31 de octubre de 2011

Basta mirarse al espejo



El espejo de mi cuarto de baño está instalado más bien en posición elevada, de manera que tan solo soy capaz de ver la parte alta de mi cuerpo; cuando me afeito, me peino o me lavo los dientes hay ocasiones en las que ya me llaman la atención las señales del paso del tiempo en mi cara y mi cuello, además de que mi zona torácica no es precisamente -no lo ha sido nunca- la de un tipo deportista y bien plantado. Pero como ni en el baño ni en mi cuarto existe un espejo de esos en los que uno se ve de arriba a abajo, cuando en algún otro lugar me topo con uno de esta naturaleza la imagen que se refleja es de la que mueven a la depresión.

Quien esto escribe tiene ocasión de codearse con personas que se creen importantes, igualmente conoces a otras que, sin tratarte habitualmente con ellas, compruebas que andan por la vida de triunfadores, están encantados de conocerse, incluso, reconozcamoslo ya, hay veces en que uno mismo se descubre rezumando orgullo de su status, de sus supuestos logros, mientras también tiene ocasión de escuchar a quienes proyectan ese orgullo sobre terceras personas, de quienes hablan con una admiración que en ocasiones corre el peligro de ser babeante. Por lo que a mi respecta, me basta con mirarme al espejo para bajar cualquier ínfula, una mirada que será aún más elocuente y desmitificadora cuando te enfrentas a ese espejo tal como tu madre te trajo al mundo, porque pocas cosas son tan reveladoras como la propia desnudez.

La plenitud física dura muy poco, si es que se llega a tener, y también los grandes banqueros, los divos de la música y el teatro, los campeones deportivos, los lideres políticos, los empresarios más punteros, las mujeres más bellas, ... se estremecerán cuando contemplen la carne flácida, la barriga prominente, la piel entumecida, las arrugas irresolubles, ... todas las desoladoras manifestaciones, que siempre van a más, de la decadencia. Sí, basta mirarse al espejo para descubrir que somos muy poca cosa, que la belleza externa es fugaz y efímera, que Miguel Angel Buonarotti o Diego Velázquez no podrían realizar ni escultura ni cuadro hermosos con nuestro cuerpo, mucho más adecuado a las pinturas más tenebristas de Goya.

Pero también es cierto que basta mirarse al espejo para olvidarse de nuestras glorias y pensar que hay bellezas más duraderas, que la corruptibilidad mueve a buscar lo incorruptible, que la conciencia de lo que se escapa lleva a desear encontrar lo permanente. Oscar Wilde nos lo relata magistralmente en "El retrato de Dorian Grey", el protagonista comete un error tan grave como vender el alma al demonio, y es desear la eterna juventud, algo que no puede sino engañarnos día tras día, es necesario ese espejo al que se enfrenta nuestra desnudez para descubrir nuestra realidad.




29 de octubre de 2011

Aires de pantomima



Ha pasado una semana larga desde que, tal como se venía anunciando desde hacía tiempo, la banda terrorista ETA anunció lo que ella denominó el cese definitivo de la lucha armada; no cabe duda de que es una buena noticia, aunque mejor lo hubiera sido que nunca hubieran existido. No me fío nada de la palabra de unos asesinos inconfesos, pero soy de los que piensan que no habrá más bombas, más tiros en la nuca y más muertos, entre otras razones porque ahora ya no les viene bien, además de que con las bombas, tiros y muertos de antaño da la impresión de que han conseguido ya bastante como para cambiar la estrategia.

El nuevo escenario da más tranquilidad, ya no harán falta escoltas, precauciones ni medidas de seguridad, aunque no deja de ser inquietante seguir conviviendo con unos sujetos que tienen tras de sí tanto dolor y tanta destrucción y que, al menos por ahora, parece que no se arrepienten de ello. A mí personalmente me repugna la autocomplacencia de los abertzales, ese ir por la vida de triunfadores, como si más de cuarenta años de terrorismo fueran un mal necesario, un peaje a pagar, casi un azote merecido por los que estamos al otro lado de la empalizada. No pueden pretender que nos fiemos de ellos, ni han dado motivos ni mantienen una actitud y un discurso que facilite olvidos y concordias.

Y lo que ha sucedido en torno a este acontecimiento a mí, no puedo evitarlo, me suena bastante a pantomima, a comedia artificial y representada conforme a un guión ya previsto; las lágrimas de unos suenan a artificio, a escenografía propia del tiempo electoral en que vivimos, circunstancia que ha condicionado el discurso de los principales líderes políticos, que han parecido andar más pendientes de no meter la pata y ver afectadas sus perspectivas electorales que de valorar con espontaneidad y nobleza los pormenores, complejos y diversos, de una noticia de tanta relevancia. Mi impresión es que el ciudadano ha acogido la novedad con tanta satisfacción como escepticismo; he escuchado a personas de muy diversa ideología, gente que está por encima de correcciones políticas y discursos impuestos, dudar de la sinceridad de los etarras., y es que ya andamos escarmentados de otras ocasiones.

Bienvenida sea el fin de la violencia etarra, aunque a lo mejor es pedir demasiado que alguien hable de disolución, que se entreguen las armas y que de alguna boca salga la palabra perdón, o al menos que alguien reconozca errores ... porque dan la impresión de estar encantados con lo que han estado haciendo durante decenios.


28 de octubre de 2011

La chica del "Gong"



En la calle Alfonso I de Zaragoza, en la misma manzana de la clásica zapatería "El Pelicano" se halla la cafetería "Gong"; entro allí con relativa frecuencia, ya que suelo acudir a alguna reunión en un organismo oficial que se encuentra justo al lado, además de que siendo lugar de paso para El Pilar no es infrecuente que caiga en la tentación de un café a media tarde o un refresco que alivie el calor que en verano cae inmisericorde sobre el asfalto zaragozano. El establecimiento también tiene restaurante, aunque todavía no he comprobado el buen nivel que me aseguran tiene.

Creo que ya es de conocimiento general que a veces soy reiterativo, y entre otros temas recurrentes se incluye cierta mezcla de preocupación y admiración hacia quienes se encuentran detrás de un mostrador, en especial si se trata de la barra de un bar. Son gente que con frecuencia tiene que multiplicarse en el servicio al cliente, ha de poner buena cara aunque no lo sienta y en ocasiones debe de sufrir las impertinencias de algunos. Por supuesto, de entre quienes trabajan en estas profesiones los hay mejores y peores y, muy especialmente, quienes da gusto encontrarlos al otro lado y quienes parece que se han desayunado con pimienta. Por eso, uno agradece toparse con caras y ojos que ponen de manifiesto que tu presencia les es, al menos mínimamente y en apariencia, grata.

Y en el "Gong" te encuentras desde hace tiempo con una persona de esas a las que da gusto pedir una consumición, de las que te apetece dejar propina; una joven rubia, no muy alta, más bien delgada y cuya cara queda adornada por una sencilla coleta y una sonrisa permanente. Es verdaderamente de agradecer que se dirijan a uno con una amabilidad tan natural, comprobar como a los clientes habituales la chica se dirige con una confianza y una simpatía que resultan perfectamente compatibles con el respeto y la discreción, y así uno sale del establecimiento encantado de que siga habiendo gente así.

El viernes de la semana pasada, hice una visita a la Virgen del Pilar, donde además de saludar en el camarín y besar el Pilar encendí las habituales velas -seguro que la Virgen las sabrá aplicar convenientemente-; de regreso paré a tomarme un café, entre otros motivos porque había andado demasiado y necesitaba un descanso. Allí estaba la chica demostrando amabilidad y naturalidad; en el breve tiempo que estuve en la barra la moza se recorrió la planta baja atendiendo mesas y sirviendo al personal, con una actitud que me hizo desear seguir allí toda la tarde. Fue ella la que me puso el cortado descafeinado de máquina, si bien me cobró el dueño, aunque he de reconocer que estuve esperando un rato antes de pagar para ver si ella regresaba de sus tareas y podía encargarse de hacerlo, no pudo ser y otra vez será.


27 de octubre de 2011

Ganas de llorar



He puesto en "Google" el término "ganas de llorar" y las imágenes que han aparecido eran casi en su totalidad de damas: se ve que sigue dominando ese prejuicio de que llorar es de mujeres. Pienso que soltar de vez en cuando una lágrima no tiene que equivaler necesariamente ni a actividad propiamente femenina ni a acción reprochable: si la vida te lleva al llanto no has de ser inexorablemente ni un débil ni un inmaduro. Al fin y al cabo, llorar no es más que una potencia más del cuerpo humano y descargar una lagrimilla una posibilidad que todos tenemos y hasta puede venir bien.

Yo recuerdo que fui un niño bastante llorón, algo que no digo con orgullo, pues entre otras cosas acabó siendo una costumbre que fue necesario desarraigar, pues me llevaba a un exceso de autocompasión y a no soportar las frustraciones. Tengo presente en mi memoria que a veces cuando me preguntaban la razón de mis lágrimas lo único que era capaz de responder era "porque tengo ganas" ... y de hecho así era: había ocasiones en las que determinadas reuniones familiares, algún suceso escolar o una simple y completamente injustificada sensación de desamparo me conducían imparablemente al llanto.

