29 de julio de 2010

Entre rías y rúas



Galicia tiene un aire especial, distinto; viajar a lo largo y ancho de las tierras gallegas es disfrutar de un paisaje bañado por un mar azul intenso y salvaje y elaborado a base de cruceros, hórreos y casa de piedra. Toda una ocasión para disfrutar de un ambiente que no se encuentra en el resto de la península, por más que uno pueda encontrar auténticas maravillas en nuestro país.

Tener el punto de partida en Santiago, máxime siendo Año Santo, es otra ventaja a añadir. Santiago de Compostela es una ciudad creada en torno al sepulcro del apóstol que conserva todo el encanto y la magia de lo antiguo, lo valioso y lo tradicional. El centro de Santiago es su Catedral, un monumento imponente que se erige en la Plaza del Obradoiro, un lugar de encuentro, de conversación, de puntos comunes. En el interior de la Catedral uno siente el toque de lo sagrado, de la existencia de un algo divino. Un Pórtico de la Gloria que es pura belleza, el abrazo al Santo, la magia del botafumeiro, la Capilla del Santísimo, con la presencia del apóstol y la Virgen del Pilar, ... suman emoción cada vez que uno entra en el recinto.

Santiago estaba estos días, como todo el año, lleno de peregrinos; el Camino de Santiago tiene algo irrepetible, inimitable. Muchos lo empiezan como algo muy alejado de cualquier sentimiento religioso, pero cuando ves a los peregrinos en la Catedral compruebas que hay a quienes transforma, buena prueba de ello las colas que se forman en un buen número de confesionarios, todos ellos ocupados. La presencia de gentes de todos los pelajes y todas las nacionalidades unidos por un mismo fin de llegar a la tumba del apóstol ofrece una singularidad caracterizada por la universalidad, la buena comunicación y la solidaridad mutua.

En torno a la Plaza uno puede visitar lugares tan bonitos como San Martín Pinario, el Palacio de Gelmirez y el propio museo catedralicio; paralelamente está la Plaza de Quintana, que viene a ser como el contrapunto, un lugar lleno de personajes singulares, desde el blanco que toca jazz disfrazado de negro, los titiriteros que manejan unas marionetas deliciosas o cualquier espontáneo dispuesto a lucir cualquier habilidad sorprendente.

Santiago está lleno de iglesias, capillas y conventos, lugares donde la belleza se une a la devoción: el Convento das Orfas, con exposición permanente del Santísimo, el de las Clarisas, la Iglesia del Carmen, las de San Miguel, San Martín y la de las Ánimas, el Convento de San Paio, donde escuché cantar unas formidables vísperas a un número importante de bendictinas, la Colegiata de Santa María del Sar, la iglesia de María Salomé, ... sin olvidar el Parque de la Alameda y el de San Martín.

Y el placer de pasear por las rúas; a quienes nos gusta callejear nos toca una auténtica lotería; mención especial para la Rúa de Franco, la Nova, la de Gelmírez, ... callejas que conservan todo el encanto de lo antiguo, donde se ha respetado la decoración de siempre y no se rompe el orden ni la estructura antiguos. Entre callejas uno disfruta de tiendas viejas, de los establecimientos en los que se ofrecen catas de los productos típicos, donde se instalan terrazas en las que gozar de una cerveza y del pulpo a feira, algo que resulta especialmente grato en las templadas noches de verano.

Asistí a los fuegos de la víspera de la fiesta de Santiago en la Plaza del Obradoiro, un formidable espectáculo de luz y sonido, con unos fuegos artificiales que estremecen, unidos a los dibujos que se estampan contra la fachada catedralicia y la música de Carlos Núñez. Un número tremendo de personas, apelotonadas en armonía y buen ambiente, tres horas de pié que se hicieron cortas, una larga espera que valió la pena.

La oferta cultural es enorme, desde los conciertos de música clásica y barroca en algunas iglesias, hasta los de folk en las rúas y en la Plaza Quintana, sin olvidar el que dio el sábado 31 la banda municipal y la calidad de los protagonizados por Mark Nopfler, Jean Michael Jarré, Diana Krall y Elvis Costello. Y hablando de cultural, maravillosa la exposición sobre el pórtico de la Gloria de Caixa Nova en la Plaza de Cervantes, una explicación pormenorizada y llena de rigor de todo el pórtico; dicha exposición está encabezada por una frase recogida del mensaje dado por Pablo VI a los artistas en la claúsura del Concilio Vaticano II y que fue recogida muchos años después pior Benedicto XVI: "este mundo, en el cual vivimos, necesita belleza para no precipitar en la desesperación. La belleza, como la verdad, es lo que infunde alegría en el corazón de los hombres, es el fruto precioso que resiste a la degradación del tiempo, que une a las generaciones y las hace comulgar en la admiración. Y esto gracias a vuestras manos... Recordad que sois custodios de la belleza del mundo".

