municipal de Lima. El primer round por la contratación de Seminario acabó en tablas y el jugador terminó firmando por el Sporting de Lisboa, pero años después la perseverancia de la directiva aragonesa hizo posible que el club blanquillo se llevara el gato al agua y al inicio de la temporada 1961-62 el peruano se incorporara a la plantilla en la que ya despuntaban los dos primeros magníficos en llegar al Zaragoza, Marcelino Martínez Cao y Carlos Lapetra. El fichaje fue un acierto total, pues Seminario marcó ese curso futbolístico la friolera de 25 goles, consiguiendo ganar el Trofeo "Pichichi" al máximo goleador de la Liga española de 1ª División, logros ambos que conseguía por vez primera un jugador vistiendo la elástica blanquilla, algo que, por cierto, no se ha vuelto a repetir. Juan Seminario pasó así a formar parte de la historia más brillante del club que entonces tenía sus oficinas en el número 12 de la calle 5 de marzo –por aquella época Requeté Aragonés- y fue protagonista de las primeras luces de un equipo que muy pronto iba a maravillar a Europa.

El debut de Seminario fue triunfal, no me consta ni el rival ni el resultado, pero sí que el Zaragoza venció y Seminario fue el goleador y la figura del partido. "Zaragoza Deportiva" era un periódico que salía los lunes al mediodía y destacaba por la agilidad de sus crónicas y comentarios y la incisividad de sus titulares; aquel lunes siguiente al estreno triunfador del peruano el periódico, que tenía su redacción en la calle Marcial, destacaba en su portada la siguiente frase: "A partir de ayer, todos seminaristas", un titular ocurrente y simpático que, sin embargo, chocó con la puntillosidad de la época y provocó una carta de quien era entonces arzobispo de Zaragoza, D. Casimiro Morcillo, quejándose al periódico, que hubo de publicar una nota disculpatoria al lunes siguiente ... ya se ve que en este país pasamos de un extremo a otro.

El arrollador éxito de Juan Seminario puso al jugador en el punto de mira de los mejores equipos europeos y, como suele ocurrir en estas ocasiones, fue incluido en una llamativa subasta por la directiva aragonesa. Los que más pujaron por Seminario fueron los italianos de la Fiorentina, quienes tras acudir a La Romareda a ver el encuentro entre los locales y el Mallorca quedaron literalmente "epatados" por los cuatro tantos marcados por el peruano, cerrando su fichaje por 20 millones de pesetas, una cantidad espectacular en la época, máxime si tenemos en cuenta que el presupuesto del Zaragoza entonces era de 22.390.000 de pesetas. Seminario dio temporada y media de gloria al Zaragoza y sirvió para engordar las arcas del club. Corría el año 1963 y el Zaragoza no resultó perjudicado, ese mismo año la directiva compró a Canario y Santos, el ala derecha de la delantera de los magníficos y junto a Marcelino, Villa, Lapetra, País, Santamaría, Yarza, Reija, ... el club inició unos años de éxitos y fútbol de gran altura.

Seminario estuvo dos años en Florencia, marcando 15 goles en 47 partidos y fichando posteriormente por el F.C. Barcelona, que acabaría pudiendo incorporar una vieja aspiración. En la ciudad condal el jugador también dio la talla, formando una dupla letal con el ariete paraguayo Cayetano Re, ya que entre ambos marcaron 40 de los 59 goles que el Barça logró en la temporada 1964-65. Las lesiones le impidieron jugar regularmente las dos temporadas siguientes, fichando por el C.D. Sabadell, entonces en 1ª, tras 100 partidos y 48 goles con los culés. Tras dos años en el Sabadell -9 goles en 35 partidos- regresó a su país, donde colgó las botas tras jugar en el Atlético Grau y el Atlético Torino de Perú. Fue internacional absoluto con la selección de la raya roja en 19 ocasiones, en las que consiguió nueve goles e inició una breve aventura como entrenador tras su retirada en 1972, aunque desde los banquillos su carrera no brilló tanto como con calzón corto.

Juan Seminario, que estuvo poco tiempo en el Real Zaragoza, forma parte de ese grupo de jugadores sudamericanos de buena técnica que pisaron La Romareda en los inicios de los 60: "Cacho" Endériz, Sigi, Duca, Canario, Benítez, ... y dejaron un excelente recuerdo por su buen trato del balón, y aunque posiblemente su fama quedó en parte tapada por el brillo de los magníficos, su nombre está sólidamente grabado en el libro de oro zaragocista.