Y cuando somos mayores también puede aparecer la necesidad de llorar, y de la misma manera es posible que la única razón que lo justifique es ese "porque me dan ganas" ... el fallecimiento de un familiar, de un amigo son motivos razonables para soltar alguna lágrima. De la misma manera seguimos siendo unos cuantos los que tendemos a mojar disimuladamente la pestaña en alguna película triste o "pastelona". Pero hay veces en las que no se sabe si el stress, la soledad o las incertidumbres de la vida te llevan a llorar cual magdalena. Y ¿por qué avergonzarse?, no creo que llorar le haga a uno ni menos hombre ni menos providencialista, porque el llanto nos puede incluso hacer más humanos, y es que la fragilidad puede incluso llegar a ser beneficiosa para desahogar los agobios y angustias de nuestra vida.

26 de octubre de 2011

"En el muelle de San Blas", Maná (1997)



He acudido a las "fuentes" y para mi sorpresa he descubierto que el grupo mejicano Maná se fundó en 1978; y es que los hombres somos así de fatuos y nos acabamos creyendo que nada es real hasta que tenemos conocimiento de su existencia. Cuando a finales de los años 90 comencé a escuchar a estos mejicanos que cantaban tan bien y cuya música poseía adjunto el sello de la calidad, ya llevaban muchos años pedaleando por esos mundos de Dios.

Maná es un grupo con personalidad, que además de componer y cantar también se han implicado en cuestiones ajenas al mundo de la música, y así mantuvieron una posición beligerante en favor de la independencia de Puerto Rico y en la mejora de la educación sexual de la juventud, siendo igualmente nombrados embajadores de buena voluntad de la Organización para la Alimentación y la Agricultura (FAO).

Maná trabaja mucho sus canciones, cada disco es una auténtica obra de arte, con canciones muy bien seleccionadas. El grupo lleva más de 30 años en posiciones punteras dentro del mundo de la música, y está llamado sin duda a ser uno de esos mitos musicales, un grupo de auténtica leyenda. Tiene muchas canciones excelentes: "Eres mi religión", "Mariposa traicionera", "Vivir si aire", "Labios compartidos", ... pero me quedo con aquella con la que le conocí: "En el muelle de San Blas".




25 de octubre de 2011

Homenaje a Andrés Gimeno

El pasado sábado tuvo lugar en el palau Blaugrana de Barcelona un homenaje al ex-tenista español Andrés Gimeno, quien con 74 años está pasando por una garve situación económica; allí se dieron cita los grandes tenistas españoles del momento, con el gran Rafael Nadal a la cabeza, junto a David Ferrer, Feliciano López, Tommy Robredo, Alberto Montañés, Fernando Verdasco, ..., así como auténticas leyendas de la historia del deporte de la raqueta en España: Manolo Santana, Joan Gisbert, José Luis Arilla, Emilio Sánchez Vicario, Sergi Bruguera, ... Habrá quien diga que a día de hoy hay muchos españoles que se encuentran en situación límite y nadie les hace un homenaje, pero por encima de estas suscepctibilidades a mí me congratula la solidaridad de quienes acuden en auxilio del compañero en apuros. El pasado viernes leí en el diario AS una entrevista con Gimeno en la que con toda sencillez relataba sus actuales dificultades para llegar a fin de mes, comentando que siendo un hombre que nunca había estirado más el brazo que la manga le salieron mal, a causa de la actual crisis económica, unas inversiones inmobiliarias y se malbarataron unas acciones: me parece ejemplar esta forma de admitir las propias miserias. Al mismo tiempo Gimeno se mostraba como un hombre humano y entrañable al contar cómo aún no ha superado el fallecimiento hace tres años de su hija de 40 víctima de un cáncer, comentando que ha sido su mujer quien le ha ayudado a salir adelante. Al mismo tiempo, el tenista catalán refería su fe y su confianza en Dios, otra confesión poco habitual hoy en día.

Mi primer recuerdo de Andres Gimeno se remonta a una retransmisión de la vieja televisión española de los años sesenta; en aquella época existía una división entre el mundo profesional y el amateur: yo estaba acostumbrado a los partidos de Copa Davis de Santana, Arilla, ... y desconocía la existencia de un circuito profesional; no sabría decir de que torneo se trataba, pero creo recordar que el español terminó ganando. El historial de Andrés Gimeno es muy importante, habiendo ganado en una ocasión (1967) la final de dobles de Wimbledon junto al legendario tenista norteamericano Pancho Gonzales, también en dobles perdió la final del Abierto de Francia junto a José Luis Arilla frente a los entonces imbatibles australianos Roy Emerson y Neale Fraser y la del US Open (1969) junto al mítico Arthur Ashe y frente a los también norteamericanos Bob Lutz y Stan Simith. Otra hazaña de la época profesional fue llegar en 1969 a la Final del Abierto de Australia, que perdió con Rod Laver, posiblemente uno de los cinco mejores jugadores de la historia.

Hubo un momento en el que se terminó la división referido, iniciándose la denominada edad "Open"; y aquí Gimeno consiguió, a los 34 años, cuando ya parecía que no había tiempo para grandes éxitos, imponerse en la Final de Roland Garrós; corría el año 1972 y en semifinales se plantaron dos españoles: Manuel Orantes y Andrés Gimenos, que habían partido como cabezas de serie 4 y 6 respectivamente; los grandes favoritos, el rumano Nastase, el australiano Bob Hewitt y el norteamericano Smith habían sido eliminados y los rivales de los tenistas hispanos parecían asequibles y todos esperábamos una final española. A la hora de la verdad solamente Gimeno cumplió, eliminado al ruso Alex Metreveli, mientras que Orantes caía sorprendentemente ante el joven frances Patrick Proisy. En la final el francés, un jugador que siempre apuntó mucho más de lo que consiguió, ganó el primer set, pero Gimeno reaccionó con enorme fuerza y barrió de la pista al galo (4-6, 6-3, 6-1, 6-1). Andrés Gimeno se convirtió en el tenista más veterano en ganar Roland Garrós, hazaña que casi cuarenta años después aún no ha sido superada.

En esta etapa final Gimeno aún consiguió otros títulos importantes: Hamburgo (1971), frente al húngaro Peter Szoke, Los Ángeles y Eastbourne (1972), ambos frente al farncés Pierre Barthés y Gstaad (1972) frente al italiano Adriano Panatta. Ese mismo año de 1972, realmente espectacular, también llegó a las finales de Bruselas y París Indoor, que perdió ante Orantes y Smith, mientras que en 1973 perdió la de Hilversum ante el holandés Tom Okker. Esta nueva época permitió a Gimeno entrar a formar parte del equipo español de Copa Davis; había sido una lástima que su condición de profesional hubiera impedido una equipo encabezado por Santana y Gimeno, quienes hubieran sido posiblemente capaces, junto a Gisbert, Arilla, Orantes, ... de conseguir la ensaladera unos años antes. Entonces Santana ya se había retirado y Gimeno aún hizo unos cuantos buenos partidos junto a Manuel Orantes. Mi último recuerdo del jugador nacido en Barcelona tiene que ver con sus sabios, ponderados y elegantes comentarios en los encuentros de la Davis retransmitidos por TVE. Sin duda, un hombre bueno que se merecía este homenaje y este apoyo


24 de octubre de 2011

Requiem por un torero



En la tarde-noche del pasado sábado, 22 de octubre, falleció en Madrid a los 79 años Antonio Chenel "Antoñete", uno de los toreros más geniales y célebres que dio la segunda mitad del siglo pasado. Junto a Antonio Ordóñez, "El Viti", Antonio Bienvenida, Diego Puerta, Jaime Ostos y alguno más que me puedo dejar en el tintero forman el elenco de grandes maestros que pasearon su arte por los ruedos en esos años 50, 60 y 70 que fue posiblemente la última etapa histórica de la edad de oro del toreo. "Antoñete" respondía al tipo clásico de torero de película: bohemio, mujeriego, bebedor, jugador y juerguista, amen de un gran fumador, pues de hecho ha fallecido como consecuencia de la insuficiencia respiratoria que padecía desde hace bastantes años por causa de un enfisema pulmonar. Pero junto a ello, Antonio Chenel también mostraba el patrón del mejor toreo, el clásico: era un diestro que dominaba a la perfección esas manifestaciones del arte taurino que tanto repiten los expertos: temple, mando, distancia y, por supuesto, la suerte de matar.

La carrera de "Antoñete" estuvo llena de altibajos, desde su alternativa en Castellón el 8 de marzo de 1953, apadrinado por Julio Aparicio y en presencia del albaceteño Pedro Martínez "Pedrés" -mira que son raros estos toreros al elegir sus apodos- el torero fallecido tuvo tantas épocas de gloria como de ocaso. No obstante, "Antoñete" sentó cátedra y dejó huella, algo de lo que ya no me cabe ninguna duda tras leer lo que ha dicho de él alguien tan serio e insobornable como Santiago Martín "El Viti": "Antoñete supuso la regeneración de los valores clásicos. Mantuvo la profesión con una profundidad y una estética que se estaban perdiendo: Hacía el toreo de siempre, el que no pasa de moda"., párrafo que he sacado de un enlace de "El País" de hoy y en el que varios diestros atestiguan no sólo la calidad profesional del maestro, sino también su hombría de bien.