Pero Galicia es mucho más: A Coruña, con la Torre de Hércules, la Colegiata de Santa María, los jardines de Méndez Núñez, el Castillo de San Antón, el Ayuntamiento en la Plaza de María Pita -una de las cuatro grandes mujeres gallegas junto a Emilia Pardo Bazán, Rosalía de Castro y Concepción Arenal- y el Parque de San Pedro; los cascos viejos de Ourense y Pontevedra, las murallas de Lugo, las rías bajas, con nota para la de Muros y la zona de Bayona, así como esa parte donde muere el Miño en Tuy y Laguardia; y por supuesto, la Costa da Morte, con lugares mágicos y míticos como Finisterre y Muxía, donde se impone un mar de color azul intenso, bravo y salvaje, cuya contemplación lleva a pensar en la grandeza del Creador.


9 de julio de 2010

"Si amanece", Rocío Jurado



La enfermedad y posterior fallecimiento de Rocío Jurado causo impacto en muchos españoles hace unos años; se trataba de una cantante famosa, una mujer con carácter y carisma y los españoles tenemos ese corazoncito que nos hace con frecuencia identificarnos tanto con artistas y famosos que hacemos nuestras también sus penas y sufrimientos. Por otra parte, su boda con un torero y la de su hija con un guardia civil acabaron configurando una composición familiar de lo más "hispánica", casi el tema ideal para un cuadro de Goya.

Tal vez por estas circunstancias, uno puede acabar viendo a Rocío como un personaje famoso, popular y más bien "típico", cuando en realidad se trataba de una mujer con una voz poderosa, que cantaba con un sentimiento llamativo y que lo hacía muy bien. Por encima de tópicos y superficialidades "faranduleras", Rocío Jurado fue una artista de los pies a la cabeza y una de las mejores voces que ha habido en España en los últimos tiempos.

Recuerdo un buen puñado de canciones de la de Chipiona que al escucharlas me ponen los pelos de punta: "Amor de noche", "Como una ola", "Señora", "Se nos rompió el amor", "De quien será la culpa", "Rocío de luna blanca", "Paloma brava", ... pero no tengo dudas a la hora de elegir la que prefiero: "Si amanece", un precioso tema compuesto por uno de los músicos más prolíficos y brillantes de España, Manuel Alejandro, y que formaba parte de un LP con temas de este compositor titulado "Romantiquísimo" que me regalaron, creo que el día de Reyes de 1988, y que contenía dos temas que me encantaban: "Háblame del mar, marinero", de Marisol y éste que interpreta la Jurado con una elegancia y un sentimiento imponentes. Además me trae a colación determinados recuerdos muy gratos.


8 de julio de 2010

Ayer fuimos los mejores



Tenía el presentimiento de que las cosas iban a salir bien, y tras muchos años siguiendo el deporte del balón, uno sabe que estas intuiciones suelen tener bastante de premonitorias y no pocas veces acaban cumpliéndose; por otra parte, tenía claro que España había cogido la buena dirección, y tras las primeras decepciones, sus partidos frente a Portugal y Paraguay tuvieron mucho más mérito que el que se les dio por algunos, sabía que frente a Alemania se estaría a la altura. Por otra parte, los teutones estaban realizando un Mundial espléndido y a la tradicional fuerza de su juego -siempre me ha parecido que juegan arrasando como una máquina imparable- se sumaba ahora un toque de balón excelente, detalles que me hacían temer por el futuro de la "roja".

A la hora de la verdad, la selección que dirige Vicente del Bosque hizo el partido más completo que le recuerdo; desde el primer minuto se vio que ayer era el día de nuestros jugadores, que todos estaban comprometidos e inspirados y que sobre el césped del estadio de la ciudad de Durban quienes mandaban eran los nuestros. La selección española jugó un partido enorme, sólo en breves instantes del primer y segundo tiempo pareció que los alemanes se hacían con el mando, pero fueron meros espejismos porque España siempre acabó reponiéndose y perseverando en un acoso a la portería rival que al final tuvo el premio merecido de la forma en que menos esperábamos, pues a la vista de las torres que dominan el centro de la defensa de los de Low, nadie podía imaginar que al final el gol llegará vía corner.