"Antoñete" se crió entre toros, pues a los 7 años, recién comenzada la posguerra, se fue a vivir a la Plaza de "Las Ventas" con su cuñado Paco Parejo, que era mayoral de dicha plaza. Tras varias temporadas triunfales y unas cuantas retiradas el torero madrileño triunfó por todo lo alto al realizar una faena de antología ante "Atrevido", el célebre toro blanco de Osborne, con el que hizo historia el día de San Isidro de 1966, acontecimiento del que hablé hace algo más de un año en esta misma sede: http://modestino.blogspot.com/2010/06/la-faena-de-antonete-al-toro-blanco-de.html. EL triunfo, visto por toda España a través de la televisión, le volvió a abrir las puertas de las principales plazas e hizo un par de temporadas buenas, si bien regresó a la irregularidad y en 1975 se cortó la coleta. A pesar de ello, "Antoñete" volvió a reaparecer en 1981, con 49 años y una madurez que le hizo cuajar los mejores años de su vida y vivir un lustro de triunfos, entre los que destaca su faena al toro "Cantinero", de Garzón, el 7 de junio de 1985 en Las Ventas, actuación que algunos consideran aún superior a la del día de "Atrevido". Su depuradísima técnica y su conocimiento de los toros hicieron que se mantuviera entre los puestos altos del escalafón a pesar de su edad, su falta de cintura y su renqueante salud. A partir de 1987 su figura decae, los años no perdonan y torea bastante menos, pese a lo cual sigue en activo incluso hasta 2001, año en el que sufre una una crisis cardiorrespiratoria toreando en Burgos y decide cortarse definitivamente la coleta.

Fue un torero clásico, según algunos taurinos deudor de la estética de Juan Belmonte -dicen que su ejecución de la media verónica era un homenaje al "Pasmo de Triana"- y de la técnica de Manolete, a quien vio torear cuando era un adolescente y por quien empezó a fumar de vérselo hacer al maestro en la puerta de cuadrillas. El historiador taurino Delgado de la Cámara sintetiza en una frase el estilo inconfundible de Antoñete: «Cruzado, pecho fuera, pierna para adelante, pero toreo ligado en el sitio de Manolete.». "Antoñete" tenía preferencia por los trajes de malva y oro y tras su retirada nunca perdió el contacto con el mundo de los toros, siendo comentarista de la Cadena Ser y Canal Plus; aún recuerdo su voz "aguardentosa", de fumador empedernido y sus expresiones castizas que denotaban un conocimiento enciclopédico de todo lo taurino.

Ayer domingo Antonio Chenel "Antoñete" recibió el último homenaje de los aficionados en "Las Ventas", su casa y escenario de sus mayores triunfos y, como no podía ser de otra manera, salió a hombros por la puerta grande. descanse en paz.


22 de octubre de 2011

Una novela algo "escatológica"










"Aguas gélidas"
Michael Koryta
Roca Editorial. Barcelona (2010)
430 páginas

Resumen:
West Baden Springs es un inquietante balneario de enormes proporciones. Allí llega Eric Shaw con el encargo de investigar el pasado de Campbell Bradford, un multimillonario de 95 años a quien le queda poco tiempo de vida. Bradford creció en la zona, pero su familia desconoce cómo fueron sus primeros años, por qué abandonó precipitadamente su localidad natal, ni cómo obtuvo su inmensa fortuna. Eric no lo tiene fácil para descubrir los orígenes de Bradford: trata con tipos de lo más excéntricos, suda para ganarse la confianza de la gente del pueblo -reticentes, por un misterioso motivo, a contar nada acerca de los Bradford- además de sortear a aquellos que quieren abortar su investigación.


Michael Koryta ha escrito ya varias novelas de intriga, incluso tiene personajes fijos, como los detectives Lincoln Perry y su socio Joe Pritchard, que protagonizan varios libros de los que hasta ahora se ha traducido uno a nuestro idioma: "Esta noche digo adiós". Pero "Aguas gélidas" se aleja de la tradicional novela policiaca, y la podemos definir como una mezcla de terror y fantasía, próxima al estilo que ha hecho universal Stephen King. Cuando la comencé esperaba encontrarme con otra cosa y me costó entrar en el libro, si bien conforme avanzaba en su lectura le fui cogiendo el truco.

Se trata de una novela de pocos personajes y cuyo desarrollo está muy centrado en el protagonista, Eric Shaw, un cineasta en crisis que queda sometido al misterio del "Agua Plutón", unas antiguas botellas cuyo contenido produce efectos curiosísimos. Se mezcla continuamente la realidad con la fantasía, derivada de las alucinaciones que el consumo de dicho agua produce en Shaw, que ve escenas del pasado y desentraña a través de ellas lo ocurrido entonces. He de reconocer que a veces uno se pierde y no consigue seguir al dedillo el relato, aunque siempre acabas haciéndote a la idea.

Dicen las crónicas que se trata de una novela de terror, aunque me parece una calificación más bien exagerada, si bien es posible que si se lleva al cine, un director hábil y experimentado podría sacar petróleo del guión y conseguir asustarnos bastante. La originalidad está en los fenómenos paranaturales de los que es víctima el protagonista, un recurso que también ha utilizado algún otro autor de novela de misterio como el irlandés John Connolly.

Tal vez el mayor mérito que he encontrado en "Aguas gélidas" es las excelentes descripciones de paisajes y fenómenos naturales; en concreto el amplio relato acerca de la tormenta de tornados que se sucede en el lugar donde ocurren los hechos está escrito magistralmente, consiguiendo Koryta que uno acabe sintiendo que se encuentra en medio del vendaval. Una novela interesante que hay que leer con paciencia.





21 de octubre de 2011

"¿Es lo mejor enemigo de lo bueno?



Una vez escuché a alguien decir eso de que lo mejor es enemigo de lo bueno: me gustó la idea y la incorporé a mi disco duro; eso sí, me parece que debe de ser bueno darle un poco de vueltas a la cabeza sobre la interpretación que se puede dar a tal concepto, y sobre todo cómo saber administrar la idea para que no se convierta en excusa para la chapuza y la ligereza. Hace ya mucho tiempo que me encuentro entre quienes piensan que el perfeccionismo tiene más de peligro que de ventaja y que puede ser tan nocivos el descuido, la vagancia y el desorden como esa especie de afán que les entra a algunos de no darse nunca por satisfecho.

No tengo ninguna duda de que en el trabajo, en las relaciones humanas y familiares, en el ejercicio de la amistad, en el comercio y la empresa, ... en cada lugar no debe escatimarse el esfuerzo, la entrega y el espíritu de servicio, que, por ejemplo, muchos de los problemas de la Administración pública se arreglarían -o al menos se reducirían- intensificando la utilización de tales virtudes. Pero siento auténtico pánico cuando me enfrento a quienes no se conforman con nada, personas que, muchas veces sin ser capaces de valorarte lo que has hecho, parece que tienen la irresistible necesidad de encontrar las más mínimas pegas o necesitar esos aborrecibles últimos empujones, como si pretendieran dar a entender que la insatisfacción es una forma más de demostrar su virtud.

No lo puedo evitar, hay personajes que me causan ansiedad; evidentemente, pueden ser mucho peores el vago, el chapucero, el que trabaja sin importarle un pimiento hacerlo de una u otra forma, pero dudo de la virtud de quien dedica excesivo tiempo a pensar si la tarea hecha es suficiente o hay que perfeccionar alguna cosa. Intuyo que en ocasiones estas actitudes esconden cierta necesidad de autosatisfacerse, alguna inclinación a la manía e incluso cierto toque de regocijarse con el propio poder.

La frase que da título a mi entrada no debe tomarse como una regla general, pero que Dios conserve -y aumente- a quienes saben comprender, son tolerantes, no se excitan por las grandes perfecciones y saben dar a cada cosa la importancia que tiene.


20 de octubre de 2011

La filosofía del almuerzo



Hay quien llama almuerzo a la comida del mediodía, de la misma manera que algunos tienen el humor de denominar almuerzo a un café con churros y croissant o a una pulga de jamón con vino o cerveza; desconozco si algún diccionario, enciclopedia o manual de instrucciones precisa tal concepto, pero muchos tenemos bien claro que estrictamente el almuerzo requiere alimentos sólidos, dedicación de tiempo, mantel, plato, cuchillo y tenedor ... ah¡, y vaso para el vino. El almuerzo nunca ha dejado de ser una tradición en amplios sectores, muy especialmente entre los trabajadores manuales más esforzados, quienes suelen necesitar reponer fuerzas a media mañana, algo que no se consigue con el típico café "funcionarial". Es necesario al menos un bocata, y aún mucho mejor unos huevos, una tortilla de patatas y algo de embutido, de ese que entona, tanto como el tintorro, a poder ser con gaseosa. Es totalmente comprensible que quien lleva desde primeras horas en un andamio o dándole a la hormigonera, necesite destensionarse de esa manera.

Claro, que el almuerzo se ha extendido, y hay quien dedica sábados o domingos a liberar tensiones a base de colesterol y buen vino; yo ando invitado a uno de esos "ágapes", que se celebra a primera hora del sábado en lugares variados y al que procuro acudir con cierta intermitencia por cuestiones de cuidar la salud. Cuando se celebra en un bar "ad hoc" los protagonistas suelen ser uno o dos huevos fritos y la compañía de jamón, chorizo o longaniza, aunque cuando tiene lugar en locales propios de alguno de los asistentes la imaginación se amplia y siempre cae alguna ensalada con mucho tomate de Huesca, alcachofas fritas, morcilla e incluso en alguna ocasión calçots y hasta los productos más radicales del cerdo como la panceta o la papada, tan sabrosos como prohibitivos para los cardiacos.