Ayer todos los hermanos fueron valientes; hay que destacar el centro del campo, que se impuso claramente al germano, con un Xavi en plan maestro y un Busquets inmenso, así como el enorme trabajo defensivo de todo el equipo, no solamente de una defensa excelente, con Puyol de figura estelar, sino también de un medio campo en el que Xavi Alonso y el citado "Busy" se hincharon de recuperar balones y de unos hombres como Villa e Iniesta que acabaron extenuados de presionar y correr. Mención aparte para el tal Pedrito, una apuesta que le salió de cine a del Bosque y que ayer hizo un partido increíble, a pesar de que al final el ansia de marcar gol le hizo ser egoísta y no pasar un balón a Torres que nos podía haber evitado ulteriores angustias.

El rival fue dificilísimo y Alemania cayó con la cabeza bien alta, demostrando que son un conjunto joven con un futuro tremendo. Pero ayer era el día de España, salieron a por todas y consiguieron un triunfo merecidísimo que nos ha dejado a todos felices y esperanzados. El domingo es la final frente a Holanda; habrá un campeón del mundo inédito y aunque los "tulipanes" se presentan con un expediente inmaculado -cuentan sus encuentros por victorias, clasificación incluida- España tiene argumentos para aspirar a todo.


7 de julio de 2010

Don Ramón María del Valle Inclán



La vida de Valle Inclán, el autor de obras tan importantes como "Luces de bohemia", las cuatro "Sonatas", "Tirano Banderás" o "Divinas palabras" fue, en sí mismo, un auténtico personaje de novela, un individuo original, atrevido, genial e irrepetible. La simple lectura del modo en que se quedó manco nos dan a entender la categoría de este individuo que no parece se ganara bien la vida escribiendo, pero que lo hizo mucho mejor que tantos que sí engordaron abundantemente su patrimonio con sus libros. Si hacemos caso a la wikipedia, Don Ramón perdió el brazo de una manera y con unas circunstancias realmente sorprendentes:

"En el mes de julio de 1899, en una discusión en el Café de la Montaña de la Puerta del Sol, el periodista Manuel Bueno le causa una herida en el brazo que termina gangrenándose y haciendo necesaria su amputación. Valle-Inclán y su amigo Manuel Bueno discutían sobre la legalidad de un duelo que debía celebrarse. Llegaron a las manos y a los bastones, con tan mala fortuna que al gallego se le clavó un gemelo en la muñeca; la herida se infectó y hubo que amputarle el brazo izquierdo.[12] Luis Calvo explica el episodio con todo lujo de detalles. El hecho ocurrió el 24 de julio de 1899. Javier y Joaquín del Valle-Inclán han demostrado que los bastonazos de Bueno le produjeron, además de una herida en la cabeza que sangraba aparatosamente, la fractura conminuta de los huesos del antebrazo izquierdo, es decir fragmentados en trozos muy pequeños, que le hicieron numerosas heridas internas. Por tanto, era una lesión muy seria y no un simple rasguño del gemelo de la camisa, como tantas veces se ha dicho».

Según cuentan la entereza de Ramón fue tal que durante la operación del doctor Barragán, Ramón despierto se desmayó sólo una vez, siendo conocido que casi al final de la operación sugiere a los asistentes deseos de fumar, y durante los últimos instantes se fuma un habano, haciendo ascender al techo grandes volutas de humo. Ramón tiene treinta y tres años. A partir de ahora la imagen de manco se hace mítica. Algunos amigos deciden organizar un festival y conseguir fondos para comprarle un brazo ortopédico. La primera vez que se encuentra con Manuel Bueno le estrecha la mano."


Hoy en día hubiera habido juicios, reclamaciones, defenestración pública del tal Manuel Bueno y un debate tremendo sobre la conveniencia de prohibir las tertulias de los cafés. Pero Valle-Inclán fue capaz de desdramatizar incluso la pérdida de un miembro importante. ¿Qué era este escritor nacido en Villanueva de Aros?, ¿un irresponsable?, ¿u ácrata?, ¿un loco? ... ¿o tal vez un genio capaz hasta de perdonar una agresión tan notable?.

Valle-Inclán se dedicaba a las tertulias madrileñas y a la vida bohemia; uno disfruta imaginándose los viejos cafés de la Puerta del Sol, la Gran Vía o la Calle de Alcalá con Valle-Inclán y unos cuantos de su estilo dialogando, al parecer con frecuencia en tono bien elevado, sobre lo divino y lo humano, lejos del mundo pragmático y rutinario y, por supuesto, absolutamente distantes de esa tendencia a lo políticamente correcto a que estamos habituados. Yo no me imagino a Don Ramón calculando si conviene o no conviene soltar su última ocurrencia. Personajes tan llamativos de la época como Gómez Carrillo, Pío y Ricardo Baroja, Azorín, Benavente, González Blanco, Mariano Miguel de Val, ... compartieron mesa y café con el gallego, y recorrieron con él los más célebres cafés madrileños de la época: el de Fornos, el Suizo, el del Príncipe, el Madrid, el Gato Negro, la terraza del Gijón, la del Lhardy en la carrera de los Jerónimos, y el de la Montaña.