Podríamos hablar de más elementos típicos -y hasta tópicos-, como las botellas de "Veterano", "Torres" o "JB" que suelen acompañar a los cafés para llenarles de "buenos espíritus", o esos almuerzos que quienes van a cazar aseguran son lo mejor de la batida o las pitanzas que dicen se meten entre pecho y espalda esos grupos de ciclistas que los domingos deambulan por las carreteras españolas con apariencia de esforzados. De cualquier manera detrás de un almuerzo surge frecuentemente la camaradería y el rato agradable, por mucho que uno deba impedir ponerse "pino" si tiene cerca algún tipo de control analítico.




19 de octubre de 2011

Zaragoza versus Sarajevo



Tras una primera fase que culminó con la puesta en marcha del nuevo trayecto del tranvía, el verano pasado ha supuesto el auge de las obras de la segunda fase del mismo, quedando Zaragoza sumida en un caos de zanjas, vallas y máquinas diversas que han convertido la ciudad en un lugar casi siniestro. Lugares tan señalados como la Plaza de Aragón y alrededores -Ponzano, Canfranc, ...-, el Paseo Independencia, el Coso o el mismísimo Puente de Santiago son ahora prácticamente terreno sometido casi a la devastación. Conductores y peatones se hayan sometidos a unas condiciones de circulación que provocan facilmente la desazón y ponen en peligro el equilibrio de la tensión cardiaca. Así, se ha generalizado un estado de "cabreo" permanente que ha derivado en fuerte polémica acerca del acierto de los planteamientos municipales al respecto.

La verdad es que recorrer Zaragoza y contemplar esa imagen de desolación, caminar entre el polvo, los ruidos y el permanente peligro de accidentarse es ya algo más próximo a una ciudad en guerra que un paseo agradable y evocador. Lo malo de este tipo de obras es que, cuando tienen por objeto un proyecto de envergadura -como es el caso- uno acaba teniendo la impresión de que no van a terminar nunca, que la ciudad corre el peligro de convertirse en territorio dominado por arenas y escombros, que se acabaron los tiempos de flores y colores y el futuro solamente es oscuro y hostil.

Por esta razón, es bueno reabrir la esperanza, pensar que el tranvía tiene que tener alguna ventaja, que después de los horrores y dramas de la guerra siempre acaba asomando la paz y de ésta pueden venir nuevas épocas que mejoren no ya el pasado cercano y terrible, sino incluso el más lejano que ahora nos parece idílico y nos provoca tanta añoranza.




18 de octubre de 2011

Cuando se corrompe la palabra paz



Es ésta una cuestión que hay que coger con alfileres; ni me gusta en exceso hablar de temas relacionados con la política en este blog ni querría molestar a nadie, pero he decidido sacar la noticia en este modesto rincón de internet. Aún están calientes los cinco puntos que los sesudos pensadores reunidos en el Palacio de Ayete han sacado a la luz pública y lo primero que me viene a la cabeza es que para este viaje no hacían falta alforjas: veo cuatro generalidades, algún buen deseo y una ambiguedad notable.

El que ETA desaparezca será siempre una buena noticia, pero el camino que parece seguirse para ello al menos a mí me resulta doloroso: me parece una burla que se trate el problema como si fuera una guerra: es terrorismo puro y duro, con niños asesinados, atentados sanguinarios y tiros en la nuca, hechos que nunca jamás podrán justificar pretendidas autodeterminaciones ni supuestos derechos históricos. Por otra parte, suena a recochineo la equiparación que parece hacerse de víctimas y verdugos: hay demasiado dolor por el camino para que aún estemos solicitando peticiones de perdón que no se han hecho en cincuenta años. Y, no puedo evitar decirlo, me resulta desalentador cuando me planteo todo lo que ETA ha conseguido a precio de sangre. Hipercor, las casernas de la Guardia Civil de Vic y Zaragoza, la cafetería "Rolando", la glorieta de López de Hoyos, el autobús de militares de San Juan de los Panetes, Ángel Berazadi, Manuel Broseta, Carmen Tagle, Ernest Lluch, Luis Portero, Tomás y Valiente, el ingeniero Bryant, Miguel Ángel Blanco, ... cientos -¡cientos!- de policías nacionales y guardias civiles, ... son demasiados recuerdos escalofriantes para aceptar sin sobresaltos que a quienes estuvieron detrás de ellos se les esté tratando como héroes.

No seré yo quien plantee poner palos en las ruedas del final de esta tragedia, pero ya no sólo me revuelve las tripas el recuerdo de tantos crímenes, sino también la frivolidad de algunos que no los cometieron.


17 de octubre de 2011

Postiga se reivindica

La afición del Zaragoza es exigente, a veces demasiado, casi hasta ser injusta; a lo dicho cabe añadir que los zaragocistas andamos "moscas" desde hace unos cuantos años a causa de la pésima gestión realizada por los dirigentes del club que ha dado lugar a un cuatrienio de disgustos y sinsabores, algo que hace comprensible que seamos especialmente sensibles al valorar las decisiones que se toman. El Zaragoza estaba necesitado de un delantero goleador y tras sonar varios nombres de jugadores con un buen "curriculum" de aciertos cara a la portería -Hugo Almeida, Jonathan Soriano, Morata, ...- el día en que se cerraba el plazo se contrató a Helder Postiga, un internacional portugués que jugaba en el Sporting de Lisboa y antes lo había hecho en equipos de tanto nombre como Oporto y Totenham Hotspur. Pero la mayoría de los forofos del equipo del león rampante recibieron al luso de uñas: se reconocía su prestigio internacional pero se consideraba que sus registros goleadores eran insuficientes, que no era un genuino "hombre-gol". Así, Helder Postiga tuvo que cargar desde el principio con el "sambenito" de fichaje equivocado y asumir la desconfianza que generaba en el mundo del zaragocismo.

De hecho, los primeros partidos de Postiga confirmaron la fama que se le achacaba: el hombre luchaba cada balón, demostrada capacidad para jugar los balones, pero no conseguía acertar en la portería contraria, para colmo las tres veces que consiguió ubicar el balón en la portería contraria las jugadas quedaron anuladas por un fuera de juego que la "moviola" demostró que no siempre lo era. Y como en Aragón somos así, Postiga fue duramente criticado desde el principio, no solamente por los aficionados, sino también por algunos medios de comunicación que tras cada encuentro le colocaban un implacable "cero" sin tomar en consideración su esfuerzo y el hecho de haberse incorporado al equipo sin hacer la pretemporada.

Yo he de confesar que estaba ilusionado con el luso, aún admitiendo que no es un goleador nato, me parecía que lo avalaba su larga trayectoria, que incluía 40 partidos internacionales con Portugal, cuya selección por mucho que habitualmente su juego sea más bonito que sus resultados es históricamente una de las punteras de Europa. A esto cabe añadir que en los últimos encuentros disputados el seleccionador portugués Paulo Bento ha puesto a Postiga de titular, precisamente en detrimento de Hugo Almeida, ariete del Besiktas turco por el que los zaragocistas hemos estado suspirando todo el verano. Por eso tuve ayer una gran alegría cuando el jugador se convertía en héroe del importante partido que el Real Zaragoza ganó a la Real Sociedad, no sólo por ser el autor de los dos goles que permiten al equipo blanquillo descansar en la zona tranquila de la tabla, sino porque el primero de ellos es uno de los goles más bellos que se recuerdan en la historia más reciente de la Liga española: una chilena espectacular que ya ha dado la vuelta al mundo del balompié.

En fútbol la fama y la condición de ídolo es tan variable como la estabilidad emocional de los aficionados, por eso el prestigio Helder Postiga, que después de su éxito dominical seguirá teniendo las mismas virtudes y los mismos defectos que trajo a Zaragoza, dependerá de su mayor o menor suerte y acierto de los próximos partidos, pero al menos lo de ayer debería servir para que los zaragocistas -que tampoco creo sean muy distintos a los aficionados de otros equipos- tengamos más paciencia con los jugadores que llegan y, al menos en determinados casos, sepamos valorar adecuadamente a lo que tenemos en casa y suspirar menos por otros que juegan en los equipos rivales.




15 de octubre de 2011

Carlotto y el "caimán"

Leí por vez primera a Massimo Carlotto hace ya tres o cuatro años cuando saqué de la Biblioteca Pública "Hasta nunca mi amor", un crudo e interesantísimo relato sobre el regreso a Italia tras un largo exilio en Sudamérica de un viejo militante de la extrema izquierda. Recuerdo que Brunetti me había hablado maravillas del libro, aunque, como en ocasiones, había manifestado su temor de que pudiera herir mi sensibilidad: no lo hizo y, aunque he de confesar que recuerdo muy poco de este libro me gustó bastante, aún confirmando su dureza. Carlotto es un autor diferente: ya de entrada su propia historia personal reune caracteres épicos pues fue condenado por homicidio tras un polémico proceso, huyó al extranjero, fue extraditado, preso y finalmente indultado. El escritor siempre se declaró inocente y su azarosa historia queda reflejada en sus novelas, pues no sólo uno encuentra frecuentes trazos autobiográficos en ellas, sino que también anda implícita en las mismas una visión notoriamente crítica y escéptica hacia el sistema judicial italiano, ... aunque más bien pienso que ese desengaño se extiende hacia el sistema en general. Los protagonistas de Massimo Carlotto suelen tener un punto de cinismo y rebeldía notable, y como muestra un botón: el detective Marco Buratti, "el caimán" y su amigo, a quien conoció en prisión, Buonanoti Rossini, dos personajes perfectamente dibujados, con fuerza y personalidad y que no conceden ni un respiro a la ternura o la comprensión.

Buratti y Rossini se caracterizan por una arraigada desconfianza ante el sistema; en las novelas de Carlotto no suele haber investigaciones oficiales ni juicios, más bien la actuación privada de dos personas capaces de recurrir a todo tipo de argumentos para salirse con la suya. Los héroes de Carlotto lo son en la medida en que saben saltarse a la torera leyes y criterios, ni Buratti ni Rossini se cantean ni un ápice a la hora de utilizar armas, falsear documentos o identidades o coaccionar a testigos, ... todo ello, evidentemente, con una vestimenta de sabiduría y corrección, y es que todo protagonista cae bien, los lectores nos acabamos identificando con quienes vuelven una y otra vez a protagonizar los relatos de nuestros escritores favoritos.

Las novelas del autor nacido en Padua, lugar donde se suele desarrollar la trama de las mismas, no hacen concesión alguna a la ternura ni a la ponderación; Massimo Carlotto es descarnado, crudo y algo cínico, no hay miramientos ni contención, por eso la gente muere sin medida y la venganza tampoco suele entrar en consideraciones. Eso sí, uno de los grandes logros del autor es saber presentarnos un panorama tan duro con la naturalidad y elegancia suficientes para hacer el libro digerible, para leer lo que se relata con paz y serenidad. Carlotto sabe contar historias, hacerlas amenas.

De Italia han salido grandes autores del género; en esta misma sede he elogiado sólidamente a Camilleri y Donna León -americana de nacimiento, pero residente en Venecia-, creadores de dos personajes formidables como Montalbano y Brunetti; también he recogido mis impresiones de Vait Heinichen, creador de Proteo Laurenti, inspector de Trieste y de Gianrico Carofiglio, un magistrado italiano que está apretando muy fuerte con los casos del abogado Guido Guerrieri. El país transalpino es, por lo tanto, una garantía de calidad literaria en este ámbito; y en este elenco Massimo Carlotto no sólo está a la altura, sino que se erige como un autor distinto, que va más allá del thriller judicial o policial para acercarse a la genuina novela negra que en su día abarcaran Hammet o Chandler, o años después Elmore Leonard o James Ellroy.

La serie del "caimán" está compuesta, según nos cuentan los entendidos, de cinco libros; solamente he podido tener acceso a los dos primeros, pues tras ser publicados por "Barataria" en su colección "Mar negro" los años 2005 y 2006, a partir de entonces no han salido más. La editorial sigue en pié, pero no ha aparecido ninguna novela más del italiano; espero que alguna vez se subsane la omisión, porque vale la pena completar la serie, sin ningún género de duda. La acción de la segunda de las novelas se desarrolla en Corcega, con una excelente ambientación.

"La verdad del caimán"
Massimo Carlotto
Barataria Ediciones. Barcelona (2005)
261 páginas

Resumen:
Una novela negra marcada por el blues, que se abre con un concierto de Cooper Terry y concluye con las notas de B. B. King en la frontera francesa. Y entre las dos imágenes musicales, el Caimán, un solitario aficionado al calvados, un ex convicto metido a detective que cumplió siete años de injusta condena, investiga un delito atribuido con excesiva ligereza a un convicto que encaja demasiado bien con la imagen del perfecto culpable: heroinómano, en régimen de trecer grado cumpliendo condena por asesinato, marginal y marginado...


"El misterio de Mangiabarche"
Massimo Carlotto
Barataria Ediciones. Barcelona (2006)
298 páginas

Resumen:
Buratti, el nada convencional investigador privado, ex convicto, adorador del blues y del calvados, junto con su amigo y socio Beniamino Rossini, tierno mafioso de estricto código ético pero gran amante de las armas, tienen que vérselas esta vez con un caso extraordinariamente apasionante: tres abogados sardos fueron acusados y condenados de la muerte de un colega diez años atrás. La justicia ya ha dado su veredicto, pero ellos, falsos culpables, desean recuperar su buen nombre y conocer la verdad. Por qué los acusaron, quién lo hizo y cómo se llegó a la conclusión de su culpabilidad. La investigación del Caimán va destapando toda una trama llena de extrañas conexiones. Una mujer madura alcoholica y romántica, una base de la otan en la que se oculta demasiado, un patinador psicópata, magistrados volubles, una amante enigmática, una vieja película, Napoleón, con demasiados actores y comparsas, más abogados, militares, políticos y... al final, un misterio que puede resolverlo todo: ¿qué es Mangiabarche?

14 de octubre de 2011

Un examen de Derecho Financiero



Corría el mes de abril de 1979 y quien esto escribe, recién cumplidos los 20 años, cursaba el cuarto curso de Derecho en la Facultad de Barcelona; se acercaba la Semana Santa y, como solía ocurrir por esas fechas, se acumulaban los exámenes parciales en un curso que, con seis asignaturas, era considerado el más difícil y complicado de la carrera. Para un agobiado alumno de los años 70 examinarse de Mercantil, Procesal o Administrativo era el "summum" de la dificultad, pero no deberíamos olvidar que en ese tiempo y esa época ocurrían por el mundo sucesos bastante más importantes, y así el 1 de abril se proclamaba la república Islámica de Irán que cerraba la opulencia y las desigualdades propias de la Persia imperial e inauguraba un tiempo de fanatismo y radicalidad islamista en oriente próximo, mientras el 3 de abril se celebraban las primeras elecciones municipales en España desde la restauración de la democracia, unos comicios que dieron la victoria a UCD, aunque el PSOE floreciente de Felipe González se imponía en las principales ciudades. Ese año el sueco Bjorn Borg dominaba sin discusión el mundo del tenis, mientras que a Bernard Hinault nadie le tosía en el Tour de Francia. En la ceremonia de los Oscar la película triunfadora fue "Kramer vs. Kramer", un alegato contra el divorcio que protagonizaban Dustin Hoffman y Meryl Streep y en los espacios musicales sonaban constantemente Supertramp, Queen y Pink Floyd.

Una de las asignaturas que se cursaban ese año era "Derecho Financiero y Tributario", una materia que los viejos del lugar aseguraban había venido siendo una auténtica maría hasta el curso anterior, en el que la aparición de un exigente catedrático valenciano se había convertido en todo un suceso y, en notoria manifestación de su dureza, se había cargado al 100% de la clase en el primer parcial. La materia en cuestión ya es de por sí ardua y complicada y recuerdo que estudie como nunca lo había hecho, consultando a otras personas que sabían de la materia y no fiándome, como tendía a hacer en alguna otra ocasión, de la memoria. El primer parcial fue fijado para la semana de vísperas de Domingo de Ramos, y se creó alrededor de dicho examen una enorme expectación cuya causa había que encontrarla especialmente por el miedo.

El referido catedrático, un hombre de aspecto imponente y serio, no se dignó acudir al examen, que fue presentado y vigilado por una joven ayudante que se hacía llamar Loli y solía acudir a la Facultad muy "arregladita", con trajes que al menos en apariencia parecían de esos con nombre y apellido transalpino. De dicho examen recuerdo dos cuestiones, la primera que las ayudas que había recibido en forma de explicación me vinieron muy bien y a lo estudiado en un aburridisimo libro de texto pude añadir las valoraciones aprendidas oralmente y, por encima de todo, que ya antes de entregar los exámenes para su corrección la mentada Loli hizo una auténtica escabechina a base de expulsar del ejercicio a quienes fueron sorprendidos copiando.

Nunca hasta entonces había presenciado un espectáculo de esa naturaleza; sí recordaba alguna ocasión en la que algún alumno "copión" había sido expulsado del aula, pero en el caso en cuestión la gente caía como moscas. Compañeros y compañeras que parecías seres modosos incapaces de matar una mosca eran cazados en plena operación de dar el "cambiazo" o consultar alguna chuleta; les veías abandonar el aula cabizabajos, incluso alguno trataba de salir del paso con excusas y justificaciones tan absurdas como increíbles. La indignación de la pobre profesora ayudante iba creciendo notablemente, y todavía recuerdo literalmente expresiones concretas: ¿Cómo que un esquema?, ... esto es una chuleta como la copa de un pino", incluso, cuando ya habían caído unos cuantos, la mujer se desesperaba asegurando que "ésto es de bochormo".

No digo que me cayera entonces del guindo, pero jamás había pensado hasta entonces que la capacidad de copiar en un examen pudiera ser tan variada como extendida. Me cuentas de un antiguo y venerable profesor que se negaba a suspender a quienes descubría que habían copiado asegurando que "ya les suspenderá la vida" ... no digo que sea mala filosofía, aunque ante la realidad de tantos estudiantes intentando hacer trampas me preguntaba entonces si el resto de asignaturas las habían aprobado a base de chuletas, ... ahora lo que me pregunto es si les ha suspendido la vida o han seguido saliendo adelante a base de subterfugios.



13 de octubre de 2011

Una isla que solo estaba en los mapas



Hace ya unos cuantos días que la Isla de Hierro protagoniza los titulares de la prensa; los riesgos de erupciones volcánicas y seísmos marinos ha causado una notable, y al parecer justificada alarma entre la población y ha habido que evacuar personas y poner en alerta todos los mecanismos habituales para estos casos. Hasta hoy Hierro era para mí un simple nombre de isla que había aprendido en aquellos tiempos en que las provincias españolas se recitaban de memoria. Pero hay sitios como la citada isla, la de Cabrera, el cabo de Ajo en Santander, el Río Tera o la villa de Sepúlveda cuya existencia sólo conocía por los mapas, y si acaso por la mención de algún literato.