Valle-Inclán es un bohemio en toda su extensión, con un atuendo peculiar, que no renueva porque el bolsillo no se lo permite, una barba inacabable, viviendo en situaciones que rozan la miseria en un cuartucho del Barrio de Argúelles, donde llega a pasar hambre, siendo su café diario su único alimento en algunas ocasiones. Eran tiempos en los que estas situaciones los escritores las sabían vivir con elegancia y estilo, lejos de las ansias de subvenciones y sin sentir la necesidad de agarrar su brazo al del poder político, más bien al contrario.

Forma parte de la Generación del 98, tal vez la más brillante que ha dado España, junto a Antonio Machado, Azorín, Unamuno y Pío Baroja, entre otros; precisamente el escritor gallego mantenía una rivalidad sangrante con los dos últimos e incluso se cuenta que cuando se encontraban por Madrid acababan insultándose a voces por la calle.

También se hizo famoso en las célebres noches del "Kursaal", un viejo frontón en declive instalado en el local del antiguo Cine Madrid que por las noches, con el objeto de salvar la situación económica, se convertía en un music-hall. Toda su vida fue así, un viaje anárquico y cultural a la vez, desordenado y apasionado, pero siempre tamizado por la genialidad y la capacidad de crear continuamente obras que no pasarán nunca de moda.

Me pregunto si en la actual farándula, en el mundo literario, en las artes, existen en la actualidad personajes equiparables ... yo en la vida misma alguno he conocido, y me da cierta envidia.


6 de julio de 2010

"Cuatro hermanas", Jetta Carleton














"Cuatro hermanas"
Jetta Carleton
Libros del Asteroide. Barcelona (2009)
416 páginas



A principios de los años cincuenta, Matthew Soames, maestro en un colegio rural, y su mujer, Callie, disfrutan del final del verano en su granja de las afueras de Renfro, Misuri, en la que criaron a sus cuatro enérgicas hijas: la mayor, Jéssica; Leonie, la más responsable; la indómita Mathy, que dejó sus estudios para casarse con un piloto acrobático, y la pequeña Mary Jo, que abandonó la granja muy joven para trabajar en la televisión en Nueva York. 
Como cada año, tres de sus hijas acuden a visitarles durante unas semanas. El final de su estancia hace aflorar los recuerdos: las alegrías, decepciones, amores y desengaños que marcaron el paso del tiempo y que parecen haber dominado la vida de las cuatro hermanas. Sin embargo, más allá de lo ocurrido late el profundo amor que los ha mantenido unidos durante todos esos años.

Tenía apuntado este libro con letras destacadas hace ya un tiempo; las reseñas que había leído eran buenas, trata de una época, la primera mitad del siglo XX, que da bastante de sí: dos guerras mundiales, la depresión económica del 28, ... y venía con el aval de los "libros del Asteroide", que suele ser sinónimo de calidad e interés. Una vez terminado, puedo confirmar que la expectación estaba justificada: "Cuatro hermanas" es una excelente novela.

El ambiente en el que se desarrolla la novela mes el de una familia sencilla, trabajadora; gente que ha tenido que luchar para salir adelante, con un notable contraste entre el padre, Matthew, un hombre hecho a sí mismo que no se confiormó con ser granjero y se convirtió en maestro y su mujer, Callie, una guapísima muchacha que conquistó contra todo pronóstico a quien nunca pensó en alcanzar a la más guapa del pueblo, pero cuya preocupación cultural es tan escasa que prácticamente no sabe ni leer. Aunque el título del libro hace referencia a las cuatro hijas de los Soames, pienso que los verdaderos protagonistas de la misma son precisamente los padres, y así nos los plasma la autora centrando la historia de principio a fin.

"Cuatro hermanas" es una novela "evocadora", tres de esas hermanas se reunen en verano en la casa paterna y recuerdan sus pequeñas y grandes historias, pero la autora no incurre en el error de dirigir el recuerdo hacia una historia "pastelona", más bien cursi, sino que la narración tiene claroscuros, y en ella se juntan las alegrías y las penas, con los errores, las pequeñas miserias cotidianas, la incomprensión, el egoísmo, las pequeñas infidelidades. Pero se trata de contrastes que se leen con agrado, que no provocan ni pesimismo ni desazón, porque una de las grandes habilidades de Jetta Carleton es la agilidad de su escritura, lo bien que maneja el tiempo de la narración, lo hábilmente que reparte y desarrolla las emociones. Es una historia sencilla, con pequeños sucesos que pueden suceder en cualquier familia.

La novela es la única que escribió su autora, algo que no deja de llamar la atención, pues está muy bien escrita, como si Jetta Carleton llevara toda la vida escribiendo relatos; además, uno lamenta que no se repitiera, pues para disfrutar de la literatura de esta autora nacida en el estado de Misuri, solamente queda la opción de releer "Cuatro hermanas", que no es para nada una mala opción, por cierto.


5 de julio de 2010

Esas películas "toleradas"



A la hora de recordar los grandes eventos cinematográficos de mi infancia, además de determinados clásicos de los dibujos de Disney -"Blancanieves", "Dumbo", "Pinocho", ...-, pasan por mi cabeza títulos como "Mary Popins", posiblemente el boom más importante de quienes hicimos la 1ª comunión en torno al año 1965, "Oliver", un musical realmente inolvidable, "Quo Vadis" -reposición, por supuesto-, con Robert Taylor, Deborah Kerr y un Peter Ustinov prodigioso en el papel de Nerón, "Al este de Java", una de aventuras donde se recreaba la erupción del volcán Krakatoa, "La vuelta al mundo en 80 días", con la presencia brillante de David Niven, Shirley McLane y el mismísimo Cantinflas como un inolvidable Picaporte o "20.000 leguas de viaje submarino", cuyos protagonistas eran Kirk Douglas y James Mason. Pero en unos años donde ir al cine era una de las soluciones más sencillas para llenar vacaciones de verano, fines de semana e incluso algunos de esos miércoles por la tarde que no había clase, si uno se pone a recordar salen a la luz bastantes títulos más, la mayoría de películas que han quedado en el olvido. Recuerdo que a mí me daba por tragarme cualquier versión del zorro, por mala que fuera y también cierta tendencia a pretender asistir a casi todas las que llamábamos "pelis de risa".

Esas películas toleradas las veía, a veces, en los cines de Zaragoza, con especial referencia al Cine Mola, al París y a las sesiones de verano del Cine Latino de la calle Estébanes, que solía poner películas casi de la época de "Maricastaña": "El recluta", de Jerry Lewis, "El zorro cabalga de nuevo", "La isla misteriosa", ...; también había sesiones matinales los domingos en los cines Victoria y Palacio, también con reestrenos variados: "Zafarrancho en la marina", "Casi ángeles", "Bajo el signo de Montecristo", ..., sin olvidar la larga época en la que acudía a las sesiones que los domingos por la tarde ofrecía el Colegio de la "Enseñanza" de la calle Bilbao donde estudiaba mi hermana, y donde vi desde el "Robín de los Bosques" de Errol Flyn y Olivia de Havilland hasta "El tulipán negro", con Alain Delon, Virna Lisi y Adolfo Marsillach, pasando por un tronchante "Lío en los grandes almacenes", protagonizada por Jerry Lewis y unas cuantas españoladas.

El año 1969 triunfaron por todo lo alto dos films de humor de los que luego se ha sabido muy poco más: "El rey del peligro", una versión del célebre Inspector Clouseau protagonizada por Alan Arkin y "Todo un valiente", de la que recuerdo tan sólo que la ponían en el Cine Madrid y que me lo pasé en grande, pero de la que no he sido capaz de encontrar referencia alguna en internet. Y también por entonces comencé a ser consciente de la existencia de Louis de Funes, un francés lleno de tics y gestos que a algunos no acababa de gustar: la serie del gendarme, "La gran juerga", "El Rabbí Jacob", "Fantomas", "El gran restaurante", "Sálvese quien pueda", ... siguen cuajando mis recuerdos cinematográficos.

Por supuesto estaban los grandes clásicos: Jonh Wayne ("Rio Lobo", "Los indestructibles", ...) y Gary Cooper ("La policía montada del Canadá", "Tres lanceros bengalíes", "Los inconquistables", ...), sin olvidar los westerns de segunda fila y las inolvidables películas de romanos, de esas que inmortalizó años después Joaquín Sabina: "Los esclavos más fuertes del mundo", "El triunfo de los 10 gladiadores", "El retorno de Maciste", ... en algunas de las cuales hasta aparecían centuriones con reloj japonés. Inolvidables también dos grandes producciones en las que se invirtió dinero y que trataban sobre grandes carreras por tierra y aire: "La carrera del siglo", una película de Blake Edwards con un reparto estelar: Toni Curtis, Jack Lemmon y Nathalie Wood y "Aquellos chalados en sus locos cacharros", con actores también de renombre: Stuart Whitman, Sarah Miles, James Fox, Alberto Sordi, Jean Pierre Cassel, ...