Pero ahora que una posible catástrofe física amenaza la isla, la misma adquiere caracteres de realidad y aparece como un lugar vivo, con personas de carne y hueso y unos paisajes por lo visto bellísimos. La isla de Hierro es triangular, tiene con una costa accidentada y una población de mas de 7000 habitantes, ocupando un área superficial de 278 km2, la más pequeña de las Islas Canarias. Hay quien dice que hasta el descubrimiento de América era considerada el fin del mundo, aunque yo siempre había escuchado que esa condición se atribuía a la zona gallega del Cabo Finisterre. De cualquier manera, si te das un garbeo por los lugares de internet donde se habla de esta isla, compruebas que una vuelta por allí sería, sin ningún género de duda, una actividad gratificante. Al encanto de La Palma, la grandeza de Las Palmas y Santa Cruz de Tenerife, las playas de Lanzarote, los desiertos de Fuerteventura y los "tipismos" de Gomera, hay que añadir este lugar que por lo que uno intuye tiene mucho de misterio y exotismo.

Así, leo que en Hierro destacan "sus espectaculares acantilados, con desniveles de hasta 1.200 m., y las retorcidas formaciones de lava contrastan con la plataforma central, que se presenta como suaves llanadas cumbreras y una gran masa arbórea en la que destacan especies como el pino canario, las fayas, los brezos y las sabinas, que pliegan sus ramas al gusto del viento". De lo dicho uno extrae tres sensaciones tan apasionantes como la grandeza salvaje de los acantilados, la presencia amenazante y casi tenebrosa de la lava y esos árboles que se retuercen con el viento, que suena a desierto y paisaje duro y agreste. Es posible que con frecuencia busquemos encantos y emociones demasiado lejos e ignoremos las que tenemos a pocas horas de avión; y es que tras leer las descripciones del paisaje de Hierro se sueña con películas, aventuras y romances.

Hay pocos habitantes en Hierro, un lugar que siendo cercano puede parecer que se haya bien lejos, especialmente porque algunos -es mi caso- es posible que no nos hayamos esforzado por conocerlo mejor, por hacer algo coherente con una realidad tan tangible como el de que es terreno que se encuentra en nuestro mismo país, y sus gentes son compatriotas nuestros. Llama la atención que la Isla del Hierro haya sido objeto de menos atención en nuestras vidas que la elección de Obama, los incidentes de Egipto o Libia, la crisis de la NBA o el Milan de Berlusconi: también lo propio es importante.




12 de octubre de 2011

Feliz día del Pilar



BENDITA Y ALABADA SEA LA HORA
EN QUE MARÍA SANTÍSIMA
VINO EN CARNE MORTAL A ZARAGOZA.
POR SIEMPRE SEA BENDITA Y ALABADA.



11 de octubre de 2011

Carpanta en nuestras vidas

Hay quien me anima a hablar de los tebeos de nuestra infancia y no me parece mala idea. En esos años 60 que tanto juego nos dieron a unos cuantos las revistas infantiles que dominaban eran las publicadas por la Editorial "Bruguera", desde el "Pulgarcito" y el "Tiovivo", que parecían las dominantes hasta el "DDT", al que recuerdo de la peluquería, pasando por las hazañas del "Capitán Trueno" y el "Jabato"; también tenían sus partidarios el viejo "TBO", con personajes antiquísimos, como la Familia Ulises y Josechu el vasco, los famosos inventos o las figuras alargadas del catalán Coll, sin olvidar las "Hazañas bélicas", "Tintín" o el "Sargento Gorila". He de reconocer que no se la razón que me ha movido a comenzar por Carpanta, ese simpático personaje creado por el catalán Josep Escobar, creador también de los célebres Zipi y Zape, de Petra criada para todo, Don Óptimo y Don Pésimo y el perro Toby, entre muchos otros. Con los años nos hemos enterado que muchos de estos dibujantes que entretuvieron nuestra niñez tuvieron una vida complicada, así Escobar pasó año y medio en la cárcel tras ser depurado de su puesto de funcionario de correos y acusado de militancia izquierdista. Para los niños de entonces -imagino que como los de ahora- todo era siempre bonito y sencillo y dificilmente te ponías a pensar que tras los trazos de nuestros creadores favoritos había personas humanas con sus penas y sus alegrías, de la misma manera que tampoco te planteabas la crítica social que, según se asegura ahora, se ocultaba tras unos personajes cómicos.

Al parecer la palabra "carpanta", según el diccionario de la lengua, significa "hambre violenta", lo que casa perfectamente con la permanente necesidad de comer del personaje en cuestión. Aseguran los estudiosos que Escobar tuvo serios problemas con la censura, pues se pretendía que en la España de Franco nadie pasaba hambre y, de hecho, dicen que a partir de un momento en las historietas de Carpanta éste no tenía nunca "hambre", sino "apetito". Pero un niño de la época no entraba en estos matices y para mí, como para tantos otros, Carpanta no era más que un pobre individuo que siempre se quedaba a dos velas en lo que se refiere a su aspiración de ponerse las botas. Recuerdo que uno sentía cierta frustración y pena por el personaje cuando veía cómo una vez más se quedaba con la miel en los labios y deseaba que por una vez el autor tuviera piedad del individuo y le dejara disfrutar de un buen banquete, como esos que se pegaba su buen amigo Protasio, que era como el contrapeso a la situación de permanente déficit alimenticio de Carpanta.

Yo me planteo que Carpanta va mucho más allá del reflejo de un hombre sin oficio ni beneficio que no tiene qué comer y ansía permanentemente llenar el buche; en nuestra sociedad siempre ha habido "Carpantas", y no tanto porque haya quien pase hambre, sino porque todos hemos conocido a individuos que se dedican a trampear por ahí, amantes de la buena vida, con paladares exquisitos y gustos por las bebidas más caras, que presumen de discernir -o aparentar que disciernen- entre un vino bueno y uno excelente, de pedir un gin-tonic o un cuba libre exigiendo tanta precisión y tantos detalles que pueden perturbar al camarero, y a la vez no son capaces de justificar su "modus vivendi", posiblemente porque no lo tienen, a pesar de lo cual son capaces de aguantar años y años de lujo en lujo. ¿Quien no ha conocido un "carpanta de la vida?", alguien cuya existencia se limita a buscar el modo de saciar sus concretos y poco elevados gustos.

Me temo que he llevado el personaje demasiado lejos, es posible que el Carpanta que nos presentaba cada semana Escobar no fuera tan complicado y, sobre todo, acababa teniendo menos éxito en sus aspiraciones que esos carpantas de traje caro -aunque a lo mejor sólo tienen uno-, calva disimulada y deportivo nacional, pero no dejó de ser uno de nuestros primeros encuentros con la jeta, el quiero y no puedo y la vida muelle. Escobar falleció en 1994, pero a muchos nos dejó unos personajes que caminaron bastantes años a nuestro paso.


10 de octubre de 2011

Una cogida espeluznante



En la primera corrida de toros de la Feria del Pilar el torero jerezano Juan José Padilla fue herido en la cara por el toro de nombre Marqués, perteneciente a la ganadería de Ana Romero, que le empitonó a la altura de la mandíbula, saliendo el asta del morlaco por la órbita ocular izquierda. La terrible herida dejará secuelas en el bravo torero andaluz, que perderá la visión de ese ojo y sufrirá una parálisis permanente en el lado izquierdo de la cara. A pesar de todo, no cabe duda de que la Virgen del Pilar echó, nunca mejor dicho, un capote al diestro, ya que no ha habido lesiones cerebrales y ha conseguido salvar la vida. Y es que los toreros están hechos de una fibra especial y Padilla parece que ya habla de irse a torear a América y reiniciar su carrera taurina con un parche en el ojo.

Juan José Padilla es un torero especial, de esos que se tienen que ganar los garbanzos lidiando el ganado más difícil, los toros que se niegan a matar las grandes figuras; las ganaderías de Eduardo Miura, Celestino Cuadri, Victorino Martín, Cebada Gago, Pablo Romero, ... no son plato de gusto de cualquiera y solamente se enfrentan a ellos quienes, además de agallas para hacerlo, quieren a toda costra salir adelante contra viento y marea en territorio hostil. Tiene 38 años y en buena lógica le queda toda una larga carrera como matador de toros tras nada menos que 17 años de alternativa, que tomó en su ciudad natal, Jerez de la Frontera, el 18 de junio de 1994, siendo padrino Pedro Castillo y testigo el "Niño de la Taurina".Cuentan que su cuerpo está marcado por más de cuarenta cicatrices, una de ellas en el cuello, en otra cogida tremenda sufrida en la feria de San Fermín de 2001 que le tuvo entre la vida y la muerte.

Cuentan que Padilla es un hombre devoto, sintiendo devoción, principalmente, por Dios, en quien cree realmente. Además, siempre ha tenido especial predilección por San Martín de Porres, que piensa que le protege, siendo también es devoto de la Virgen del Rocío, San Fermín y el Cristo de las Penas, cofradía de la que es hermano y carga cada Semana Santa el paso en Jerez; no cabe duda que el pasado día 8 les hizo a todos hacer horas extras. Su forma de aparecer en la plaza tiene algo de estrafalaria, no sólo por las espectaculares patillas que luce, sino también por usar unas ternas bastante originales en las que no falta el color amarillo, algo ciertamente sorprendente si pensamos en la tendencia de todo torero a la superstición. Quienes saben de toros aseguran que es un torero con personalidad, de los que se enfrentan con valor y mando al toro y con una forma física espectacular; también aseguran que aún ejerciendo habitualmente la suerte de banderillas no llega a la altura del granadino Carlos Fándila "El Fandi", a quien atribuyen el número uno de esta suerte taurina.

La cogida de Padilla ha vuelto a reabrir -si es que estaba cerrada- la polémica sobre los toros; los contrarios a la fiesta han desplegado sus espadas y desempolvado sus iras y tratan de utilizar el drama que se desató en el Coso zaragozano de la Misericordia como ejemplo de lo nefasto del espectáculo. A mí las tremendas imágenes presenciadas por todo el mundo me provocan otro tipo de sentimientos: por supuesto, el estremecimiento ante un hombre con la cara destrozada, pero también la admiración por quien lucha por salir adelante y está dispuesto a mantener el pulso con los toros a pesar de unas secuelas irreparables, la lucha noble entre el torero y el toro, que muere en la plaza dando la cara y el sentimiento solidario de tantos de dentro y de fuera que siguen demostrando que a la hora de la verdad seguimos siendo humanos.


8 de octubre de 2011

Unos personajes que podrían dar más de sí






"Sobra un rey"
José García Abad
La esfera de los libros. Madrid (2009)
480 páginas


Resumen. A la muerte de Isabel la Católica, España se encuentra al borde de la guerra civil y de la separación de las coronas de Castilla y Aragón. El viudo de la reina, Fernando, y su yerno, Felipe el Hermoso, inician una lucha feroz por el trono de Castilla. Todo estará permitido para lograrlo: intrigas, traiciones, secuestros, torturas e incluso asesinatos. Veinte años después, los nobles que apoyaron a cada bando se reunen en el castillo de Belmonte para reconstruir aquellos hechos, pero no será un encuentro pacífico, ya que los rescoldos de la ambición y el odio continúan vivos.

La novela histórica, si es de calidad, facilita la oportunidad de conocer épocas y personajes atractivos de la historia añadiendo ese toque de amenidad que en determinados momentos es muy de agradecer. Hace algo más de dos años apareció en las librerías "Sobra un rey", novela del género que tenía como uno de sus protagonistas principales a Felipe el Hermoso, personaje que durante un breve tiempo fue rey de España y del que lo ignoraba casi todo, unido a que José García Abad me parece una pluma de garantías, he tenido desde entonces al libro entre mis lecturas posibles, llevando por fin a la práctica mis intenciones a lo largo del pasado mes de septiembre. El libro cumplió las funciones de entretener, pero esperaba más; el momento histórico es apasionante y la galería de personajes que aparece interesantísima, pero tal vez por querer abarcar tantos el relato acaba apareciendo algo superficial.

Los dos personajes centrales de la novela, además del narrador, un cronista de la época imagino que figurado, son Fernando el Católico, que acaba de quedar viudo y no se resigna a perder el gobierno de Castilla y Felipe el Hermoso, Archiduque de la Casa de Habsburgo, que se acaba de casar con la hija de los Reyes Católicos, Juana la Loca y aspira a gobernar Castilla en solitario. Surgen un montón de intrigas de unos y otros que a veces incluso te mueven a la confusión. Junto a los dos Reyes, también destaca la citada figura de Juana, que ha dado lugr a tanta literatura y que aparece reivindicada en la novela, así como otros personajes de tanta importancia histórica como el Cardenal Cisneros, Carlos V, hijo de Felipe y Juana, el cardenal Mendoza y Erasmo de Rotterdam, sin olvidar las frecuentes referencias a los papas tan poco ejemplares de la época, como lo fueron Alejandro VI y Julio II, así como cardenales, obispos, embajadores, secretarios, ministros, ... un sinfín de personajes que García Abad tiene el acierto de enumerar al final del libro especificando una breve biografía de cada uno.

La narración tiene el misterio y la intriga propios de la época, con un aire similar a los relatos británicos de autores como Walter Scott o Robert L. Stevenson del tipo de "Ivanhoe" o "La flecha negra", por mucho de que España y el imperio austriaco tengan sus peculiaridades muy alejadas de las inglesas. Pienso que el autor logra describir bien el ambiente de la época, recurriendo también a tópicos habituales como los amoríos descontrolados de los monarcas, la Santa Inquisición el estado de permanente conspiración. Como ya he dicho, eché en falta un mayor desarrollo de las figuras de los protagonistas principales, pues no conseguí aclararme sobre la veracidad de la pretendida perversidad del Rey católico ni de la superficialidad y frivolidad del iniciador en España de la dinastía de los Austrias. Por otra parte, al narrar paralelamente hechos de dos épocas distintas, a veces te haces algo de lío entre una y otra, a lo que cabe añadir las elucubraciones sobre la muerte de Felipe el Hermoso, que quedan más bien confusas.

Hace pocos días descubrí vía internet que José García Abad acaba de sacar un nuevo libro en la misma editorial y con tema histórico relativo a la misma época, lleva por título "La reina comunera" y convierte a Juana la Loca en personaje central de su relato, una figura que seguro desarrolla aún más que en el presente, lo que unido a un acontecimiento tan interesante como la rebelión de los comuneros de Castilla convierte este nuevo libro en otra lectura a iniciar.


7 de octubre de 2011

El fenómeno Punset

Me encontraba el otro día comiendo deprisa y corriendo en una de esas franquicias que abundan en las grandes ciudades y vi que en la tele aparecía una breve entrevista con Eduardo Punset; el hombre no deja de parecerme un tipo peculiar, a quien recuerdo de su época de Consejero de Economía y Finanzas de la Generalidad de Cataluña bajo el mandato de Josep Terradellas y, posteriormente, de Ministro de Relaciones con las Comunidades Europeas con Adolfo Suárez. Por eso mismo me hace cierta gracia la transformación sufrida por el citado al pasar de prócer de la política a gurú de la ciencia y las tecnologías adaptadas a lo que él llama cultura popular. Posiblemente me falten datos, pero a la vista de lo que le he escuchado en ocasiones -recuerdo, por ejemplo, su discurso al recibir un premio en la jornada inaugural del Congreso de Periodismo Digital de Huesca- he sacado la impresión de que Punset más que un sabio o un experto, es un personaje hábil que ha sabido estar en el lugar oportuno en el momento oportuno, tratando por supuesto los temas oportunos.

A mí lo que dice este hombre me suele sonar a superficialidad, por mucho que su currículum es notable y su experiencia en muchos temas amplia. En la entrevista a la que me refiero, que realmente escuché desde lejos y con demasiado "sonido ambiente", y ante la pregunta de si existe vida más allá de la muerte, contestó con una especie de sofisma que me sonó a demagogia y salida por la tangente al afirmar que la preocupación sobre lo que ocurre tras fallecer no es más que un planteamiento válido hace bastantes décadas, cuando la esperanza de vida estribaba en torno a los 30 años, que ahora nos hemos de conformar sabiendo que la ciencia nos ha alargado la vida 40 0 50 años: para este viaje, desde luego, no necesitábamos alforjas. Al mismo tiempo aseguraba que había vida en otros planetas, lo que demuestra que al final uno tiene fe en lo que le apetece, además de jugar al "tute" con René Descartes diciendo que más que "pienso luego existo", lo que debe decirse es "Existo, luego pienso" ... y se quedó tan ancho.

Ya he dicho que es posible que me falten datos para realizar un juicio definitivo sobre la profundidad de la ciencia y el saber de Eduardo Punset, pero por lo visto y oído creo que se trata de uno de esos "gurús" que se sirven de cuatro habilidades para llegar a todo tipo de conclusiones y encauzan sus conocimientos para meterse en el bolsillo al ciudadano poco exigente.


6 de octubre de 2011

Don Pablo García Castany

Pablo García Castany llegó al Real Zaragoza en un momento difícil; terminada la hasta entonces época más gloriosa del club, la de los 5 magníficos, el equipo había entrado en una fase de decadencia que culminó con el descenso del club a 2ª División en mayo de 1971. A la ruina deportiva se sumaba la económica y los aficionados tuvieron que sufrir hasta la humillación de ver como eran embargados los trofeos que años antes se habían conseguido con esfuerzo y brillantez. La plantilla estaba descapitalizada y el club, al que acababa de llegar un joven y audaz presidente llamado José Ángel Zalba, no estaba en condiciones de gastarse un duro en reforzar la plantilla. Por eso la llegada de García Castany acabó siendo la novedad más brillante del nuevo Zaragoza que tenía el reto de recuperar la categoría perdida; el jugador, nacido en Gerona, había debutado en el primer equipo del F.C. Barcelona, si bien jugadores de la talla de Juan Carlos, Marcial, Asensi, Martí Filoxía, Zabalza y Fusté le tapaban Su proyección como centrocampista. Al chico le correspondía hacer el servicio militar en Zaragoza y Zalba no desaprovechó la oportunidad de lograr la cesión del jugador. Eran tiempos de buenas relaciones con los equipos grandes, amen de que la desgracia de un histórico no dejaba de ser motivo de cierta compasión, de hecho el propio Barça jugó ese verano gratuitamente un amistoso en La Romareda.