De entre esas películas de serie B recuerdo dos a las que asistí en el vetusto salón de actos de la Compañía de María y con las que disfruté muchísimo; una de ellas se titulaba "Siete veces siete", se trataba de una producción italiana dirigida por un tal Michael Luppo; el argumento era original: una serie de presos se conchaban para que les lleven a la enfermería de la cárcel y una vez allí, aprovechar la Final de la Copa inglesa de fútbol para escaparse y dirigirse a la Casa de la Moneda con el fin de imprimir una serie de billetes de libras esterlinas; calculan que el trabajo les costará los 90 minutos que dura el partido, durante el cual engañan a los vigilantes con unas grabaciones ad hoc, con la intención de regresar a la enfermería antes del final del partido: toda clase de incidentes, una gol de última hora que les salva del desastre y un final inesperado y cómico conforman una película que no se ahora lo entretenida que me parecería, pero que en aquel tiempo me pareció desternillante. La otra era francesa y se tituló en España "Busquen al 202", narrando las peripecias de un hincha francés que acude a Londres para presenciar un Inglaterra-Francia de la Copa de las 5 Naciones de rugby y origina todo un circo al ponerse el casco de un bobby en la consulta del dentista: otro film con el que me partí de risa.

Y para cerrar el elenco hay que acudir a la factoría Disney y traer a colación toda una serie de películas con personajes de carne y hueso que solían ser expuestas en el Cine Mola del actual Paseo Sagasta. Eran deliciosas las protagonizadas por Dean Jones, un guaperas nacido en Alabama que solía hacer el papel de chico bueno y espabilado; en 1965 protagonizó junto a Hayley Mills "El gato del FBI", donde interpretó a un detective que debe resolver el misterioso caso de un gato que lleva en su cuello el reloj de una cajera secuestrada y en la que aparecen nombres tan ilustres como Roddy MacDowall y Elsa Lanchester; su siguiente película para el estudio fue la comedia "Los perros de mi mujer", donde dio vida a un hombre al que los traviesos perros de su mujer le amargan la vida; otras pelis de reír sin parar fueron "Mi amigo el fantasma", donde interpretó a un profesor que pide ayuda al fantasma del pirata Barbabanegra (Peter Ustinov) para que ayude a sus ineptos alumnos en una competición deportiva y "Ahí va ese bólido" (1968), en la que dio vida a Jim Douglas, el conductor de Herbie, el Volkswagen Escarabajo inteligente. Disney tambiéns e sirvió de viejas glorias de Hóllywood para hacer aceptables películas juveniles; aquí cabe hablar del trabajo de Walter Brennan en "El abuelo está loco", donde encarna a un magnate maderero que se enfrenta a unos gnomos defensores acérrimos del bosque y el de Fred McMurray en "20 docenas de hijos", donde hace de guía de un montón de scouts al ritmo de una canción de lo más americana titulada "Follow me" y "El más feliz millonario", en la que encarna a un excéntrico rico americano, en la primera cuenta con la colaboración de Vera Miles y en la segunda con la de Geraldine Page y Greer Garson.


4 de julio de 2010

Una historia desgraciada

Luciano Re Cecconi fue un buen jugador de fútbol de Italia, había jugado en el Foggia, uno de los clásicos de la serie B italiana cuyo equipaje es similar al del mismísimo Milán, hasta que en 1972 fue fichado por la Lazio, el equipo que peleaba con la Roma por la hegemonía del fútbol de la capital transalpina. Con Re Cecconi, un centrocampista poderoso, lo que denominan en Italia un “quatro polmoni”, un centrocampista que cubría todo el campo, la Lazio tuvo sus mejores años, y llegó a ganar el escudetto con una plantilla en la que destacaban el ariete Chinaglia, el capitán Wilson y el defensa Martini, siendo su entrenador Tomasso Maestrelli, fallecido de cáncer en 1976, aunque antes tendría el acierto de hacer debutar con tan sólo 19 años a Bruno Giordano, uno de los mejores arietes italianos de la época, cuya carrera perdió brillantez al verse implicado en el escándalo de las apuestas que sacudió el fútbol italiano a principios de los 80.