García Castany era un jugador de una planta excepcional, medía más de 1,80 cm y tenía una potencia notable; pero no se trataba del típico centrocampista trotón y luchador, sino que a su potencia unía una técnica depurada, poseía un toque de balón excelente, dominaba el pase a larga distancia, centraba de miedo y estaba dotado de un disparo durísimo que propició un buen número de goles para el equipo. Otra de las virtudes que me encantaban del jugador catalán era el ritmo especial que tenía, conducía el balón de maravilla y era capaz de superar al jugador rival a base de potencia y cambio de ritmo. Su puesto era el típico de interior derecha y era frecuente verle avanzar por su lado de una forma que le hacía imparable. Nunca olvidaré una jugada en un encuentro jugado en la tercera jornada de la Liga 1972-73 frente al Deportivo de la Coruña, García Castany recogió un balón en la zona izquierda de medio campo, fue regateando jugadores con una elegancia sublime hasta el lateral del área donde dio el pase de la muerte al ariete paraguayo Ocampos que remató a la red el tercer gol de los blanquillos, la ovación del público fue apoteósica, aunque en el programa deportivo de TVE del domingo por la noche solamente repitieron el final de la jugada: si la hubiera hecho Amancio o Velázquez nos hubieran tenido la semana entera observándola.

El gran momento de García Castany con la elástica blanquilla fue sin duda el "hat trick" que le hizo al Real Madrid ese 30 de abril de 1975 en el que el Zaragoza le endosó un rotundo 6-1 al Madrid de Santillana, Netzer, Breitner y Miljanic que acababa de ganar la Liga en el viejo estadio de Atocha. Fue un partido memorable que quienes ya seguíamos al Zaragoza en aquellos viejos tiempos no olvidaremos nunca, y que incluso sirvió para que algún ciudadano del Principado vecino se incorporara ya para siempre a la legión de seguidores blanquillos. Tengo grabados en la cabeza los tres goles del catalán: un primero en disparo raso al lanzar una falta en la frontal del área, el segundo de tiro cruzado tras un quiebro genial en el área y el tercero de tiro en posición inverosimil, casi desde la raya del corner. Pero sería injusto reducir la gloria del jugador a ese encuentro concreto, porque García Castany fue muchísimo más, incluso le recuerdo otro hat-trick un par de temporadas antes en una fría tarde de noviembre en La Romareda frente al Athletic de Bilbao, un partido que en el descanso andaba sin goles y que terminó con victoria zaragocista por 3-2. Castany no fue flor de un día y a lo largo de tres temporadas -de 1972 a 1975- el jugador de Girona fue uno de los pilares sobre el que se sostenía un Zaragoza que jugaba como los ángeles y practicaba un fútbol tremendamente ofensivo; en el equipo de los zaraguayos la fama se la llevaron los excelentes jugadores sudamericanos de la plantilla, muy en especial un Arrúa y un Diarte que se hincharon de acciones espectaculares y goles abundantes y decisivos, pero su éxito no hubiera sido posible sin la influencia de tres españoles que sostenían el equipo de Carriega por el centro: José Luis Violeta, "El león de Torrero", todo una explosión de potencia, dominio de su posición y compromiso, Javier Planas, un jugador inteligente, perfectamente colocado en el campo y con buena técnica y García Castany, la clase al servicio del conjunto y un hombre que corría kilómetros en cada partido.

Pero García Castany también prestó otra clase de servicios a su club; el equipo de los "zaraguayos" se rompió enseguida: Planas se destrozó la rodilla en un bolo veraniego de agosto de 1975 y Arrúa, que no había querido operarse al finalizar la temporada del subcampeonato tuvo que acabar pasando por el quirófano en el mes de octubre del mismo año. Si añadimos que Violeta iba cumpliendo años y que los nuevos fichajes no tenían la calidad de aquellos a los que habían de suplir, solamente quedaba el catalán como alma del equipo. Y García Castany tenía molestias musculares habituales, viéndose obligado a jugar cada domingo con ellas durante dos temporadas (1975-76 y 1975-77), cosa que hizo por amor al club, sin un mal gesto ni una mala palabra y aceptando ser criticado por haber bajado su rendimiento. A pesar del sacrificio del jugador, el equipo, con nombres de la talla de Jordao, Arrúa, Planelles, Pepe González, Rubial, Porta, Junquera, ..., terminó bajando a 2ª División un fatídico día de mayo de 1977. El catalán ya se pudo operar, y en la temporada siguiente en la división de plata, a las órdenes de Arsenio Iglesias, volvió a ser el formidable jugador de siempre; recuerdo que reapareció muy avanzada la primera vuelta y que hubo un antes y un después en la trayectoria del equipo blanquillo a partir de su incorporación a la alineación titular.

Con el equipo nuevamente en primera, la directiva escogió al yugoslavo Vujadin Boskov como nuevo mister, habiendo decidido éste encomendar a García Castany el liderazgo del equipo en su nueva andadura en primera, junto a jóvenes valores como Pichi Alonso, Víctor Muñoz, Jesús India, Pérez Aguerri, Angel Lafita -padre-, Paco Güerri, ... pero en un partido del Trofeo Ciudad de Zaragoza frente a un equipo búlgaro llamado FK Trepca Mitrovica, el jugador se rompió los ligamentos cruzados de la rodilla y, cuando a los 31 años aún estaba en condiciones de lucir su calidad y su potencia, decidió colgar definitivamente las botas. Fue una decisión tan triste como sabia, algo normal en un jugador que fuera de los terrenos de juego era un hombre elegante, discreto y culto, licenciado en Derecho y capaz de mantener una conversación medianamente interesante. Creo que lo más injusto de su vida profesional fue el que no llegara a la selección nacional, porque condiciones le sobraban; al cabo de 33 años de su retirada, lo injusto sería que el zaragocismo olvidara a un jugador excepcional.


5 de octubre de 2011

Ir a la suya en el bus



Ya he hablado en otras ocasiones de las diversas vivencias que uno puede tener viajando en autobús; por lo general el uso de los medios públicos de transporte, por mucho que en ocasiones den lugar a alguna que otra molestia o contrariedad, es fuente de momentos gratos, a la vez que es algo que nos hace más humanos, ya que entre otras cosas, nos obliga a convivir los unos con los otros, a comprender materialmente que nuestro caminar por esta tierra no es -nunca mejor dicho- un viaje en solitario, que no estamos sólos.

Pero usar el bus también te ayuda a comprobar que nuestra sociedad se está volviendo individualista y, a veces, insolidaria. Los usuarios del autobús -yo, como es sabido, puedo dar fe del que hace el trayecto Huesca-Zaragoza y viceversa- nos convertimos en ocasiones en una especie de hurones y nos comportamos como si fuéramos los únicos viajeros, ... vamos, que da la impresión de que el resto del personal nos importa un comino. Es ésta una realidad que vengo observando desde hace tiempo, y puedo aportar unos cuantos botones de muestra.

El bus de Zaragoza viene con frecuencia de Jaca y en la "Intermodal" oscense se suele bajar un buen número de personas, aunque algunos quedan en el interior por seguir viaje a la capital del Ebro; no es raro encontrarse algunos de estos viajeros apalancados en su asiento, impidiendo el paso al de al lado, con las piernas extendidas e incluso con éstas encima del asiento. A uno le entra el complejo de intruso, como si se enfrentara a los dueños de casa ajena, sintiéndose recibido de modo hostil, cual oscense atrevido que ocupa un vehículo. Así acabas sintiendo, con razón o sin ella, que te has convertido en inquilino molesto, que se te niega el derecho a optar por un asiento y que andas rodeado de personajes que llegaron antes y se encuentran en tierra conquistada.

Situaciones parecidas se suelen producir en el autobús de regreso, cuando el vehículo efectúa la parada preceptiva en el Paseo María Agustín de Zaragoza, enfrente de la vieja fundición de "Averly" que curiosamente ha dado nombre a dicha parada; al subir no es raro encontrarse con pasajeros que ocupan el asiento del pasillo, dejando libre el de la ventanilla y que no hacen ademán alguno de ponerse en disposición de dejarte hueco, incluso frecuentemente se observa como quedan depositados en el asiento vacío mochilas, carteras, bolsas, paquetes, compras, ... como si éstas hubieran pagado su ticket y tuvieran derecho preferente. Mi planteamiento vital, y puedo asegurar que no voy por la vida de "hombre solidario", es que cuando alguien entra y busca un asiento, algo que frecuentemente es el final de una fase de cierta incertidumbre ante la necesidad de encontrar billete, llegar a tiempo al bus, subir sin incidentes y ubicarse dentro, si tienes uno al lado lo natural es ponerte en disposición de facilitar que alguien lo ocupe. Resulta cuando menos curioso observar como cada cual pasa del resto del personal olímpicamente.

También resulta sorprendente la actitud de quienes, sin encomendarse a Dios ni al diablo, ni pedir permiso alguno, proceden a extender el asiento hacia atrás sin importarle que el viajero inmediatamente posterior quede emparedado entre su asiento y la espalda del delantero. Se ve que hay quien da preferencia absoluta a su propio descanso y comodidad aún a costa de dejar a otro en posición próxima a la tortura puede que hasta el final del viaje. Encima, si alguien tiene la osadía de pedir que reponga el asiento a su situación primitiva, hasta es posible que reciba una mirada de sorpresa, como si quien la dirige le clasificara con la misma en la nómina de los intolerantes.

Un aguda observación de la actitud de quienes ocupan la posición temporal de pasajeros de un autobús estoy seguro de que nos permitirá realizar una radiografía mucho menos pesimista de como anda la solidaridad del personal, pero puedo asegurar que esta especie de indiferencia ante el resto del mundo existe, sin que me atreva a dimensionar la magnitud del diagnóstico.