Re Cecconi era apodado "El ángel" por su larga cabellera rubia, la cual le daba un aspecto exterior muy parecido al interior zurdo del Real Madrid y la selección alemana Gunther Netzer. Su aspecto era el del típico italiano vividor y golfo, de esos que van rompiendo corazones y que conducen un coche deportivo de gran precio y cilindrada. Tení el rubio jugador nacido en Nerviano, localidad cercana a Milán, un enorme sentido del humor: era simpático y bromista hasta el extremo, algo que acabaría siendo trágico.

El 17 de enero de 1977, cuando se encontraba con su compañero Ghedin paseando por las calles de Roma tuvo la infeliz ocurrencia de gastarle una broma a un amigo común, el joyero Bruno Tabocchini, cuyo establecimiento sito en una céntrica calle romana había sufrido varios atracos; ambos jugadores entraron en la joyería y Re Cecconi se dirigió a Tabocchini, quien se encontraba de espaldas, diciendo: “Fermi tutti. Questa è una rapina” -"Quietos todos. Esto es un atraco"-, ante lo que el joyero, sin pensárselo dos veces, cogió una pistola, se volvió y antes de que se pudiera dar cuenta de que se trataba de su amigo Luciano, le disparó al corazón y acabó con su vida. La noticia conmocionó al mundo del fútbol y dejó un regusto amargo a todos los seguidores del calcio italiano.

Independientemente de la condición de futbolista de la víctima, este hecho luctuoso siempre me pareció una forma absurda de morir, verdaderamente dramática, tremendamente dura ... en especial para el joyero, que había matado a un amigo sin quererlo. Y es que, como decía Julio César Iglesias en "El País" al redactar la noticia -dejo el enlace al final de la entrada- Re Cecconi no midió que tras el mostrador no estaba su amigo Tabocchini, sino "Billy el Niño". Tremendo suceso que coincidió en el tiempo con la decadencia deportiva de la Lazio.

Recuerdo perfectamente la imagen de Bruno Tabocchini en el juicio, completamente destrozado por lo sucedido. El joyero, por cierto, fue absuelto por un tribunal romano; el jurado decidió que Tabocchini actuó en estado de legítima defensa real. Era acusado de homicidio culposo por exceso de legítima defensa, y el fiscal, Franco Marrone, había pedido para él la condena de tres años de prisión.

3 de julio de 2010

"The Way It Used To Be", Engelbert Humperdinck



Tengo la impresión que en pleno siglo XXI la figura de Engelbert Humperdinck está "de modé", un hombre que sale a cantar con smoking, con ese pelo y esas patillas y cuyo repertorio está cargado de canciones melódicas y dulzonas no causa hoy excesivos entusiasmos. El cantante, uno de esos británicos que nacieron en la India, concretamente en Madrás, tiene ahora 74 años y su época dorada se produjo allá por los años 60 y 70. Es uno de esos llamados cantantes crooner, unos solistas de voz poderosa que solían interpretar determinadas baladas acompañados por una orquesta o una Big Band y que entusiasmaban a los más románticos de la época. Concretamente yo me imagino a Humperdinck cantando en escenarios de lujo y cenas de alto copete o sirviendo de excusa para bailar "pegados" a los de la generación de nuestros padres.

Por casa corría un single de Engelbert Humperdinck cuya "Cara A" era una canción llamada "Melody"; se trataba de un tema romanticón y lento y casi me volví loco buscándolo por internet, hasta que descubrí que el título de la canción original no es ese, sino "The Way It Used To Be", aunque puedo asegurar que en la carátula aparecía claramente el nombre primeramente citado.

Hoy más que nunca puedo hablar de "Canción inolvidable", pues es auténtica, me harté en su día de escucharla y he conseguido recuperarla tras casi dejarme la piel buscando la misma.


2 de julio de 2010

Emulando a Mercero



Antes de ayer viví personalmente una experiencia equiparable a la del pobre López Vázquez en el genial trabajo de Antonio Mercero titulada "La Cabina"; esta producción de TVE, que si no recuerdo mal ganó unos cuantos premios nacionales e internacionales, la recuerdo como si la hubiera visto hace bien poco, y aún quedan las sensaciones que tuve cuando una serie que por el tema y los hábitos interpretativos de su principal protagonista parecía iba a ser cómica, acabó siendo casi en una peli de terror.

En la tarde del pasado miércoles entré a sacar dinero en el cajero automático existente en la confluencia de las calles Menéndez Pidal y Ricardo del Arco de Huesca y, tras hacer las operaciones previstas, comprobé con horror que el pestillo que había echado no se podía abrir y que, casi cuarenta años después, se repetía la escena que había visto como ficción en la tele de mi infancia. La situación tenía la ventaja de que al tratarse de un habitáculo y no de una cabina, no cabía en principio la posibilidad de que, como le ocurría a López Vázquez, se me llevaran en un camión, pero uno comenzaba a otear un futuro complicado e incluso intuía la posibilidad de tener que cenar esa noche a base de "tranchetes".

Otra cuestión que provocaba cierta angustia era verse expuesto a la curiosidad de los paseantes; no deja de producir cierto morbo observar a un ciudadano "cincuentón" atrapado en el cajero de un Banco, incluso puede que alguno pensara que me estaba bien empleado por dar esas muestras de codicia dineraria en estos tiempos de crisis. Fueron pasando personas por el lugar, empezando por la señora que hacía cola, que curiosamente trabaja en el mismo edificio que yo y a quien obligué a buscarse otro cajero, no sin antes atenderme con exquisita corrección e interés, pasó también algún conocido -en Huesca es fácil encontrarse a media humanidad-, un amigo que vino en mi auxilio y, por fin, un ciudadano práctico que a base de empujar la puerta hizo posible que pudiera darle la vuelta al pestillo y salir de mi inesperado cautiverio.

Es una de esas ocasiones en las que uno se siente ridículo, a la vez que -todo hay que decirlo- comprueba que por lo general la gente es solidaria y hasta compasiva. Y por supuesto, no hay mal que por bien no venga, y fue una buena ocasión para justificar una cervecita fresca.


1 de julio de 2010

Muerte de un compositor

El compositor español Rafael Ferro falleció el pasado domingo en la localidad alicantina de Villajoyosa a la edad de 67 años. Su nombre es posible que no sea excesivamente conocido, pero su trascendencia en la reciente historia de la música ligera española es notable, pues compuso más de trescientas canciones que interpretaron cantantes notables de los últimos treinta años del Siglo XX, especialmente de Julio Iglesias, quien en su época fue llamado "nuestro cantante más internacional".

Ferro trabajó especialmente para Julio Iglesias en esa larga primera época del cantante madrileño, sobre todo a partir de su participación en el Festival de Eurovisión de 1970 con "Gwendolyne", momento cumbre en su vida profesional, pues a partir de ahí su fama y sus éxitos, catapultados por sus giras por hispanoamérica, fueron creciendo como la espuma. Entre las canciones en las que intervino Rafael Ferro destacan las contenidas en uno de los LP del cantante que más me han gustado siempre: "A flor de piel", comenzando por la canción que pone título al álbum, y siguiendo con "Manuela", "Te quiero así", "Aún me queda la esperanza" o "Un adiós a media voz". Cercano en el tiempo es el álbum "El amor", en el que Ferro interviene en la creación de temas tan míticos como "Abrazamé", "El amor", y "Cuidado amor".

Iglesias termina la década de los 60 con dos LP que se vendieron como rosquillas; "A mis 33 años" sale a finales de 1977, con una canción cabecera que es todo un himno, "Soy un truhán, soy un señor" y otra igualmente célebre y también compuesta por Rafael Ferro como "33 años". En 1978 Julio saca su disco "Emociones", con un tema de Ferro, "Me olvidé de vivir", que se asegura es un lamento por su parte de culpa en su divorcio con la Preysler, y otros temas llamativos como "Con una pinta así", "Preguntalé", "Pobre diablo" o "Spanish girl". Después vinieron "Hey", "De niña a mujer", "Momentos", ... otros discos con canciones del compositor fallecido ("Por ella", "Esa mujer", ...) que cantó por todo el mundo Julio Iglesias. La carrera artística de Julio Iglesias está indudablemente unida a la de Rafael Ferro. Fue responsable de los arreglos musicales de sus discos y también de los de la orquesta, que dirigía en escena.

Pero el trabajo de Ferro se extendió a otros intérpretes, y así cabe decir que es autor de "El baúl de los recuerdos" una de las canciones más significativas de Karina, a quien hoy recordamos como una intérprete más bien cursilona y con aspecto de pánfila, pero que en su día vendía discos como rosquillas ("Fiesta", "Romeo y Julieta", "Las flechas del amor", ...) y consiguió el segundo puesto en la edición de Eurovisión de 1971. También representaron a España en el Eurofestival Sergio y Estíbaliz, lo hicieron en 1975 e interpretaron un tema de Rafael Ferro: "Volverás" ... "Volverás a ser la chica sencilla que tomó el tren de la vida antes de ser mujer ...": a ver quien se atreve a decirle ésto hoy en día a una adolescente ...

Es posible que estemos hablando de un estilo trasnochado, una música que tal vez no ha sobrevivido con la entereza que lo han hecho otros ritmos, otros estilos, pero no cabe duda de que forman parte de nuestra modesta historia musical.